La razón blindada
de Arístides Vargas
Teatro Andamio'90
Paraná 660, CABA
Sábados 22:30 hs.
por Rubén Sacchi
La escena puede ubicarse en un manicomio o una prisión. No importa el lugar, lo importante es la condición de encierro, esa que le quita al hombre su bien más preciado después de la vida: la libertad.
Un prisionero común puede aceptar esa realidad, pero para un alma inquieta la fuga es un objetivo primario, es lo que le permitirá reintegrarse a la lucha. Para ello, De la Mancha y Panza (personajes dentro de los personajes) trazan un plan: proyectan un túnel que construirán domingo a domingo. Claro que, ante la imposibilidad de uno concreto, harán uno intangible, palada a palada de la imaginación.
¿En qué consiste el túnel? En la recreación de un mundo imaginario donde sumergirse y así superar la dura realidad que les toca vivir. Para ello, eligen la historia del Quijote de la Mancha y se valen de una utilería tan pobre, que solo la voluntad de superar su tragedia los lleva a obviarla.
Bajo estricta vigilancia, los transgresores llevan adelante su plan poniendo en tela de juicio más de una verdad revelada. El tiempo y el espacio son dos variables modificables a su antojo y el lúdico manejo de la irrealidad los protege: "lo que no sucedió no puede morir, lo que no existe no puede morir… ¿Será por eso que Dios aguanta tanto?".
Con poca escenografía y una iluminación sin estridencias, los actores filosofan lo profundo de la vida. Se preguntan, a la vez que interpelan a la sociedad: "¿Qué mal hemos hecho aparte de ser buenas personas?" ó"¿Quién está dentro y quién está fuera? (...) si las rejas se abren quién sale y quién entra, si estás fuera estás preso de la ignorancia, si estás dentro estás preso de la injusticia".
Confieso que vi la obra ignorando la temática y dedicatoria final, pero el haber regresado el viernes último de la ciudad de Trelew, donde se recordaron los 40 años del fusilamiento de presos políticos en la base Almirante Zar fue un factor determinante para comprender que, detrás del arte, también hay un tremendo compromiso del autor. Esa circunstancia hace que frases como "¿Cuánta llanura cabe en la palabra llanura?" dejen de ser mera especulación filosófica y se asimile automáticamente a la meseta patagónica que los evadidos de la cárcel de Rawson debieron recorrer hasta el aeropuerto que los llevaría ¿fuera?.
La excelente puesta y la calidad actoral de Begino y Monzo engalana tamaña pieza teatral y la empatía que transmiten logra la complicidad del público, que participa solidariamente de esa fuga y, así, se torna masiva. Porque la solidaridad es la base ideológica de esos condenados: "aquí no nos podemos sentir solos, aquí, si usted existe, yo existo, si usted desaparece, yo desaparezco… Si alguien no me dice: oiga, usted, no sea tan llorón, ¿cómo voy a saber que ese escándalo gutural que sale de mi garganta se llama llanto?".
En definitiva, la historia trata de los revolucionarios,que no son otros que aquellos que dan todo por los demás, sin precio ni tasaciones. Como adultos que mantienen la pureza del niño, porque "solo una inocencia radical puede hacernos creer que este mundo merece ser…".
Arístides Vargas ha dirigido importantes grupos y compañías latinoamericanas de teatro. Es fundador de uno de los grupos más prestigiosos de América Latina: Grupo Malayerba de Ecuador, que dirige en la actualidad. Entre otras, es autor de las siguientes obras: Jardín de Pulpos, Pluma, La edad de la ciruela, Donde el viento hace buñuelos y Nuestra señora de las nubes. La temática de su dramaturgia gira en torno a la memoria, el desarraigo y la marginalidad. La suya es una escritura poética no carente de humor pero también de cierta amargura y, pese a esta última, de la inocencia suficiente para creer que el mundo puede ser cambiado. Asimismo, su escritura tiene la crueldad de negarse esa esperanza y caer, por momentos, en la desesperación total.
