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Diáspora

Diáspora
Mariano Díaz Barbosa
Ediciones Ruinas Circulares, 2017
Poesía, 64 pp.

por Rubén Sacchi

El origen de la palabra diáspora puede remontarse a la dispersión del pueblo judío, sin embargo, aquella gente se sentía de alguna forma unida por la mirada de un Dios protector, que los aglutinaba más allá de las geografías. Díaz Barbosa enfrenta aquel sentimiento de extrañamiento sin ese atenuante, comienza increpando a Jesús: “alguna vez me hiciste creer/ que todo tenía un por qué// eso fue lo más cruel”, y arremete contra el Padre, “un dios que nos fue impuesto/ con violenta piedad” y que tuvo “la idea maldita/ de habernos creado”.
En los poemas se percibe una fatiga de vivir, desesperanza y un tremendo dolor. Por momentos recuerda al personaje de Una sombra ya pronto serás, de Osvaldo Soriano, diciendo: “usted es un hombre cansado de llevarse puesto”; el autor lo dice así: “algo llevaba sobre las espaldas/ y ese algo/ era más pesado que el mundo”.
Ese mundo que habita el poeta es un lugar hostil que lo atormenta desde la infancia, donde “a todas las cosas/ le crecieron dientes y garras” y cada ser humano es, de alguna manera, un exiliado que inevitablemente comprende, al llegar al otro lado, que “a todos nos han arrancado algo”.
Diáspora muestra el hueso de la poesía (“excavando entre el asco y la nada/ pude encontrar la liberación de lo poético”), porque, afirma, “no existe poesía/ cuando las palabras y los muertos/ no cuestan nada”.

Pompidú


Pompidú
Catalina Piotti
Editorial Dunken, 2018
Teatro, 80 pp.

por Rubén Sacchi

No Pompidou. Nuestra heroína escribe como pronuncia y esa particularidad la afinca en este suelo. Erica, de ella se trata, rebosa de creatividad plástica, pero una pesada cadena la aferra al mundo de su departamento. Esa cadena no es la locura que se le adjudica desde la sentencia psiquiátrica y familiar, es precisamente ese diagnóstico y su tratamiento lo que frenan su vuelo y achatan su arte.
Ella, como mecanismo de autodefensa, crea un compañero imaginario, Inti, que ilumina sus días como el legendario dios Inca. A través suyo, y reemplazando los fármacos por pastillas de menta, puede desplegar su potencial, “la intensidad no tiene tiempo para dormir: es el elixir de los valientes”. Inti la libera de la opresión familiar que, quizás con buenas intenciones, la prefieren domesticada, sentencia: “Anestesiar los vaivenes de la existencia es extirparle al alma su costado más verdadero”.
La historia trata del opuesto locura-cordura y las relaciones familiares, con un padre ausente y una tía que intenta manejar la situación, inevitablemente desde otra frecuencia. Y el lector no puede menos que interrogarse ¿está loco quien comprende que “la humanidad sigue socavando los pocos recursos que le quedan”? ¿quien afirma que “la plata da poder y el poder da miedo”?
Pompidú es una obra fresca, que interpela a la sociedad como mecanismo represor, como molde o rasero de sus sumisos miembros. Una sociedad de la que, deduce, “¡se la pasan durmiendo! pero no sueñan jamás”.

Estado de espesura

Estado de espesura
Pamela S. Terlizzi Prina
Ediciones Ruinas Circulares, 2012
Poesía, 64 pp.

por Rubén Sacchi

Un acápite de Rodolfo Walsh nos remite a Operación Masacre y “unos dedos”, como entidad misma, sin necesidad de cuerpo -y en boca de una grafóloga forense- hablan y, seguramente, dicen mucho.
Y es que Pamela Terlizzi Prina no necesita demasiados artilugios para que sus figuras sean explícitas. Conocedora de la médula misma de la grafía, prescinde de puntos y comas y sólo apela a unos tímidos paréntesis para vestir su poesía. Sin embargo, duda de la expresión, de la certeza de la palabra: “Han dicho que el lenguaje es prófugo/ y es mentira que acaso pueda crear”. Quizás las palabras sean “llaves rotas”, “porque las letras mienten”.
En esa presunción, busca los versos  que desnuden las injusticas: la represión (“...el rebenque no doblega sino a la carne”); la costumbre que opaca los días (“La rutina es un éxodo lejos del rumbo elegido”) o el hambre (“Soy un rostro que no me cabe en las manos/ para llorar.../ (...)// Todos los diablos del estómago me patean”.
En éste primer poemario, la autora demuestra solidez y un estilo definido, la capacidad de escribir “poesía en carne lienzo o leche”.

La maldición de la literatura

La maldición de la literatura
Liliana Díaz Mindurry
Ediciones Ruinas Circulares, 2012
Ensayo, 164 pp.

por Rubén Sacchi

Nada tan controversial como la palabra. Desde los albores de la humanidad, el hombre descubrió su esencial poder y es así que, según la cultura hebrea, el nombrar apropia lo nombrado. De ahí que Dios sea el innombrable y, a la vez, se lo aluda como El Verbo, siendo así la palabra la que todo lo crea.
La autora parte de la imprecisión de la palabra como alumbradora del pensamiento, de esa manera, ese mal-decir es a la vez la maldición que el ser humano carga, cual pecado original o condena babélica.
Escribe: “Es posible que el ideal de la literatura sea hablar para no decir nada” mientras, más adelante, afirma: “El hombre al crear el lenguaje y al atravesarlo por los signos del arte (...), se crea a sí mismo”. Quizás en esa encrucijada fue que Pablo Picasso dijera que “al público le corresponde ver lo que quiera”.
El ensayo se sostiene en su mismo desarrollo, plagado de signos de pregunta que llevan a nuevas tesis, derivadas de aquella. Tal vez“El lenguaje es interrogación. No afirma ni niega: pregunta y ni siquiera la pregunta es comprensible además de no tener respuesta”.
encuentre su síntesis en el párrafo que afirma:

Armar un cuento


Armar un cuento
Liliana Díaz Mindurry y Laura Massolo
Ediciones Ruinas Circulares, 2009
Tratado, 220 pp.

por Rubén Sacchi

Desde hace bastante tiempo, acentuada por la proliferación de blogs y sitios de Internet gratuitos, apareció una legión de gente aficionada a las letras. Tal vez ya existieran, pero logran hoy la visibilidad que toda obra intelectual necesita para trascender.
Obviamente, no todos los trabajos gozan de alguna valía, dicho esto -y no tanto- con la subjetividad del caso, pero también un buen porcentaje ofrece cosas sumamente interesantes.
Una de sus principales falencias es la carencia de conocimientos en la materia. La falta de lectura y práctica de la escritura, más la ausencia de la crítica y autocrítica necesarias son la dominante.
Dentro de ese panorama, es de celebrar la aparición de este tratado que, si bien se acota al cuento, es extensible a otros géneros narrativos.
Sin la rigidez y pretensiones de un programa de gobierno, intenta dar pautas a tener en cuenta durante el proceso creativo, además de servir de orientación a talleristas que se inicien en el oficio.
Buena iniciativa de estas dos notables escritoras que agregan como apéndice final cuentos propios, evidenciando que, más allá de los matices del género, ellas saben cómo abordarlo.