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El libro de los monstruos

El libro de los monstruos
J.Rodolfo Wilcock
La Bestia Equilátera, 2019
Relato, 168 pp.

por Rubén Sacchi

Una nómina desopilante de personajes abre el libro a manera de índice, pero lo llamativo no acaba en sus nombres, también se extiende a sus descripciones. No es subjetividad del lector, ya que el mismo autor los describe como “monstruos” y, como expresa uno de ellos, Mario Obradour, “Siempre nos toman por lo que parecemos ser”.

El libro compendia una serie de seres fenomenales en descripciones absurdas, si es que ello es posible en un mundo donde la mayoría de la humanidad adora y cree en la existencia de dioses y santos, algunos de los cuales superan ampliamente la fantasía de Wilcock.

Todos están unidos y atravesados por una misma suerte: sus semejantes (de especie) los arrojan al abandono y al olvido. Cada texto acerca miradas metafóricas de la realidad: Pelagra Rete avizora un negro porvenir; Erbo Meglio remata en una visión crítica de la TV y el Mariscal Cono Liscarello hace una particular alegoría del comunismo. ¿Será que, como se pregunta en Elviridio Tatti, “todos estamos mantenidos con vida en terapia intensiva, hasta la inevitable muerte biológica?”.



J. Rodolfo Wilcock nació en Buenos Aires en 1919. Se recibió de ingeniero civil en 1943. Vivió un tiempo en Mendoza, donde trabajó en la construcción del  ferrocarril trasandino, pero abandonó su profesión para dedicarse a la literatura. A partir de 1957 se estableció en Italia, y allí permaneció hasta su muerte, veintiún años después. En ese lapso escribió una obra narrativa admirable, que se agrega a una carrera poética brillante, pero inadvertida en la Argentina.
 Incursionó en todos los géneros literarios: poesía, relatos, novelas, teatro. También se desempeñó como traductor. De su obra narrativa, se destacan El caos (La Bestia Equilátera, 2015), El ingeniero, La sinagoga de los iconoclastas, El estereoscopio de los solitarios (La Bestia Equilátera, 2017), Hechos inquietantes y Los dos indios alegres.

Cuando murió en 1978, Wilcock había convocado ya la curiosidad o provocado la admiración de la intelligentsia italiana (Pasolini, Calvino, Elsa Morante, Ruggero Guarini), pero nada había podido hacer con la local, provista siempre, en los casos en que debería suspenderla, de un solícito grado de suspicacia.
 

Mujer deshabitada

Mujer deshabitada
María Sola
Muerde Muertos Editorial, 2019
Relato, 240 pp.

por Rubén Sacchi

Si algo particulariza el estilo de esta obra es que prescinde de lo superfluo. Las historias, cual cortos cinematográficos, son fotogramas con encuadres caprichosos, donde algo queda fuera de cuadro y el lector-espectador debe resolver esas situaciones.
Hay fantasía, pero no sobrenatural sino que, por el contrario, toma lo cotidiano y lo trastoca, dando lugar a otros universos. Parece no hallarse cómoda en este mundo: le sobra su piel, mientras que su tamaño resulta un estorbo para María Sola, por lo que en sus relatos sacude el polvo de una realidad que en la vida se presenta enmarcada en parámetros inamovibles.
Los textos atrapan, La voz, una metáfora de la dominación y la entrega, muy asimilable a la Argentina actual; El bronce, un canto a la rebelión y a la resistencia; ¡Bummm!, nos habla de la tragedia de la guerra y Sin voz ni voto, nos acerca a la perversión de los manicomios. Todos asumen un compromiso, como en el allanamiento de La manzana, donde leemos: “Se necesita mucha perversión para transformar a un humano en objeto de carne anestesiado, amputar su cerebro y detenerse justo antes de matarlo”.
Un trabajo interesante, para tener en cuenta a la hora de apostar a un novel.