Elenco:
Daniel Begino: De la Mancha
Roberto Monzo: Panza
Equipo:
Dirección: Florencia Suárez Bignoli
Asistente de Dirección: Gonzalo Ramos
Diseño de Iluminación: Esteban G. Lahuerta
Ilustración: Dalmiro Zantleifer Ojeda (www.dalmiro.com)
Arte: Cecilia Catalina Quesada
Música y videos: Grupo Malayerba
Diseño General de Puesta: Arístides Vargas - Grupo Malayerba
Producción: Tamara Arce y Martina Cuadrado
Produce: GMG Producciones
Prensa y comunicación: Marisol Cambre
Gotas de crítica común
Gotas de crítica comúnEmiliano Bustos
Libros de la Talita Dorada, 2011
Poesía, 104 pp.
por Rubén Sacchi
Julián Axat escribe: “La lectura de estos poemas confirma un recorrido intrincado con la idea de legado, vislumbra la puerta de acceso a un nosotros imantada a un sujeto político”, y no es para menos, si tenemos en cuenta que el autor es hijo del poeta Miguel Angel Bustos, escritor y militante desaparecido por la última dictadura militar.
El libro está atravesado por permanentes alusiones a situaciones o figuras de los años 60 y 70 contrastadas con el presente: “Grité, ahora hablo; calé hondo, ahora educo/ (...)/ Estoy viejo. (...)/ ...en la estampida un tropezón es caída” o, en referencia al Torino, industria nacional: “...ayer fiera,/ hoy fierita”.
Hay postales perfectas, está Ezeiza: “y nosotros, que olfateamos/ a los imberbes dentro y fuera del bosque,/ podemos, sin la derecha subiendo de los pelos/ a la izquierda, aterrizar” o la acogida de criminales nazis: “...desenrollamos/ ciertas alfombras cuando el Reich cayó/ (...)/ Llegan los apóstoles y besan el suelo;/ como en un juego diabólico,/ nadie mira/ Los equipajes pasan”.
Y en la ausencia del padre: “no somos un equipo./ Vos no estás”, tiene fe en concluir su lucha: “Algo trunco inconcluso./ Una mochila un puño cerrado bastarán”.
Pasala Leonel, pasala
Pasala Leonel, pasalaGito Minore / Isidoro Reta
Fabricacuentos, 2012
Cuento, 16 pp.
Por Rubén Sacchi
Esta segunda entrega de Fabricacuentos, de la dupla Minore-Reta nos trae, como la anterior, una historia sencilla, totalmente cotidiana, pero que juega como herramienta para la transmisión de un mensaje intrínseco.
La historia trata de un equipo de fútbol de barrio, conformado por niños que juegan en una de esas rara avis que en otras épocas abundaban y se conocían como terrenos baldíos. El potrero en cuestión, uno de esos predios que se salvaron del boom inmobiliario por hallarse debajo de una autopista, está administrado por un tal Aldo que, además de permitirles jugar a los niños, oficia de árbitro.
En este escenario, la figura de Leonel, un crack tan habilidoso como individualista, malogra las espectativas de todo el conjunto frente al equipo rival, lo que da pie a plantearse que el verdadero trabajo es el que se realiza en equipo.
Pasala, Leonel, pasala reafirma la idea de que “nadie se salva solo” y que la pertenencia a un grupo necesariamente nos hace proveedores y subsidiarios del mismo.
Como siempre, hermosamente ilustrado por el plástico Isidoro Reta.
Una perra
Una perra
Liria Evangelista
Paradiso Ediciones, 2012
Poesía, 48 pp.
por Rubén Sacchi
Liria Evangelista plantea un relato retrospectivo de su infancia en Parque Chas a través del sexo. Del sexo como la escritura. La compulsión de escribir como una puta busca sexo: “amo amo/ dame le dije/ putita empapelada y entintada/ te lo voy a contar todo”.
Muestra una infancia edípica: “y aunque tu verga poderosa quiera hacerse falo/ minga” y la masturbación como in crescendo: “me contemplo: quién era, quién soy, quién voy a ser/ desespero/ a la entrepierna llego acariciando/ reinado de mis polvos de mis estruendos mudos”. Tampoco es ajena al paso de los años: “un pelo blanco/ juera bicho quiero gritar y el espejo me devuelve/ mi sino de viejita”. Asume la instancia como un otoño, con guiños a Jorge Manrique y Rubén Darío.
