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Fueron los varones


Fueron los varones

y otras amonestaciones

Alvaro Fernández
Poesía, 106pp.
Serial Editorial, 2026

por Rubén Sacchi

Cuando era pequeño, en el barrio todos los pibes eran más grandes o más chicos y yo elegía juntarme con los grandes. Cierta vez, un hondazo me acertó en medio de la frente y entré a mi casa en lágrimas. Mi viejo me dijo: “si querés ir a la calle, andá, pero no vengas llorando porque no salís más”. Ante esa repentina e inesperada orfandad aprendí a endurecer mi actitud y el llanto dejó de ser una opción. En el prólogo, Miss Therya dice: “La charla, el diálogo, la voz en alto, habituales entre pares y amigos, casi nunca van acompañados por relatos profundos en los que se expongan vulnerabilidades” y creo que esa es una buena caracterización del transcurrir del Mundo Macho que habitamos.

Hay un derrotero por la vida del autor señalizado por el sexo. Desde el despertar de las primeras sensaciones hasta su culminación, que no elude el plano dibujado por un sistema que, así como define roles entre clases sociales y hasta entre países, también lo hace con el género. Ese orden establecido sabe que cualquier aparición disruptiva, que no se hubiera contemplado en sus planes, puede ponerlo en jaque. Por eso cuesta tanto cambiar el status quo, por eso, todo lo que excede los márgenes suele ser cercenado.

De igual manera como el capital se apropia del trabajo ajeno (la posesión es también una forma de poder) el varón se apropia de su antagónico sexual, lo que alguna vez definió tan claramente Karl Marx: “la mujer es el último bastión de la propiedad privada”, ya que el patriarcado es un eslabón fundamental del capitalismo o, dicho de otra manera: El capital es macho.

El libro se divide en tres partes y pueden interpretarse como el proceso del varón para soltarse el corsé de unas prácticas heredadas desde que el mundo es mundo, y no por ello dignas de reivindicación. La primera, Toda adentro, arranca por los inicios de su educación sexual, donde la exploración “nuestras miradas atentas/ a lo que pueda suceder/alertas al frenesí de su muñeca” da paso a la atracción en el poema Un asco o en Almanaques; el abuso cuando “en la pantalla/ Ornella se quita el corpiño/ y en las butacas inmundas/ otra película/ se empieza a rodar” o el Edipo manifiesto al reconocer que “Camila Perissé/ haciendo topless en las revistas/ no era más que mi vieja/ pasando sin corpiño/ del baño a la pieza”. No falta el pibe en edad de "debutar", en Isla Maciel y la dura historia de Aborto.

Una segunda etapa se desarrolla en De pies y manos, en la que se suceden diferentes experiencias donde el personaje de Acabadora alecciona diciendo “que los maridos impotentes/ eyaculan en criptomonedas” y continúa con la fantasía de una ministra en Fetiche. Lo habitan también una femme fatal de los márgenes y alguna experiencia travesti y sexo ocasional. La metáfora de la metralla con que comienza Erótica esotérica, hacia el final muestra que no hay una sola manera de relacionarse o hacer el amor.

El libro cierra con Abrieron la jaula, la parte más reflexiva en cuanto a los mandatos. desde la educación machista en La cara de Dios, la paternidad que interpela en Piropos, el mea culpa en Mano negra, donde asume ser “un machista/ que apoya al feminismo” , juega con significado y significante de las palabras en Puta y hasta ensaya una autocrítica de la infidelidad en No lloran.
Fueron los varones es una apuesta interesante con un lenguaje que nos interpela desde su sinceridad y llaneza, que aporta a un debate que lejos está de saldarse en estos tiempos mal llamados libertarios donde el oscurantismo domina la escena.

Donde es imposible salir ileso


Donde es imposible salir ileso

Gito Minore
Clara Beter Ediciones, 2024
Poesía, 104 pp.

por Rubén Sacchi

El poeta Tomás Rodríguez Arias escribió en su maravillosa obra Alarido: "¡qué iluso!/ Debería haber muerto el día en que empecé a quedar/ pegado en los hilos de la mente", versos que asoman a mi mente leyendo el poema Ileso, en el que Minore declara que "Todos los recovecos de la memoria/ son una trampa". Esa aseveración recorre esta obra que habla del pasado y sus fantasmas, pero también de tareas urgentes del hoy, como la acumulación de poder descripta en Procedimiento

El volumen se fragmenta en tres partes, con un hilo conductor: la búsqueda del Yo unívoco a través del tiempo y la preocupación por el sentido de la vida, sin descartar la autocrítica, "la aniquilación/ de todo vestigio de mi".

Una segunda parte, desarrollada en prosa poética, profundiza en reflexiones filosóficas, ya acerca del recuerdo y la memoria; la niñez; amores no resueltos; el no ser o el poder sanador del tiempo. "Estaba todo acá nomás (...) pidiendo a gritos que alguien entre a desguazarlo. Y mientras tanto, yo miraba para otro lado, para donde me habían dicho que estaba la prosperidad", expresa, y no puede menos que pensarse en los tiempos que corren. Luego asume "En algún momento me volví hijo de mis propios temores".

