Una felicidad posible
Mariela Ghenadenik
Editorial Del Nuevo Extremo, 2019
Novela, 224 pp.
por Rubén Sacchi
Si tuviese que elegir uno de esos lugares comunes, a los que llaman refranes, para definir la obra, no sería “la primera impresión es la que cuenta”, sino “las apariencias engañan”. Es que detrás de esa tapa naïf de novela para adolescentes, hay una historia fuerte, de problemáticas adultas.
Nuevamente, Ghenadenik elige una protagonista mujer (aunque en el borrador inicial era un hombre) para desarrollar un escenario de insatisfacción y vacío. Lucía Garrido, una exitosa cirujana que lo perdió todo en su infancia, cuenta en primera persona su vida, que para el común de los mortales sería ideal: buen empleo y posición, marido adinerado, una pareja de hijos sanos y bellos, empleada doméstica ejemplar y tiempo libre para dedicarle al cuerpo, situación a la que llegó de la mano de sus tíos, que le dieron todo lo que pudieron tras el suicidio de su madre y el abandono de su padre. Pero eso no la llena.
La noticia de la muerte de su padre la moviliza y el viaje al pueblo donde será enterrado le hará enfrentar diversas situaciones que, lejos de estar superadas, se agazapaban dentro suyo: “tal vez la muerte sea nada más que desinterés”.
El planteo podría llevarnos a una historia más, pero el valor de la novela está en el gran trabajo realizado sobre los personajes, sobre todo en el central: una figura egoísta por demás, egocéntrica y soberbia, que no puede experimentar el amor ni por sus hijos. La empatía no es una de sus virtudes, no confía “en ningún otro animal”, piensa que “los animales no son otra cosa que instinto asesino”, “la relación humano-mascota es un invento de gente que no sabe estar sola. Yo no necesito a nadie”. Esa mirada también abarca a sus semejantes y es despectiva hasta en las metáforas: “El atardecer es una luz de pobres: amarillenta y gastada, sin nada por delante” y la gente sencilla le parece “gente horrenda”. Remata: “No creo en la amistad porque la idea detrás es embarcarse en una deuda futura”.
Profundamente negadora de la ciencia psicológica y consumidora compulsiva de clonazepam, se pregunta: “en qué momento me empezó a pesar tanto mi vida”; “¿Qué se hace con ese tiempo de mentira que es el pasado?”. Jean Paul Sartre escribió: “Somos lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros”. Lucía no escapa a eso y encontrará la salida de ese presente continuo, pero si no se arriesga, sólo la hallará dentro de su zona de confort.
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Era tan oscuro el monte
Era tan oscuro el monteNatalia Rodríguez Simón
Ediciones Mardulce, 2019
Novela, 160 pp.
por Rubén Sacchi
El poeta patagónico Vildo Pioppi escribe: “ser una gota de rocío sobre una hoja en este desierto habla de la testarudez y los intentos”. Esa idea sobrevoló mi lectura de Era tan oscuro el monte, sólo que en el libro la testarudez está marcada por la condición humana de los personajes y sus constantes intentos irán tan lejos como el sistema que los embrutece les permita. No se necesitan alas para chapotear en el fango.
La novela es una historia dura, lacerante, quizás no más que otras miles que ocurren a diario signadas por la miseria y la imposibilidad de salir de los márgenes, en los que la ignorancia y la falta de oportunidades es la materia prima de todas las desgracias ¿Cómo podrían trastocar su historia sin contar con las herramientas necesarias para ello?
Allí el amor se enmarca en los parámetros del patriarcado, donde la mujer es sólo un eslabón necesario para satisfacer las necesidades del hombre y reproducir un esquema que la cultura se obstina en llamar familia. La palabra “patrón” infunde temor y respeto casi atávicos. La vida es siempre la ilusión de algo mejor, pero se desarrolla en un presente continuo como si fuese una rueda que jamás se detiene y repitiera situaciones: “dolió tanto que pensó que no había otro dolor posible. Y tanto faltaba”, reflexiona la protagonista.
Mediante un relato que va alternando en la visión de los diferentes actores, Natalia Rodríguez Simón logra una historia atrapante en la que cada victimario es a la vez víctima de un cruel laberinto. Su precisa construcción da un equilibrio a las tensiones en permanente disputa; mantiene el interés en cada línea y deja en el lector el sabor de la buena literatura.
Hocus Pocus
Hocus Pocus
Kurt Vonnegut
La Bestia Equilátera, 2019
Novela, 352 pp.
por Rubén Sacchi
Las viejas máximas no pierden vigencia. “Pinta tu aldea y pintarás el mundo” es una verdad que no termina de gastarse y envuelve a Hocus Pocus, si vemos cuántos puntos en común hay con estas tierras. Es algo inevitable, ya que ambas latitudes se encuentran bajo el régimen capitalista, que todo lo uniforma, menos los derechos.
Al inicio, una ficticia dedicatoria en la que se lee “mientras haya siquiera un alma en prisión no seré libre”, es una declaración de principios que recaerá sobre Eugene Debs Hartke, un descendiente de su autor que a través de todo el libro narrará, a modo de diario, su vida, la que resultará una cadena de contradicciones y eventos desafortunados. Aseverará: “Si existe una Divina Providencia, también hay una que es cruel”.
La historia es un claro ejemplo de cómo la formación recibida moldea lo que somos y que, en ella, los padres tienen el privilegio. Deja entrever la doble cara del imperialismo que, habiendo ganado la guerra contra las potencias del Eje, termina dejando en manos de los alemanes una fábrica de armas y a los japoneses les confía el manejo de las cárceles.
Profundo en ironía, construye un personaje que pasa de ser oficial del ejército norteamericano en Vietnam a profesor de una escuela especial y que en su vida exhibe un gran sentido práctico: “si los hechos no te causan gracia ni miedo, ni pueden hacerte rico, al diablo con ellos”, y comparándose con un múltiple asesino, agrega: “él no había contado con mi ventaja, que era la total cooperación de nuestro Gobierno”.
Va reflexionando sobre la vida, la libertad y las diferentes facetas de la idiotez humana. También acerca de la vida en prisión y el racismo: “cualquier varón Negro tenía que ser forzosamente un fugitivo”.
Fiel a su estilo, Vonnegut nos confirma “que la Humanidad se encamina hacia algo realmente bonito es un mito para niños de menos de 6 años, como el Ratón Pérez, el Conejo de Pascua y Papá Noel".
Kurt Vonnegut
La Bestia Equilátera, 2019
Novela, 352 pp.
por Rubén Sacchi
Las viejas máximas no pierden vigencia. “Pinta tu aldea y pintarás el mundo” es una verdad que no termina de gastarse y envuelve a Hocus Pocus, si vemos cuántos puntos en común hay con estas tierras. Es algo inevitable, ya que ambas latitudes se encuentran bajo el régimen capitalista, que todo lo uniforma, menos los derechos.
Al inicio, una ficticia dedicatoria en la que se lee “mientras haya siquiera un alma en prisión no seré libre”, es una declaración de principios que recaerá sobre Eugene Debs Hartke, un descendiente de su autor que a través de todo el libro narrará, a modo de diario, su vida, la que resultará una cadena de contradicciones y eventos desafortunados. Aseverará: “Si existe una Divina Providencia, también hay una que es cruel”.
La historia es un claro ejemplo de cómo la formación recibida moldea lo que somos y que, en ella, los padres tienen el privilegio. Deja entrever la doble cara del imperialismo que, habiendo ganado la guerra contra las potencias del Eje, termina dejando en manos de los alemanes una fábrica de armas y a los japoneses les confía el manejo de las cárceles.