Un repaso por los hombres que poseyó: “...tantos nombres olvidados/ hombres que me fuiste ¿un rostro? ¿más que muchos? fueron voces ecos apagados en la mueca del orgasmo” produce un balance negativo: “de algunos ni las sombras/ de otros nada/ ni el acaso” y en ese transitar la experiencia sexual: “lamí tragué escupí asqueada” los hombres “perforaron hendieron mutilaron” y dejaron una imagen de derrota: “...volví desnuda de percal/ yo también un tango trágico yo sonatina/ y becqueriana/ (...)/ monstruoso el gozo única la pena/ extraordinaria”.
La soledad se muestra en un juego de palabras: “soy sombra enfalecida/ (...)/ ahora soy mujer que vive de su espera/ enfaltecida” y el falo vuelve con su carga edípica: “él tiene eso: oscuridad canosa de entrepierna/ (...)/ este es el cuerpo del que nunca lameré los bordes/ (...)/ ni su flora ni su fauna nada de él/ pura vergüenza...”, en el duro momento de la pérdida del padre.
¿Por qué el sexo tan lejos del placer? quizás la experiencia que vio en la madre “me dice el tano bruto/ ¿de qué te quejás?/ las de mi pueblo parían en el campo/ (...)/ ese dolor es el que vale/ (...)/ ¿capisce?/ pobre de mi/ (...)/ sometida a los acentos de su voz/ a la repetición de sus orgasmos”, una experiencia de sumisión de una madre envejecida: “la vejez es su falta de luz”; “le imagino los pulmones el riñón/ lo que no se ve y el tiempo fue pudriendo”. Una anciana que se vuelve niña al momento de la muerte: “le entrego a la muerte este fetito/ duermasé le canto mi chiquita/ mamita duermasé”. Y la proyección del propio final: “cuando yo esté volviendo a la sombra perfecta que me hizo”; “quiero mi lengua natal la verdadera”.
Liria Evangelista
Paradiso Ediciones, 2012
Poesía, 48 pp.
por Rubén Sacchi
Liria Evangelista plantea un relato retrospectivo de su infancia en Parque Chas a través del sexo. Del sexo como la escritura. La compulsión de escribir como una puta busca sexo: “amo amo/ dame le dije/ putita empapelada y entintada/ te lo voy a contar todo”.
Muestra una infancia edípica: “y aunque tu verga poderosa quiera hacerse falo/ minga” y la masturbación como in crescendo: “me contemplo: quién era, quién soy, quién voy a ser/ desespero/ a la entrepierna llego acariciando/ reinado de mis polvos de mis estruendos mudos”. Tampoco es ajena al paso de los años: “un pelo blanco/ juera bicho quiero gritar y el espejo me devuelve/ mi sino de viejita”. Asume la instancia como un otoño, con guiños a Jorge Manrique y Rubén Darío.
Un repaso por los hombres que poseyó: “...tantos nombres olvidados/ hombres que me fuiste ¿un rostro? ¿más que muchos? fueron voces ecos apagados en la mueca del orgasmo” produce un balance negativo: “de algunos ni las sombras/ de otros nada/ ni el acaso” y en ese transitar la experiencia sexual: “lamí tragué escupí asqueada” los hombres “perforaron hendieron mutilaron” y dejaron una imagen de derrota: “...volví desnuda de percal/ yo también un tango trágico yo sonatina/ y becqueriana/ (...)/ monstruoso el gozo única la pena/ extraordinaria”.
La soledad se muestra en un juego de palabras: “soy sombra enfalecida/ (...)/ ahora soy mujer que vive de su espera/ enfaltecida” y el falo vuelve con su carga edípica: “él tiene eso: oscuridad canosa de entrepierna/ (...)/ este es el cuerpo del que nunca lameré los bordes/ (...)/ ni su flora ni su fauna nada de él/ pura vergüenza...”, en el duro momento de la pérdida del padre.
¿Por qué el sexo tan lejos del placer? quizás la experiencia que vio en la madre “me dice el tano bruto/ ¿de qué te quejás?/ las de mi pueblo parían en el campo/ (...)/ ese dolor es el que vale/ (...)/ ¿capisce?/ pobre de mi/ (...)/ sometida a los acentos de su voz/ a la repetición de sus orgasmos”, una experiencia de sumisión de una madre envejecida: “la vejez es su falta de luz”; “le imagino los pulmones el riñón/ lo que no se ve y el tiempo fue pudriendo”. Una anciana que se vuelve niña al momento de la muerte: “le entrego a la muerte este fetito/ duermasé le canto mi chiquita/ mamita duermasé”. Y la proyección del propio final: “cuando yo esté volviendo a la sombra perfecta que me hizo”; “quiero mi lengua natal la verdadera”.