La tercera parte, ¿Escombros de lo que fuimos? ahonda aún más en las profundidades del ser con cuestiones tales como "¿Cuántos interrogantes/ le caben al silencio?"; la felicidad como una ecuación matemática o "la violenta coreografía/ de la muerte", para cerrar el volumen con un perentorio interrogante: "¿Cuando no queden/ más que escombros/ de lo que fuimos,/ más que preguntas/ que nos recuerden,/ además de la poesía,/ la eterna entrometida,/ quién vendrá?", la respuesta que me animo a arriesgar es la de Jean Arthur Rimbaud en sus Cartas del vidente: "Vendrán otros horribles trabajadores; comenzarán por el horizonte donde el otro se haya hundido".

Luna y Estrella para un Sahara Libre


Luna y Estrella para un Sahara Libre

Antología. Varios autores
Comisión de Solidaridad con los Pueblos en Lucha, 2022
Poesía, 166 pp.

por Rubén Sacchi

“Cuando la verdad no sirve, / la justicia se pierde / y la esperanza es un mala palabra”, rezan los versos del poema La poesía no alcanza, de Roberto Romeo Di Vita, iniciando una lista de 57 poetas de alrededor de veinte países de Latinoamérica, Africa y Europa. ¿Qué lleva al vate a expresar esa limitación? Nada más ni nada menos que 138 años de coloniaje.

Para entender esto, aquí corresponde hacer un breve repaso de la cuestión del Sahara Occidental, cuyas tierras fueron colonizadas por España en 1884 y que no veremos en los partes cotidianos de noticias. Luego de soportar décadas de dominio y pretensiones de ocupación por Mauritania y Marruecos, siempre sojuzgando la voluntad del pueblo saharaui, Naciones Unidas, a través de la Resolución 1514 de 1960, dispone la independencia de los territorios colonizados, para lo que se propone un referéndum que jamás se realizaría.

Tras la denominada Marcha Verde, en 1975, Marruecos ocupa el Sahara y a partir de allí, contra todo proceso de paz, pretende imponer su dominio provocando el éxodo de miles de pobladores locales que huyen de la más cruenta represión y violación de sus derechos humanos.

Hoy, el gobierno saharaui está en manos del Frente Polisario, que procura por todos los medios la liberación e independencia de su territorio y el retorno del pueblo forzado al exilio, que desea vivir en paz y bajo sus propias leyes y organización.

En esta apretada síntesis, podrá entenderse la sentencia que inicia el texto. Es que es mucho el sufrimiento de ese pueblo para caber en un libro de poemas. No obstante, el intento es válido y de gran fuerza moral para que la otra parte, la que se manifiesta en la lucha decidida, tenga su contrapartida en la solidaridad entre los pueblos.

Los poetas le cantan a la paz y a la libertad, dos valores que hoy resultan banderas irrenunciables en medio de una humanidad que ha perdido su norte, imantada por los designios del capital. Así lo expresa el argentino Sebastián Jorgi: “escribamos poemas con balas de agua fresca / para que la palabra liberté tenga sentido” o la mexicana Oralia López Serrano: “Voces antiguas estremecen, exigen / paz, justicia entre el sol y la arena”; también la voz saharaui de Limam Boisha: “No te quedes, esperanza, en tu escondite. / Elévate azul, verde, acaso blanca. / Que el destino alumbra el destino” o la del cubano Reinier Valdéz Rodríguez: “Allá donde todo es nada / y nada es más que la vida”.

Hay libros oportunos, los hay necesarios y también urgentes. La antología Luna y estrella... reúne las tres condiciones. Los poemas están acompañados de una reseña del conflicto y algún texto que nos interioriza en la problemática. El prólogo, de la canaria Maribel Lacave, incluye un acápite que reza “Cada libro que podamos compartir borra un trozo de esa línea imaginaria, llamada frontera, que separa a los pueblos a pesar de sí mismos”. Si este volumen lo logra, su edición tiene sentido.

Espejos Rotos


Espejos Rotos

Norberto Barleand
Artelugio, 2022
Poesía, 56 pp.

por Rubén Sacchi

Con un reconocimiento al poeta y escritor Antonio Requeni, se inicia este poemario que reúne los últimos trabajos de Norberto Barleand y que fuera presentado recientemente, y a salón lleno, en el Esquina Homero Manzi, bar notable del barrio de Boedo. La elección no fue casual, ya que el poeta es una destacada figura en el mundo del 2x4, que ostenta larga trayectoria en el género, entre otras manifestaciones, a través de su incursión en el éter.

Como a muchos otros artistas, la contingencia de la pandemia del COVID19 y su secuela de encierro, le proporcionó materia para expresar que “El mundo agoniza ante un cielo de espejos rotos, / refracta su milenaria historia, / arde en la impiedad del tiempo”. Es así que angustia y desazón fueron trocándose en versos que, a la vez que canalizaban los sentimientos que oprimían su alma, interpelaban al íntimo yo y a toda la humanidad, como responsable del “hambre, el horror, el desarraigo y la muerte de millones de seres inocentes”.