Profundo en ironía, construye un personaje que pasa de ser oficial del ejército norteamericano en Vietnam a profesor de una escuela especial y que en su vida exhibe un gran sentido práctico: “si los hechos no te causan gracia ni miedo, ni pueden hacerte rico, al diablo con ellos”, y comparándose con un múltiple asesino, agrega: “él no había contado con mi ventaja, que era la total cooperación de nuestro Gobierno”.
Va reflexionando sobre la vida, la libertad y las diferentes facetas de la idiotez humana. También acerca de la vida en prisión y el racismo: “cualquier varón Negro tenía que ser forzosamente un fugitivo”.
Fiel a su estilo, Vonnegut nos confirma “que la Humanidad se encamina hacia algo realmente bonito es un mito para niños de menos de 6 años, como el Ratón Pérez, el Conejo de Pascua y Papá Noel".
El dolor de la ausencia
El dolor de la ausencia
Omar Ramos
Baldíos en la Lengua, 2019
Novela, 136 pp.
por Rubén Sacchi
Cuando creemos que la historia de la última dictadura ya fue contada de todas las maneras posibles, descubrimos una otra mirada que ubica el punto de vista en un lugar diferente. Es que resultan tantas las perspectivas para hablarla, como tantos somos los que la hemos padecido.
El dolor de la ausencia hace un recorrido, que no deja de ser parte del itinerario de otros relatos, con un escenario común en ellos, pero recala en el papel de la justicia.
En todo gobierno de facto, la República sufre la eliminación del Poder Legislativo y la apropiación del Poder Ejecutivo pero ¿qué pasa con ese tercer poder que en apariencia sigue funcionando para garantizar justicia y equidad? La novela echa algo de luz sobre ese interrogante.
Con expresiones que pintan la situación con claridad, como “En la esquina vivía un suboficial que se jactaba de haber matado a varios terroristas” o “cuando llegan las sotana se acaban las libertades”, recorre el Vía Crucis que atravesaron los familiares de los detenidos-desaparecidos frente a una justicia tan apropiada como los cientos de bebés de aquellos.
Ramos aborda la doble moral de un poder que hace rato perdió la venda que debería tapar su vista, para formar parte de ese otro poder, el político-económico, algo tan evidente en los tiempos que corren.
Omar Ramos
Baldíos en la Lengua, 2019
Novela, 136 pp.
por Rubén Sacchi
Cuando creemos que la historia de la última dictadura ya fue contada de todas las maneras posibles, descubrimos una otra mirada que ubica el punto de vista en un lugar diferente. Es que resultan tantas las perspectivas para hablarla, como tantos somos los que la hemos padecido.
El dolor de la ausencia hace un recorrido, que no deja de ser parte del itinerario de otros relatos, con un escenario común en ellos, pero recala en el papel de la justicia.
En todo gobierno de facto, la República sufre la eliminación del Poder Legislativo y la apropiación del Poder Ejecutivo pero ¿qué pasa con ese tercer poder que en apariencia sigue funcionando para garantizar justicia y equidad? La novela echa algo de luz sobre ese interrogante.
Con expresiones que pintan la situación con claridad, como “En la esquina vivía un suboficial que se jactaba de haber matado a varios terroristas” o “cuando llegan las sotana se acaban las libertades”, recorre el Vía Crucis que atravesaron los familiares de los detenidos-desaparecidos frente a una justicia tan apropiada como los cientos de bebés de aquellos.
Ramos aborda la doble moral de un poder que hace rato perdió la venda que debería tapar su vista, para formar parte de ese otro poder, el político-económico, algo tan evidente en los tiempos que corren.
De amor y de hambre
De amor y de hambre
Julian Maclaren Ross
La Bestia Equilátera, 2018
Novela, 320 pp.
por Rubén Sacchi
Pasé mi adolescencia y juventud entre las convulsionadas décadas de los 60 y 70 signadas, entre otros hechos, por la guerra de Vietnam. Entonces, era famoso un cartel del viejo Tío Sam con cara de pirata, que señalaba a cámara y rezaba: “I want you for U.S. Army”. Como mucho en su apócrifa imaginación, no era una invención yankee, su inspiración la aportó el ilustrador Alfred Leete medio siglo atrás, cuando, con la leyenda “Your country needs you” retrató al Secretario de Estado de la Guerra británico, reclutando en septiembre del 14 para la Primera Gran Guerra en idéntica actitud. Desastre y propaganda se repetirían 25 años más tarde con otra confrontación internacional.
Este dato nos pone en contexto. Los años de la depresión, la desocupación creciente y los primeros cimbronazos de un capitalismo que, muy joven, ya mostraba su seria ineficacia para sostener sin balas un estado de cosas.
Maclaren Ross sabe de lo que habla. El protagonista es un vendedor de aspiradoras, endeudado y de vida azarosa, características que acompañaron en vida al autor. Reparte su tiempo entre demostraciones domiciliarias y la compañía de la esposa de un amigo, empleado a bordo de un mercante, que lo ausenta por un buen tiempo.
En medio de la aventura cotidiana, esgrime posiciones filosóficas acerca de la vida y va desgranando una crítica a la sociedad de su época, no muy diferente de la actual. Con definiciones como “la escuela privada enseña a no pensar”, muestra la yuxtaposición de dos mundos que conviven en permanente tensión, esos que habitan las diferentes clases sociales.
Julian Maclaren Ross
La Bestia Equilátera, 2018
Novela, 320 pp.
por Rubén Sacchi
Pasé mi adolescencia y juventud entre las convulsionadas décadas de los 60 y 70 signadas, entre otros hechos, por la guerra de Vietnam. Entonces, era famoso un cartel del viejo Tío Sam con cara de pirata, que señalaba a cámara y rezaba: “I want you for U.S. Army”. Como mucho en su apócrifa imaginación, no era una invención yankee, su inspiración la aportó el ilustrador Alfred Leete medio siglo atrás, cuando, con la leyenda “Your country needs you” retrató al Secretario de Estado de la Guerra británico, reclutando en septiembre del 14 para la Primera Gran Guerra en idéntica actitud. Desastre y propaganda se repetirían 25 años más tarde con otra confrontación internacional.
Este dato nos pone en contexto. Los años de la depresión, la desocupación creciente y los primeros cimbronazos de un capitalismo que, muy joven, ya mostraba su seria ineficacia para sostener sin balas un estado de cosas.
Maclaren Ross sabe de lo que habla. El protagonista es un vendedor de aspiradoras, endeudado y de vida azarosa, características que acompañaron en vida al autor. Reparte su tiempo entre demostraciones domiciliarias y la compañía de la esposa de un amigo, empleado a bordo de un mercante, que lo ausenta por un buen tiempo.
En medio de la aventura cotidiana, esgrime posiciones filosóficas acerca de la vida y va desgranando una crítica a la sociedad de su época, no muy diferente de la actual. Con definiciones como “la escuela privada enseña a no pensar”, muestra la yuxtaposición de dos mundos que conviven en permanente tensión, esos que habitan las diferentes clases sociales.
Tabaco
Tabaco
Jeanette Lococo
Hojas del sur, 2018
Novela, 224 pp.
por Rubén Sacchi
Al comienzo de la novela el personaje, un piloto aeronáutico expulsado de la línea donde navegaba, se pregunta “si uno vive toda una vida nada más que para justificar unos pocos momentos en los que pasa todo lo que la define”. Eso a lo que alude es el amor, pero no el amor en su expresión vulgar, sino ese otro, prohibido, contradictorio, inabarcable, al que muy pocos se animan.
