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Encontradas y perdidas

Encontradas y perdidas
Andrea J. Larrieu
Viajera Editorial, 2014
Cuento, 96 pp.

por Rubén Sacchi

Ocho títulos integran este libro y relatan otras tantas historias de mujeres con sus dramas y su lucha cotidiana por la felicidad, en un universo de hombres donde el poder las sojuzga.
También, Encontradas y perdidas es un libro que muestra una nueva visión del mundo, donde la mujer logró ocupar un espacio que no está dispuesta a abandonar y que conlleva no pocas contradicciones con el ideal para el que fueron educadas.
El título invierte el paradigma, ya que lo que se encuentra debe perderse primero. Las protagonistas del libro se encuentran a sí mismas a partir de duras pérdidas; como si la adversidad fuese un
rito iniciático en el que descubren su potencial y se sobreponen a las circunstancias, intentan, como nos dice el primer relato, “recuperar las ilusiones que nunca pude sacar de la valija”.
Algunas historias revelan una lucha evidente, como la mujer golpeada de Ruidos; la maestra enferma de cáncer, en Ella o la trata, en Un témpano de hielo. Otras, son más introspectivas, de tormentas interiores, como El otro y la aparición de un extraño tercer ojo de la conciencia. Aquellas y éstas hacen de este primer libro de Andrea Larrieu un trabajo con promesa de futuro.

Relámpagos. Vol. 1

Relámpagos. Vol. 1
Jan De Jager
Viajera Editorial, 2014
Poesía y relato, 282 pp.

por Rubén Sacchi

No son rayos. no, de esos que parten la noche en dos, esos que fulminan o incendian. Son sólo esas luces que acompañan las tormentas, que preceden un rezongo. Son iluminaciones para que se pueda ver más claro en la cerrazón y sea uno el que decida si fulmina o lo incendia todo. En definitiva: son destellos de sana lucidez.
Si bien echa mano a una variedad de textos que no son de su autoría, lo hace en la forma de traducciones, y el material que aborda es absolutamente novedoso, muy poco difundido en nuestro entorno
literario.
Relámpagos es un libro dedicado al texto breve, pero no solamente incluye creaciones de otros también hay, en sus casi trescientas páginas, hermosos escritos nacidos de su pluma.
La temática es diversa, desde un emotivo relato donde mujeres chilenas preparan una bandera para reclamar por los presos políticos en Con retacitos de tela, hasta la hipocresía de la iglesia en La última tentación de Cristo, pasando por la denuncia del saqueo de piezas arqueológicas, en el poema Arrepiante.
Interesante propuesta que anticipa su correlato, ya que el subtítulo de Volumen 1 nos pone en la espera de su saga.

Mis peores poemas de amor

Mis peores poemas de amor
Karina Macció
Viajera Editorial, 2014
Poesía, 136 pp.

Por Rubén Sacchi

Como en un viejo disco de vinilo, la música tiene dos lados opuestos. Esa música es el amor, donde “la voz es una partitura que se puede/ reproducir/ y yo/ sólo dos/ tonos/ vivir morir”.
El lado A, corresponde al fracaso, al desencanto del fracaso. Es todo derrumbe y naufragio en el que cualquier madero proporciona la sensación de sobrevida; esa tabla a la que se aferra es la adolescencia, lugar mítico de felicidad, si los hay.
El lado B, practica un ejercicio de reclamo y entrega, pide “decí sin afilar/ la voz”, “como si vivir fuera un sentido/ (...)/ como si morir fuera una elección”. Muestra una imagen vampírica de “este corazón amplificado”, desmesurado, al que hay que acallar: “lo lleno de estacas y de cruces”.
Generosa obra musical, obsequia un Bonus track, que aprovecha la minuciosa deconstrucción de Keanu Reeves para adentrarse en cuestiones más filosóficas, como la identidad “la muerte infinita de ser un apellido todos los días” y la comprensión de que “nada tiene un sentido sino un millón”, denunciando la cultura light “pleno de ideales sin ideología”.
Un libro en dos lenguas que se complementan, dos formas de comunicación que plantean la necesidad de explorar otras maneras de decir, quizás sin la palabra.