Todo es vida
Salomón Touson
Ventana Editorial, 2012
Ensayo, 200 pp.
por Rubén Sacchi
Haciendo honor al título, Salomón Touson plasma en estas páginas diversas historias que, puede adivinarse, lo contaron como protagonista. Habla de las vivencias desde sus primeros años en relatos que describen de manera sencilla diferentes momentos, sin aparente moraleja, pero deslizando una posición personal respecto a hechos de la cotidianidad.
Por momentos parece una suerte de diario, donde su autor refiere los acontecimientos que considera personalmente relevantes o le dejaron alguna impronta. En uno de ellos, El aspecto valioso, repite un párrafo de Milan Kundera: “Uno puede reprocharse tal acto, tal palabra pronunciada, pero no puede reprocharse un sentimiento, simplemente porque no tiene poder alguno sobre él”, a lo que agrega: “Nada ni nadie carece de un aspecto valioso”. Tal aseveración pareciera ser la línea directriz de la obra.
También hay un capítulo dedicado a otros autores, donde selecciona algunos párrafos de escritos que van de Jorge Luis Borges a Omar Kayam.
En síntesis, definido como Antología, reúne sus condiciones: un libro ecléctico, con pasajes interesantes.
Isidro Velázquez. Retrato de un rebelde
Isidro Velázquez
Retrato de un rebelde
Pedro Jorge Solans
M&D Editores, 2010
Ensayo, 160 pp.
por Rubén Sacchi
Siempre presentes en la memoria popular, se hicieron masivamente notorios en 2001, a través de la obra musical del cantautor León Gieco, Bandidos rurales.
Los hubo muy conocidos, como Juan Bautista Vairoletto; Segundo Peralta, conocido como “Mate Cosido” y Antonio Gil, el famoso “Gauchito”, pero hay otros personajes que, sin ser tan difundidos, dejaron huella en el territorio donde ejercieron influencia. Tal es el caso de Isidro Velázquez.
Sin una ideología definida como algunos de sus pares, pero con evidente inclinación de clase, despojaba a quienes más tenían y era generoso con los necesitados.
Tan autoritario como valiente, manifestaba prepotencia y arbitrariedad a la vez que se mostraba sensible, tal era la contradictoria personalidad de Velázquez.
Como en todos los de su estirpe, su vida acaba en tragedia y su memoria se continúa en leyendas que no hacen más que alimentar el mito de su santidad, trascendiendo, a veces, lo regional.
Una obra de interesante investigación histórica, que se abona con profuso material fotográfico y testimonial.
Retrato de un rebelde
Pedro Jorge Solans
M&D Editores, 2010
Ensayo, 160 pp.
por Rubén Sacchi
Siempre presentes en la memoria popular, se hicieron masivamente notorios en 2001, a través de la obra musical del cantautor León Gieco, Bandidos rurales.
Los hubo muy conocidos, como Juan Bautista Vairoletto; Segundo Peralta, conocido como “Mate Cosido” y Antonio Gil, el famoso “Gauchito”, pero hay otros personajes que, sin ser tan difundidos, dejaron huella en el territorio donde ejercieron influencia. Tal es el caso de Isidro Velázquez.
Sin una ideología definida como algunos de sus pares, pero con evidente inclinación de clase, despojaba a quienes más tenían y era generoso con los necesitados.
Tan autoritario como valiente, manifestaba prepotencia y arbitrariedad a la vez que se mostraba sensible, tal era la contradictoria personalidad de Velázquez.
Como en todos los de su estirpe, su vida acaba en tragedia y su memoria se continúa en leyendas que no hacen más que alimentar el mito de su santidad, trascendiendo, a veces, lo regional.
Una obra de interesante investigación histórica, que se abona con profuso material fotográfico y testimonial.