INZOMBIO y relatos fantasmas

INZOMBIO y relatos fantasmas
Sandra Gasparini y Hernán Bergara
Baldíos en la Lengua, 2018
Relato, 126 pp.

por Rubén Sacchi

El primer relato, El lobo (precuela y secuela), podría ser una recreación de los dichos que La Biblia adjudica a Jesús: “quien a hierro mata, a hierro muere” o, para llevarlo a lenguaje criollo y cotidiano, “a cada chancho le llega su San Martín” que, dicho sea de paso, también tiene su origen religioso. Desde allí, el lector puede intuir de qué va el resto del volumen.
Mucho humor y sobre todo ironía ocupan estas páginas que, sin embargo, tienen un tinte militante en lo referente a diversidad de género. Lo que proponen, son otras miradas que nos acercan a la inclusión, en tiempos en que el individualismo y la intolerancia reinan y atraviesan el tejido social.
Gasparini y Bergara (colectivo V&Z, iniciales que aluden a vampiros y zombis) se proponen como una especie de dupla, al mejor estilo Lennon-Mc Cartney y abordan la temática desde un lugar cercano al anonimato. Para mayor enmascaramiento de roles Cadorna, un supuesto editor, recorre las hojas en disparatadas notas al pie.
Entre los textos, se deslizan frases interesantes, como “las manos, que son la ideología de los dedos”, “todo lo que acompaña a la belleza (...) parece alguna versión de la estupidez”, “la mediocridad, aunque suene contradictorio, siempre va por más”;  o dramáticas: “el futuro es un subgénero de la muerte”, “el pasaje del es al era es la única propiedad de todas las lenguas de todos los mundos” o “Cuando se acabe la sangre, recién entonces se acabará la tinta de la Historia”.
El volumen despliega un amplio abanico de preferencias sexuales, aborda fetiches y rompe tabúes, ironizándolos en ­historias de aliens que interactúan con humanos muy particulares. También rezuma feminismo, y lo expresa sentenciando: “ningún tipo se banca una mujer que sabe lo que quiere, porque sin dudas prefiere persistir en recriminarle que no sabe lo que quiere”.

Palacio de olvido

Palacio de olvido
Alberto Tabbia
La Bestia Equilátera, 2018
Narración, 176 pp.

por Rubén Sacchi

El rescate literario es esa tarea silenciosa y constante que algunas editoriales asumen con la firmeza de una decisión. Este nuevo libro de La Bestia Equilátera, fiel a esa premisa, nos acerca las páginas inéditas de alguien que, sin esa voluntad, hubiese quedado sepulto en ese Palacio de olvido en el que moran muchos nobles escritores que, por las circunstancias que fueren, no llegaron a plasmar sus trabajos a través de la industria gráfica.
Se interroga Luis Chitarroni en el prólogo “¿La felicidad y la gratitud de los lectores puede parecer hoy una recompensa insuficiente?”. Vaya uno a saberlo. Aquí, creo, lo que interesa no es la utilidad que los lectores puedan sacar de este libro. O sí, pero no es lo más importante. Aquí, lo que se debe tener en cuenta es el acto de justicia -al mejor estilo de Max Brod- que tuvo el buen tino de acercarnos a estas letras.
El libro reúne una buena cantidad de historias en las que ­prevalecen los rasgos biográficos, por lo que tiene ese doble valor de lo testimonial. Hay personajes de lo más pintorescos, algunos mundialmente conocidos, pero también oscuras celebridades, cuyas vidas y circunstancia son descriptos de manera atrapante.
Juega con una forma de relatar que, sin perder su propio estilo, remite a las aguafuertes arltianas. Tabbia describe los carnavales del 41 y los disfraces usados con un tono desopilante pero también, y más gravemente, relata la masacre de obras de arte a manos del nazismo.
Nuestro autor no confiaba en el valor de su escritura, decía en Roma: “Esta acumulación de impresiones me anestesia y posterga la angustia siempre presente de mi inutilidad”. En una función de Esperando a Godot, ante esa espera infinita se interrogaba “¿Una imagen de mi vida? Tal vez de cualquier vida”. Nos toca a nosotros penetrar en estos escritos cargados de vivencias, y darles el peso que indiscutiblemente conllevan, el de los recuerdos transformados en buena literatura.

