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Los guantes de Zaratustra

Los guantes de Zaratustra
Luis Duarte
Editorial HincoHe, 2018
Cuento, 220 pp.

por Rubén Sacchi

El autor nos acerca un manojo de cuentos y propone lo que él denomina dos máximas. Sentencias que resumirían el contenido del libro y las agrega al final, como una suerte de apéndice. De ese compendio, hago a la vez mi síntesis: habla de, y propone, la liberación.
Héctor Oscar Auger, su prologuista, dice que “Duarte juega, y en muchos casos por el simple juego de jugar a jugar”. Ese juego de palabras nos lleva a analogarlo como una ecuación matemática, en la que se cumple el teorema de “menos por menos en igual a más”, en el presente caso jugar a jugar equivale a hablar en serio.
Hay cuentos simpáticos, emotivos y hasta desopilantes. También los hay entrañables, como El mundo de Sofía, donde se expone en toda su dimensión la labor de estímulo que ejercen los docentes ante el potencial de los infantes.
Abundante en citas nos recuerda, en palabras de Friedrich Nietzsche, que “la única grandeza del hombre consiste en ser un puente y no una meta”. En consonancia, el padre de Raúl, en Color púrpura, dice de la muerte: “Hay que dejar de tratarla como si fuera real”. Y aquí otra vez aparece lo serio como lúdico.
Los guantes de Zaratustra, abundante en humor, es un libro que invita a pensar y tiene actualidad, o quizás sean aplicables a todos los tiempos las ideas del protagonista de La confianza de Luperca: “Si la masa naturaliza aquello que aborrece, entonces, está condenada a vagar entre las garras de las bestias”. Que así no sea.

Fósforos gemelos

Fósforos gemelos
Luis Duarte
Grupo Editor Latinoamericano, 2014
Cuento, 200 pp.

por Rubén Sacchi

Con un manojo de historias de disímil factura, Luis Duarte acerca la melodía del barrio, con toda la fantasía que ello implica, sus penas y su humor. También sus miserias.
Porque ¿qué es el barrio sino aquella aldea de la que hablaba León Tolstoi y se proponía como reflejo del mundo? Por ello, cuando el autor se desprende de los Fórforos gemelos que nombran al cuento homónimo, ese acto de solidaridad de clase para con el grupo piquetero que le cierra el camino, se convierte en un gesto que intenta ser universal y ejemplificador.
Hay cuentos para todos los gustos, crueles, hilarantes o melodramáticos, pero la frutilla del postre se la lleva Media naranja, un relato que retoma el mejor estilo del querido Osvaldo Soriano, fluctuando entre el drama y el absurdo, con villanos y anti-héroes, donde el bien gana, aunque no quede muy claro con qué utilidad.
Fósforos gemelos transita por ese mundo paralelo que es la imaginación, pero sabiendo que entre una punta y otra del camino hay una aparente sutileza: “La diferencia entre una calesita y un geriátrico es que, en un geriátrico, la sortija no existe”.