La meta de Gregorio

La meta de Gregorio
Diego Recalde
Viajera Editorial, 2012
Novela, 194 pp.

por Rubén Sacchi

En la conocida obra de Franz Kafka, La metamorfosis, Gregorio, el ­protagonista, despierta de un mal sueño y se descubre convertido en un insecto. Aquí, la mutación es otra muy distinta: el protagonista amanece convertido en aquel autor que, a la sazón, es su ­idolatrado fetiche. Todo en la vida de Gregorio tiene que ver con el escritor checo, hasta el nombre de su ­enamorada.
Diego Recalde acude a la humorada para desarrollar una suerte de metáfora en la que condena la imitación a ultranza, no ya por plagio, sino por mímesis obsesiva.
La novela expone, entre el sarcasmo y el grotesco, la vida de un estudiante de letras, estereotipado, que no encuentra el rumbo para expresarse con originalidad y apela al cúmulo de conocimientos adquirido como espejo y no como fuente donde abrevar.
Hay un interesante desarrollo de la lucha interna en que se debaten las influencias del creador, sin obviar los celos que los atormentan.
En un entorno, donde aborda también la religión y el sexo, demuestra que una copia, por perfecta que sea, siempre será una caricatura.

Sonomama

Sonomama
Néstor Cheb Terrab
Viajera Editorial, 2012
Poesía, 200 pp.

por Rubén Sacchi

Sonomama: no hacer ni pensar, ser. Ese es el significado que en sánscrito o en japonés se obtiene de la palabra. Sin embargo, el libro muestra una exploración constante del idioma, un jugar con las palabras, estirarlas, truncarlas, invertirlas, inventarlas.
Su poética, colmada de imágenes y referencias, más que al hermetismo, nos remite a un estado onírico o bien bajo el dominio del subconciente que recuerda el proceso de escritura surrealista, casi confeso en “descalzo de fronteras/ (...)/ atravieso la puerta de sigmund”.
Hay en la obra del poeta una clara búsqueda de su yo: “sueños/ que se
repiten/ hombres rebuscan el odot”
. La alusión constante al Sion, antigua fortaleza conquistada por el rey David, representa además la utopía de la paz y la libertad, pero también una clara referencia a su origen, que explicita en: “mis sueños/ en el paso adecuado/ despiertan conmigo/ persuadido por la tijera/ que cortó el prepucio”.
Los poemas sostienen la memoria en un estado de alerta constante, cotidiano: “observar protege/ un olvido que espera”, y llevan a pensar que Sonomama es a Cheb Terrab como Rosebud a Citizen Kane.

Lado géminis

Lado géminis
Virginia Janza
Viajera Editorial, 2012
Poesía, 152 pp.

por Rubén Sacchi

Géminis, signo zodiacal que representa la dualidad. ¿Cuál es el Lado géminis? La idea propone una suerte de continuidad. Dos mitades componen Géminis pero, si todo éste es un lado, el hecho supone la existencia de otro u otros, que funcionen como opuestos o complementarios.
La poesía de Virginia Janza es arriesgada. Bajo el mito geminiano, expone la diversidad humana y el disenso como alternativa motriz: “el antagonismo nos pareció lo más apropiado/ para ser siempre opuestos/ y de esa forma no/ pertenecernos nunca”.
El libro se divide en cuatro partes, pero unas y otras recurren indefectiblemente a la exploración del yo, “esa ligera sensación de que sabemos algo sobre/ nosotros” o “-tal vez el cuerpo constituya/ algún límite posible-”.
Los dos últimos capítulos indagan en la niñez o en esa dualidad mujer-niña que acompaña al crecimiento, pidiendo “quisiera dormir con la luz prendida” y pensando “que la libertad es cosa de mayores/ y yo sigo siendo tan chiquita”.
Lado Géminis fue engendrado libre, como el desear “parir de uniforme/ manchar la pollera gris (...)/ con todos los líquidos que anuncian la vida”.

ranamadre

ranamadre
Nadina Tauhil
Viajera Editorial, 2011
Poesía, 112 pp.


