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Tabaco

Tabaco
Jeanette Lococo
Hojas del sur, 2018
Novela, 224 pp.

por Rubén Sacchi

Al comienzo de la novela el personaje, un piloto aeronáutico expulsado de la línea donde navegaba, se pregunta “si uno vive toda una vida nada más que para justificar unos pocos momentos en los que pasa todo lo que la define”. Eso a lo que alude es el amor, pero no el amor en su expresión vulgar, sino ese otro, prohibido, contradictorio, inabarcable, al que muy pocos se animan.
El fondo en el que los protagonistas se mueven es el del contrabando. Un mundo con sus propios códigos y sus vicisitudes que obedece a múltiples variables que pasan por los vaivenes económicos, políticos y morales, temáticas que Lococo trabaja con soltura, aportando una profusa información de lugares y situaciones tan diversos que sugieren un tremendo trabajo de campo y gran conocimiento de la materia, hecho que confiere solidez a la obra. La ruta del tabaco es una parábola con su auge y decadencia, análoga a la relación que obsesiona al protagonista.
Estructurada como un raconto, el piloto va plasmando recuerdos con cierta morosidad de la memoria, en la que no confía: “Ahora, al recordarlo, tal vez le estoy prestando palabras que acaso no fueron las que ella dijo”. Hay algo de psicoterapia en el relato, con un personaje que ocupa, a la vez, el lugar del profesional y del paciente.
Mientras reflexiona que “el dolor emocional puede tener el tremendo filo del dolor físico”, pone en palabras la clave de esta tan atrapante como íntima historia: “En la vida hay algunas encrucijadas que definen el rumbo que va a tomar nuestro destino”, eso lo empuja a considerar la enorme distancia entre las posibilidades de tener que, deber y querer hacer. En eso, se juega la felicidad.

Bianca

Bianca
Eduardo Kovalivker
Hojas del Sur, 2015
Novela, 160 pp.

por Rubén Sacchi

Manteniendo el esquema de su anterior novela, Clavelina, Eduardo Kovalivker apela a un personaje que, siendo escritor, gusta de la buena vida y cae en un embrujo amoroso que lo lleva a cometer cualquier desatino, con consecuencias personales prácticamente nulas, reafirmando la vieja máxima mafiosa de que “El crimen no paga”.
Daniel Dumas -vaya apellido para un hombre de letras- viaja a Italia para cumplir ciertos compromisos literarios y es allí donde un amor, casi sobrenatural, le sonríe.
El autor construye un protagonista contradictorio, que admite haber militado en las filas anarquistas pero que “sintió siempre deseos de pertenecer o de rozar esa clase social inalcanzable para él”. Achaca su inseguridad a su crianza “en un hogar de clase media baja” y define a sus ancestros como de “sangre sin historia”.
El fomento del tratamiento genético de las semillas para modificar el medioambiente, tan cuestionado por la ciencia, se suma a que lo experimenta en extensas hectáreas que su familia política obtuvo en el despojo que los conquistadores ejercieron sobre los pueblos originarios.
En definitiva, un verdadero yuppie de los tantos que, neoliberalismo mediante, adaptaron su ideología a los nuevos vientos con
asombroso pragmatismo.

La eternidad de la rosa

La eternidad de la rosa
Gabriel Moschitta y Laura González Roma
Hojas del Sur, 2016
Novela, 224 pp.

por Rubén Sacchi

Para acercarnos a la historia debemos preguntarnos qué es la eternidad, esa enorme entelequia creada por el hombre para definir lo inasible de la existencia.
La eternidad de la rosa propone una perpetuidad en la trascendencia, retomando la vieja creencia oriental de la rueda de la vida en la que las almas se perfeccionan en cada giro.
Los autores abordan la experiencia literaria como algo lúdico, recreando de manera fantástica algunas experiencias esotéricas y científicas en el plano del más allá.
El pesonaje central es Omar, un joven que sufre una posesión diabólica y es tratado por el parapsicólogo Fabio Zerpa, famoso por sus teorías acerca de seres y naves extraterrestres, que tuvieron auge en la década del 70.
La historia propone diferentes visiones de lo perenne y desarrolla una visión de la espiritualidad alejada de los esquemas con que nos rodea esta voraz modernidad.
Historias de amor y desamor dan marco a la temática central y nos pasean por el pasado de la mano de la sofrosis cuántica, método de hipnosis regresiva desarrollado por Zerpa.