En estos versos, Barleand refleja la magnitud de la pérdida, los momentos irrecuperables frente a nuestra finitud. Se traduce el dolor de demasiadas partidas: “una ráfaga encalla en puentes lejanos / (...) / y un hacha parte el dolor de las venas”, pero también la esperanza cuando “Los años fugan con campanas de miedo, / (...) / El amor aún existe. / No claudica / ofrenda paz en el acontecer y en la penumbra, / puede sublevar la aurora, / prender el sol, / iluminar el universo”.

Tal vez con eso haya que quedarse; ya que la vida se empeña en doler hay que hacerle trampa, poniendo “una
orquídea en la solapa del poema”
y diciendo “No tengo tiempo de morir”.

Los amigos de Chosica en el bicentenario del Perú


Los amigos de Chosica en el bicentenario del Perú

Antología Poética
Producir Arte, 2021
Poesía y textos históricos, 152 pp.

por Rubén Sacchi

Hace 200 años que nuestro continente americano lucha por la liberación. Se pueden contar por miles aquellos seres anónimos que, junto a grandes refrentes cuyo protagonismo ha trascendido, regaron con su sangre esta tierra en procura de una real y definitiva independencia. En tanto, se suceden las celebraciones por aquel primer intento, que quedó trunco tras la reacción de los poderes dominantes que veían esfumarse sus aspiraciones imperiales y encontraron diversas maneras de dominarnos, que muchas veces resultaron más eficaces que las armas.

El caso que nos ocupa, es el del hermano país Perú, con quien compartimos
una historia común y el recuerdo de patriotas que se jugaron la vida en el campo
de batalla por la felicidad de los pueblos. Este homenaje lo realiza un grupo de
escritores de los más diversos países del mundo, desde China e India hasta Tunez
e Israel, pasando por Estonia, Servia e Italia, y de Argentina, Uruguay y Chile hasta
Nicaragua y El Salvador; quizás Perú esté ocupando el centro geográfico de tantas
letras amigas. Colombia, Haití, Ecuador, México, Honduras, Paraguay, Venezuela,
Bolivia, Brasil, Puerto Rico y Cuba, son otros tantos lugares que hicieron llegar su
saludo a esta conmemoración.

Las Palabras preliminares, a cargo de Juan Manuel León de Anchorena, nos
recuerdan esos versos sentenciosos que nos legara José Hernández en su poema
El gaucho Martín Fierro: “Los hermanos sean unidos / porque esa es la ley primera.
/ Tengan unión verdadera / en cualquier tiempo que sea, / porque si entre ellos
pelean / los devoran los de afuera”
. Nada tan claro como esa estrofa para entender
que la unidad de los pueblos que luchan es imprescindible para lograr ese objetivo
emancipador que nos es retaceado por espúreos intereses.

El volumen se compone de 33 trabajos, entre poemas y breves textos que
recrean la historia. Entre todos entretejen un entramado diverso, que recorre tantas
visiones como autores participan, pero todos dedican hermosas palabras de
lucha y resistencia, ya sea desde versos repletos de magias hasta los relatos más
literales. Los escritos también reivindican la preexistencia de los pueblos originarios
y la represión que aún sufren en sus propios territorios. Será que la suerte de
quienes crecimos en este suelo no podrá separarse de aquellos que fueron sus
ancestrales custodios.

Versamorfosis

Versamorfosis
Gustavo Santiago Morinigo
Tahiel Ediciones, 2021
Poesía, 78 pp.

por Rubén Sacchi

Que el arte posee un poder transformador es una verdad inobjetable. En particular la poesía, ese concepto tan inasible y materia de innumerables ensayos intentados para definirla, convierte lo vulgar de la existencia en un hecho único y colmado de magia. Morinigo avanza en ese proceso y encuentra su propia expresión de ruptura, su personal Versamorfosis. Sólo en la poesía pueden coexistir universos incompatibles en los que “espinas en las manos/ (...)/ donde solo susurran/ las mariposas desveladas”.

Adrián Terracciano, en su prólogo, afirma que “no es de merecer la palabra poesía”, en el sentido de que el vocablo es escaso para describir la obra. Sin ánimo de polemizar, creo que la contiene, la abarca y la define.

El poeta recurre para sus versos a los elementos naturales que nos rodean a diario. El sol, la luna, la nada, así como las nubes y el río son algunos de los disparadores de sus profundas reflexiones. Vuelve a los planteos que ocupaban la cosmovisión de las poblaciones originarias a sabiendas de que sólo en armonía con el entorno podremos lograr la plenitud. Capta y se apropia del entorno conformando “los vitrales de nuestro ser”.

