La mediocridad y sus dones
Mariano Díaz Barbosa
Ediciones Lacre, 2018
Novela, 246 pp.
por Rubén Sacchi
Como es común a toda su obra, Díaz Barbosa ahonda en las profundidades del alma humana y vuelve a teorizar sobre el hecho artístico. Tal como escribiera en su libro Diáspora, sólo “excavando entre el asco y la nada”, el artista logra hallar la iluminación, aunque ésta lo lleve al abismo.
La novela cuenta la historia de un pintor marginal, entrado en años, que asume su “locura por exceso de racionalidad”, su vínculo con la que devendría su musa inspiradora; el hallazgo de su verdad artística y su desbarranco.
En el medio, una cantidad de relaciones que van desde las humanas a las de mercado, referidas con un lenguaje particular que aborda lo descriptivo desde cierta transgresión del standard narrativo, por momentos recordando la prosa de Néstor Sánchez.
Hay un fino trabajo en el detallar qué ocurre en un lugar y en un instante determinados, con precisión de cirujano. Cada elemento y hasta las luces y las sombras cobran protagonismo. La historia es muy visual y sus descripciones cromáticas, propias de un artista plástico. Cada objeto conlleva una analogía figurativa, donde el marco de una puerta tiene “grietas como várices” y transcurren “los minutos cayendo como costras”, llevando a que la metáfora otorgue una carga extra de dramatismo.
La historia es una tragedia de amor, de muerte y de locura. Una dolencia que no termina de definirse, pero puede interpretarse como la enfermedad de la vida, que sólo admite una terapia de curación. El protagonista asume que la verdad del alma es la más grande de todas las mentiras y que “el infinito no puede ser completo. La perfección no puede detenerse. Si lo hace, está perdida”.
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Diáspora
Diáspora
Mariano Díaz Barbosa
Ediciones Ruinas Circulares, 2017
Poesía, 64 pp.
por Rubén Sacchi
El origen de la palabra diáspora puede remontarse a la dispersión del pueblo judío, sin embargo, aquella gente se sentía de alguna forma unida por la mirada de un Dios protector, que los aglutinaba más allá de las geografías. Díaz Barbosa enfrenta aquel sentimiento de extrañamiento sin ese atenuante, comienza increpando a Jesús: “alguna vez me hiciste creer/ que todo tenía un por qué// eso fue lo más cruel”, y arremete contra el Padre, “un dios que nos fue impuesto/ con violenta piedad” y que tuvo “la idea maldita/ de habernos creado”.
En los poemas se percibe una fatiga de vivir, desesperanza y un tremendo dolor. Por momentos recuerda al personaje de Una sombra ya pronto serás, de Osvaldo Soriano, diciendo: “usted es un hombre cansado de llevarse puesto”; el autor lo dice así: “algo llevaba sobre las espaldas/ y ese algo/ era más pesado que el mundo”.
Ese mundo que habita el poeta es un lugar hostil que lo atormenta desde la infancia, donde “a todas las cosas/ le crecieron dientes y garras” y cada ser humano es, de alguna manera, un exiliado que inevitablemente comprende, al llegar al otro lado, que “a todos nos han arrancado algo”.
Diáspora muestra el hueso de la poesía (“excavando entre el asco y la nada/ pude encontrar la liberación de lo poético”), porque, afirma, “no existe poesía/ cuando las palabras y los muertos/ no cuestan nada”.
Mariano Díaz Barbosa
Ediciones Ruinas Circulares, 2017
Poesía, 64 pp.
por Rubén Sacchi
El origen de la palabra diáspora puede remontarse a la dispersión del pueblo judío, sin embargo, aquella gente se sentía de alguna forma unida por la mirada de un Dios protector, que los aglutinaba más allá de las geografías. Díaz Barbosa enfrenta aquel sentimiento de extrañamiento sin ese atenuante, comienza increpando a Jesús: “alguna vez me hiciste creer/ que todo tenía un por qué// eso fue lo más cruel”, y arremete contra el Padre, “un dios que nos fue impuesto/ con violenta piedad” y que tuvo “la idea maldita/ de habernos creado”.
En los poemas se percibe una fatiga de vivir, desesperanza y un tremendo dolor. Por momentos recuerda al personaje de Una sombra ya pronto serás, de Osvaldo Soriano, diciendo: “usted es un hombre cansado de llevarse puesto”; el autor lo dice así: “algo llevaba sobre las espaldas/ y ese algo/ era más pesado que el mundo”.
Ese mundo que habita el poeta es un lugar hostil que lo atormenta desde la infancia, donde “a todas las cosas/ le crecieron dientes y garras” y cada ser humano es, de alguna manera, un exiliado que inevitablemente comprende, al llegar al otro lado, que “a todos nos han arrancado algo”.
Diáspora muestra el hueso de la poesía (“excavando entre el asco y la nada/ pude encontrar la liberación de lo poético”), porque, afirma, “no existe poesía/ cuando las palabras y los muertos/ no cuestan nada”.
La compañía de los hombres
La compañía de los hombres
Mariano Díaz Barbosa
textosintrusos, 2014
Relato, 200 pp.
por Rubén Sacchi
Si fusionamos fotografías y crónicas, inevitablemente recalamos en la idea de cine, y nada hay más cercano a la escritura de Díaz Barbosa que el séptimo arte. No sólo en la plasticidad de las imágenes, repletas de metafórica poesía, sino en la estructura misma del texto.
El lenguaje cinematográfico atraviesa el libro, pero algunos de los relatos de La compañía de los hombres son recortes que se inscribirían en un gran film, ocupando el lugar del clímax, pero respetando el esquema narrativo global. Allí, todo el argumento apenas sugerido justifica el punto de crisis que desarrollan los protagonistas.
Las temáticas son diversas. Desde un partido de fútbol menor, donde se juega más que un resultado o el maquinista que se topa con un suicida, pasando por la denuncia de la manipulación genética y las salvajes corridas de toros, hasta un paseo por la Cueva de las Manos, donde seres que existieron se cruzan con otros que no llegaron a hacerlo. El relato que nombra el libro se centra en la mirada y, a través de un conflicto psicológico, desnuda cuán complejas que pueden ser las relaciones humanas. Claro está, nada sería posible sin la compañía de los hombres.
Mariano Díaz Barbosa
textosintrusos, 2014
Relato, 200 pp.
por Rubén Sacchi
Si fusionamos fotografías y crónicas, inevitablemente recalamos en la idea de cine, y nada hay más cercano a la escritura de Díaz Barbosa que el séptimo arte. No sólo en la plasticidad de las imágenes, repletas de metafórica poesía, sino en la estructura misma del texto.
El lenguaje cinematográfico atraviesa el libro, pero algunos de los relatos de La compañía de los hombres son recortes que se inscribirían en un gran film, ocupando el lugar del clímax, pero respetando el esquema narrativo global. Allí, todo el argumento apenas sugerido justifica el punto de crisis que desarrollan los protagonistas.
Las temáticas son diversas. Desde un partido de fútbol menor, donde se juega más que un resultado o el maquinista que se topa con un suicida, pasando por la denuncia de la manipulación genética y las salvajes corridas de toros, hasta un paseo por la Cueva de las Manos, donde seres que existieron se cruzan con otros que no llegaron a hacerlo. El relato que nombra el libro se centra en la mirada y, a través de un conflicto psicológico, desnuda cuán complejas que pueden ser las relaciones humanas. Claro está, nada sería posible sin la compañía de los hombres.
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