El fondo en el que los protagonistas se mueven es el del contrabando. Un mundo con sus propios códigos y sus vicisitudes que obedece a múltiples variables que pasan por los vaivenes económicos, políticos y morales, temáticas que Lococo trabaja con soltura, aportando una profusa información de lugares y situaciones tan diversos que sugieren un tremendo trabajo de campo y gran conocimiento de la materia, hecho que confiere solidez a la obra. La ruta del tabaco es una parábola con su auge y decadencia, análoga a la relación que obsesiona al protagonista.
Estructurada como un raconto, el piloto va plasmando recuerdos con cierta morosidad de la memoria, en la que no confía: “Ahora, al recordarlo, tal vez le estoy prestando palabras que acaso no fueron las que ella dijo”. Hay algo de psicoterapia en el relato, con un personaje que ocupa, a la vez, el lugar del profesional y del paciente.
Mientras reflexiona que “el dolor emocional puede tener el tremendo filo del dolor físico”, pone en palabras la clave de esta tan atrapante como íntima historia: “En la vida hay algunas encrucijadas que definen el rumbo que va a tomar nuestro destino”, eso lo empuja a considerar la enorme distancia entre las posibilidades de tener que, deber y querer hacer. En eso, se juega la felicidad.
Jeanette Lococo
Hojas del sur, 2018
Novela, 224 pp.
por Rubén Sacchi
Al comienzo de la novela el personaje, un piloto aeronáutico expulsado de la línea donde navegaba, se pregunta “si uno vive toda una vida nada más que para justificar unos pocos momentos en los que pasa todo lo que la define”. Eso a lo que alude es el amor, pero no el amor en su expresión vulgar, sino ese otro, prohibido, contradictorio, inabarcable, al que muy pocos se animan.
El fondo en el que los protagonistas se mueven es el del contrabando. Un mundo con sus propios códigos y sus vicisitudes que obedece a múltiples variables que pasan por los vaivenes económicos, políticos y morales, temáticas que Lococo trabaja con soltura, aportando una profusa información de lugares y situaciones tan diversos que sugieren un tremendo trabajo de campo y gran conocimiento de la materia, hecho que confiere solidez a la obra. La ruta del tabaco es una parábola con su auge y decadencia, análoga a la relación que obsesiona al protagonista.
Estructurada como un raconto, el piloto va plasmando recuerdos con cierta morosidad de la memoria, en la que no confía: “Ahora, al recordarlo, tal vez le estoy prestando palabras que acaso no fueron las que ella dijo”. Hay algo de psicoterapia en el relato, con un personaje que ocupa, a la vez, el lugar del profesional y del paciente.
Mientras reflexiona que “el dolor emocional puede tener el tremendo filo del dolor físico”, pone en palabras la clave de esta tan atrapante como íntima historia: “En la vida hay algunas encrucijadas que definen el rumbo que va a tomar nuestro destino”, eso lo empuja a considerar la enorme distancia entre las posibilidades de tener que, deber y querer hacer. En eso, se juega la felicidad.
Prohibido morir aquí
Prohibido morir aquí
Elízabeth Taylor
La Bestia Equilátera, 2018
Novela, 256 pp.
por Rubén Sacchi
Que todos nacemos y morimos solos no es algo nuevo, pero ¿qué pasa en medio de esos dos extremos? Prohibido morir aquí no lo responde, pero acerca una idea de eso que llamamos vida cuando se aproxima a su final.
Desde las primeras páginas nos adentramos a un tratado acerca de la soledad y de cómo combatirla o engañarla, si eso fuese posible. También del desamor y lo relativo de los vínculos familiares.
La economía de ambientes en que transcurre la historia es la perfecta metáfora de la vida en la ancianidad y la reducción que sufre la propia movilidad. El Claremont, hotel donde se desarrolla la crónica, hace las veces de antesala del tan temido geriátrico en donde, quienes atraviesan ese tramo de la vida, exprimen sus últimas horas de cuasi libertad que en aquel establecimiento perderían.
Cada uno con sus miserias y sus virtudes cargadas a cuestas en la mochila de la existencia, construyen una trama de pequeños conflictos, que subyacen las cuestiones en apariencia banales, abonadas por conversaciones frívolas con las que transcurrir el tiempo que, aunque veloz hacia el seguro abismo, se insinúa relativamente inmóvil.
Taylor trabaja con exquisitez el perfil de los personajes, que se van delineando a través de las capítulos. El ansioso, el desinhibido, el alcohólico o el xenófobo se darán cita en las instalaciones del hospedaje. La protagonista, intenta superar esas mezquindades y la relación con un joven escritor es su válvula de escape.
Temáticas interesantes, tales como la obsolescencia de la monarquía; los derechos de los inmigrantes; la tecnología y los medios audiovisuales, así como también la economía y el patriarcado, son tratados con sutileza y acompañan un relato entrañable, donde la dignidad prevalece frente a toda adversidad, llevando a reflexionar sobre ese trayecto que todos alguna vez transitaremos, mal que nos pese.
Elízabeth Taylor
La Bestia Equilátera, 2018
Novela, 256 pp.
por Rubén Sacchi
Que todos nacemos y morimos solos no es algo nuevo, pero ¿qué pasa en medio de esos dos extremos? Prohibido morir aquí no lo responde, pero acerca una idea de eso que llamamos vida cuando se aproxima a su final.
Desde las primeras páginas nos adentramos a un tratado acerca de la soledad y de cómo combatirla o engañarla, si eso fuese posible. También del desamor y lo relativo de los vínculos familiares.
La economía de ambientes en que transcurre la historia es la perfecta metáfora de la vida en la ancianidad y la reducción que sufre la propia movilidad. El Claremont, hotel donde se desarrolla la crónica, hace las veces de antesala del tan temido geriátrico en donde, quienes atraviesan ese tramo de la vida, exprimen sus últimas horas de cuasi libertad que en aquel establecimiento perderían.
Cada uno con sus miserias y sus virtudes cargadas a cuestas en la mochila de la existencia, construyen una trama de pequeños conflictos, que subyacen las cuestiones en apariencia banales, abonadas por conversaciones frívolas con las que transcurrir el tiempo que, aunque veloz hacia el seguro abismo, se insinúa relativamente inmóvil.
Taylor trabaja con exquisitez el perfil de los personajes, que se van delineando a través de las capítulos. El ansioso, el desinhibido, el alcohólico o el xenófobo se darán cita en las instalaciones del hospedaje. La protagonista, intenta superar esas mezquindades y la relación con un joven escritor es su válvula de escape.
Temáticas interesantes, tales como la obsolescencia de la monarquía; los derechos de los inmigrantes; la tecnología y los medios audiovisuales, así como también la economía y el patriarcado, son tratados con sutileza y acompañan un relato entrañable, donde la dignidad prevalece frente a toda adversidad, llevando a reflexionar sobre ese trayecto que todos alguna vez transitaremos, mal que nos pese.
Quiero tener todas las noches esos sueños
Quiero tener todas las noches esos sueños
Mirta Ovsejevich
Ediciones Deldragón, 2018
Novela, 84 pp.
por Rubén Sacchi
Aparecida en simultáneo con su otro trabajo, Gstaad, 1996, esta nouvelle de Ovsejevich es mucho más intimista, como contada en voz baja.
Se estructura inteligentemente como un diario íntimo víctima de un fuerte viento que hubiera revuelto sus hojas y que, al compaginarlas, el escriba hubiese mezclado algunas de ellas.