por Rubén Sacchi

Sería sencillo decir que ranamadre es un libro acerca de la madre y la maternidad. No estaría equivocado, pero seguramente simplificaría la complejidad de la poética de Nadina Tauhil.
Los versos “Porque las madres somos/ así protectoras”, serían una prueba de ello, pero la maternidad conlleva otras cuestiones. No está ausente el mensaje edípico: “Las ranamadres no sólo pierden a sus hijos, también pierden la piel: quedan en carne viva”, “los que alguna vez fueron mis hijos (...) volvieron a mi útero”; además del cambio de rol y el consecuente temor al crecimiento: “ya no queda nada de mí en la bolsa/ me asfixiaba/ me fui” y el rechazo al diván: “no quiero que miren mis cicatrices/ que miren para atrás y lean/ todo eso/ que yo no quiero decir”.
El cantautor Moris decía: “estoy muy encerrado en mi prisión de carne y hueso”, quizás sea el sentimiento de una madre mientras toda su atención se centra en ese cuerpo, que es muchos cuerpos, cuando la sexualidad pasa a un segundo plano: “quiero ser muñeca/ de ojos azules/ y levantarme el vestido/ y tener las piernas cosidas// nada entra y nada sale”, sólo queda ese “temor agazapado/ en lo más hondo de mí”.

cuerpoadentro


cuerpoadentro
Belara Michán
Viajera Editorial, 2011
Poesía, 112 pp.

por Rubén Sacchi

El libro es pura experimentación. Hay una exploración de la palabra como poderosa herramienta, donde su fluir roza, por momentos, los confines de la escritura automática. También procura un reconocimiento del ser, pero no circunscripto a sus contornos, sino que husmea en su interior. Cuerpoadentro, entonces, es un acercamiento a lo que somos: cuerpo y palabra (tan asimilada a eso que llaman alma) que bucea en sus más recónditos rincones: “meterme adentro hasta la médula”.
Hay un momento en que la vida se nos plantea en toda su dimensión y renegamos de “tanta ceguera de tanto haber vivido sin mirar”, es entonces cuando el cuerpo es uno y, a la vez, otro, cuando miramos hacia atrás con nostalgia, extrañando la irresponsabilidad de “bailar sin palabras/ hablar sin coreografía”, pero debemos “cruzar el umbral hasta lo más profundo del concepto” y nos acosa el miedo “de enrollarme en otro/ que no sea yo”.
Esa búsqueda arriba a la adultez, a “tener que ir preguntando mi nombre/ a cada herida y olvidarlo”, “desabrocharse hasta el infinito” y saber que “entonces/ el deseo ya no es deseo/ sino dejar de morirse/ por un rato en el cuerpo”.

Bengala Hotel


Bengala Hotel
Eugenia Coiro
Viajera Editorial, 2011
Poesía, 72 pp.

por Rubén Sacchi

Clavo, Bengala, Hotel. Tres palabras que surgen en la autora como posibles directrices de la obra. Un clavo en la pared del Hotel Bengala es la imagen que las agrupa, la excusa explícita, aunque se sitio no exista y sea un no lugar para poder hablar de su yo, de su construcción y sus fronteras.
Eugenia Coiro describe una bola como la metáfora que más se adapta a lo que todo lo abarca y lo engulle. Quizás, el tedio de los días y la ausencia de un amor amarillo (¿otoñal?). De cualquier manera, las explicaciones deben ser escritas “por pensadores, no por poetas”. Frente al naufragio amoroso, implora la salvación de un arca o la alegría de un baile. Atraviesa el canto engañoso de las sirenas y el de las palabras, que se camuflan y engañan, dejándola viva y presa.
Liliana Heer en Hamlet & Hamlet, esribe: “Tenue, muy tenue la frontera que separa el arte del delirio./ Almohada de carne fresca,/ nacimiento perpetuo”. Siguiendo esa imagen kafkiana, se adentra en “un laberinto/ (...)/ donde nos miramos/ pero no nos vemos”.
Bengala hotel es una clara mirada a “esa delgada capa translúcida que opaca y derrite los detalles”.

Léame


Léame
Nicolás Di Candia
Viajera Editorial, 2011
Relato, 138 pp.

por Rubén Sacchi

Léame. Título perentorio, urgente,imperativo. ¿Qué encuentra el lector dentro del libro que justifique la decisión? En primer lugar, un ejercicio de relajación no demasiado recomendable; en segundo, una serie de relatos cuyo primer título, mientras nos adula, acerca una reflexión acerca del lector y la lectura.
El resto de los escritos forman un conjunto desolpilante de historias que pueden arrancar más de una sonrisa, pese a la torridez del verano, en algunos casos rayanas al surrealismo.
En sus páginas encontramos originales versiones de Alicia en el país de las maravillas, El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde y Frankenstein, donde lo absurdo y grotesco se dan cita para satirizar la flema inglesa o la figura insigne de Domingo F. Sarmiento, que regresa de la muerte para volver a morir. Fuera de eso, la vida transcurre entre señores con álamos en su cabeza y ríos de Coca Cola brotando de las canillas.
Léame es el primer título de narrativa con que Viajera Editorial incursiona en el género y lo hace de manera divertida y fresca, ideal para lograr la relajación que el inicio del libro propone sin demasiado éxito.