Pese a eso, el cotidiano lo atormenta como a cualquier mortal y lo sumerge en la pesadilla diaria sin solución de continuidad. Manifiesta tener “el alma en catarsis” y vislumbra un “olviducto del recuerdo”, neologismo que quizás aluda a la memoria como el conducto por donde se va perdiendo el registro de nuestros recuerdos. Interpela “¿Qué podemos esperar del hombre?/ Si su conciencia/ se halla vedada/ del espíritu”, para más tarde proponer “construir tu propio paraíso/ a pesar de tantos infiernos que te rodean”.

El libro encierra un tenaz, un excesivo esfuerzo por vivir: “tanto viento sangra bajo las alas/ que volar no es placer”, pero abraza la esperanza proclamando “en ese compás/ de acorde disminuido el hombre se proclama/ ¡Vivo!/ A instancias de tanta muerte encendida”. Es que esta Versamorfosis, que hasta incluye un original cadáver exquisito, actúa sobre lo lúgubre y lo exorciza, lo hace a través de un conjuro sencillo y accesible, que late como propuesta superadora de toda mediocridad “A veces/ un soñador recupera sus ganas de sonar/ y/ sueña”.

Teoría de la niebla

Teoría de la niebla
de Alicia Salinas
Baltasara Editora, Rosario 2019
Poesía, 94 pp.

por Eduardo Silveyra

El título del libro de la rosarina Alicia Salinas –Teoría de la Niebla- es de por sí inquietante y cautiva al nombrarlo, esa ya es una virtud y a la vez la llave que nos abre la puerta para peregrinar por una escritura construida como una arquitectura cimentada en el transcurrir y el devenir del tiempo, con sus estados diversos, sus improntas cotidianas y los mitos que pueden o no ser derruidos. En un tiempo donde las escrituras se rotulan muchas veces de modo arbitrario en categorías que hablan de un literatura femenina o de género y quedan apresadas en esas conceptualizaciones sociales y políticas, Alicia Salinas trasciende esos marcos ideológicos y nos deslumbra con versos donde el aura de Emil Cioran sobrevuela con su sarcasmo e ironía.

Quienes se quejan de levantarse temprano
deberían probar el silencio:
nunca se sabe si hay un insomne
enfrente de una palabra vacua.

Esta referencia no es vana ni casual, pues la poética de los textos nos hacen naufragar y emerger por el caos del insomnio y el juego de los espejos, donde el tiempo se duplica y nos devuelve una verdad o el asomo a otra sombra o niebla, donde encontrar el eco de las palabras que nos convierten en seres y en la interrogación a ese ser.
Pero también hay en la poesía una travesía por los torrentes, los caudales y los diversos estados del agua, donde los ríos y la niebla confluyen para revelar con la certeza de la predicción de un oráculo íntimo y sacralizado, como una verdad única y transparente que nos dice:

Las lágrimas avanzan por los intersticios
entre las plantas, hacia el fondo,
capaces de desbordar los ríos subterráneos,
de abrir surcos en las piedras finales
que soportan el núcleo de los tiempos.

Así ha pasado por generaciones:
para que el corazón del mundo siga latiendo
es necesario cruzar parajes invisibles
hasta dejar una ofrenda.

La libertad de las mujeres, hija mía,
es la energía de la vida.

Teoría de la Niebla logra esa trascendencia. No se trata de un libro, se trata de una obra en la cual descubrimos no sólo una veracidad, sino también la confesión y la cauta violencia de la libertad.



Alicia Salinas nació en 1976 en Rosario, Argentina, donde vive. Es mujer-madre. Trabaja como comunicadora social, periodista, docente y tallerista. Escribe poesía y teatro. Ha publicado cuatro libros de poesía: La sumergida, 2003 (segunda edición virtual en 2016), Gallina Ciega (2009), Tierra (2017) y Teoría de la niebla (2019). Fue incluida en publicaciones literarias de otros países, y en varias antologías locales, nacionales y extranjeras. Poemas suyos fueron traducidos al inglés.

Poesías alrededor de la noche

Poesías alrededor de la noche
Patricia Nadia González
De los Cuatro Vientos, 2018
Poesía, 64 pp.

por Rubén Sacchi

Tres partes integran este libro. De ellas la más extensa, y como su nombre alude, está dedicada al amor. Con un lenguaje sencillo, que roza la inocencia de quien recién asoma al amor pensándolo ideal, Patricia González se topa con los sinsabores de la no correspondencia. El amor, entonces, pasa a ser una mezcla de felicidad y dolor. Una especie de cárcel a la que entra por su propia voluntad.
El libro cierra con Alrededor de la poesía, un atado de poemas donde aborda otro tipo de vivencias: “te olvidaste que mis sueños/ son reales cuando duermo”, reflexiona.
El capítulo restante es el más breve, de tan sólo tres poemas, pero sin embargo concentra todo el peso de la obra. Hablo de Poesía social, en donde la autora desarrolla toda su sensibilidad y empatía por quienes la rodean y fueron marginados por lo inhumano del sistema capitalista.
Allí puede leerse Si Dios fuera mujer, una especie de manifiesto feminista en el que se empodera y toma posición respecto de los derechos reproductivos.