Clavelina

Clavelina
Eduardo Kovalivker
Hojas del Sur, 2015
Novela, 144 pp.

por Rubén Sacchi

No es un clavel, con su evidente belleza y prestancia, la clavelina es una flor pequeña, que se exhibe casi con timidez en medio de un ramillete y su hermosura posee el tono de lo salvaje. Ese quizás sea su mayor atractivo.
La novela de Kovalivker comienza en un escenario romántico, con el que los amantes de la literatura y el conocimiento siempre soñamos: una biblioteca frente al mar; y ese gigante líquido es el nexo que lleva a Juan, cincuenta años después, a otro teatro de similares características pero impregnado de gran turbulencia vital.
El autor logra construir un personaje muy interesante, plagado de contradicciones, que puede despertar en el lector tanto la empatía como el desprecio. Su pasión por una joven aldeana arrojada a la prostitución, lo lleva a enfrentar al proxenetismo, mientras por otra parte lo alimenta y construye una relación que bien puede considerarse incestuosa.
La trama se desarrolla plena de tensión y recorre una isla caribeña, en la que puede identificarse a Cuba aunque en ningún momento se la nombre y se exponga una visión bastante particular del proceso político revolucionario que atravesara la ínsula.
Las creencias y supersticiones ponen de la mano peces, que pueden ser demonios, con el conocimiento de pócimas y brebajes ancestrales, más efectivas que la medicina occidental.
El protagonista, a la saga escritor, desmitifica la visión idealizada de la profesión. No resulta un humanista preocupado por los avatares de los mortales, sino que está dotado del suficiente egoísmo necesario para cargar con un asesinato innoble y poder continuar, sin mayores sobresaltos, disfrutando de una buena vida.

Sobre la guerra y cómo conjurarla

La guerra: un crimen contra la humanidad
Roberto Vivo
Hojas del Sur, 2014
Ensayo

por Esteban Lozano

“LA GUERRA: UN CRIMEN CONTRA LA HUMANIDAD”, de Roberto Vivo —autor de “Breve historia de las religiones del mundo”—, es un esfuerzo monumental por pacificar al hombre

