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Recuérdate que no sabes recordar


Recuérdate que no sabes recordar
Carlos Sánchez
Edizioni Librati, 2010
Poesía, 142 pp.
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por Rubén Sacchi

Luego de La poesía, las nubes y el ajo, nos llega este nuevo volumen de Carlos Sánchez, en deliciosa edición bilingüe que nos permite sumergirnos en sus profundos pensares, a la vez que repasar, en mi caso, la lengua paterna, repleta de imágenes queridas y adobadas con at­mós­feras de ollas humeantes que convocan los afectos.
Escribe Alessandro Centinaro en el prólogo, que el autor es un poeta de “... regiones hechas de espacios amplios y abiertos, (...), no ama las jaulas...” lo que resulta una verdad incuestionable, ya que no hay mayor libertad que la poesía, y el hombre, y cualquiera de los sistemas que éste imaginó, no ha logrado fabricar los barrotes capaces de encerrarla.
Carlos Sánchez habla de la memoria, cuya materia prima son los recuerdos, y que necesita para desarrollarse de ese espacio intangible que llamamos tiempo, “el gran saboteador de sueños”, el que empuja a que “el misterio se haga pedazos”. El tiempo y su imparable transcurso que nos enfrenta a ese momento culminante de la vida llamado muerte y que trae conciencia de la inutilidad de proyectar hacia el futuro pero, y por eso mismo, otorga plenitud al presente; “el tiempo es un reloj de arena/ vacío”.

La poesía, las nubes y el ajo


La poesía, las nubes y el ajo
de Carlos Sánchez
Edizioni Librati, 2009
Poesía, 128 pp.

por Rubén Sacchi

El título de este nuevo libro del poeta y escritor Carlos Sánchez tiene una línea directriz que, indefectiblemente, nos conduce al blanco, tal vez como sinónimo de pureza: el ajo, las nubes y la poesía, que también pueden asumirse como cuerpo, mente y espíritu, esa compleja comunión que resulta ser el ser humano.
Y digo esto, porque sus versos son claros, aunque no por ello están libres de metáforas ni flotan en la superficialidad de la existencia. Por el contrario, se adentran profundamente en ese terreno pero sin asfixiar, dan aire. Quizás porque el autor habla desde la experiencia de haber vivido y, frente a las tragedias como el exilio, la injusticia, la muerte o la guerra, transmite un dejo de serenidad, la que deviene de asumir las propias limitaciones y exorcizarlas a través de la poesía: “Mi pobre poesía no puede remediar/ el aluvión zoológico de las huestes./ No por eso mi canto enmudece/ no por eso se extingue”.
La edición, impresa en Italia, donde el poeta reside desde 1968, es bilingüe y fue confeccionada con solidez. La cubierta exhibe una ilustración original de la artista plástica Cecilia Sánchez, interesante trabajo entre el surrealismo y el naïf.
Esperamos próximamente el arribo del volumen a estas costas, será una manera del autor de retornar al terruño natal.