
La playa
Loreley El Jaber
Viajera Editorial, 2010
Poesía, 98 pp.
por Rubén Sacchi
Hermoso poemario, definido desde su despojado título donde la metáfora puede calzar justa: en la playa siempre hay un mar de fondo.
La playa es un límite cambiante, un lugar donde es más fácil dejar huellas y más sencillo que se borren; el sitio donde se hallan y pierden cosas.
La autora ve allí su infancia, un estadio feliz donde la inmensidad de la vida delante se plantea como un mar que, en su flujo y reflujo, hamaca el tiempo, lo lleva y lo devuelve a su antojo para depositarlo en esa orilla.
En ese acunarse, la arena desgrana las horas y los años siguen un derrotero que no puede detener una cinta Super 8. En ese naufragio de la niñez hay una sensación de pérdida “abro mi boca plácida/ en busca del calor que me define”.
La adultez trae consigo un sentimiento de soledad y vacío (se expresa maravillosamente en el oxímoron “fulgor oscuro de una risa ajena”), que puede llegar a ser de abandono.
La presencia de los seres queridos ya no se evidencia, regresan en recuerdos de aquella infancia feliz. Tal vez, el miedo a envejecer sobrevuele los sueños y lleve a pensar: “¿qué será del día cuando la noche acabe?”.