El del empresario uruguayo Roberto Vivo es uno de esos libros inclasificables que, a priori, puede parecer que adolecen de una perspectiva naïve de la materia sobre la cual tratan. Nada más lejos que la ingenuidad en la perspicaz mirada del “idealista-de-pies-en-tierra-firme” que es Vivo. En el prólogo de su obra “LA GUERRA: UN CRIMEN CONTRA LA HUMANIDAD”, Vivo aclara quesu principal propuesta es “deslegitimizar” la guerra, y que debemos considerarla como crimen(“El hecho de que 9 de cada 10 víctimas de todo conflicto sean civiles es, a mi juicio, el factor determinante que permite afirmar, sin duda alguna, que hoy toda guerra debe ser considerada un crimen contra la humanidad”, señala Vivo).Lo que sigue a dicho prólogo es un esfuerzo monumental por parte del autor para ilustrarnos acerca de los cómos y los porqués de esta práctica que, según afirma, en los últimos 5 mil años fue permeada por efímeros períodos denominados —a falta de mejores definiciones—“paz”. Motivado por una serie de interrogantes que lo acompañaron desde su adolescencia, Vivo ha escrito —asistido en su laboriosa investigación por el periodista estadounidense Dan Newland, además editor y traductor del original al inglés— un libro al que realmente cabe calificar como imprescindible, puesto que la materia sobre la que trata no es fácil de hallar en otras fuentes: la guerra y cómo conjurarla. “LA GUERRA: UN CRIMEN CONTRA LA HUMANIDAD” no se limita a denunciar o a hacer un mero relevamiento de la violencia y las guerras que han azotado y azotan al planeta sino que, a la manera de un vademécum, despliega un menú de genéricos para combatir las causas de los males que nos llevan a la confrontación armada.
Uno de los mayores méritos de Vivo es la prosa clara, precisa, amena, con que transmite sus conceptos. Su escritura —y, por consiguiente, su lectura— es fluida incluso en los más extensos párrafos, en cuya redacción otros autores olvidan a menudo al lector al cual se dirigen, haciéndolo naufragar en un zargazo de información excesiva muchas veces agravado por una complicada o torpe sintaxis.
Los títulos de los cuatro extensísimos capítulos que conforman el libro, y algunos de los subtítulos de las diversas partes en que cada uno de ellos se divide, dan cuenta de la vastedad de temas en él tratados: La violencia y el hombre (La deshumanización del otro, Efectos devastadores de la guerra, Grandes flagelos producidos por el hombre, Las causas de la guerra, La teoría de la guerra justa y su superación), La historia de la paz (La era axial, Celebrar la diversidad), Sociedad abierta y sociedad cerrada (Liberales versus conservadores, moderados versus radicales, Fundamentalismo, Secularismo: crisis u oportunidad), La guerra: un crimen contra la humanidad (Paralelos válidos: esclavitud, tortura y racismo, Definir la guerra como crimen, Fundamentos legales, El rol de Estados Unidos en un mundo unipolar, La prevención de conflictos, El rol de las instituciones y de las organizaciones internacionales, El papel de la justicia, La Corte Penal Internacional, Dar una oportunidad a la paz).
Sostiene Vivo que “hay quienes creen que el ser humano lleva la guerra en su ADN; que es un ser naturalmente violento inclinado a inventar enemigos y a exterminarlos. Pero la ciencia contemporánea no está de acuerdo. Los estudios más recientes demuestran que los primeros seres humanos no practicaban la guerra de manera habitual e institucionalizada, porque eran nómades, cazadores y recolectores, con un muy reducido sentido de la propiedad. Al no tener que defender lo propio, los conflictos dentro de la comunidad se reducían al mínimo. Como señala el célebre paleontólogo Richard Leaky, recién con la agricultura el ser humano se hace sedentario y comienza a sentir la necesidad de defender la tierra que cultiva. Parece probable entonces que la guerra se haya originado como una respuesta social y política a un cambio de circunstancias económicas. En síntesis, lo que cambió con la transición de la caza y recolección nómades a la agricultura sedentaria fue la naturaleza de la sociedad, no la naturaleza del hombre”. Y se apresura a aseverar: “Otra tajante prueba de que el hombre no es naturalmente violento es el hecho de que todos los ejércitos del mundo someten a sus soldados a un duro entrenamiento, tanto físico como psicológico, para que puedan convertirse en máquinas de matar. Una etapa esencial de ese adiestramiento es la deshumanización del otro. Es decir, el objetivo del entrenamiento es que, para el soldado, el supuesto enemigo pierda su condición de persona. Pero nosotros, los seres humanos, no estamos preparados para comportarnos como asesinos, y por eso son miles los casos de soldados que al volver de la guerra recurren al alcohol, las drogas y hasta al suicidio en búsqueda de la paz perdida”. En cuanto a las causas variopintas que determinan el estallido de las guerras, y que por largo tiempo han sido tema de debate entre antropólogos, sociólogos, analistas políticos e historiadores, el autor cita: ausencia de negociación, de identificación, de voluntad para promover la paz, y ausencia absoluta de principios humanitarios, así como también el exceso de nacionalismo y la generación de falsas expectativas. Vivo hace hincapié en que “para lograr que la guerra sea catalogada como lo que es, ‘un crimen contra la humanidad’, hace falta un cambio cultural, para esto necesitamos apoyar el accionar de la Corte Penal Internacional, fomentando la educación para la paz, y ésta es una tarea en la que todos podemos contribuir”.
