El que lee mis palabras está inventándolas
Liliana Díaz Mindurry
La Letra Eme, 2014
Novela, 102 pp.
por Rubén Sacchi
Suele decirse que hay muchos mundos posibles, pero que inevitablemente están en éste. Tal vez sea la explicación de lo que le ocurre al matrimonio que protagoniza la última novela de Liliana Díaz Mindurry, una historia que se mueve en un paisaje desmesurado, excesivo, propicio a la locura y dominado por el cosmos y el magnetismo de una luna viva, latente, ubicado en un pueblito chaqueño llamado Campo del Cielo, sitio castigado por la constante caída de meteoritos.
Los dieciocho capítulos que la componen se engarzan y juegan con una especie de leitmotiv: la ignorancia o, para ser precisos, la ausencia de saber. Eso pone en tela de juicio toda acción y circunstancia, su veracidad y hasta su misma existencia.
El escrito puede hablar de muchas cosas, del agotamiento de una relación amorosa; del desequilibrio emocional y psíquico; del ostracismo de la comunidad toba; de la exhuberancia o, incluso, de un segmento de nuestra historia reciente en que el país atravesó el final de la crisis devastadora del neoliberalismo, pero su tema principal es la palabra. La palabra como deidad capaz de crear o deshacer todo lo que nos rodea, de modificar la realidad a su antojo, determinante del destino. La palabra como metáfora del poder.
El que lee mis palabras está inventándolas nos define protagonistas de esta novela atrapante, que reafirma a su autora como una de las voces destacadas de la narrativa contemporánea.
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La maldición de la literatura
La maldición de la literaturaLiliana Díaz Mindurry
Ediciones Ruinas Circulares, 2012
Ensayo, 164 pp.
por Rubén Sacchi
Nada tan controversial como la palabra. Desde los albores de la humanidad, el hombre descubrió su esencial poder y es así que, según la cultura hebrea, el nombrar apropia lo nombrado. De ahí que Dios sea el innombrable y, a la vez, se lo aluda como El Verbo, siendo así la palabra la que todo lo crea.
La autora parte de la imprecisión de la palabra como alumbradora del pensamiento, de esa manera, ese mal-decir es a la vez la maldición que el ser humano carga, cual pecado original o condena babélica.
Escribe: “Es posible que el ideal de la literatura sea hablar para no decir nada” mientras, más adelante, afirma: “El hombre al crear el lenguaje y al atravesarlo por los signos del arte (...), se crea a sí mismo”. Quizás en esa encrucijada fue que Pablo Picasso dijera que “al público le corresponde ver lo que quiera”.
El ensayo se sostiene en su mismo desarrollo, plagado de signos de pregunta que llevan a nuevas tesis, derivadas de aquella. Tal vez“El lenguaje es interrogación. No afirma ni niega: pregunta y ni siquiera la pregunta es comprensible además de no tener respuesta”.
encuentre su síntesis en el párrafo que afirma:
Armar un cuento

Armar un cuento
Liliana Díaz Mindurry y Laura Massolo
Ediciones Ruinas Circulares, 2009
Tratado, 220 pp.
Liliana Díaz Mindurry y Laura Massolo
Ediciones Ruinas Circulares, 2009
Tratado, 220 pp.
por Rubén Sacchi
Desde hace bastante tiempo, acentuada por la proliferación de blogs y sitios de Internet gratuitos, apareció una legión de gente aficionada a las letras. Tal vez ya existieran, pero logran hoy la visibilidad que toda obra intelectual necesita para trascender.
Obviamente, no todos los trabajos gozan de alguna valía, dicho esto -y no tanto- con la subjetividad del caso, pero también un buen porcentaje ofrece cosas sumamente interesantes.
Una de sus principales falencias es la carencia de conocimientos en la materia. La falta de lectura y práctica de la escritura, más la ausencia de la crítica y autocrítica necesarias son la dominante.
Dentro de ese panorama, es de celebrar la aparición de este tratado que, si bien se acota al cuento, es extensible a otros géneros narrativos.
Sin la rigidez y pretensiones de un programa de gobierno, intenta dar pautas a tener en cuenta durante el proceso creativo, además de servir de orientación a talleristas que se inicien en el oficio.
Buena iniciativa de estas dos notables escritoras que agregan como apéndice final cuentos propios, evidenciando que, más allá de los matices del género, ellas saben cómo abordarlo.
Una de sus principales falencias es la carencia de conocimientos en la materia. La falta de lectura y práctica de la escritura, más la ausencia de la crítica y autocrítica necesarias son la dominante.
Dentro de ese panorama, es de celebrar la aparición de este tratado que, si bien se acota al cuento, es extensible a otros géneros narrativos.
Sin la rigidez y pretensiones de un programa de gobierno, intenta dar pautas a tener en cuenta durante el proceso creativo, además de servir de orientación a talleristas que se inicien en el oficio.
Buena iniciativa de estas dos notables escritoras que agregan como apéndice final cuentos propios, evidenciando que, más allá de los matices del género, ellas saben cómo abordarlo.
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