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Las variaciones del mundo


Las variaciones del mundo
Diego Roel
Ediciones El Mono Armado, 2010
Poesía, 56 pp.
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por Rubén Sacchi

El autor asume en este libro la libertad absoluta de la palabra; la libertad y a la vez su condena. Busca respuestas y encuentra un caos indefinible. Por eso, y en procura de la refundación de un lenguaje que le permita salir del círculo vicioso, intenta la cópula con la grafía, pretende hacer el amor con las palabras para lograr, tal vez, multiplicarlas: “Avan­zo y retrocedo/ suelto las manos y los pies,/ abro las piernas del lenguaje”.
Ensaya la locura como una forma de lucidez; el loco, “fuera” de los límites supremos, “del espacio y del tiempo”, se asume como un Cristo en el momento culminante de la pasión, en un mundo utópico (“caen las últimas banderas”) ideal y fraterno.
Hurga el revés de las palabras, las invierte como el espejo lo hace con nuestra imagen: “Salto dentro del espejo/ y atravieso los umbrales del verbo”. Ansía encontrar el verbo absoluto, una palabra indefinida, que lo nombre todo como un amanecer: “Sobre los labios del alba emerge/ una palabra neutra,/ silenciosa”.
Roel atraviesa una experiencia lacerante hasta vaciarse, para volver a recrear lo nuevo, donde “El vacío es apertura y promesa”. Sabe que para que un mundo nazca necesariamente debe morir el ­anterior.

Diario del insomnio


Diario del insomnio
Diego Roel
Libros de Tierra Firme, 2005
Poesía, 80 pp.

por Rubén Sacchi

Según infinidad de leyendas los chinos, especialistas en torturas, utilizaban como instrumento refinado la interrupción del sueño. ¿Qué hay más terrible que su ausencia? El autor, sufriente de vigilia, intenta el auxilio precario del pensamiento, un pensamiento que enloquece y busca retomar el equilibrio, como un centro de flotación perdido que, en interminable naufragio, lo lleva a la deriva.
El libro habla del amor y la muerte; también de la poesía (la locura) como tópicos que se exceden y superponen, donde uno es en función de los otros. Las visiones están habitadas de pájaros, como símbolos de lo etéreo. Roel habla de sí y se habla a sí mismo como si hablara a otro.
Edípicamente, la pena de amor por una mujer se confunde con la imagen materna: “la que da nombre y vida”. Suplica: “Madre: quiero volver a tu liviano cuerpo suspendido (...) a tu cintura de animal del bajo Reino. (...) Quiero volver al eco de tu sexo”.
El insomnio es, tal vez, un medio de supervivencia para evitar un sueño que imita a la muerte. Por eso, la apelación a lo divino resolverá la cuestión: “Alguien tendrá que bajar del Cielo a rescatarme”.