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La ojera de las vanidades


La ojera de las vanidades
Norma Etcheverry
Ediciones Hespérides, 2009
Poesía, 64 pp.

por Rubén Sacchi

Desde el principio, el poemario de Norma Etcheverry se autodefine, se intuye al leer: “buscar se parece a nada/ pero buscar siempre es mejor/ que morir de sed”. Versos que definen un estilo inquisidor de su yo más profundo y ese aparente sinsentido, esa búsqueda perenne es, ni más ni menos, la utopía.
En un juego de palabras emparenta la hoguera con la ojera. En la pira ficcional de nuestros días, arden arrogancias que son nada si ni siquiera encontramos el sentido de la vida. La poeta lo busca, aunque sospeche que la empresa está condenada al fracaso; detiene los instantes para dejar avanzar el tiempo mas no el espacio, ese donde el ser querido aún estaba a su lado.
El poeta Sergio Rigazio, escribió: “Hoy, hay que partir de una lengua enferma, oxidada de recitar de memoria un alfabeto desarticulado y desprovisto de vida. Y por más que se le retuerce el pescuezo, por más que se le abre el vientre como a un pescado, ‘sucede casi siempre decir lo que no se siente’”. Eso, quizás, es lo que sintió la poeta, la vanidad de un lenguaje anquilosado que debe refundarse, para echar algo de luz sobre la existencia.

Diario de paso


Diario de paso
César Cantoni
Ediciones Hespérides, 2008
Poesía, 56 pp.
por Rubén Sacchi

Dejar constancia en un diario, como quien da testimonio de su vida y su entorno. Cotidianizar la poesía en el día a día como el ritmo del reloj que marca el tiempo de nuestra alma y, sin embargo, profundizar las imágenes que de ella surgen, nutrirlas de sentimientos y comprmiso, para luego socializarlas en el más amplio sentido de la palabra. Echarlas luego a volar y, de esa manera, universalizar la experiencia y agregar al logos nuestro singular punto de vista.
Esa es, en definitiva, la idea que transmite la lectura de Diario de paso, un interesante volumen de poesía que se devora de un tirón. El autor lo estructuró a manera de bitácora, encabezando cada poema con la fecha y titulándolo al pie.
Para los amantes del género es una alternativa recomendable, poesía de la que llamo "visual", explícita y profunda. Aquí va una muestra:
18.05.05
“Dichosos los no nacidos”,
decía mi abuela española,
que no había leído a Sófocles
-que dijo más o menos lo mismo
de un modo perdurable-
y que una vez abandonó su patria,
envuelta en el humo de los bombardeos,
para morir republicanamente en ésta,
triste y cansada de la vida,
con la fe intacta en la nada.
(Decía mi abuela española)