Cada entrada, la protagonista denuncia tener cierta edad, pero esa suerte de entrecruzamiento la lleva y trae, ora hacia el pasado, ora hacia el futuro, y es el lector quien va componiendo el itinerario correcto.
Los saltos suelen darse dentro de una misma franja generacional, recurso que nos lleva a ir insertando vivencias hasta afirmar una etapa.
En la historia se intuye un gran componente autobiográfico y otra buena dosis de fantasía, aunque describe una vida posible, quizás una proyección de la propia hacia una longevidad apacible. Deseo de la gran mayoría de los mortales.
Hacia la llamada tercera edad, los saltos son hacia adelante, a veces bruscos, como si los años viniesen en alud. No hay retroceso que los frene en su carrera. Entonces, la autora apela a ese comodín que sabemos que está en el mazo y puede salvarnos la partida. Esa carta mágica son los recuerdos, para Mirta vienen en forma de sueños.
Mirta Ovsejevich
Ediciones Deldragón, 2018
Novela, 84 pp.
por Rubén Sacchi
Aparecida en simultáneo con su otro trabajo, Gstaad, 1996, esta nouvelle de Ovsejevich es mucho más intimista, como contada en voz baja.
Se estructura inteligentemente como un diario íntimo víctima de un fuerte viento que hubiera revuelto sus hojas y que, al compaginarlas, el escriba hubiese mezclado algunas de ellas.
Cada entrada, la protagonista denuncia tener cierta edad, pero esa suerte de entrecruzamiento la lleva y trae, ora hacia el pasado, ora hacia el futuro, y es el lector quien va componiendo el itinerario correcto.
Los saltos suelen darse dentro de una misma franja generacional, recurso que nos lleva a ir insertando vivencias hasta afirmar una etapa.
En la historia se intuye un gran componente autobiográfico y otra buena dosis de fantasía, aunque describe una vida posible, quizás una proyección de la propia hacia una longevidad apacible. Deseo de la gran mayoría de los mortales.
Hacia la llamada tercera edad, los saltos son hacia adelante, a veces bruscos, como si los años viniesen en alud. No hay retroceso que los frene en su carrera. Entonces, la autora apela a ese comodín que sabemos que está en el mazo y puede salvarnos la partida. Esa carta mágica son los recuerdos, para Mirta vienen en forma de sueños.
La mediocridad y su dones
La mediocridad y sus dones
Mariano Díaz Barbosa
Ediciones Lacre, 2018
Novela, 246 pp.
por Rubén Sacchi
Como es común a toda su obra, Díaz Barbosa ahonda en las profundidades del alma humana y vuelve a teorizar sobre el hecho artístico. Tal como escribiera en su libro Diáspora, sólo “excavando entre el asco y la nada”, el artista logra hallar la iluminación, aunque ésta lo lleve al abismo.
La novela cuenta la historia de un pintor marginal, entrado en años, que asume su “locura por exceso de racionalidad”, su vínculo con la que devendría su musa inspiradora; el hallazgo de su verdad artística y su desbarranco.
En el medio, una cantidad de relaciones que van desde las humanas a las de mercado, referidas con un lenguaje particular que aborda lo descriptivo desde cierta transgresión del standard narrativo, por momentos recordando la prosa de Néstor Sánchez.
Hay un fino trabajo en el detallar qué ocurre en un lugar y en un instante determinados, con precisión de cirujano. Cada elemento y hasta las luces y las sombras cobran protagonismo. La historia es muy visual y sus descripciones cromáticas, propias de un artista plástico. Cada objeto conlleva una analogía figurativa, donde el marco de una puerta tiene “grietas como várices” y transcurren “los minutos cayendo como costras”, llevando a que la metáfora otorgue una carga extra de dramatismo.
La historia es una tragedia de amor, de muerte y de locura. Una dolencia que no termina de definirse, pero puede interpretarse como la enfermedad de la vida, que sólo admite una terapia de curación. El protagonista asume que la verdad del alma es la más grande de todas las mentiras y que “el infinito no puede ser completo. La perfección no puede detenerse. Si lo hace, está perdida”.
Mariano Díaz Barbosa
Ediciones Lacre, 2018
Novela, 246 pp.
por Rubén Sacchi
Como es común a toda su obra, Díaz Barbosa ahonda en las profundidades del alma humana y vuelve a teorizar sobre el hecho artístico. Tal como escribiera en su libro Diáspora, sólo “excavando entre el asco y la nada”, el artista logra hallar la iluminación, aunque ésta lo lleve al abismo.
La novela cuenta la historia de un pintor marginal, entrado en años, que asume su “locura por exceso de racionalidad”, su vínculo con la que devendría su musa inspiradora; el hallazgo de su verdad artística y su desbarranco.
En el medio, una cantidad de relaciones que van desde las humanas a las de mercado, referidas con un lenguaje particular que aborda lo descriptivo desde cierta transgresión del standard narrativo, por momentos recordando la prosa de Néstor Sánchez.
Hay un fino trabajo en el detallar qué ocurre en un lugar y en un instante determinados, con precisión de cirujano. Cada elemento y hasta las luces y las sombras cobran protagonismo. La historia es muy visual y sus descripciones cromáticas, propias de un artista plástico. Cada objeto conlleva una analogía figurativa, donde el marco de una puerta tiene “grietas como várices” y transcurren “los minutos cayendo como costras”, llevando a que la metáfora otorgue una carga extra de dramatismo.
La historia es una tragedia de amor, de muerte y de locura. Una dolencia que no termina de definirse, pero puede interpretarse como la enfermedad de la vida, que sólo admite una terapia de curación. El protagonista asume que la verdad del alma es la más grande de todas las mentiras y que “el infinito no puede ser completo. La perfección no puede detenerse. Si lo hace, está perdida”.
Madagascar
Madagascar
Luis E. Benítez
Editorial Vestales, 2017
Novela, 320 pp.
por Rubén Sacchi
Como lector empedernido de Benítez, justamente desde aquellos lejanos días de Poemas de la tierra y la memoria, me sumergí en las páginas de Madagascar. Mi formación atraviesa un recorrido que coincide en muchas paradas con sus lecturas y esa puede ser una explicación de mi atracción hacia sus obras. La fantasía y el clima denso de su prosa resultan atrapantes.
¿Qué llevó al autor a escribir sobre corsarios? Tal vez esa vieja deuda que tenemos con nuestra primera edad aunque, si bien la novela puede emparentarse con las historias de Sandokán, se percibe una pluma que apunta a otra cosa, un mensaje más maduro que aquellos viejos relatos de piratas.
Hay pasajes que, particularmente, resultan exquisitos. Tal el de la ballena, émulo de Moby Dick, que lleva, atados a su destino, infinidad de lanzas y arpones, reflejo de la codicia y la maldad humanas, convirtiendo a la pobre bestia en una criatura sufriente.
Enmarcada en la corriente utópica, la narración hace un paralelo con la fundación, ascenso y caída de Libertatia y las pujas religiosas entre católicos y protestantes, imponiendo creencias a sangre y fuego, tan lejos del amor y la piedad predicados. Deambulan personajes extraños, como un catador de agua o un cura anarquista. Este dominico, desarrolla un planteo libertario, pero de corte religioso. Con postulados de justicia social más igualdad y fraternidad, la propuesta se emparenta a la del internacionalismo revolucionario, notoriamente cercano al proceso de la Revolución Comunista.
