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David "Pitufo" Ros

Presentación oficial de “Ouro vo’… Ros”

por Rubén Sacchi
Fotografía: Laura Serkin

La flamante placa que presentó el legendario Pitufo Ros reza en su arte de tapa: “Juro que a veces las Profecías se cumplen. Y los sueños… por qué no. Este es el mío”. Tal vez por eso, aludiendo a la maraña que estos tejen y a su complejidad, la velada tuvo una magistral apertura a cargo de Tom Lupo en la lectura de Los nacimientos, de la trilogía Memorias del Fuego del escritor oriental Eduardo Galeano. Allí, los hombres y los dioses se sueñan mutuamente y, en ese recrearse, se crean. Como un dios también, Pitufo soñó su creación y la plasmó en este primer trabajo en solitario con que nos halagó en la sala de El Victorial, en un show a sala llena para amigos y prensa, en el que repasó el disco completo más algunos temitas de yapa.
La música abrió con Gato dominó en su versión standard, siguiendo el tracklist del álbum casi al pie de la letra con la proyección de videos de fondo; luego de Rompiendo mi corazón, con un saxo brillante, vino esa rara y hermosa mezcla de ritmo caribeño y candombe que es Guayaba Sarmiento, recordándonos las peripecias de los sufrientes pasajeros que se desplazan a diario entre el conurbano y la gran ciudad.
Número equivocado dio paso a Clase 54, una hermosa balada que presentó con instantáneas de la historia reciente, la vuelta de Perón al país y la jornada del 1º de mayo del 74 en Plaza de Mayo, donde el líder trató a la izquierda revolucionaria del movimiento como "estúpidos imberbes" provocando un punto de ruptura crucial para el movimiento popular.
Una clase teórica de cómo colocar un preservativo y la reflexión de qué poco cuesta y cuánto se gana precedió Un día más y el reparto entre el público de "gomitas" de una reconocida marca nacional dio el toque de gracia. Tal vez el momento de más carga dramática, por la temática que aborda, transcurrió con Blues Father, que narra un momento muy duro de caracter autobiográfico. Es un blues clásico que permite el lucimiento de los músicos en sus diferentes momentos.
Semilla, en su versión folk y con la participación de Buenos Aires Blues Grass y la Escuela de Candombe del Movimiento Afrocultural Bonga, distendió la atmósfera. Destacable la inclusión de berimbau y otros instrumentos de percusión menos convencionales en estas pampas, dando paso a Las putas, precedido de una analogía entre los londinenses crímenes de Jack el Destripador y nuestras trabajadoras sexuales asesinadas en Mar del Plata, afirmando que no hay tal "niebla" cubriendo los hechos, sino la sencilla razón de que son expulsadas de la sociedad por lo que no se investigan sus muertes. Un par de chicas de AMMAR acompañaron el tema repartiendo caramelos y chupetines, mientras lucían sus atributos femeninos.
El candombe volvió a sonar con Bonga en Mundo global, dando paso a Canción del lugar común, National Rock y Alma de lonja en versión no standard. La sala fue invadida de parches en ritmo y contrapunto y una bandera gigante que acompañaba palabras a favor de la expresión de las minorías.

También es de destacar la participación de Tamborella, rememorando los tiempos en que los tambores estaban a cargo de las mujeres. Congas, panderetas, uñas y campanillas acompañaron una danza ritual que desbordó el escenario llegando hasta las butacas para finalizar con un homenaje a Yemanja y los Orixas, el origen místico de la música negra. Las palmas sonaban a rabiar, en síntesis: toda una fiesta.
La iluminación de Andrea Quaranta y las intervenciones visuales de Julián Pedraza completaron la performance. Pitufo demostró que, además de excelente saxofonista y flautista, puede componer con belleza. Rock con tintes de jazz y blues y mucho candombe. Si debiera definirlo con dos palabras: fuerza y calidez. Canciones que abordan temas comprometidos, que no admiten la actitud indiferente. El broche de oro fueron las pastas compartidas en el subsuelo del palacio, en esa suerte de hermandad que pocas cosas suelen lograr, la música es una de ellas.

FICHA
Banda de apoyo: “Pitufo SMOG Band”
Guitarras: Nacho Petrone, Lisandro Vega
Bajo: Hernán Papotto
Batería: Hernán Bessone
Percusión: Koko García
Teclados: Maxi Artale
Trompeta: Javier Bonga Martínez
Coros: Romina Aisen, María Dulce Osisnaldi, Guadalupe Oteguy
Saxos, flauta traversa y voz: David “Pitufo” Ros
Música, letra, arreglos y producción artística integral: David “Pitufo” Ros
Prensa: MN Comunicación

Ouro vo... Ros


Ouro vo... Ros
David “Pitufo” Ros, 2008

por Rubén Sacchi

Buena música dosificada con letras de amor y desesperanza. Este disco solista de David Ros (fue sesionista de saxo y tocó, entre otros, con Pajarito Zaguri, Alejandro Medina, Claudio Gabis, Palo Pandolfo y Litto Nebbia) lo muestra como un músico maduro y experimentado en los sonidos del jazz. Acompañado de Coco, en percusión; Mariano Vegas, en batería; Nicolás Migliavacca en bajo; Martín Amecomi en teclas y la destacada guitarra de Germán Damianich, nos deleita con diez pistas notables.La síntesis de la placa podemos encontrarla en la letra de Canción del lugar común (track 9) que confiesa: “Quisiera hacerte una canción , que diga que encontrarte fue una suerte...”.