Las filosofías de la revolución
Las filosofías de la revoluciónSilvana Carozzi
Prometeo Libros, 2011
Ensayo, 386 pp.
por Rubén Sacchi
Hablar de la Revolución de Mayo, a poco tiempo de haber celebrado su bicentenario, es un lugar felizmente recurrente. La bibliografía reciente se ocupó del tema en abundancia, así como la cinematografía. Se recrearon las vidas de algunos de aquellos próceres a quienes debemos la Patria y se ha generado más de un debate desde las diferentes tendencias de interpretación de la historia: liberal, revisionista o materialista.
Pero más allá de las palabras entendidas, el aficionado a la historia que busca a su través comprender, o acercarse al menos, la entelequia que nos llevó a la situación actual, necesita bucear en las fuentes originales, y nada mejor para ello que las páginas de las publicaciones pioneras de aquella gesta, como La gaceta, El correo de comercio, Mártir o libre, El grito del sud y La gaceta ministerial, donde se puede analizar, en las propias palabras de sus actores, las ideas reinantes por entonces, sus orígenes y los movimientos internacionales que influyeron en aquellos sucesos.
Silvana Carozzi acerca las figuras de Belgrano, Moreno o Monteagudo despojadas del bronce y en todas sus jovenes contradicciones.
Infidelidad
Infidelidad
Susana Aguad
Paradiso Ediciones, 2012
Relato, 136 pp.
por Rubén Sacchi
Cuando la palabra infidelidad resuena en nuestros oídos, llega a nuestro cerebro en su acepción más universalizada: la que ocupa las relaciones de pareja.
Sin embargo, esa imagen casi excluyente del imaginario popular, deja fuera otras tantas variables posibles, algunas de ellas quizás mucho más crueles que la anterior.
Es que las relaciones que incluyen a los humanos nunca son lineales. Suelen tener muchos recodos en su recorrido, detrás de los cuales puede encontrarse la traición en sus múltiples formas: a la pareja, al amigo, al compañero o a uno mismo.
De algunas de ellas se ocupa Susana Aguad en esta serie de relatos, algunos con final abierto a múltiples resoluciones, en un estilo narrativo que en nada se aproxima a su última novela Lejana y oscura.
Diversos también son los sitios que sirven de escenario a la autora, quizás una manera de hipotetizar que la infidelidad no respeta confín alguno. Tal vez pueda asimilarse a la frase de Ricardo en el relato Retrato de muchacha: “La cuestión reside en el cómo, cómo lograr hacerlo lo mejor posible”.
Susana Aguad
Paradiso Ediciones, 2012
Relato, 136 pp.
por Rubén Sacchi
Cuando la palabra infidelidad resuena en nuestros oídos, llega a nuestro cerebro en su acepción más universalizada: la que ocupa las relaciones de pareja.
Sin embargo, esa imagen casi excluyente del imaginario popular, deja fuera otras tantas variables posibles, algunas de ellas quizás mucho más crueles que la anterior.
Es que las relaciones que incluyen a los humanos nunca son lineales. Suelen tener muchos recodos en su recorrido, detrás de los cuales puede encontrarse la traición en sus múltiples formas: a la pareja, al amigo, al compañero o a uno mismo.
De algunas de ellas se ocupa Susana Aguad en esta serie de relatos, algunos con final abierto a múltiples resoluciones, en un estilo narrativo que en nada se aproxima a su última novela Lejana y oscura.
Diversos también son los sitios que sirven de escenario a la autora, quizás una manera de hipotetizar que la infidelidad no respeta confín alguno. Tal vez pueda asimilarse a la frase de Ricardo en el relato Retrato de muchacha: “La cuestión reside en el cómo, cómo lograr hacerlo lo mejor posible”.
Los invertidos y otras obras
Los invertidos y otras obras
José González Castillo
Ediciónes Razón y Revolución, 2011
Teatro, 284 pp.
por Rubén Sacchi
Recorriendo el barrio de Boedo uno puede tropezarse con decenas de íconos que nos recuerdan a personajes fundamentales de nuestra cultura. La más conocida es la esquina de San Juan y Boedo, donde se emplaza un bar fundado en 1927, hoy bautizado Homero Manzi. En diagonal a esa esquina, el paseante encontrará a otro homenajeado: José González Castillo y quizás se interrogue acerca de esta figura.