Remos de cartón

Remos de cartón
Roberto Goijman
Ediciones Camelot América, 2018
Poesía, 102 pp.

por Rubén Sacchi

Con el libro en mis manos, no pude menos que recordar esa vieja canción de Javier Martínez, interpretada por el grupo Manal, que decía: “Si no hablo de mí/ ¿de quién voy a hablar?/ Yo ya soy otro hombre,/ diferente a otro igual”. Es que, más allá de que todos siempre hablen de sí mismos, este libro representa un momento muy personal, muy íntimo en la vida de Goijman, que refiere a la pérdida de su audición.
El título del libro es una metáfora perfecta del drama que lo sobrevuela. Una oreja que no escucha puede ser estéticamente útil, pero no representa la esencia vital. Un remo de cartón es un remo, pero en el agua se disolvería y sería algo inútil, sin función.
El libro se divide en siete partes que abarcan el último año de su sordera y comienzan con un amor en Chile, al que sigue el proceso de adaptación en que la vista reemplaza al oído y hasta el tacto vibra como un tímpano en el momento del amor. Nos dice: “todo comienzo genera un límite/ y lo rompe”.
Hay momentos de reflexión política en ese exilio sonoro; lo erótico es plasmado de la manera más sublime. Directo y metafórico, salvaje y culto; contradictorio, como lo es el hombre.
Luego de lamentar: “No más música, ni grandes charlas/ ni voces o gemidos”, la esperanza lo cubre todo, y se hace realidad.

Tercer Festival de Poesía Política

Tercer Festival de Poesía Política
Centro Cultural Pepa Noia
Brasil 444, CABA

por Rubén Sacchi

El viernes 5 de abril se llevó a cabo, en el Centro Cultural Pepa Noia, el Tercer Festival de Poesía Política, que en sus dos capítulos anteriores tuvo como escenario el célebre Palacio El Victorial, hoy devenido Centro Cultural Padre Mugica.

"Porque sin poesía no hay batalla cultural y desde la diversidad y la pluralidad ideológica y política, las poetas y los poetas decimos presente, para crear conciencia y alegría, y enfrentar, desde ese lugar de la palabra y la cultura, a los monstruos del neoliberalismo que hoy asolan nuestra patria". Con estas palabras se definió el caracter del evento, que nucleó a los reconocidos poetas Hilda Guerra, Patricia Berho, Gloria Arcuschin, María Rosa Montes, Stella Matute, Paula Giménez España, Luis Tedesco, Luis Bacigalupo, Rubén Sacchi, Carmen Iriondo, Alejandro Méndez, Javier Galarza y Claudia Schvartz. La performer Marcela Brito y el músico Andrés Chañar, matizaron la velada.

El poeta Eduardo Silveyra ofició de presentador y realizó la apertura con un emotivo trabajo, en memoria de Maximiliano Taddeo, trabajador estatal suicidado en el Ministerio de Agroindustria, luego de ser incluido en una lista masiva de despidos. Desde el blog, queremos sumarnos al homenaje reproduciendo esos versos:

EL MUERTO DICE:

El hilo se corta por lo más delgado,
si a la vida la acucian con deudas impagas,
trabajos cesados
y las cruciales desesperaciones
que alimentan la voracidad del insomnio.
El muerto desvela con la soga al cuello:
Las amenazas latentes del jefe corrupto
y a las horas marchitas
vividas bajo el inmenso cielo desolado,
vacías y apretadas como la casilla de un archivo Excel.
La vida, entonces, amigo, amiga,
se columpia colgada de una rama.
Y el viento arrastra bajo los pies tiesos,
de Maximiliano Taddeo,
a la humedad del rocío,
a las voces azoradas,
a los llantos intrusos,
a la mudez del ministro,
a la complicidad del funcionario,
al discurso asesino de reducción del gasto público
y a las cifras económicas del futuro escuálido,
fabricado con pobres y miseria.
Todo eso se arrastra y vibra,
bajo los pies del muerto,
y en la sombra derramada sobre la hierba,
como la violenta levedad de una semilla.
Y así, se vive o se muere,
bajo la luz del día o sobre la noche negra,
en este tiempo atroz,
gobernado por monstruos de inusitada elegancia,
donde la vida vale todo o vale nada.
Como en la cara o cruz de una moneda.

Eduardo Silveyra: Poeta y escritor. Nacido en Uruguay en 1955; reside en Buenos Aires desde 1973. Publicó: Ave fénix, en 1986; Poema del pez amarillo, en 2004 y las novelas Esta puta memoria, en 2009; El baile de la yegua, en 2017 y El agua ardiente, en 2018. Colabora como periodista en distintos medios y es integrante de la Usina del Pensamiento Nacional y Popular.

