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Altares suburbanos


Altares suburbanos

de Emiliano Campos Medina

Arte de tapa: Marcia Schvartz

Ediciones en Danza, 2018

Poesía, 70 pp. 

por Eduardo Silveyra


El suburbio bonaerense es un territorio donde sucede el amor y el desamor, la espera de justicia ante su falta, el abuso policial con su sombra tanática. En ese escenario descarnado la palabra suele tornarse dura, desesperada y a veces innombrada para convertirse en un balbuceo. Sin embargo, en ese terreno poblado de seres ásperos, Emiliano Campos Medina, encuentra los ecos precisos para convertirlos en poesía y en imágenes documentales de una realidad desolada, como cuando dice: "Bajamos del micro/en un descampado/Al pie de un monte/vimos una casa derruida/y columnas de humo/de un basurero".

La soledad, en los términos expresados por Rilke al decir, qué sería de ella, si no fuera grande, es encontrada sin desentonar, en los ámbitos melancólicos de otros paisajes, como los bares de San Telmo o a la dureza monumental del norte argentino. Tal vez se trate de un viaje sinuoso expresado con las palabras precisas, algo que no abunda en la poesía producida en los últimos tiempos, donde los textos se enmarañan en una jungla de neologismos, las auto referencias de los neo lacanianos surgidos en la UBA y la repetición de lugares comunes, propios del progresismo literario, sitios poco aconsejables para crear poesía o literatura válida.
Altares Suburbanos, no es un libro de poesía más, es una obra amasada con el colorido plebeyo al cual le rinde culto, porque es la materia con la que su poesía ha sido creada. Transitar el aura de lo político, sin que el texto se convierta en discurso tiene sus dificultades, pero la política es revelada en escenas donde se muestra para decir y nombrar, una propiedad lograda con la sustancia de las certezas poéticas, si es que realmente la poesía otorga alguna.

Crónicas de muertes dudosas


Crónicas de muertes dudosas
Bruno Di Benedetto
Ediciones En Danza, 2011
Poesía, 110 pp.

por Rubén Sacchi

Crónicas de muertes dudosas es una sucesión de relatos de vida en forma de poema. Sin embargo, la obra excede el género y la lírica es sólo una de las tantas estructuras posibles que el autor eligió para plasmarlas. Como sea, el hecho estético se logra maravillosamente.
¿Qué tienen en común las historias que acerca Bruno Di Benedetto? Ellas hablan de personajes que hacen a la Historia, pero la escriben de manera casi anónima, desde sus suburbios, con ese trazo demorado, perezoso de los días de la existencia. También desde la transgresión ya que, en algún momento, hay una pared que se salta. Otra cualidad común es la de estar atravesadas por la desgracia y la muerte.
Los escenarios en que se desarrollan van, desde la ribera bonaerense hasta las costas de la meseta patagónica y el Océano Atlántico es mudo testigo de ellas. El agua siempre presente, como un universo infinito.
¿Por qué las muertes de estos infelices son dudosas? Quizás porque dudosas son sus vidas y solo pueden derivar en esa suerte (pocos o nulos datos encontramos de su paso por este mundo). Tal vez porque sus historias son comunes a otras que se seguirán sucediendo hasta el fin de los días.
También podríamos encontrar una respuesta en las palabras de uno de los personajes del libro, Sir Thomas Doughty, quien dice: “No es cierto entonces/ que el alma es desalojada del cuerpo/ en el momento de morir./ No, el alma es pájaro asustadizo/ y lo abandona un tanto antes./ El cuerpo queda sólo con la apariencia de la vida,/ animado por sus humores y electricidades/ y, temo tener que decirlo,/ por miedo a la inmovilidad,/ su enemiga natural”.
Quince personajes desfilan por este trabajo delicadamente concebido, desde un relojero suizo que, enloquecido, vino con sus engranajes a Carmen de Patagones; un portugués asesino y avaro; una familia de Gales signada por la desgracia, hasta un hachero que escucha las campanas de la muerte. También los hay universales, que en la narración abarcan la suerte que sufrió todo un pueblo, como los esclavos africanos, nuestros originarios o los combatientes revolucionarios; ellos más un hipotético heredero de Jorge Luis Borges, único relato fechado en el futuro (agosto de 2036). Son ellos quince y una pluma que, con maestría, viene a contarnos cómo fue que vinieron por aquí a dejar sus huesos.

La selva fría


La selva fría
Silvia Castro
Ediciones en Danza, 2006
Poesía, 100 pp.

por Rubén Sacchi

En La selva fría, la autora nombra su tierra natal. Nacida en Roca, Río Negro, está impregnada del paisaje y la historia patagónica, aunque los vientos la hayan empujado suavemente hasta Buenos Aires.
Cuatro partes componen este volumen; la primera, haciendo referencia a la leyenda del pehuén (o araucaria) apela a lo ancestral, a la generosidad de la Madre Naturaleza que provee lo material y lo intelectual “tu rebaño/ trae a los hombres la lana de la escritura”. Rebosante de figuras mitológicas, donde un perro puede mudar de piel y tiene anillos de serpiente, nos sumerge en una cosmovisión originaria y original.
Los dos capítulos siguientes esgrimen la denuncia de crímenes ecológicos cometidos en nombre del “progreso”, allí donde “la espesura dilata las pupilas” y “el alambre es un reptil de ciudad”, desde la introducción de especies foráneas hasta la explotación minera.
Por último habla de la quila, en un territorio donde se trastocan los valores asumidos, como “el tejido elástico del agua” y, para explicarlo, acude a la sabiduría y paciencia oriental del bambú: “el tiempo se detiene en la madera” y ocupa “60 años entre una floración y otra”.