La ideología supone un esfuerzo intelectual, así como la creación literaria. Benítez es la prueba viviente de que la "fatiga o cansancio" puede quebrarse por la propia voluntad.
El autor es un utópico empedernido, aunque se autodefina como pragmático, ya que éste no podría arribar, como él, a la maravilla. Bienvenida su contradicción. Va mi agradecimiento a Vestales, por seguir apostando a las supuestas causas perdidas.
Luis E. Benítez
Editorial Vestales, 2017
Novela, 320 pp.
por Rubén Sacchi
Como lector empedernido de Benítez, justamente desde aquellos lejanos días de Poemas de la tierra y la memoria, me sumergí en las páginas de Madagascar. Mi formación atraviesa un recorrido que coincide en muchas paradas con sus lecturas y esa puede ser una explicación de mi atracción hacia sus obras. La fantasía y el clima denso de su prosa resultan atrapantes.
¿Qué llevó al autor a escribir sobre corsarios? Tal vez esa vieja deuda que tenemos con nuestra primera edad aunque, si bien la novela puede emparentarse con las historias de Sandokán, se percibe una pluma que apunta a otra cosa, un mensaje más maduro que aquellos viejos relatos de piratas.
Hay pasajes que, particularmente, resultan exquisitos. Tal el de la ballena, émulo de Moby Dick, que lleva, atados a su destino, infinidad de lanzas y arpones, reflejo de la codicia y la maldad humanas, convirtiendo a la pobre bestia en una criatura sufriente.
Enmarcada en la corriente utópica, la narración hace un paralelo con la fundación, ascenso y caída de Libertatia y las pujas religiosas entre católicos y protestantes, imponiendo creencias a sangre y fuego, tan lejos del amor y la piedad predicados. Deambulan personajes extraños, como un catador de agua o un cura anarquista. Este dominico, desarrolla un planteo libertario, pero de corte religioso. Con postulados de justicia social más igualdad y fraternidad, la propuesta se emparenta a la del internacionalismo revolucionario, notoriamente cercano al proceso de la Revolución Comunista.
La ideología supone un esfuerzo intelectual, así como la creación literaria. Benítez es la prueba viviente de que la "fatiga o cansancio" puede quebrarse por la propia voluntad.
El autor es un utópico empedernido, aunque se autodefina como pragmático, ya que éste no podría arribar, como él, a la maravilla. Bienvenida su contradicción. Va mi agradecimiento a Vestales, por seguir apostando a las supuestas causas perdidas.
Gstaad, 1996
Gstaad, 1996
Mirta Ovsejevich
Ediciones Del Dragón, 2018
Novela, 160 pp.
por Rubén Sacchi
Gstaad es una pequeña ciudad del sudoeste de Suiza. Una estación invernal donde vacaciona gente de altos recursos económicos. En la novela, esa palabra sumada a la fecha 1996 es apenas la referencia detrás de una fotografía. También es la historia de un joven, en ese período de la vida en que deja la adolescencia y, más allá de su crianza, siente la necesidad de convertirse en adulto. En ese derrotero, su historia y sus raíces pasan a ser fundamentales, como cimientos que sostengan la construcción de su identidad.
La única persona a la que puede acudir es a su madre, pero ella está demasiado ocupada de su propia vida para poder ocuparse de la de su hijo. Sin embargo, la necesidad de encontrarse con su pasado lo hará acudir a otros ámbitos, donde innumerables personajes matizarán este relato que, si bien se plantea en un estrato social que condiciona parámetros y posibilidades, es común al que atraviesan los jóvenes enfrentando sus miedos e inseguridades.
“Al tener todo, te falta la falta (...) te falta el deseo”, dice un artesano con dotes de filósofo, y esa realidad sintetiza el ambiente familiar en el que las necesidades, tanto materiales como afectivas, son atendidas con chequeras y tarjetas de crédito.
La novela es a la vez una muestra al desnudo de la alta burguesía, donde el trabajo no representa la preocupación cotidiana y donde muchas veces el día a día está marcado por el aburrimiento y el tedio que provoca esa sensación de quietud, carente de los sobresaltos que la vida conlleva y sólo puede ser alterado por el capricho.
Mirta Ovsejevich
Ediciones Del Dragón, 2018
Novela, 160 pp.
por Rubén Sacchi
Gstaad es una pequeña ciudad del sudoeste de Suiza. Una estación invernal donde vacaciona gente de altos recursos económicos. En la novela, esa palabra sumada a la fecha 1996 es apenas la referencia detrás de una fotografía. También es la historia de un joven, en ese período de la vida en que deja la adolescencia y, más allá de su crianza, siente la necesidad de convertirse en adulto. En ese derrotero, su historia y sus raíces pasan a ser fundamentales, como cimientos que sostengan la construcción de su identidad.
La única persona a la que puede acudir es a su madre, pero ella está demasiado ocupada de su propia vida para poder ocuparse de la de su hijo. Sin embargo, la necesidad de encontrarse con su pasado lo hará acudir a otros ámbitos, donde innumerables personajes matizarán este relato que, si bien se plantea en un estrato social que condiciona parámetros y posibilidades, es común al que atraviesan los jóvenes enfrentando sus miedos e inseguridades.
“Al tener todo, te falta la falta (...) te falta el deseo”, dice un artesano con dotes de filósofo, y esa realidad sintetiza el ambiente familiar en el que las necesidades, tanto materiales como afectivas, son atendidas con chequeras y tarjetas de crédito.
La novela es a la vez una muestra al desnudo de la alta burguesía, donde el trabajo no representa la preocupación cotidiana y donde muchas veces el día a día está marcado por el aburrimiento y el tedio que provoca esa sensación de quietud, carente de los sobresaltos que la vida conlleva y sólo puede ser alterado por el capricho.
El chico que relataba partidos de fútbol
El chico que relataba partidos de fútbol
Pablo Di Pietro
Ediciones Del Dragón, 2017
Novela, 128 pp.
por Rubén Sacchi
En casa hay una vieja radio de madera que era de mis padres. Cuando paso cerca y la miro, siento aún el eco de las palabras que salieron aquel día de su parlante: “Si quieren venir, que vengan, les presentaremos batalla”. La sentencia, más cercana a la bravuconada que a la gesta heroica, era proferida por el dictador Leopoldo Fortunato Galtieri y se refería al Reino Unido. Era el 10 de abril del 82, a poco más de una semana de ocupadas las Islas Malvinas.
La guerra de Malvinas es un tema recurrente, tanto en el cine como en la literatura contemporánea. Lo difícil no es abordar el tópico sino hacer una historia novedosa.
El fútbol, como todas las grandes pasiones populares, es utilizado por los estamentos del poder para manipular a las masas, pero su práctica no deja de encerrar un despliegue de destreza física y, en casos contados, cierta exuberancia artística. De ahí que su público incluya un gran número de intelectuales que saben leer la entrelínea de la noticia y pueden separar, como dice el vulgo, la paja del trigo.
Di Pietro desarrolla una historia tan entrañable como el personaje que la habita. Recorre la etapa que comenzó con el regreso de Perón y que forjó dos generaciones de revolucionarios, a los que sólo pudo frenar un plan de exterminio. En ese trayecto, se detiene en hitos cotidianos: el egoísmo; el despertar del deseo; la religión y “su reparto habitual de miedos” o el servicio militar obligatorio en que recuerda a “un sargento (...) Te cagaba a palos, pero qué tipazo, che”. Todas esa vivencias son atravesadas por el fútbol, ya sea con el ardor del hincha, la efusividad del relator o la expectativa del jugador, que ve en ese deporte su modo de vida.