Poemas de antología 1974 - 2017



Poemas de antología 1974 - 2017
Fernando Sánchez Sorondo
Editorial Vinciguerra, 2017
Poesía, 216 pp.

por Rubén Sacchi

La poesía, expresión cuasi atávica de la especie humana y piedra basal de la literatura, es la gran exiliada de los canales de difusión y los anaqueles de bibliotecas y librerías. Esto sucede toda vez que el canon es establecido por el mercado, un mercado cada día más frívolo y renuente a profundizar en el alma de los pobres mortales. Dada esta pauta, la aparición de Poemas de antología, de Fernando Sánchez Sorondo, es un hecho para celebrar con bombos y platillos, y largos y gratos momentos de lectura.
Una antología personal supone una mirada desde el que hoy somos hacia todos los que fuimos. También una declaración de la perspectiva que mantenemos tras los años; es la renovación de nuestro contrato con la vida y sus valores. Es ese deseo que expresa diciendo “Me gustaría (...)/ tener casa edificada/ sobre roca y no sobre palabras”.
La lucha para derrotar al ego, “perder (...)/ la primera persona del singular”, abandonarlo “como quien se va de viaje de sí mismo”, le otorga una mirada abstracta del mundo, como entidad punible en sí misma: “el mundo sin escarmiento”, asumiendo en esa metáfora la dispensa a todos quienes hicimos de él lo que es.
La pérdida atraviesa sus versos. La nostalgia en Días de Moreno, donde todo se construía con el “barro aquel elemental y divino”, abona la partida del ser amado: “Se fueron tantas cosas con ella,/ que (...)/ no atino a recordar cómo era el mundo” o la de su hermano que “Ahora es un silencio que nos mira/ desconcertado desde una foto” y concluye en la idea soportable que “la muerte son casitas/ adonde se mudan/ los parientes”.
Lo personal troca en lo social. La contingencia vital lo lleva a interpelar al sistema: “...otra vez hay/ seres humanos/ durmiendo en pleno centro/ como si nada como si fueran/ seres humanos como si/ nosotros también lo fuéramos”. Esa mirada empática, y crítica a la vez, es la que atraviesa y da sentido a toda la obra y así, aunque el autor quiera evitarlo, Fernando observa a Fernando.

Altares suburbanos


Altares suburbanos

de Emiliano Campos Medina

Arte de tapa: Marcia Schvartz

Ediciones en Danza, 2018

Poesía, 70 pp. 

por Eduardo Silveyra


El suburbio bonaerense es un territorio donde sucede el amor y el desamor, la espera de justicia ante su falta, el abuso policial con su sombra tanática. En ese escenario descarnado la palabra suele tornarse dura, desesperada y a veces innombrada para convertirse en un balbuceo. Sin embargo, en ese terreno poblado de seres ásperos, Emiliano Campos Medina, encuentra los ecos precisos para convertirlos en poesía y en imágenes documentales de una realidad desolada, como cuando dice: "Bajamos del micro/en un descampado/Al pie de un monte/vimos una casa derruida/y columnas de humo/de un basurero".

La soledad, en los términos expresados por Rilke al decir, qué sería de ella, si no fuera grande, es encontrada sin desentonar, en los ámbitos melancólicos de otros paisajes, como los bares de San Telmo o a la dureza monumental del norte argentino. Tal vez se trate de un viaje sinuoso expresado con las palabras precisas, algo que no abunda en la poesía producida en los últimos tiempos, donde los textos se enmarañan en una jungla de neologismos, las auto referencias de los neo lacanianos surgidos en la UBA y la repetición de lugares comunes, propios del progresismo literario, sitios poco aconsejables para crear poesía o literatura válida.
Altares Suburbanos, no es un libro de poesía más, es una obra amasada con el colorido plebeyo al cual le rinde culto, porque es la materia con la que su poesía ha sido creada. Transitar el aura de lo político, sin que el texto se convierta en discurso tiene sus dificultades, pero la política es revelada en escenas donde se muestra para decir y nombrar, una propiedad lograda con la sustancia de las certezas poéticas, si es que realmente la poesía otorga alguna.

Diáspora

Diáspora
Mariano Díaz Barbosa
Ediciones Ruinas Circulares, 2017
Poesía, 64 pp.

por Rubén Sacchi

El origen de la palabra diáspora puede remontarse a la dispersión del pueblo judío, sin embargo, aquella gente se sentía de alguna forma unida por la mirada de un Dios protector, que los aglutinaba más allá de las geografías. Díaz Barbosa enfrenta aquel sentimiento de extrañamiento sin ese atenuante, comienza increpando a Jesús: “alguna vez me hiciste creer/ que todo tenía un por qué// eso fue lo más cruel”, y arremete contra el Padre, “un dios que nos fue impuesto/ con violenta piedad” y que tuvo “la idea maldita/ de habernos creado”.
En los poemas se percibe una fatiga de vivir, desesperanza y un tremendo dolor. Por momentos recuerda al personaje de Una sombra ya pronto serás, de Osvaldo Soriano, diciendo: “usted es un hombre cansado de llevarse puesto”; el autor lo dice así: “algo llevaba sobre las espaldas/ y ese algo/ era más pesado que el mundo”.
Ese mundo que habita el poeta es un lugar hostil que lo atormenta desde la infancia, donde “a todas las cosas/ le crecieron dientes y garras” y cada ser humano es, de alguna manera, un exiliado que inevitablemente comprende, al llegar al otro lado, que “a todos nos han arrancado algo”.
Diáspora muestra el hueso de la poesía (“excavando entre el asco y la nada/ pude encontrar la liberación de lo poético”), porque, afirma, “no existe poesía/ cuando las palabras y los muertos/ no cuestan nada”.

