La isla escrita
35 poetas cubanos (2000-2015)
Norma Etcheverry (Selección y prólogo)
Editorial Universitaria de La Plata, 2015
Poesía, 120 pp.
por Rubén Sacchi
Que los cubanos son prolíficos en las artes es algo bien sabido. Nadie desconoce los maravillosos sones que hacen sacudir la isla entera y a todo aquel que se le anima, ni tampoco puede alegarse ignorancia acerca de José Martí, Alejo Carpentier o Nicolás Guillén, pero más allá de Silvio y Pablo ¿quiénes integran el semillero de la Nueva Trova? De la misma manera que esa difusión es acotada a cierto grupo, quizás por inevitable, los jóvenes escritores cubanos son cubiertos con un discreto manto de negación.
La geografía insular y la escasez de medios de comunicación son el motivo aparente, pero hay una falta de interés en el mercado editorial que supera cualquier especulación. De esa manera, su palabra nos llega a través de verdaderos exploradores de talento, que abordan la encomiable tarea de la difusión.
La isla escrita es apenas una muestra del vasto universo literario cubano que prolifera y se multiplica en cada rincón de la isla, rompiendo muros con cuanta herramienta de propagación hallen a mano.
Esta antología, presentada en la última Feria del Libro de La Habana, es material imprescindible para comprender la visión particular de una sociedad que eligió vivir el socialismo.
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La vida leve
La vida leve
Norma Etcheverry
Ediciones La Carta de Oliver, 2014
Poesía, 64 pp.
por Rubén Sacchi
Sobre el libro flota la conciencia de lo efímero. Esa idea de que cada segundo se consume irrepetible y carga tanto su cuota de encanto como de tragedia.
La vida leve por momentos parece aludir a la obra de Milan Kundera, La insoportable levedad del ser, cuando plantea que "El hombre nunca puede saber qué debe querer, porque vive sólo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni enmendarla en sus vidas posteriores".
Aquí, la fatalidad de la existencia se manifiesta en desarraigos, desgarros y vivencias inconclusas, ese es su fondo, aunque el marco de referencia pueda ser bucólico y, a veces, hasta feliz. La pequeña felicidad debe conservarse en la memoria de un ayer que “la protegía del futuro”.
Pero, además, la profunda poesía de Etcheverry se compromete, toma posición frente a temas que atraviesan la problemática social, como las madres solteras, las inundaciones, los desaparecidos y el papel traicionero de los medios de comunicación. Todo en una atmósfera de universalidad, mudando los escenarios a distintas partes del mundo interrogando “Acaso sabemos de qué escribimos”.
Norma Etcheverry
Ediciones La Carta de Oliver, 2014
Poesía, 64 pp.
por Rubén Sacchi
Sobre el libro flota la conciencia de lo efímero. Esa idea de que cada segundo se consume irrepetible y carga tanto su cuota de encanto como de tragedia.
La vida leve por momentos parece aludir a la obra de Milan Kundera, La insoportable levedad del ser, cuando plantea que "El hombre nunca puede saber qué debe querer, porque vive sólo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni enmendarla en sus vidas posteriores".
Aquí, la fatalidad de la existencia se manifiesta en desarraigos, desgarros y vivencias inconclusas, ese es su fondo, aunque el marco de referencia pueda ser bucólico y, a veces, hasta feliz. La pequeña felicidad debe conservarse en la memoria de un ayer que “la protegía del futuro”.
Pero, además, la profunda poesía de Etcheverry se compromete, toma posición frente a temas que atraviesan la problemática social, como las madres solteras, las inundaciones, los desaparecidos y el papel traicionero de los medios de comunicación. Todo en una atmósfera de universalidad, mudando los escenarios a distintas partes del mundo interrogando “Acaso sabemos de qué escribimos”.
La ojera de las vanidades

La ojera de las vanidades
Norma Etcheverry
Ediciones Hespérides, 2009
Poesía, 64 pp.
por Rubén Sacchi
Desde el principio, el poemario de Norma Etcheverry se autodefine, se intuye al leer: “buscar se parece a nada/ pero buscar siempre es mejor/ que morir de sed”. Versos que definen un estilo inquisidor de su yo más profundo y ese aparente sinsentido, esa búsqueda perenne es, ni más ni menos, la utopía.
En un juego de palabras emparenta la hoguera con la ojera. En la pira ficcional de nuestros días, arden arrogancias que son nada si ni siquiera encontramos el sentido de la vida. La poeta lo busca, aunque sospeche que la empresa está condenada al fracaso; detiene los instantes para dejar avanzar el tiempo mas no el espacio, ese donde el ser querido aún estaba a su lado.
El poeta Sergio Rigazio, escribió: “Hoy, hay que partir de una lengua enferma, oxidada de recitar de memoria un alfabeto desarticulado y desprovisto de vida. Y por más que se le retuerce el pescuezo, por más que se le abre el vientre como a un pescado, ‘sucede casi siempre decir lo que no se siente’”. Eso, quizás, es lo que sintió la poeta, la vanidad de un lenguaje anquilosado que debe refundarse, para echar algo de luz sobre la existencia.
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