Por haber estado

Por haber estado
Antología
LuzAzul, 2014
Poesía y narrativa, 56 pp.

por Rubén Sacchi

El escritor y poeta Oscar Agú asumió una tarea loable: la difusión de la obra de colegas santafesinos y lo hace a través de la colección LuzAzul. Como otros tantos en sendas provincias o regiones del país abocados a esa tarea, pone en papel su palabra, que socializa con el resto de los mortales la producción local.
En esta ocasión son siete los autores propuestos, unidos, no sólo por la provincialidad, sino por la triste característica de haber abandonado la existencia, lo que paradójicamente reflejan los versos de uno de los antologados, Oreste Abbiate: “es el fin/ de un continuo/ morir,/ vivir”.
El volumen incluye seis poetas y un narrador, Gastón Gori. Su estilo, pleno de paisajes y costumbres, no deja de ocuparse de las iniquidades: “¿Usted cree que la tierra se puede decir que es de unos y de otros no?” declara en Nicanor y las aguas furiosas. Entre los vates, además, se cuentan otros cinco de los que, con el fin de tentar al lector, he seleccionado alguno de sus versos: Adriana Díaz Crosta, “con fe descobijada (…) puños masticando el aire”; Hugo Mandón, “no tener ya nada que hacer/ ni siquiera esperar”; Elda Massoni, “qué fragmentos mutilará la muerte,/ qué porciones de este vasto territorio de huesos”; Horacio C. Rossi, “somos toda la voz del mundo en silencio”, y Beatriz Vallejos, “La esperanza es la ausencia de toda certeza”.

Relámpagos. Vol. 1

Relámpagos. Vol. 1
Jan De Jager
Viajera Editorial, 2014
Poesía y relato, 282 pp.

por Rubén Sacchi

No son rayos. no, de esos que parten la noche en dos, esos que fulminan o incendian. Son sólo esas luces que acompañan las tormentas, que preceden un rezongo. Son iluminaciones para que se pueda ver más claro en la cerrazón y sea uno el que decida si fulmina o lo incendia todo. En definitiva: son destellos de sana lucidez.
Si bien echa mano a una variedad de textos que no son de su autoría, lo hace en la forma de traducciones, y el material que aborda es absolutamente novedoso, muy poco difundido en nuestro entorno
literario.
Relámpagos es un libro dedicado al texto breve, pero no solamente incluye creaciones de otros también hay, en sus casi trescientas páginas, hermosos escritos nacidos de su pluma.
La temática es diversa, desde un emotivo relato donde mujeres chilenas preparan una bandera para reclamar por los presos políticos en Con retacitos de tela, hasta la hipocresía de la iglesia en La última tentación de Cristo, pasando por la denuncia del saqueo de piezas arqueológicas, en el poema Arrepiante.
Interesante propuesta que anticipa su correlato, ya que el subtítulo de Volumen 1 nos pone en la espera de su saga.

La compañía de los hombres

La compañía de los hombres
Mariano Díaz Barbosa
textosintrusos, 2014
Relato, 200 pp.

por Rubén Sacchi

Si fusionamos fotografías y crónicas, inevitablemente recalamos en la idea de cine, y nada hay más cercano a la escritura de Díaz Barbosa que el séptimo arte. No sólo en la plasticidad de las imágenes, repletas de metafórica poesía, sino en la estructura misma del texto.
El lenguaje cinematográfico atraviesa el libro, pero algunos de los relatos de La compañía de los hombres son recortes que se inscribirían en un gran film, ocupando el lugar del clímax, pero respetando el esquema narrativo global. Allí, todo el argumento apenas sugerido justifica el punto de crisis que desarrollan los protagonistas.
Las temáticas son diversas. Desde un partido de fútbol menor, donde se juega más que un resultado o el maquinista que se topa con un suicida, pasando por la denuncia de la manipulación genética y las salvajes corridas de toros, hasta un paseo por la Cueva de las Manos, donde seres que existieron se cruzan con otros que no llegaron a hacerlo. El relato que nombra el libro se centra en la mirada y, a través de un conflicto psicológico, desnuda cuán complejas que pueden ser las relaciones humanas. Claro está, nada sería posible sin la compañía de los hombres.