Archivo Dickinson

Archivo Dickinson
María Negroni
La Bestia Equilátera, 2018
Poesía, 88 pp.

por Rubén Sacchi

Emily Dickinson fue, quizás, la poeta más importante de Estados Unidos, compartiendo ese honor con un breve puñado de hombres. Su vida transcurrió prácticamente puertas adentro e incluso ajena al entorno de relaciones de la familia, pero ese ostracismo, quebrado sólo por su abundante correspondencia, era iluminado por una poesía escrita en soledad. La vida y su trascendencia y las vicisitudes del amor fueron tópicos abundantes en sus versos, sin que a su través pudiera conocerse su vida privada, más allá de las especulaciones. Negroni arriesga: “¿Con qué alarido mudo iré al encuentro de quien no pudo ser?”.
La autora aborda una tarea difícil: ponerse en la piel de la poeta a través del Archivo Dickinson, y sale airosa. Su pena de amor describe al mundo como un mar inmenso, donde apagar el fuego quemante del dolor y pone en los labios la zona erógena por excelencia y al cuerpo como límite y refugio de lo íntimo, “una jaula que el deseo engendra, como una herida de la gracia”. Promete “no amar la falta, hasta que la boca esté llena de lo que no fue”.
No descuida la pasión por la botánica que desarrollara la poeta, y exhibe al jardín como una presencia constante. Semejante a un bunker, cual espacio inalterable de resistencia y último bastión. Allí la vida explota “con pasmosa impertinencia”.
Si bien Emily rechazó la consagración religiosa, sus trabajos están impregnados de la contradicción cuerpo-alma, reflejada en el Archivo... donde “la sellada iglesia del cuerpo” pone en juego la “adoctrinada eternidad”, y la muerte, vista como punto final, susurra “No estar sino ir, hacer que las cosas crezcan y se completen con su propia falta”, para agregar: “Nada más ocurre. Apenas unos trazos en la calle efímera y no quedan ni el deseo ni la idea del deseo”.
Estamos frente a un gran trabajo de aproximación a la poeta, a ese universo sórdido donde “hay por ningún lado a donde ir, ningún alfabeto que sirva”, mientras “Dios, en el rincón, reparte premios, globos, cicatrices”.

El gallo cantor, cantata


El gallo cantor, cantata
de Juan Gelman y Juan Cedrón
Teatro El Popular
Chile 2080, CABA

por Rubén Sacchi

Corría el año 72 y la dictadura de Lanusse moría matando. La creciente conflictividad social y política había puesto en jaque los sueños de uniforme, pero no iba a ser tan fácil para las mayorías populares recuperar el poder. Como botón de muestra, la masacre de Trelew, el 22 de agosto de ese año mostraba el grado de ferocidad que la bestia, aún herida de muerte, era capaz de desplegar. Una clara muestra de su poderío y a la vez un ensayo de lo que vendría años después.

En ese contexto, el nombre Juan cobraba su dimensión apostólica: Juan Cedrón y Juan Gelman componían la Cantata del gallo cantor, denunciando los crímenes, reivindicando el combate y proclamando, como bandera: “Nadie detiene la Revolución”.


Las cinco pistas que integraban el vinilo eran una sola pieza, sólida e indivisible. Unica y perdurable, como lo es la memoria popular.

Si “veinte años no es nada”, ¿qué son 45? Es que ese es el tiempo que el Tata se tomó para reelaborar la obra, distante de aquella primera versión interpretada y grabada en París por el Cuarteto junto al contrabajista francés François Rabat, Paco Ibáñez y Jaime Torres. Con otra inmediatez, tan urgente como entonces, porque hoy también la democracia sangra y el pueblo pierde a sus hijos necesarios.

Como bien lo define Tomás Bradley, integrante de La Lija, esta versión viene a restañar una zanja abierta entre las generaciones de los 60/70 y la presente, porque integra al Cuarteto Cedrón con ese grupo musical, una banda de músicos jóvenes con viejos compromisos e impronta. El resultado: un disco fresco, de puro arte pero con la dureza y profundidad de aquella grabación histórica.

Del Cuarteto Cedrón no hace falta hablar demasiado. Es icono insoslayable de la música popular y tanguera; también del artista comprometido. La Lija, haciendo honor a su nombre, despliega su enorme talento de manera uniforme, como si lo hubieran frotado con ese papel abrasivo, pero además poseen esa aspereza propia de la vida, de la que hablan sus temas que, pese a ocupar una buena porción del espectáculo, ameritan un show aparte.