Detengámonos por un momento en uno de los flagelos que en el mundo actual nos toca padecer, quizá como nunca antes: el terrorismo. Como su mismo nombre lo deja entrever, el terrorismo es letal por partida doble: su finalidad es destruir a su objetivo físicamente, pero paralelamente, y por efecto multiplicador, destruye la individualidad de las personas al restringir sus derechos civiles y humanos a resultas del pánico que induce y mediante leyes y procedimientos excepcionales implementados, supuestamente, para combatirlo o neutralizarlo. Vivo afirma en su blog, Peace, Justice and the Ultimate Crime(www.vivoonwarpeaceandjustice.blogspot.com.ar), que desde el 9/11 el terrorismo internacional se halla en ascenso y que la victoria está de su lado. Los hechos que hemos vivido en lo que va del 2015, con posterioridad a la publicación del libro que nos ocupa, parecen doblar la apuesta hecha por tal aseveración. En cuanto a los “procedimientos excepcionales” mencionados más atrás, Vivo enumera “la suspensión de garantías para los prisioneros de guerra, la violación por parte del gobierno del derecho a la privacidad en las comunicaciones por teléfono y por correo electrónico, presiones aplicadas a los medios, arrestos arbitrarios y sin establecimiento de cargos por una corte penal, el uso limitado de torturas tanto dentro como fuera de su territorio, además de la implementación de tácticas bélicas que violan no sólo las tradiciones nacionales sino también las Convenciones de Ginebra y Viena”. También trae a cuento un dato tan acertado como ilustrativo: cuando al general carabinero italiano Carlo Dalla Chiesa, a cargo de las estrategias antiterroristas de Italia para enfrentar a las Brigadas Rojas en la década de 1970, le pidieron que utilizara la tortura para descubrir el paradero del primer ministro italiano Aldo Moro —secuestrado y luego asesinado—, respondió: “Italia podrá sobrevivir a la pérdida de Aldo Moro pero no sobrevivirá a la implementación de la tortura”. Así, Dalla Chiesa señalaba que violar el imperio de la ley conlleva el peligro de convertirse uno mismo en algo parecido a ese rival artero y no tradicional al que se combate. También una escena de la película “Espartaco” (Stanley Kubrick, 1960) ilustra perfectamente este pensamiento: los esclavos se rebelan contra sus opresores y toman la escuela de gladiadores en que son brutalmente entrenados. Un grupo de sublevados, para desquitarse, quiere obligar a dos de los romanos, ahora cautivos, a pelear entre ellos a muerte. Espartaco se opone, alegando que si no deponen su actitud también ellos, los oprimidos, se convertirán en aquello que aborrecen (firmaba el guión de “Espartaco” alguien que algo sabía sobre la restricción de los derechos civiles y humanos mediante el pánico y las leyes y procedimientos excepcionales: Dalton Trumbo, uno de los tristemente célebres “Diez10 de Hollywood” durante el maccarthismo).
Afirma Vivo que el mensaje de Dalla Chiesa “debería ser una admonición para EEUU y otras democracias occidentales, que alguna vez sirvieran de ejemplos morales y éticos para el mundo y que tenían en claro que si se permitía la violación de los derechos civiles y humanos de una sola persona, peligrarían los derechos de todos. No importa la magnitud de la amenaza”. Y a continuación agrega: “Cuando no se protege la libertad se resiente la esencia misma de la democracia”, aseveración que le permite meterse de lleno en uno de los temas centrales de su libro: la guerra en general y la conducción que los EEUU hacen de sus guerras desde los sucesos del 9/11 en particular, cuyos métodos son también aplicables a los que emplean otras democracias de occidente.
Como señala el ex-fiscal en Jefe de la Corte Penal Internacional Luis Moreno Ocampo (una de las eminencias que prologan el libro de Vivo, junto con el ex-presidente de la República Oriental del Uruguay, Julio María Sanguinetti; el ex-fiscal en los Juicios de Nuremberg, Benjamin Ferencz; el renombrado mediador, autor y disertante William Ury y el autor del best-seller“Megatrends”, John Naisbitt): “Este libro es necesario, pero abarca tantos campos de conocimiento que no lo podía escribir un académico que debe agotar cada detalle de la discusión científica. Hay tanta información y análisis que no puede ser analizado desde una sola disciplina”.
Moreno Ocampo no exagera: así de multifacético, ecléctico, ambicioso, profundo, extremadamente documentado y sorprendente es “LA GUERRA: UN CRIMEN CONTRA LA HUMANIDAD”.
Y puestos a hablar de crímenes… sería inconveniente añadir a la lista de los muchos que el hombre comete el de no leer este valiente e imprescindible libro de Roberto Vivo. “LA GUERRA: UN CRIMEN CONTRA LA HUMANIDAD”, de Roberto Vivo.

Versión impresa: Hojas del Sur, 2014. También disponible como libro electrónico, tanto en español como en inglés —War: A Crime Against Humanity—, para Kindle y Nook y en varios formatos a través de Smashwords.