Efectos colaterales

Efectos colaterales
Pablo Besarón
Ediciones Simurg, 2013
Cuento, 128 pp.

por Rubén Sacchi

Como un prospecto medicinal, el libro de Pablo Besarón advierte desde su título la posibilidad de algo más allá de lo buscado.
Es que Efectos colaterales reúne ese porcentaje de probabilidades que, sin ser lo habitual, puede acontecer. Y es así porque toda experiencia de vida pro­curada se enmarca en límites, bordes cuyo confín se diluye en otros terrenos, convirtiéndose en algo muy fácil de ­exceder.
En la primera parte, Fronteras y después, los extremos traspuestos son tan delicadamente variados como los existentes entre la vida y la muerte, entre escritor y personaje o entre el yo y el otro.
La segunda parte, titulada Borrón y cuenta nueva, aborda temas no tan misteriosos, aunque no menos terribles y muy actuales.
La corrupción policial, la traición, la justicia por mano propia o el abuso de menores son los tópicos que ocupan estos relatos, que el autor pincela con fina pluma.
El trabajo muestra que el mundo que nos toca habitar, de tener remedio, contendrá esa porción estadística nefasta que son los efectos colaterales. Y eso, nos agrade o no, también es la vida.

El día que mi padre lloró

El día que mi padre lloró
Gito Minore
Clara Beter Ediciones, 2013
Cuento, 120 pp.

por Rubén Sacchi

Se podría apelar a un lugar común para definir el trabajo de Gito Minore. No sería equivocado afirmar que es un libro de lectura fácil. Claro, pero lo interesante, la verdadera profundidad, está en el mensaje que encierra cada uno de sus relatos.
Él mismo escribe en Esperando a la indiada: “Definitivamente la verdadera historia no es la historia que creemos que es la historia...”. Semejante intríngulis está lejos de ser una entelequia; para quien sabe leer entre líneas está el pensamiento de Rodolfo Walsh cuando define la historia que la burguesía reserva para el pueblo, vacía y sin referentes, como recién estrenada.
Un capítulo aparte merece Pascual, el personaje del cuento que da nombre al libro. Los trazos que lo dibujan son finos y, por momentos, trágicos, tanto que lo que lo eleva es el dolor: “Su rostro se volvió luminoso, hermoso, vivo, todo cubierto de llanto”.
Otros nueve relatos conforman el volumen y muestran una prosa interesante, que sabe unir lo dramático a lo grotesco con abundantes referencias al vivir contemporáneo y, sobre todo, compromiso, ese condimento que muchos escribas no cuentan en su alacena.

El mundo después

El mundo después
José Ioskyn
Paradiso Ediciones, 2013
Relato, 216 pp.

por Rubén Sacchi

Cuatro relatos componen el libro de José Ioskyn, narraciones escritas de manera cinematográfica, separando escenas y hasta indicando posiciones de cámara y plano que faciliten el guión y planta de una hipotética adaptación al séptimo arte.
Dos de ellas abordan el tema de la represión, donde los genocidas son los actores principales o bien sobrevuelan la trama tornándola opresiva y hasta irrespirable. Las dos restantes pueden inscribirse en la narrativa fantástica o la ciencia ficción, pero los climas generados son también asfixiantes sin demasiado margen para una salida feliz.
Los personajes principales, para bien o para mal, transgreden los límites permitidos de la propia historia. A lo largo de las páginas imprimen su propia lógica, como la muchacha de Agua que intuía “...estar clavando una verdad irrefutable en el ojo de la verdad misma”.
Los dos tiempos que trabaja el autor, presente y futuro, muestran un mundo aciago. No hay una visión positiva del hombre y los sistemas en que se organiza. Sin embargo, la resistencia a esa realidad, aunque no lleve necesariamente a romper con la estructura imperante, genera fisuras que permiten vislumbrar otras posibles realidades.