Tres momentos transcurren sobre el escenario. Las interpretaciones de La Lija y el Cuarteto Cedrón por separado y un final con la Cantata… a toda orquesta. Un derroche de maestría y versatilidad, de emociones y fuerza. Esa fuerza tan necesaria para alimentar la esperanza en este aciago presente.

CUARTETO CEDRON:
Juan Tata Cedrón: guitarra, voz
Miguel Praino: viola
Miguel López: bandoneón
Daniel Frascoli: guitarrón
Josefina García: violoncello

LA LIJA:

Juan Botello; Sebastián Bradley; Paula Bradley; Tomás Bradley; Florencia Cosentino; Francisco Fernández Sobrino; Nicolás Galpasoro; Federico García; Sergio Iriarte; Ignacio Savid (Arpa, mandolina, bandurria, guitarra, contrabajo, cuatro, piano, violín, viola, acordeón, percusión y voces).

Prensa: Pintos & Gamboa

Habitaciones disponibles

Habitaciones disponibles
Nélida Arp
Ediciones Botella al Mar, 2012
Poesía, 60 pp.

por Rubén Sacchi

El poemario resulta una propuesta interesante. Las habitaciones disponibles están lejos de ceñirse a ese mundo cerrado de la hotelería o los inquilinatos, sino que la oferta es tan abarcativa como la vida y los sueños.
La autora, atrapada en ese universo, reniega del ritmo aparentemente cíclico del tiempo, nos dice: “Otra vez el tiempo, regresando en el inquietante/ orden de las horas”, para luego reforzar la idea en “la tenacidad de los relojes”.
Su poesía es cromática, colorea las figuras reinventando un universo de fantasía, en donde son tan válidas la paleta celestial como la infernal. Sus paisajes son áridos. De frío o de fuego, pero siempre desolados: “Desde esta tierra inhóspita, debo, imperiosamente debo contar el origen”, se impone, y ese origen, quizás su único lugar apacible, es la niñez, el pasado.
Ese sitio tan ansiado representa el sosiego y se plasma en el deseo de “Quedarse entre los caballos hasta que pase la/ infancia,/ hasta la primera gran tormenta”, como si luego de ese mundo que nos representamos idílico de la puericia, solo pudiese sobrevenir el caos, un constante arrebato en la furia de los elementos que lejos están de ser los externos, los de la naturaleza, puesto que conforman nuestro mundo interior, “ese pájaro azul, innombrable,/ dentro de mí”.
Una frase de Ernest Hoffmann, autor gótico que vivió en Alemania entre los siglos XVIII y XIX, comienza el libro con una reflexión que poco alienta respecto del devenir humano: “Al reino de los sueños se entra por la puerta de marfil; son pocos los que llegan a verla, menos aún los que traspasan sus umbrales”. Esa falta de coraje o de vuelo poético a la que aludía el escritor prusiano, es en donde fertiliza la monotonía de la vida. Ese transcurrir lineal y sin perspectiva. Ese que Nélida Arp retrata cuando poetiza: “Se apagan las lámparas mortecinas de las casas de pensión, aunque allí no amanezca”.

La noria

La noria
Jorge A. Colombo
Grupo Editor Latinoamericano, 2016
Poesía y cuento, 200 pp.

por Rubén Sacchi

Es lógico que quien se lamenta "¿por qué no acabó todo/ cuando aquel anfibio/ subió a la tierra/ por primera vez?" profiera la amenaza "juzgaremos a todos/ los que vendan su alma/ a un Dios". Es lógico porque tales dichos son versos de un hombre de ciencia, terreno este que, bien se sabe, disputa a lo divino un mismo espacio donde sólo hay sitio para una de ambas disciplinas.
También es lógico que, quien más elementos maneje de la sapiencia sobre el cerebro humano, se enfrente al desánimo y la incertidumbre ante tamaño desatino que es su accionar sobre el ámbito que le dio cobijo y alimento.
Lo que no es tan frecuente es que un neurocientífico vuelque toda su sensibilidad en la literatura y la transforme en un vehículo que transporte aquellas emociones que escapan a las ciencias exactas. Es que Jorge Colombo se expresa en el papel como un acabado humanista que (y se) interroga de manera permanente acerca de la especie a la que pertenece, volcando en esa masa de contradicciones todo el amor y el odio que los seres le inspiran.
En sus textos arremete contra la crueldad humana, la injusticia, la impiedad. Inventa una metáfora de todo el sufrimiento humano a lo largo de “la breve historia de la cruel y despiadada civilización humana” y la ubica en la atmósfera, apuntando a nuestras cabezas provocando una lluvia de sangre. La denomina “energía doliente” e intenta, en esa figura, dar cuenta de los innumerables crímenes que el hombre comete contra sus semejantes.
El volumen reúne buena parte de la lírica y la prosa breve del autor. Un interesante trabajo que busca proveer de “un remanso de fuerza, de vigor, de belleza o dulce alimento a nuestras marchas tenues y transitorias, aunque nos parezcan heroicas y definitivas desde la ridículamente pequeña burbuja de nuestro tiempo individual”.