Un buen libro para estos tiempos en que un submarino puede desaparecer sin dejar rastros, cerca del archipiélago austral y que en nuestro puerto amarran buques ingleses custodiados por nuestra propia tropa. Hoy, hablar de Malvinas resulta una tarea indispensable.
Pablo Di Pietro
Ediciones Del Dragón, 2017
Novela, 128 pp.
por Rubén Sacchi
En casa hay una vieja radio de madera que era de mis padres. Cuando paso cerca y la miro, siento aún el eco de las palabras que salieron aquel día de su parlante: “Si quieren venir, que vengan, les presentaremos batalla”. La sentencia, más cercana a la bravuconada que a la gesta heroica, era proferida por el dictador Leopoldo Fortunato Galtieri y se refería al Reino Unido. Era el 10 de abril del 82, a poco más de una semana de ocupadas las Islas Malvinas.
La guerra de Malvinas es un tema recurrente, tanto en el cine como en la literatura contemporánea. Lo difícil no es abordar el tópico sino hacer una historia novedosa.
El fútbol, como todas las grandes pasiones populares, es utilizado por los estamentos del poder para manipular a las masas, pero su práctica no deja de encerrar un despliegue de destreza física y, en casos contados, cierta exuberancia artística. De ahí que su público incluya un gran número de intelectuales que saben leer la entrelínea de la noticia y pueden separar, como dice el vulgo, la paja del trigo.
Di Pietro desarrolla una historia tan entrañable como el personaje que la habita. Recorre la etapa que comenzó con el regreso de Perón y que forjó dos generaciones de revolucionarios, a los que sólo pudo frenar un plan de exterminio. En ese trayecto, se detiene en hitos cotidianos: el egoísmo; el despertar del deseo; la religión y “su reparto habitual de miedos” o el servicio militar obligatorio en que recuerda a “un sargento (...) Te cagaba a palos, pero qué tipazo, che”. Todas esa vivencias son atravesadas por el fútbol, ya sea con el ardor del hincha, la efusividad del relator o la expectativa del jugador, que ve en ese deporte su modo de vida.
Un buen libro para estos tiempos en que un submarino puede desaparecer sin dejar rastros, cerca del archipiélago austral y que en nuestro puerto amarran buques ingleses custodiados por nuestra propia tropa. Hoy, hablar de Malvinas resulta una tarea indispensable.
El agua ardiente
El agua ardiente
Eduardo Silveyra
Expreso Nova Ediciones, 2018
Novela, 64 pp.
por Rubén Sacchi
En 1974, Invisible, la banda liderada por Luis Alberto Spinetta, editaba su primer L.P. Tanto era el cuidado que el Flaco ponía en los trabajos, que el vinilo tenía adosado a su funda interior un disco pequeño, de los llamados simples. El adujo que la obra era más extensa que lo que cabía en ese formato, pero que le resultaba indivisible, por eso el apéndice. Pareciera ser el caso de El agua ardiente, casi un capítulo faltante -para ser más actual un bonus track- de El baile de la yegua, editado en 2017. La analogía no es caprichosa, porque estamos frente a un libro de rock & roll y cultura canabística.
Entre uno y otro trabajo no hay solución de continuidad. Uno sucede al otro sin saltos de escenario, de situación ni de personajes. El lenguaje se mantiene desenfadado en el afán de desacartonar mitos y el mármol de la historia se mezcla con las inalienables libertades individuales: libre consumo de narcóticos y diversidad de tendencias amatorias.
Un personaje turbio, El Editor, refleja la dura realidad del escritor, pero al final es burlado, dejando la firme idea de que las riquezas de cualquier orden pertenecen a quienes las producen.
Las escenas rayan el surrealismo y reina la fantasía. Silveyra sostiene la teoría de que, en la costa ribereña de La Boca y dentro del peronismo, todo es posible. Allí el dolor y la muerte, como atada su suerte a una veleta, pueden viran según los vientos del ánimo y la esperanza. Hay un velorio, pero sucede la fiesta.
Eduardo Silveyra
Expreso Nova Ediciones, 2018
Novela, 64 pp.
por Rubén Sacchi
En 1974, Invisible, la banda liderada por Luis Alberto Spinetta, editaba su primer L.P. Tanto era el cuidado que el Flaco ponía en los trabajos, que el vinilo tenía adosado a su funda interior un disco pequeño, de los llamados simples. El adujo que la obra era más extensa que lo que cabía en ese formato, pero que le resultaba indivisible, por eso el apéndice. Pareciera ser el caso de El agua ardiente, casi un capítulo faltante -para ser más actual un bonus track- de El baile de la yegua, editado en 2017. La analogía no es caprichosa, porque estamos frente a un libro de rock & roll y cultura canabística.
Entre uno y otro trabajo no hay solución de continuidad. Uno sucede al otro sin saltos de escenario, de situación ni de personajes. El lenguaje se mantiene desenfadado en el afán de desacartonar mitos y el mármol de la historia se mezcla con las inalienables libertades individuales: libre consumo de narcóticos y diversidad de tendencias amatorias.
Un personaje turbio, El Editor, refleja la dura realidad del escritor, pero al final es burlado, dejando la firme idea de que las riquezas de cualquier orden pertenecen a quienes las producen.
Las escenas rayan el surrealismo y reina la fantasía. Silveyra sostiene la teoría de que, en la costa ribereña de La Boca y dentro del peronismo, todo es posible. Allí el dolor y la muerte, como atada su suerte a una veleta, pueden viran según los vientos del ánimo y la esperanza. Hay un velorio, pero sucede la fiesta.
Prisionera
Prisionera
Gabriela Alfie
Editorial Vinciguerra, 2017
Novela, 328 pp.
por Rubén Sacchi
No siempre un final abierto resuelve la historia. En ésta,
valga la oposición, cierra adecuadamente y permite al lector elaborar el resto
del devenir de Laila, que ya no es Emilia, un remanente de cuestiones no
menores, pero que dejan a la autora centrarse en su principal objetivo: el
terrorismo de Estado y, dentro de ese infierno, en la apropiación de niños por
parte de los ejecutores de ese plan macabro.
Bajo esa pauta, el libro trata de la identidad. No sólo la
que hace a la pertenencia familiar, sino también a la que nos une a una nación
ancestral. Ese conocimiento del yo, indispensable para desarrollarnos como
individuos, “...como si nunca antes hubiera percibido todo ese cuerpo y, ahora,
lo reconocía en forma desenfrenada”.
Inevitablemente, aborda la trilogía inseparable de Memoria,
Verdad y Justicia. Mientras la primera se va construyendo colectivamente, con
todo el dolor de un parto, la segunda se revela “como si la espesura de lo
inexplicable estuviese construyendo (...) una verdad agazapada durante toda una
vida”. En cuanto a la justicia, las circunstancias actúan previas a la
intervención humana que, sin embargo, es la única que puede saldar el balance
histórico.
Gabriela Alfie delinea un personaje sólido en su lucidez,
que arrastra las contradicciones propias de quien vivió engañado y moldea la
construcción de un imaginario que lo induce a la negación. Muy interesante para
tener en cuenta en estos tiempos en que el discurso hegemónico crea verdades
donde no las hay y oculta hábilmente la mentira. Algo así como lo que ocurría
en aquellos años oscuros.