Sentir óseo


Sentir óseo
María Victoria Verzura
Viajera Editorial, 2010
Poesía, 146 pp.

por Rubén Sacchi

Sentir óseo se divide en tres partes, que a la vez se articulan en una historia de fracturas: del corazón, del hueso y de la vida.
La primera es contada desde el despecho por la traición. Le habla a quien no es más “el centro” pero al que, sin embargo, dedica la primera parte del libro. Quiere golpearlo, lastimarlo hasta la sangre y lo hace con palabras duras, secas, contundentes.
La segunda es un viaje trunco. Un camino hacia el dolor, al daño físico concreto que nos muestra el otro sufrimiento, más terrenal, y también otra pérdida. Pero, en el punto más álgido de esa parábola invertida se hace inevitable el balance, reagrupar las pocas fuerzas restantes si se desea salir de allí.
La tercera habla de la muerte y es, a la vez, una declaración de principios: “y desafiar a Dios/ .../ hasta lograr que lo olviden” o “ni estado/ ni papeles/ solo carne y piel” definen una ideología que enarbola quien lo perdió todo y aún desea “soñar con fuego”.
Verzura nos entrega un libro, quizás, demasiado catártico pero, como todo lo óseo, medular y descarnado; en definitiva, lo único que nos sobrevive a nuestro paso por este mundo.

Lengua espiral


Lengua espiral
Perla Ericlée Quinteros
Viajera Editorial, 2010
Poesía, 148 pp.
.
por Rubén Sacchi

Toda espiral conduce a un punto o nos expulsa de él, todo depende de la dirección que se tome: de lo general a lo particular o de lo personal a lo universal. Sin embargo, todas las acciones que nos llevan a ese tránsito se motorizan por el amor o por el odio que, como perfecto opuesto, lo completa y lo define.
Lengua espiral recorre estos laberintos circulares a través de la palabra, el verbo como hilo de Ariadna para intentar la salida.
La autora busca su piedra filosofal y, para ello, recurre a la alquimia. Juega, experimenta un lenguaje que aglutina y fragmenta. Define y redefine significantes, pero no cae en abstracciones sino que alude a lo concreto, aunque eso sea la ausencia, o su forma más cruel: la desaparición.
En esa exploración también va hacia adentro, a cuestionar los mandatos y ataduras en los que cae y enfrenta: “Me he tragado hasta el vacío/ y ahora/ la garganta es una prisión”.
Pero en “el absurdo esmero de encontrarle la vuelta”, en la línea de los opuestos complementarios, toda cárcel supone la libertad, que la poeta clama “aunque sea el desahogo/ DE MIS LAGRIMAS DE PAPEL”.

La playa


La playa
Loreley El Jaber
Viajera Editorial, 2010
Poesía, 98 pp.

por Rubén Sacchi

Hermoso poemario, definido desde su despojado título donde la metáfora puede calzar justa: en la playa siempre hay un mar de fondo.
La playa es un límite cambiante, un lugar donde es más fácil dejar huellas y más sencillo que se borren; el sitio donde se hallan y pierden cosas.
La autora ve allí su infancia, un ­estadio feliz donde la inmensidad de la vida delante se plantea como un mar que, en su flujo y reflujo, hamaca el tiempo, lo lleva y lo devuelve a su antojo para depositarlo en esa orilla.
En ese acunarse, la arena desgrana las horas y los años siguen un derrotero que no puede detener una cinta Super 8. En ese naufragio de la niñez hay una sensación de pérdida “abro mi boca plácida/ en busca del calor que me define”.
La adultez trae consigo un sentimiento de soledad y vacío (se expresa maravillosamente en el oxímoron “fulgor oscuro de una risa ajena”), que puede llegar a ser de abandono.
La presencia de los seres queridos ya no se evidencia, regresan en recuerdos de aquella infancia feliz. Tal vez, el miedo a envejecer sobrevuele los sueños y lleve a pensar: “¿qué será del día cuando la noche acabe?”.