Quienes gustamos del teatro y admiramos las obras comprometidas con su tiempo, conocemos muy bien a este anarquista rosarino que, en su corta vida (1885-1937), produjo una buena cantidad de obras teatrales y guiones de cine.
Si bien lograron, en su tiempo, una importante audiencia, quizás la que más trascendió hasta nuestros días fue Los invertidos. En ella, González Castillo aborda un tema difícil, aún en nuestros días: la homosexualidad, pero la enfoca desde la hipocresía y el prejuicio social. La obra, representada en el Teatro Nacional, fue prohibida por el Intendente Anchorena y tildada de inmoral. El autor, defendiendo el derecho de exhibición -al mejor estilo que Raúl Barón Biza lo hizo con su libro El derecho de matar- argumenta por el absurdo, teniendo en cuenta su ideología libertaria. Aludiendo al número creciente de homosexuales censados diría: “...entraña una amenaza gravísima y un peligro constante para la salud moral y física de nuestra sociedad”, para agregar: “Evitar el peligro, combatiendo el nefasto y repugnante vicio (...) es hacer obra buena y moralizadora (...) Eso es lo que se ha pretendido hacer (...) en los límites reducidos de la obra...”.
Acompañan el volumen, El mayor prejuicio, El hijo de Agar y La mujer de Ulises, tres piezas que, aunque menos difundidas, se ocupan de temas que hacen también a las actitudes de una sociedad de falsas apariencias, que tanto puede mantener una vida disipada que no se sostiene en llo económico o arrojar a la ignominia a un pobre niño, nacido de una relación extra matrimonial.
Los personajes son recurrentes: hay militares, doctores, curas y abogados, todos representando un poder y una moral: los de la burguesía. Las historias pueden, mediante pequeñas adaptaciones, leerse con sorprendente actualidad y, si bien han cambiado algunas cosas, en lo fundamental las relaciones de dominación se mantienen intactas.
José González Castillo
Ediciónes Razón y Revolución, 2011
Teatro, 284 pp.
por Rubén Sacchi
Recorriendo el barrio de Boedo uno puede tropezarse con decenas de íconos que nos recuerdan a personajes fundamentales de nuestra cultura. La más conocida es la esquina de San Juan y Boedo, donde se emplaza un bar fundado en 1927, hoy bautizado Homero Manzi. En diagonal a esa esquina, el paseante encontrará a otro homenajeado: José González Castillo y quizás se interrogue acerca de esta figura.
Quienes gustamos del teatro y admiramos las obras comprometidas con su tiempo, conocemos muy bien a este anarquista rosarino que, en su corta vida (1885-1937), produjo una buena cantidad de obras teatrales y guiones de cine.
Si bien lograron, en su tiempo, una importante audiencia, quizás la que más trascendió hasta nuestros días fue Los invertidos. En ella, González Castillo aborda un tema difícil, aún en nuestros días: la homosexualidad, pero la enfoca desde la hipocresía y el prejuicio social. La obra, representada en el Teatro Nacional, fue prohibida por el Intendente Anchorena y tildada de inmoral. El autor, defendiendo el derecho de exhibición -al mejor estilo que Raúl Barón Biza lo hizo con su libro El derecho de matar- argumenta por el absurdo, teniendo en cuenta su ideología libertaria. Aludiendo al número creciente de homosexuales censados diría: “...entraña una amenaza gravísima y un peligro constante para la salud moral y física de nuestra sociedad”, para agregar: “Evitar el peligro, combatiendo el nefasto y repugnante vicio (...) es hacer obra buena y moralizadora (...) Eso es lo que se ha pretendido hacer (...) en los límites reducidos de la obra...”.
Acompañan el volumen, El mayor prejuicio, El hijo de Agar y La mujer de Ulises, tres piezas que, aunque menos difundidas, se ocupan de temas que hacen también a las actitudes de una sociedad de falsas apariencias, que tanto puede mantener una vida disipada que no se sostiene en llo económico o arrojar a la ignominia a un pobre niño, nacido de una relación extra matrimonial.
Los personajes son recurrentes: hay militares, doctores, curas y abogados, todos representando un poder y una moral: los de la burguesía. Las historias pueden, mediante pequeñas adaptaciones, leerse con sorprendente actualidad y, si bien han cambiado algunas cosas, en lo fundamental las relaciones de dominación se mantienen intactas.