El otro lado
El otro ladoAlfred Kubin
La Bestia Equilátera, 2017
Novela, 280 pp.
por Rubén Sacchi
Reza un viejo proverbio árabe: “Si en la tierra hay un cielo, es éste, es éste, es éste”. Desde los tiempos más remotos, el hombre buscó un lugar idílico donde transcurrir sus días pero ¿existe el paraíso en la Tierra? Como respuesta, otra máxima de la cultura popular nos recuerda que “el sueño hecho realidad nunca es igual a la realidad que se soñó”.
Tal vez el ser humano pueda vivir apartado de los adelantos tecnológicos. Diferentes grupos lo intentaron con mayor o menor suerte, pero todos tenían un objetivo unitario. El reino soñado propone una Babel cultural demasiado diversa para la convivencia, donde sus actores deben manejarse por parámetros aleatorios en medio de una economía precaria, casi de trueque y sin progreso alguno. Todo se repara o se surce, pero este ideal anticapitalista se encuentra sumido en una burocracia kafkiana y se edifica sobre oscuras fuerzas que amenazan su subsistencia.
El protagonista de El otro lado, se arriesga en esa búsqueda, en el convencimiento de que “la paz verdadera solo llega cuando ya no hay sendero para caminar”. En ese tránsito busca su edén pero, en el derrotero, terribles pérdidas lo acometerán en medio de un escenario que remeda la célebre obra de El Bosco, El jardín de las delicias.
Enmarcada en la novela utópica, la obra expone una visión filosófica acerca de la construcción de una sociedad que rompa con los patrones establecidos y se manifieste opuesta a los paradigmas consumistas. Sin embargo, su pronóstico no se muestra alentador. Quizás por ello, hacia el final, Kubin cita a Julius Bahnsen: “El ser humano es apenas una nada conciente de sí misma”.
Será que toda constructo debe hacerse a sabiendas de que hay otros mundos posibles pero que, necesariamente, están en éste.
Esa mueca siniestra de la suerte
Esa mueca siniestra de la suerte
Angela De Sensi
Umbrales Ediciones, 2017
Novela, 155 pp.
por Rubén Sacchi
Si “Dios no juega a los dados”, como gustaba decir el científico Albert Einstein, las matemáticas que rigen la Ley de Probabilidades demuestran que todo puede ocurrir, siempre y cuando los elementos participantes ocurran en coincidencia. En esa curva azarosa coinciden los protagonistas de Esa mueca siniestra de la suerte de manera inocente sin intuir que, tras esa partida, sus vidas cambiarán radicalmente.
La familia, el matrimonio como su base de sustentación y la fidelidad son los tópicos disparadores de la historia. El origen de la familia puede hallarse en un sistema patriarcal y una cultura represiva, para preservar e incrementar privilegios y patrimonios. La única manera de que una mujer pueda sortear esa barrera es logrando su independencia económica. No es el caso de Nina, una joven estudiante, de ideas liberales, pero que goza de una sólida posición junto a un exitoso abogado.
La autora escribe: “Hay que inyectarse cada día de fantasía para no morir de realidad”, y en ese espacio ideal todo parecerá funcionar de maravillas, hasta que aquella maldita ley esboce el gesto gardeliano que lo oscurezca todo.
La novela, bajo el formato de un policial, interpela acerca de lo que une a las parejas, la lealtad que refuerza ese vínculo y las consecuencias de sostenerlo más allá del amor y del deseo. Una frase de Frida Khalo expresa las secuelas que produce la ausencia de sinceridad y el consecuente engaño: “lo más triste de una traición es que nunca viene de un enemigo”.
Angela De Sensi
Umbrales Ediciones, 2017
Novela, 155 pp.
por Rubén Sacchi
Si “Dios no juega a los dados”, como gustaba decir el científico Albert Einstein, las matemáticas que rigen la Ley de Probabilidades demuestran que todo puede ocurrir, siempre y cuando los elementos participantes ocurran en coincidencia. En esa curva azarosa coinciden los protagonistas de Esa mueca siniestra de la suerte de manera inocente sin intuir que, tras esa partida, sus vidas cambiarán radicalmente.
La familia, el matrimonio como su base de sustentación y la fidelidad son los tópicos disparadores de la historia. El origen de la familia puede hallarse en un sistema patriarcal y una cultura represiva, para preservar e incrementar privilegios y patrimonios. La única manera de que una mujer pueda sortear esa barrera es logrando su independencia económica. No es el caso de Nina, una joven estudiante, de ideas liberales, pero que goza de una sólida posición junto a un exitoso abogado.
La autora escribe: “Hay que inyectarse cada día de fantasía para no morir de realidad”, y en ese espacio ideal todo parecerá funcionar de maravillas, hasta que aquella maldita ley esboce el gesto gardeliano que lo oscurezca todo.
La novela, bajo el formato de un policial, interpela acerca de lo que une a las parejas, la lealtad que refuerza ese vínculo y las consecuencias de sostenerlo más allá del amor y del deseo. Una frase de Frida Khalo expresa las secuelas que produce la ausencia de sinceridad y el consecuente engaño: “lo más triste de una traición es que nunca viene de un enemigo”.
Secreta
Secreta
Lucila Cornejo
Editorial Vinciguerra, 2017
Novela, 360 pp.
por Rubén Sacchi
La autora se mueve en el mismo ambiente que en su anterior novela, Descalza, de lo que puede deducirse que se siente cómoda en ese mar amniótico que es la clase acomodada donde los seres humanos sufren iguales disyuntivas existenciales, con la diferencia de que no todos disponen de tiempo y recursos para atenderlas.
Mercedes, la protagonista, es una mujer adulta pero joven, en la que se manifiestan rasgos de lo más desagradables: egoísmo, ambición y ansias de poder. Si define al país, adhiere a las palabras de su madre: “estamos así porque en el fondo nadie quiere trabajar”. Por lo demás, derrocha un aire discriminador a cada paso, evidenciando una estética que privilegia a los “lindos” que, obviamente, son rubios y un doble estándar en el que el jefe con la secretaria es un viejo verde, pero no así el polista con la pequeña adolescente.
Su ideal de vida se vino en picada desde que su marido la abandonó con la hermana de su mejor amiga y un par de bebés mellizos, sin que mediara música de tango. A partir de allí, y tras la pérdida de su empleo, encuentra asidero económico en un misterioso personaje, mezcla de galán y cafishio, que la maneja a tiempo completo a cambio de muy buena paga, empleo que no dejaría “ni siquiera por sus hijos”.
Bajo el lema “A los ricos, el deber de lo bello, si no, merecen morir”, desea el mundo como un lugar “más estético” sin aclarar desde qué parámetros, hasta que se da cuenta que ese escenario es de “cartón pintado”. Mediante ese clic y tras una serie de fuertes acontecimientos, hay un giro en su pensamiento que busca una alternativa a su vieja visión de “todo a fin de cuentas en esta vida es negociable”.
Lucila Cornejo
Editorial Vinciguerra, 2017
Novela, 360 pp.
por Rubén Sacchi
La autora se mueve en el mismo ambiente que en su anterior novela, Descalza, de lo que puede deducirse que se siente cómoda en ese mar amniótico que es la clase acomodada donde los seres humanos sufren iguales disyuntivas existenciales, con la diferencia de que no todos disponen de tiempo y recursos para atenderlas.
Mercedes, la protagonista, es una mujer adulta pero joven, en la que se manifiestan rasgos de lo más desagradables: egoísmo, ambición y ansias de poder. Si define al país, adhiere a las palabras de su madre: “estamos así porque en el fondo nadie quiere trabajar”. Por lo demás, derrocha un aire discriminador a cada paso, evidenciando una estética que privilegia a los “lindos” que, obviamente, son rubios y un doble estándar en el que el jefe con la secretaria es un viejo verde, pero no así el polista con la pequeña adolescente.
