Viento Ritual
(Audiolibro)
Carlos Splausky
Edición de Autor, 2014
Poesía, 37 pistas.
por Rubén Sacchi
Reza el interior de la carátula: “El poeta chaqueño Carlos Splausky, de reconocida trayectoria en las letras argentinas es comparable a los grandes hacedores de la literatura universal. Caudaloso en imágenes y metáforas, sin precedentes en la poesía lírica”. Una definición acertada, pero que sólo refiere a las formas que hacen su poesía. Para ser justos, habría que hablar del compromiso que sus versos arrastran y que juegan, sin lugar a dudas, una carta fuerte en el posicionamiento que el intelectual, consustanciado con su tiempo, debe asumir de manera valiente y clara.
En este trabajo, el cantautor misionero Ramón Ayala, no sólo pone el acompañamiento, sino también la voz en las tres primeras pistas -entre ellas la que da nombre al disco-, de un total de 37, dejando el resto en manos del poeta y gran declamador Carlos Splausky.
Con temáticas diversas, desde la sencillez del amor, como en Los pájaros, hasta la problemática ambiental, denunciando la destrucción del planeta mediante la contaminación, en La Pachamama, poema con fondo de plegaria mapuche, el vate da testimonio de la comunión del hombre con su entorno, pero también con su semejante, porque si algo hay para salvar es la existencia toda, ya que nada es en solitario y quien no lo ve así es un suicida.
El compacto tiene una presentación delicada, que incluye un retrato del poeta, cuya autoría pertenece al prestigioso artista plástico Carlos Terribili. También incluye una completa información de los responsables
de su factura.
Además del equipo técnico, en Viento Ritual participan, además de Ayala, Trabuco González en primera guitarra; Jorge Rosales y Marcos Ruiz Iriarte, en guitarra base; Mauricio González, en piano; Quique Ponce, en bandoneón; Abel Rodríguez, en acordeón; Stella Correa, en accesorios; Fabián Villalba, Alejandro Marchesotti, Marcelo Frezia y Gabriel Moyano, en percusión; Ariel González y Pablo González, en bajo, quedando el coro a cargo de Andrea González y Roberto Galean.
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Poemas de Bismuto
Poemas de Bismuto
Cecilia Vilches
Edición de Autor, 2015
Poesía, 20 pp.
por Rubén Sacchi
El diccionario lo define como un metal sólido de color blanco agrisado con tinte rojizo. No obstante, sus cristales reflejan un sinnúmero de colores. Quizás por ello, la poeta haya decidido esa pluralidad de facetas para representar su poesía.
Cecilia Vilches derrama al mundo “el agua de nuestra fantasía”. Para ello es preciso entrar en el misterioso mundo de los sueños, donde el amor arde como una hoguera y el pasado, bucólico, recorre un paisaje provinciano en el que “los deseos aguardaban en los panaderos”.
En esa experiencia onírica, asume la totalidad del cuerpo como un todo en sí mismo. Un universo sobre el Universo que lo continúa y completa, “Las dunas de la piel sobre la arena”. Luego, con la vigilia, habrá que buscar otra magia con la experiencia acumulada: “Viajé sin moverme/ ahora soy distinta”.
En este nuevo estado, los colores y sus sendas representaciones cobran protagonismo, desde un amarillo que arrastra la herencia familiar “que te tejieron las arañas, los abuelos” hasta un verde, que describe una identidad y la comunión con el mundo.
Profunda e íntima, la obra de la poeta compone un arcoiris de pasiones.
Cecilia Vilches
Edición de Autor, 2015
Poesía, 20 pp.
por Rubén Sacchi
El diccionario lo define como un metal sólido de color blanco agrisado con tinte rojizo. No obstante, sus cristales reflejan un sinnúmero de colores. Quizás por ello, la poeta haya decidido esa pluralidad de facetas para representar su poesía.
Cecilia Vilches derrama al mundo “el agua de nuestra fantasía”. Para ello es preciso entrar en el misterioso mundo de los sueños, donde el amor arde como una hoguera y el pasado, bucólico, recorre un paisaje provinciano en el que “los deseos aguardaban en los panaderos”.
