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Pompidú


Pompidú
Catalina Piotti
Editorial Dunken, 2018
Teatro, 80 pp.

por Rubén Sacchi

No Pompidou. Nuestra heroína escribe como pronuncia y esa particularidad la afinca en este suelo. Erica, de ella se trata, rebosa de creatividad plástica, pero una pesada cadena la aferra al mundo de su departamento. Esa cadena no es la locura que se le adjudica desde la sentencia psiquiátrica y familiar, es precisamente ese diagnóstico y su tratamiento lo que frenan su vuelo y achatan su arte.
Ella, como mecanismo de autodefensa, crea un compañero imaginario, Inti, que ilumina sus días como el legendario dios Inca. A través suyo, y reemplazando los fármacos por pastillas de menta, puede desplegar su potencial, “la intensidad no tiene tiempo para dormir: es el elixir de los valientes”. Inti la libera de la opresión familiar que, quizás con buenas intenciones, la prefieren domesticada, sentencia: “Anestesiar los vaivenes de la existencia es extirparle al alma su costado más verdadero”.
La historia trata del opuesto locura-cordura y las relaciones familiares, con un padre ausente y una tía que intenta manejar la situación, inevitablemente desde otra frecuencia. Y el lector no puede menos que interrogarse ¿está loco quien comprende que “la humanidad sigue socavando los pocos recursos que le quedan”? ¿quien afirma que “la plata da poder y el poder da miedo”?
Pompidú es una obra fresca, que interpela a la sociedad como mecanismo represor, como molde o rasero de sus sumisos miembros. Una sociedad de la que, deduce, “¡se la pasan durmiendo! pero no sueñan jamás”.

Agujero negro

Agujero negro
Andrei Bourbaki
Editorial Dunken, 2016
Ensayo, 192 pp.

por Rubén Sacchi

Publicitado como un ensayo humorístico acerca de la burocracia, Agujero negro más parece en medio para tomar posición frente a diferentes tópicos sensibles a la sociedad.
¿Quién de nosotros no sufrió los avatares que cualquier mortal soporta frente a la necesidad de realizar un trámite? La práctica parecería indicar que si algo es sencillo, siempre se lo puede dificultar, pero asimilar esto al Estado es de una mirada parcial ya que, desde las tan aplaudidas privatizaciones de los 90 vemos que el libre mercado, lejos de solucionar la cuestión de fondo, la complica, mientras nuestros dinerillos van a parar a lejanas latitudes.
Es muy cierto que todo podría funcionar más amigablemente, sobre todo si en vez de máquinas o call centers la gestión fuese cara a cara y con ánimo expeditivo, pero hay cuestiones que ameritan su tiempo, sobre todo cuando hablamos del garantismo en la justicia o el régimen de “tolerancia cero”. Esos casos, donde se juegan los dos bienes fundamentales del hombre como lo son la vida y la libertad, son materia de los Derechos Humanos, por ende, inalienables.

En tu nombre

En tu nombre
Cecilia De Vecchi
Editorial Dunken, 2016
Ensayo, 136 pp.

por Rubén Sacchi

Para poder asumir e internalizar algo, lo primero es ponerle nombre. La pérdida del padre nos arroja a la orfandad y la del cónyuge a la viudez pero ¿cómo llamamos a aquel que pierde un hijo? No hay palabra que lo defina porque tampoco hay la capacidad para aceptar el dolor de esa realidad que viola cualquier principio biológico, donde el lugar etario para partir se trastoca de manera absurda.
Cecilia De Vecchi se adentra en ese terreno, conversando con nueve madres que han ingresado por el portal del infierno pero que hallaron la manera de sublimar su padecimiento en solidaridad ya que, en definitiva, de eso se trata la vida cuando atravesamos lo irreversible. Una capacidad que los trabajadores de la salud mental denominan resiliencia.
La autora da forma a las palabras, pero las que hablan son ellas, las madres. No hay presión en las historias y los relatos fluyen con la naturalidad de quien los ha referido hasta el cansancio, pero que sabe que esa es la única manera de obtener justicia. Hay situaciones disímiles: el flagelo de la droga; la imprudencia al volante; los secuestros extorsivos; la violencia de género; la negligencia estatal y la represión y corrupción policial, pero el común denominador es una sociedad degradada que no valora la vida.
Según un informe de CORREPI, desde la vuelta a la democracia hasta noviembre pasado, hubo 4.644 víctimas de gatillo fácil y torturas, 70 asesinados en movilizaciones populares y 200 desaparecidos, la mayoría son jóvenes. Muchos se sumaron desde entonces. En tu nombre nos acerca al universo de la ausencia, al cómo se sigue sin ellos y qué podemos hacer para que la muerte no gane tan temprano la partida.

Historias sin tiempo

Historias sin tiempo
Martha Oya
Editorial Dunken, 2011
Cuento, 112 pp.


por Rubén Sacchi

Quien busque un libro de cuentos con historias sencillas, algo que no es sinónimo de vulgaridad, seguramente encontrará una buena opción en el volumen de Martha Oya, La historia ­perdida, que reúne catorce cuentos frescos y agradables, agrupados bajo una hermosa portada de la artista plástica Virginia Palomeque.
Y eso no es todo. Hay un plus nada despreciable hoy en día: los relatos están bien escritos, cuidados y se aprecia buen manejo del lenguaje.
No hay una línea conductora en estas páginas. Las temáticas son diversas, casi cotidianas y desarrollan situaciones del día a día. Algunas, con resoluciones que sorprenden dando una vuelta de rosca interesante a un final que parecía previsible y no lo era tanto; otras, quizás de finales anticipables, donde el esfuerzo de la escritora recayó en el desarrollo del texto.
Escribe César Melis en el prólogo: “Las palabras se entretejen y despliegan a nuestros pies una alfombra viviente, una vegetación que nos cubre del desamparo, que nos desnuda en un abrazo o en una caricia para testimoniar la condición humana”. Habrá que animarse y comenzar a transitarla.

Letra marginal

Letra marginal
Leonardo Gastón Herrmann
Editorial Dunken, 2011
Novela, 88 pp.

por Rubén Sacchi

El título de la novela de Herrmann es el apropiado para la historia que relata, lo que debe plantearse es ¿de qué lado se ubica la marginalidad en sus actores?
Retomando la línea de la novela pionera en la materia, Villa Miseria también es América, de Bernardo Verbitsky desarrolla, al igual que aquella, la historia de un grupo de gente que sobrevive en condiciones por demás precarias, pero la novedad consiste en que la coyuntura que acompaña la problemática es sensiblemente diferente a la anterior.
La primera reflexión que provoca la novela no puede ser otra que: pasan los gobiernos y los problemas quedan. Y es así, se repiten hasta el cansancio y se les suman otros que hacen más difícil su resolución.
Los personajes fueron trabajados desde cierto este­reo­tipo, recurso válido que utiliza el autor para evidenciar las gruesas diferencias del accionar de unos y otros; para dejar bien claro quiénes están de cada lado. Están el puntero traidor y el viejo militante de la izquierda revolucionaria, pero también una enormidad de seres comunes,  con la sola experiencia de su vida, capaces de darla para defender su familia y su derecho a una vida digna.
En Letra marginal hay héroes y villanos, pero si bien este último es corporativo también aquel se muestra agrupado, cobrando valor el héroe colectivo sobre el individual.
La historia no puede llamarse original. Lamen­tablemente, estamos habituados a verla a diario en los noticieros televisivos, lo novedoso consiste en el punto de vista: el lector deja de ser el espectador cómodo en su sillón frente a la inocua pantalla. Aquí, el conflicto lo verá desde adentro.