Su ideal de vida se vino en picada desde que su marido la abandonó con la hermana de su mejor amiga y un par de bebés mellizos, sin que mediara música de tango. A partir de allí, y tras la pérdida de su empleo, encuentra asidero económico en un misterioso personaje, mezcla de galán y cafishio, que la maneja a tiempo completo a cambio de muy buena paga, empleo que no dejaría “ni siquiera por sus hijos”.
Bajo el lema “A los ricos, el deber de lo bello, si no, merecen morir”, desea el mundo como un lugar “más estético” sin aclarar desde qué parámetros, hasta que se da cuenta que ese escenario es de “cartón pintado”. Mediante ese clic y tras una serie de fuertes acontecimientos, hay un giro en su pensamiento que busca una alternativa a su vieja visión de “todo a fin de cuentas en esta vida es negociable”.
Cuaderno del pirómano
Cuaderno del pirómano
Agustín Campos
De los Cuatro Vientos Editorial, 2017
Novela, 86 pp.
por Rubén Sacchi
Todo hecho artístico habla mucho de su creador, sea por similitud o por antonimia. Sin ser un diario íntimo ni un cuaderno de bitácora, Cuaderno del pirómano se me antoja semejante a lo que el autor escribe de Clint Eastwood por su película Los imperdonables: es un lugar donde poder dirimir sus problemas morales, bajo el manto protector de la ficción.
Pese a lo oscuro de la historia, es una novela fresca que transita por un tramo de la vida de Nicolás Costas, un joven que se busca a sí mismo en ese laberinto llamado juventud, plagado de minotauros y en la total ausencia de un hilo de Ariadna que lo guíe a la salida.
Si bien el nudo se presenta como un caso policial, la historia habla de otra cosa. Trata de la complejidad que atraviesa la juventud en una sociedad decadente, con pocas imágenes concretas y abundantes espejismos y de cómo la enfrenta alguien inquieto y cuestionador.
Entre infinidad de citas literarias y fílmicas con las que se acompaña el relato, todo va marchando hacia la paradoja. Los distintos actores se conjugan de manera tal que el final se precipita de acuerdo a un concepto vertido al inicio: “La información hoy siempre nos llega mediatizada, al punto de que a veces llego a creer que a lo mejor lo real ni siquiera existe”.
Agustín Campos
De los Cuatro Vientos Editorial, 2017
Novela, 86 pp.
por Rubén Sacchi
Todo hecho artístico habla mucho de su creador, sea por similitud o por antonimia. Sin ser un diario íntimo ni un cuaderno de bitácora, Cuaderno del pirómano se me antoja semejante a lo que el autor escribe de Clint Eastwood por su película Los imperdonables: es un lugar donde poder dirimir sus problemas morales, bajo el manto protector de la ficción.
Pese a lo oscuro de la historia, es una novela fresca que transita por un tramo de la vida de Nicolás Costas, un joven que se busca a sí mismo en ese laberinto llamado juventud, plagado de minotauros y en la total ausencia de un hilo de Ariadna que lo guíe a la salida.
Si bien el nudo se presenta como un caso policial, la historia habla de otra cosa. Trata de la complejidad que atraviesa la juventud en una sociedad decadente, con pocas imágenes concretas y abundantes espejismos y de cómo la enfrenta alguien inquieto y cuestionador.
Entre infinidad de citas literarias y fílmicas con las que se acompaña el relato, todo va marchando hacia la paradoja. Los distintos actores se conjugan de manera tal que el final se precipita de acuerdo a un concepto vertido al inicio: “La información hoy siempre nos llega mediatizada, al punto de que a veces llego a creer que a lo mejor lo real ni siquiera existe”.
El baile de la yegua
El baile de la yegua
Eduardo Silveyra
Expreso Nova Ediciones,
2017
Novela, 64 pp.
por Rubén Sacchi
“Yegua, puta y
montonera”, tales los apelativos con que se la denominó a la ex presidenta
Cristina Fernández, tratando de ofenderla. Claro, para el gorilaje son palabras
despectivas. Será que todas se vinculan a lo popular y eso es pecaminoso para
la clase dominante. Esa en donde las mujeres son finas de modales y nunca
putas, sino de conducta liberal en aspectos amorosos. Por el tercer mote, la
sola mención de la palabra les produce una urticaria insoportable.
Dejando de lado las posiciones favorables o no a su gestión,
es innegable que marcó un hito en la política nacional. Por ello, Silveyra la
toma en su sola dimensión de yegua, como objeto de deseo en el que dos
pulsiones se conjugan: la del sexo y la del poder.
La historia tiene sabor a barrio, a barrio de historia
peronista, y si trata de monstruos sagrados, sólo faltaba la aparición de El Pisto, el legendario Jorge Pistocchi,
fundador de una de las revistas de rock y cultura alternativa más importantes
de la Argentina, en plena dictadura militar: Expreso Imaginario.
El autor maneja un lenguaje certero y su impronta
lamborghiniana es de lo más adecuado para el clima cuasi grotesco que va in
crescendo, mientras se arma la fiesta con Cristina como invitada central. Por
si quedaran dudas, el guiño es más que evidente: “Tengan cuidado con el estanque de los camalotes, a ver si meten las
patas en la fuente”.
Los infaltables choripán y vino dan paso al final, trágico o
premonitorio, como si fuese una lógica nietzscheana del peronismo: después de
la fiesta hay un muerto pero, mientras se sustancia un animado velorio, ya se
habla de resurrección.
Sombra vana
Sombra vana
Jane Hervey
La Bestia Equilátera, 2017
Novela, 272 pp.
por Rubén Sacchi
“Ciertamente el hombre pasa como una sombra vana, y así en
vano se conturba: atesora y no sabe para quién congregará aquellas cosas”. Las
palabras del clérigo ante el féretro de Alfred Winthorpe expresan la idea que
da título al libro.
En una situación de lo más sencilla y cotidiana, como lo es
la muerte de un anciano, la autora despliega una inteligente trama de intereses
y actitudes que van marcando el ritmo del relato. La desaparición física del
jefe de la familia, un ex-militar que no era precisamente muy amado, no implica
su ausencia total, ya que su fantasma parece seguir allí y su voluntad se
agiganta en la firmeza de su testamento, mediante el que sigue manejando los
destinos del grupo.
Esa circunstancia deja aflorar una infinidad de conflictos
no resueltos, donde juegan los celos, las infidelidades y los desencuentros de
pareja. Todo en medio de un clima denso, en el que lo económico domina y las
diferencias de clase social se muestran evidentes.
El industrial y ensayista francés Auguste Detoeuf, dijo: “Un
buen entierro no se improvisa: es preciso consagrarle la vida entera”. Un
sarcasmo muy cierto, aunque en la novela todo se le dedica después. La historia
se precipita desde ese punto y se disponen los preparativos para la despedida
que durará cuatro días y en los que todo se desarrolla y revela.
Ante lo inapelable, hay una reflexión de la pérdida: “Su
rostro estaba lleno de dolor (...) no por lo que había perdido, sino por lo que
nunca había tenido la fuerza de buscar”; también la hay del desamparo: “Aquello
era el fin. El pasado estaba muerto y sellado en esa caja de madera. (...) los
viejos tiempos se alejaban para siempre”. La muerte del coronel representa magníficamente la transición de dos épocas, es un ícono de ruptura. Un parto, doloroso como todos, pero necesario para dar oportunidad a una vida nueva.
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