Infidelidad

Infidelidad
Susana Aguad
Paradiso Ediciones, 2012
Relato, 136 pp.


por Rubén Sacchi

Cuando la palabra infidelidad resuena en nuestros oídos, llega a nuestro cerebro en su acepción más universalizada: la que ocupa las relaciones de pareja.
Sin embargo, esa imagen casi excluyente del imaginario popular, deja fuera otras tantas variables posibles, algunas de ellas quizás mucho más crueles que la anterior.
Es que las relaciones que incluyen a los humanos nunca son lineales. Suelen tener muchos recodos en su recorrido, detrás de los cuales puede encontrarse la traición en sus múltiples formas: a la pareja, al amigo, al compañero o a uno mismo.
De algunas de ellas se ocupa Susana Aguad en esta serie de relatos, algunos con final abierto a múltiples resoluciones, en un estilo narrativo que en nada se aproxima a su última novela Lejana y oscura.
Diversos también son los sitios que sirven de escenario a la autora, quizás una manera de hipotetizar que la infidelidad no respeta confín alguno. Tal vez pueda asimilarse a la frase de Ricardo en el relato Retrato de muchacha: “La cuestión reside en el cómo, cómo lograr hacerlo lo mejor posible”.

Léame


Léame
Nicolás Di Candia
Viajera Editorial, 2011
Relato, 138 pp.

por Rubén Sacchi

Léame. Título perentorio, urgente,imperativo. ¿Qué encuentra el lector dentro del libro que justifique la decisión? En primer lugar, un ejercicio de relajación no demasiado recomendable; en segundo, una serie de relatos cuyo primer título, mientras nos adula, acerca una reflexión acerca del lector y la lectura.
El resto de los escritos forman un conjunto desolpilante de historias que pueden arrancar más de una sonrisa, pese a la torridez del verano, en algunos casos rayanas al surrealismo.
En sus páginas encontramos originales versiones de Alicia en el país de las maravillas, El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde y Frankenstein, donde lo absurdo y grotesco se dan cita para satirizar la flema inglesa o la figura insigne de Domingo F. Sarmiento, que regresa de la muerte para volver a morir. Fuera de eso, la vida transcurre entre señores con álamos en su cabeza y ríos de Coca Cola brotando de las canillas.
Léame es el primer título de narrativa con que Viajera Editorial incursiona en el género y lo hace de manera divertida y fresca, ideal para lograr la relajación que el inicio del libro propone sin demasiado éxito.

7º Encuentro de Escritores Eldorado 2009


7º Encuentro de Escritores Eldorado 2009
Autores varios
Th Barrios Rocha Ediciones, 2011

por Rubén Sacchi

Todos los años, la localidad misionera de Eldorado recibe calurosamente la visita de escritores de todo el país. No faltan, además, visitantes extranjeros que se adentran en los misterios de esa querida selva para dar testimonio de su quehacer literario y artístico, ya que disciplinas como la plástica, la música y el teatro son invitados de lujo a la fiesta y evidencian cuán cerca se encuentran los creadores.
Cada año, también, de esa maravillosa reunión surge una antología, que reúne los trabajos de los participantes al evento, que es difundida en diferentes medios de comunicación.
En todas las oportunidades, los encuentros llevan una consigna que los identifica del resto. En el caso que nos ocupa (año 2009) la misma fue: Leyendo leyendas y se ocupó de socializar distintas historias de tinte local, que la tradición oral hizo recorrer por varias generaciones, llegando hasta nuestros días y formando parte de nuestro más rico acervo cultural.
Los encuentros son organizados por Theo Barrios y el próximo tendrá lugar del 4 al 6 de noviembre del corriente, bajo el lema Página en blanco. Será una buena oportunidad para escribirla.

