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Heroína


Heroína
Tomasz Piatek
Tren en Movimiento, 2010
Novela, 128 pp

por Rubén Sacchi

Una vieja canción del grupo Serpiente, un dúo sin mayor suerte comercial pero de gran talento, de Lanús, decía: “Sólo en mis momentos de vuelo/ creo alcanzarte, mi Dios/ subo en un trono de reyes, Señor/ y me dicen que soy yo el Rey Sol”. Esa es la sensación que parece conducir al personaje por los caminos marrones y brumosos de la heroína.
Piatek escribe “Como si una taza de chocolate caliente que está en mi cabeza se volcara para inundar mi cuerpo” y esa no debió ser, para él, una metáfora; seguramente, esa cobertura viscosa y dulce, como la de una torta, lo dominaba y llevaba por ese derrotero.
Heroína es una especie de diario de un adicto, que lo pierde todo en pos de la felicidad suprema que supone el uso del estupefaciente. Claro que ese diario es un objeto para armar que atraviesa diferentes momentos de su adicción, incluso, la pérdida de la personalidad.
¿Cómo se llega a eso? Piatek dice: “Te asalta sin aviso. Como un ladrillo que te cae sobre la cabeza”, aunque la cuestión, verdaderamente, es saber cómo se sale. En estas páginas se atinan varias respuestas, algunas demasiado trágicas.

La salidera


La salidera
Sebastián Kirzner
Tren en Movimiento, 2010
Relato, 96 pp.

por Rubén Sacchi

La palabra salidera, hoy por hoy y en nuestro país, lleva a pensar en esa modalidad de robo a la salida de un ban­co, pero atinar una definición desde la óptica de Kirzner es un asunto más arriesgado. Quizás también se trate de una sustracción, pero de información -frases inconclusas, sugerencias truncas, ambigüedades-, también de la serenidad, esa que en el texto inicial, Anatomía, se expresa a través de las manos de Susan Sontag, pero que en realidad va acompañada de una actitud fuerte y nos cuenta la historia de una construcción lésbica, en donde hay lugar para hablar de religión y política, sutilmente, mostrando que todo, aunque sea un suceso personalísimo, no escapa al universo único que lo contiene.

Esa metodología de escamoteo se expone en Reclusión: “Nunca, en toda mi vida, he podido terminar de leer o escribir un libro, las últimas páginas simplemente no están”, o en Exceso y excedente: “Tal vez, yo no debería hablar”. Será que en estos relatos, llenos de sexo, dolor y atrocidades, la esparanza es una posibilidad remota en un final abierto, o como reza el epígrafe de Scott Fitzgerald en La internación: “Toda vida es un proceso de demolición”.

Huésped huésped


Huésped huésped
Candelaria Sáenz Valiente
Tren en Movimiento, 2010
Cuento, 160 pp.

por Rubén Sacchi

El crítico y escritor Enrique Pezzoni decía: “para posibilitar que se publique lo mejor de la producción literaria, una editorial está obligada, también, a publicar porquerías”.
Esta aseveración, cuestionable por cierto, tiene muchos puntos de vista y costados de análisis, sin embargo, hay sellos que empiezan bien desde su primer libro, es el caso de Acuático, de Tren en Movimiento Ediciones.
Los relatos contenidos en Huésped Huésped son tan particulares como su crea­dora, cantante de la banda polaca Paristetris, país que junto al nuestro la alberga indistintamente.
No hay una técnica directriz en los textos, puede haber finales anticipados desde las primeras líneas, donde lo importante son la densidad del desarrollo y el trabajo sobre los personajes, como también tramas con infinitas posibilidades de desenlace sin indicios de su resolución.
De tanto en tanto aparecen microrrelatos, titulados Interludio, que son escenas casi cinematográficas -otra de las pasiones de la autora- podría decirse que son pequeñas tomas que atrapan un momento determinado y lo resuelven en historia.
En resumen, un libro tan curioso como interesante que vale la pena leer.