En esa experiencia onírica, asume la totalidad del cuerpo como un todo en sí mismo. Un universo sobre el Universo que lo continúa y completa, “Las dunas de la piel sobre la arena”. Luego, con la vigilia, habrá que buscar otra magia con la experiencia acumulada: “Viajé sin moverme/ ahora soy distinta”.
En este nuevo estado, los colores y sus sendas representaciones cobran protagonismo, desde un amarillo que arrastra la herencia familiar “que te tejieron las arañas, los abuelos” hasta un verde, que describe una identidad y la comunión con el mundo.
Profunda e íntima, la obra de la poeta compone un arcoiris de pasiones.
de reinos y desiertos
de reinos y desiertos
Alvaro Olmedo
Ediciones de autor, 2013
Poesía, 160 pp.
por Rubén Sacchi
Como un tuareg, un beduino rodeado de una soledad tan absoluta como inmensa, el autor plantea este peregrinaje por el interior del alma, “un reino más grande que cualquier desierto”.
La idea de un hombre nuevo domina ese desierto fundacional, donde la palabra es “bañada con voz de iguales” y la mujer el oasis que provoca el “milagro de no caer sediento”. Pero el tiempo deja “aquellos sueños/ bajo cemento y rutina”, esa cruel asesina de besos y proyectos como “un retazo de polvo volándose del puño”.
También explora situaciones límites. Los poemas son figuras y cada lector ve la que su mente le dicta, pero la escritura plástica de Alvaro Olmedo dibuja con maestría sugerente, como en el poema silenciosa, donde sobrevuela la violación; el alcohol “donde rezar al calor/ donde gozar de olvido” de no tan; la soledad que acerca a dos personas “como si ahí estuviera la verdadera palabra que encontramos jamás”, de buscábamos o la prostituta de amante infame.
El poeta explora su interior (“me calcino/ en las dunas innúmeras de la búsqueda”) y halla el lugar del compromiso. No sólo encuentra que la rutina “occidental” roba la magia del sexo, sino que encara temas urgentes, universales. Aborda tanto el fracaso del Mayo Francés (“si los barbados anudan su corbata al calendario sin mayo/ y los sobrevivientes se cuentan en pedazos”) como la heroica lucha de las Madres de Plaza de Mayo, “Las locas” que “seguían girando en un reino que de cuerdo nada”.
Hay también una dura mirada hacia la sociedad intolerante, que privilegia la propiedad privada pidiendo pena de muerte, sin reparar en las miserias que nos rodean, mostrando como el asesinato de congéneres es condecorado al cobrar características de genocidio.
Algunos de estos poemas cuentan con su versión bilingüe en inglés, traducidos por el poeta y traductor Eugenio Polisky que, a mi escaso manejo del idioma, parecieran una suerte de inteligente reescritura.
De reinos y desiertos tiene un mensaje encriptado en sus versos: “hay palabras/ que dejan orificio de salida”. Si abrazamos esa sentencia, que posee la contundencia suficiente de la bala podremos “en este plagio de vivir en blanco”, “...sentir que otro cielo es posible”.
Alvaro Olmedo
Ediciones de autor, 2013
Poesía, 160 pp.
por Rubén Sacchi
Como un tuareg, un beduino rodeado de una soledad tan absoluta como inmensa, el autor plantea este peregrinaje por el interior del alma, “un reino más grande que cualquier desierto”.
La idea de un hombre nuevo domina ese desierto fundacional, donde la palabra es “bañada con voz de iguales” y la mujer el oasis que provoca el “milagro de no caer sediento”. Pero el tiempo deja “aquellos sueños/ bajo cemento y rutina”, esa cruel asesina de besos y proyectos como “un retazo de polvo volándose del puño”.