Pasiones que matan


Pasiones que matan
Trece crímenes argentinos
Rodolfo Palacios
Aguilar, 2011
Relato, 256 pp.

por Rubén Sacchi

Quizás Horacio Quiroga fue el responsable de inaugurar la hermandad de esos tres excesos humanos que agrupó en una cadena de eslabones inseparables: el amor, la locura y la muerte. ¿A qué otra comunión puede acudirse para explicar las historias que se narran en Pasiones que matan?
El autor se interroga en el prólogo: “¿Qué lleva a un hombre a comerse a su padre o matarlo y velarlo en una extraña ceremonia? ¿Qué impulso puede llevarlo a enterrar a su mujer debajo de su cama o matarla en un pacto de amor y locura que no está dispuesto a cumplir? ¿Por qué un padre puede ser capaz de matar a su hija?...” Estos y otros acertijos conforman el nudo central de los relatos y muchos quedarán sin resolver.
En ellos podemos reconocer sonados casos que ocuparon, por varios días, la imprescindible cuota de sangre que los pasivos espectadores necesitan, quizás, para no convertirse, ellos mismos, en asesinos. Con una dinámica atrapante, Palacios nos va introduciendo en cada drama de la manera más natural, como si se tratara de cualquier otro acontecimiento cotidiano. Como si esos trece crímenes vinieran a sacudir, por un momento, la densa monotonía de los días.

La salidera


La salidera
Sebastián Kirzner
Tren en Movimiento, 2010
Relato, 96 pp.

por Rubén Sacchi

La palabra salidera, hoy por hoy y en nuestro país, lleva a pensar en esa modalidad de robo a la salida de un ban­co, pero atinar una definición desde la óptica de Kirzner es un asunto más arriesgado. Quizás también se trate de una sustracción, pero de información -frases inconclusas, sugerencias truncas, ambigüedades-, también de la serenidad, esa que en el texto inicial, Anatomía, se expresa a través de las manos de Susan Sontag, pero que en realidad va acompañada de una actitud fuerte y nos cuenta la historia de una construcción lésbica, en donde hay lugar para hablar de religión y política, sutilmente, mostrando que todo, aunque sea un suceso personalísimo, no escapa al universo único que lo contiene.

Esa metodología de escamoteo se expone en Reclusión: “Nunca, en toda mi vida, he podido terminar de leer o escribir un libro, las últimas páginas simplemente no están”, o en Exceso y excedente: “Tal vez, yo no debería hablar”. Será que en estos relatos, llenos de sexo, dolor y atrocidades, la esparanza es una posibilidad remota en un final abierto, o como reza el epígrafe de Scott Fitzgerald en La internación: “Toda vida es un proceso de demolición”.

contra la corriente


contra la corriente
de Juan Bautista Duizeide
Grupo Editor Mil Botellas, 2009
Relato, 104 pp.

por Rubén Sacchi

Decir que Juan Bautista Duizeide se mueve en estos relatos como pez en el agua, sería una figura poco imaginativa pero más que apropiada para definir la destreza con que aplica su pluma y el medio donde supo transcurrir buena parte de su vida y que nutre la naturaleza de su prosa.
Quien haya frecuentado zonas portuarias, habrá percibido un común estigma de los hombres de mar, y no me refiero a estereotípos fáciles como tatuajes o una voz aguardentosa, sino a que jamás dejarán de navegar. Algunos hallarán la muerte en cubierta; otros, aún en tierra, seguirán derrotando en sueños los siete mares; pero están quienes ocuparán páginas intentando exorcizarlo para volver cada día a enfrentar su fantasma.
El mar, en estas historias, posee un poder de seducción sobre las vidas de quienes lo atraviesan: sobre los moribundos ejerce una suerte de euforia vivificante y su mística erótica no se agota ni aún en tierra firme.
Eduardo Belgrano Rawson escribió: “Hay buenos escritores que nunca pisaron un barco y navegantes que ignoran todo acerca del arte de narrar. Luego vienen los menos, duchos en ambos rubros. Duizeide integra este último grupo”.

