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Virgencita de los muertos

Virgencita de los muertos
Nicolás Correa
Libros de la Talita Dorada, 2012
Poesía, 44 pp.

por Rubén Sacchi

Nicolás Correa es un joven narrador que viene haciendo surco desde hace unos años. De ese trabajo febril, tres brotes fructificaron en sendos libros de cuentos. Este, su primera entrega en el género, lejos de apartarlo de ese camino, no hace más que ir consolidándolo como un escritor versátil, que pone el cuerpo donde hay que ponerlo y, para ello, busca la manera expresiva que considera más apropiada.
Los poemas muestran a un observador que, desde el purgatorio de la infancia, ve transcurrir un tiempo suave, al que inevitablemente sucederá “...la vida/ ese dolor” y ese planteo se corresponde con la dedicatoria: “A Candela”, la niña de Hurlingham salvajemente asesinada un año atrás sin que haya un sólo culpable preso y un estado que, a veces, en su solemnidad, excluye: “entre tanto ruido de himno/ te caíste de la bandera”.
Virgencita de los muertos exorciza la vida humilde de tanto dolor “hoy vamos a enterrar a nuestros muertos/ que dejen de estar/ el sueño de muertos que le han confinado” porque “el olor a polvo de la tierra calle/ lo único que lo calla es la lluvia” y “la insoportable magia de los hombres/ cae con el manto negro de plástico”.

Prisiones terrestres


Prisiones terrestres
Nicolás R. Correa
Universidad Nacional de La Plata, 2010
Cuento, 88 pp.

por Rubén Sacchi

Un libro es como una cicatriz, una marca que el escritor infringe para dejar señas de su paso por esta vida y, tal vez, intentar una explicación a tanta ­sinrazón.
Como en un juego de cajas chinas (tema recurrente en la narrativa de Nicolás Correa) dentro de esa alforza hay otras y, separando los labios de cada herida, seguramente se las hallará sin solución de continuidad.
Las cicatrices son un hilo conductor de la historias que, a la vez, son una sola, como es la realidad: grande y abarcativa.
Hay cuchilleros en estos cuentos, hombres de faca y machete en atmósferas de alcohol y un aire que entremezcla a J. L. Borges y Horacio Quiroga en una interesante síntesis.
Las historias se dejan protagonizar por personajes que remiten al círculo del autor y a él mismo y transcurren en zonas fronterizas, esos territorios con mucho de romántico y otro tanto de tenebroso, donde los límites se confunden, así como la vida y la muerte.
Este tercer libro de Correa lo va confirmando en el género con mayor solidez, a la vez que nos muestra un autor prolífico. Incluye un apéndice que remite a su primer trabajo, Made in China, algo así como un bonus track.