También explora situaciones límites. Los poemas son figuras y cada lector ve la que su mente le dicta, pero la escritura plástica de Alvaro Olmedo dibuja con maestría sugerente, como en el poema silenciosa, donde sobrevuela la violación; el alcohol “donde rezar al calor/ donde gozar de olvido” de no tan; la soledad que acerca a dos personas “como si ahí estuviera la verdadera palabra que encontramos jamás”, de buscábamos o la prostituta de amante infame.
El poeta explora su interior (“me calcino/ en las dunas innúmeras de la búsqueda”) y halla el lugar del compromiso. No sólo encuentra que la rutina “occidental” roba la magia del sexo, sino que encara temas urgentes, universales. Aborda tanto el fracaso del Mayo Francés (“si los barbados anudan su corbata al calendario sin mayo/ y los sobrevivientes se cuentan en pedazos”) como la heroica lucha de las Madres de Plaza de Mayo, “Las locas” que “seguían girando en un reino que de cuerdo nada”.
Hay también una dura mirada hacia la sociedad intolerante, que privilegia la propiedad privada pidiendo pena de muerte, sin reparar en las miserias que nos rodean, mostrando como el asesinato de congéneres es condecorado al cobrar características de genocidio.
Algunos de estos poemas cuentan con su versión bilingüe en inglés, traducidos por el poeta y traductor Eugenio Polisky que, a mi escaso manejo del idioma, parecieran una suerte de inteligente reescritura.
De reinos y desiertos tiene un mensaje encriptado en sus versos: “hay palabras/ que dejan orificio de salida”. Si abrazamos esa sentencia, que posee la contundencia suficiente de la bala podremos “en este plagio de vivir en blanco”, “...sentir que otro cielo es posible”.
Tomás y el espejo

Tomás y el espejo
Diana Sánchez
Edición de autor, 2010
Cuento, 16 pp.
por Rubén Sacchi
Un niño, en el duro proceso de aprendizaje, muchas veces genera una relación particular con el espejo, lo que en psicología se llama “el mudo”.
En la historia de Tomás, el espejo es un elemento recurrente y cómplice, que lo ayuda a crecer e identificarse hasta lograr afirmarse a sí mismo y sentirse, en alguna medida, independiente.
El cuento, compuesto de media docena de pequeños relatos, refiere la vida de un pequeño desde sus primeros meses hasta pasado el primer año, y atraviesa los hitos que lo van marcando: las reuniones familiares, las ceremonias religiosas, las vacaciones y sus primeros pasos.
Apela al recurso del lenguaje interior del pequeño, como si la barrera que separa la idea de la palabra fuese solo una cuestión de práctica y su manejo le viniera dado desde el alumbramiento.
De esa manera, nos cuenta en primera persona lo que va sintiendo y qué cosas llaman realmente su atención. La mayoría de las veces, sus proyectos se truncan o fracasan por completo, pero una atmósfera de buen humor nos ubica en la supuesta mentalidad de quien tiene para lograr su cometido toda una vida por delante.
mínimamente

mínimamente
Gito Minore
Edición de autor, 2009
Poesía, 64 pp.
por Rubén Sacchi
Mi primer contacto con Gito Minore fue a través de una hoja de poesía que él editaba en la segunda mitad de los 80: Cielorrasos. Desde entonces vengo siguiendo sus pasos -que el poeta se encarga de mantener presentes mediante el envío de sus “poemas quincenales”-, en los que se percibe un crecimiento literario.
Su poesía logra una interesante síntesis entre mensaje y metáfora, típica de quien trabaja la palabra en el intento de la exactitud, la búsqueda de la piedra filosofal que dé a nuestros textos la eterna juventud.
Los poemas de mínimamente rezuman tristeza y fracaso. Una mirada desesperanzada, pero también crítica, hacia el mundo cotidiano propone “Descartar todo lo que nos ciudadanice,/ nos esclavice, nos domestique./ Habrá que volvernos/ indigentes de civilización”.
Interesante trabajo que nos empuja a desechar lo banal, “...el cartón pintado/ que decora el escenario kitsch de la vida”, ahondándose en “el orden ilógico de las pesadillas” y sentenciando que “Lo sagrado será/ al fin de cuentas/ volvernos humanos”.
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