Los mil días del adelantado


Los mil días del adelantado
Jorge A. Colombo
Ediciones Fundación Victoria Ocampo, 2005
Relato, 222 pp.

por Rubén Sacchi

“En una tierra cava y empantanada, donde abundaban mosquitos que apenas dejaban reposar”, que hoy está a pocas cuadras del Puente Uriburu o Puente Alsina, ubica el historiador Guillermo Furlong aquella vieja Ciudad de Buenos Aires que fundara Pedro de Mendoza.
De esos parajes y aquellos tiempos, se desgrana un conjunto de relatos que avanzan hasta días más cercanos, pero siempre manteniendo como centro el escenario porteño.
El escritor Vicente Battista lo define como “un libro que ha sido armado con la sabiduría y la habilidad de un narrador que sabe cómo contar los hechos históricos”. Sin embargo, tales acontecimientos de nuestro pasado son presentados en un contexto fantástico que puede llevar al protagonista a trasponer las barreras del tiempo y el espacio. Colombo también arriesga situaciones de futuros alternativos, los que sabemos tan relativamente posibles como el número de combinaciones que las circunstancias hubiesen permitido, vale decir: infinitos.
Sus interesantes narraciones recorren gran parte de los momentos fundacionales de nuestra patria, recreándolos de manera amena y novedosa.

Ciri, el buscapiel


Crónicas urbanas
Sergio L. Cirigliano
Editorial Galerna, 2009
Relato, 176 pp.

por Rubén Sacchi

Eter es un vocablo acuñado por los antiguos griegos: aithēr, que define al cielo y proviene de raíz la indoeuropea aydh, que significa fuego. No creo en las casualidades, pero que las hay, las hay, sino basta ver el maravilloso poder de síntesis de este bisilábico que unifica en sí mismo ambas caras de la eternidad.
El éter era el maravilloso fluido que respiraban los dioses en contraposición al pesado aire que alimenta los pulmones de los sufridos mortales y hasta el filósofo Aristóteles lo ubicaba por encima de los famosos cuatro elementos de la naturaleza en lo que denominaba el mundo supralunar. Pero hoy es una acepción cotidiana a la que debemos muchas cosas, desde ethernet hasta el mayor invento contra la soledad: la radio.
La radio es esa cajita mágica de la que salen música, sonidos y, por sobre todas las cosas, palabras. Palabras que cuentan, significan y resignifican; inducen, mienten y conmueven; forman e informan. Es uno de los pocos inventos que está al alcance de casi todos.
Escuchar un programa de radio genera un acercamiento entre emisor y oyente. Las voces se hacen tan cotidianas como la más familiar y hasta inventamos rostros que las contengan. Pero, para quienes venimos de las letras impresas, lo que sale del pequeño altavoz se pierde y vaga por ese inmenso e improbable espacio, es por eso que la aparición de libros como Ciri, el buscapiel es festejada con entusiasmo.
Sergio Cirigliano es docente de Producción en escuelas de periodismo y se desempeña como columnista de varios programas radiofónicos, entre ellos: Cuál es?, que transmite la FM Rock & Pop y conduce el popular Mario Pergolini. De la reunión de esas intervenciones surge este primer volumen. Ciri, alter ego del autor, es una mezcla extraña de psicólogo, filósofo y hasta esboza cierto vampirismo en el ritual de nutrirse de vidas ajenas para dar sustento a la propia. Su ropa consiste en las diferentes pieles con que se atavía y que trasunta en este interesante libro.
Los textos, presentados a manera de “guiones literarios”, abordan los temas más diversos haciendo desfilar al gitano Sandro, una estatua viviente, los desaparecidos y hasta un gato llamado Sandokán. Hay imaginación, ternura y magia, todas situaciones que confirman las palabras de Terencio: "...nada de lo humano me es ajeno".