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Ronda de espejos

Ronda de espejos
Diana Sánchez
Ediciones El Mono Armado, 2013
Cuento, 108 pp.

por Rubén Sacchi

Como nos tiene acostumbrados, Diana Sánchez lleva de la mano a personajes que bien podrían ser ­nuestros vecinos, claro que esos moradores protagonizan historias bastante particulares.
Los relatos se centran en situaciones donde las relaciones sociales e incluso familiares son llevadas al extremo, desnudando las facetas menos agraciadas del ser humano. Así, la intolerancia, en La camisa a cuadros o la insolidaridad, en La medianera metaforizan situaciones que pueden vivirse a cotidiano.
Con singular belleza traza frescos de la infancia denunciando, como decía Mario Benedetti, que “no siempre es un paraíso perdido”; el abuso y la traición van a la par de los celos, revelándonos un mundo del que no siempre se sale airoso.
Cuentos como La venganza nocturna de los paquidermos y El desquite contienen escenas donde la pasión no encuentra los límites que sí halla en Experiencia china.
Ronda de espejos es un volumen que refleja y muestra, como en las antiguas ferias populares, los diferentes aspectos que la distorsión nos proporciona y, para hacerlo más soportable, pone de fondo música de jazz y bossa nova.

Tomás y el espejo


Tomás y el espejo
Diana Sánchez
Edición de autor, 2010
Cuento, 16 pp.

por Rubén Sacchi

Un niño, en el duro proceso de aprendizaje, muchas veces genera una relación particular con el espejo, lo que en psicología se llama “el mudo”.
En la historia de Tomás, el espejo es un elemento recurrente y cómplice, que lo ayuda a crecer e identificarse hasta lograr afirmarse a sí mismo y sentirse, en alguna medida, independiente.
El cuento, compuesto de media docena de pequeños relatos, refiere la vida de un pequeño desde sus primeros meses hasta pasado el primer año, y atraviesa los hitos que lo van marcando: las reuniones familiares, las ceremonias religiosas, las vacaciones y sus primeros pasos.
Apela al recurso del lenguaje interior del pequeño, como si la barrera que separa la idea de la palabra fuese solo una cuestión de práctica y su manejo le viniera dado desde el alumbramiento.
De esa manera, nos cuenta en primera persona lo que va sintiendo y qué cosas llaman realmente su atención. La mayoría de las veces, sus proyectos se truncan o fracasan por completo, pero una atmósfera de buen humor nos ubica en la supuesta mentalidad de quien tiene para lograr su cometido toda una vida por delante.

La biblioteca de mi padre


La biblioteca de mi padre
Diana Sánchez
Edición de autor, 2010
Cuento, 20 pp.

por Rubén Sacchi

Cierta vez, mi nieto Agustín, de tres años, pidió que le contara un cuento. Era tarde y estaba cansado por lo que apelé a mi memoria para evitar salir de la cama. Ni bien comencé me dijo: “Ese no, uno de veras”, ante mi sorpresa agregó: “uno de pasar las hojas”. No hubo más remedio que bajar las escaleras y escoger un volumen impreso. A partir de entonces, comprendí que la culpa era nuestra, que lo habíamos estimulado con libros desde la cuna. Ese contacto con el objeto-libro lo marcó para siempre.
En esta historia, Diana Sánchez habla de una niña pequeña, que no sabe leer. Sin embargo, clandestina en la biblioteca paterna, toma un libro, lo abre, lo acaricia e imagina una historia, la ve, casi la vive. Ese lugar pasa a ser escenario mágico de sucesivas complicidades entre ambos personajes.
La historia incluye otros relatos que, encadenados, componen una especie de diario de vida. Con sus capítulos alegres y de los otros, los que abundan, aunque no nos percatemos porque, como decía Eduardo Galeano: “Requiere más coraje la alegría que la pena. A la pena, al fin y al cabo, estamos acostumbrados".

La soga




La soga
Diana Sánchez
Editorial Urbana, 2005
Cuento, 108 pp.

por Rubén Sacchi

Austrasia Galesvinta Rashminienko, Aristarco Eudoro Bueno, Fructuosa Egidia Pastor... tales son algunos de los personajes que protagonizan los cuentos de La soga. Al leerlos se piensa en un necesario retraso al reparto de nombres, pero esas pintas jocosas, no son más que partes de un todo divertido con que la autora pincela el drama de la vida y contextualiza las historias en sitios que, muchas veces, el habitante citadino no comprende.
La soga enhebra historias de vida, conduciéndonos por los dramas interiores -el medio siglo de vida- o los más evidentes, como la miseria y la indigencia.
Osvaldo Bayer escribe: “Un libro que nos ha llevado a descubrir una pluma rebelde, suave, una caricia que -ojo puede ser una bofetada”, es así como un beso paternal está al lado de tijeras de “puntas furiosamente azules”.
Los relatos de este trabajo son fragmentos a los que se les puede pensar múltiples devenires, son pequeñas cuentas de un collar, unas en sí mismas y, a la vez, partes de un todo que las contiene y da sentido. Sólo hay que encontrar el principio de la soga que las agrupa y animarse a desgranarlas una a una en el maravilloso derrotero de la imaginación.

Las piedras del deseo


Las piedras del deseo
de Diana Sánchez
Ediciones Juglaría, 2009
Cuento, 100 pp.

por Rubén Sacchi

Una particular prosa nos lleva por las historias que la escritora vuelca en este trabajo. Allí, los elementos de la realidad se mezclan con la fantasía en una total armonía.
Dieciocho relatos componen este nuevo libro de Diana Sánchez, en los que se describen particulares vivencias humanas indagando en lo más profundo de su alma. Sin embargo, no es una labor resumida a lo intimista, hay en estos cuentos firmes denuncias de los oscuros manejos de poder que ejercen las instituciones sobre los más débiles, ya contra Evangelino Marañón, habitante del monte que se opone a la deforestación en Deuda interna o la joven periodista Constanza de El árbol de la vida.
Los textos no están guiados por una unidad temática. Saltan del fresco realista a la quimera y no descartan cierta dosis de humor, evidenciando "una espontaneidad que arroja la luz de los descubrimientos", según palabras de la escritora María Granata.
"Yo, poseída nuevamente, bajo la cabeza y, condenada a las palabras, empiezo a escribir". reza el final de La condena, a la vez que del libro. Tal vez Diana Sánchez se encuentre en estos momentos cumpliendo esa sentencia y, en poco tiempo, nos obsequie con otro jugoso volumen.