Historias sin tiempo
Historias sin tiempo
Martha Oya
Editorial Dunken, 2011
Cuento, 112 pp.
por Rubén Sacchi
Quien busque un libro de cuentos con historias sencillas, algo que no es sinónimo de vulgaridad, seguramente encontrará una buena opción en el volumen de Martha Oya, La historia perdida, que reúne catorce cuentos frescos y agradables, agrupados bajo una hermosa portada de la artista plástica Virginia Palomeque.
Y eso no es todo. Hay un plus nada despreciable hoy en día: los relatos están bien escritos, cuidados y se aprecia buen manejo del lenguaje.
No hay una línea conductora en estas páginas. Las temáticas son diversas, casi cotidianas y desarrollan situaciones del día a día. Algunas, con resoluciones que sorprenden dando una vuelta de rosca interesante a un final que parecía previsible y no lo era tanto; otras, quizás de finales anticipables, donde el esfuerzo de la escritora recayó en el desarrollo del texto.
Escribe César Melis en el prólogo: “Las palabras se entretejen y despliegan a nuestros pies una alfombra viviente, una vegetación que nos cubre del desamparo, que nos desnuda en un abrazo o en una caricia para testimoniar la condición humana”. Habrá que animarse y comenzar a transitarla.
Martha Oya
Editorial Dunken, 2011
Cuento, 112 pp.
por Rubén Sacchi
Quien busque un libro de cuentos con historias sencillas, algo que no es sinónimo de vulgaridad, seguramente encontrará una buena opción en el volumen de Martha Oya, La historia perdida, que reúne catorce cuentos frescos y agradables, agrupados bajo una hermosa portada de la artista plástica Virginia Palomeque.
Y eso no es todo. Hay un plus nada despreciable hoy en día: los relatos están bien escritos, cuidados y se aprecia buen manejo del lenguaje.
No hay una línea conductora en estas páginas. Las temáticas son diversas, casi cotidianas y desarrollan situaciones del día a día. Algunas, con resoluciones que sorprenden dando una vuelta de rosca interesante a un final que parecía previsible y no lo era tanto; otras, quizás de finales anticipables, donde el esfuerzo de la escritora recayó en el desarrollo del texto.
Escribe César Melis en el prólogo: “Las palabras se entretejen y despliegan a nuestros pies una alfombra viviente, una vegetación que nos cubre del desamparo, que nos desnuda en un abrazo o en una caricia para testimoniar la condición humana”. Habrá que animarse y comenzar a transitarla.
ranamadre
ranamadre
Nadina Tauhil
Viajera Editorial, 2011
Poesía, 112 pp.
por Rubén Sacchi
Sería sencillo decir que ranamadre es un libro acerca de la madre y la maternidad. No estaría equivocado, pero seguramente simplificaría la complejidad de la poética de Nadina Tauhil.
Los versos “Porque las madres somos/ así protectoras”, serían una prueba de ello, pero la maternidad conlleva otras cuestiones. No está ausente el mensaje edípico: “Las ranamadres no sólo pierden a sus hijos, también pierden la piel: quedan en carne viva”, “los que alguna vez fueron mis hijos (...) volvieron a mi útero”; además del cambio de rol y el consecuente temor al crecimiento: “ya no queda nada de mí en la bolsa/ me asfixiaba/ me fui” y el rechazo al diván: “no quiero que miren mis cicatrices/ que miren para atrás y lean/ todo eso/ que yo no quiero decir”.
El cantautor Moris decía: “estoy muy encerrado en mi prisión de carne y hueso”, quizás sea el sentimiento de una madre mientras toda su atención se centra en ese cuerpo, que es muchos cuerpos, cuando la sexualidad pasa a un segundo plano: “quiero ser muñeca/ de ojos azules/ y levantarme el vestido/ y tener las piernas cosidas// nada entra y nada sale”, sólo queda ese “temor agazapado/ en lo más hondo de mí”.
Nadina Tauhil
Viajera Editorial, 2011
Poesía, 112 pp.
por Rubén Sacchi
Sería sencillo decir que ranamadre es un libro acerca de la madre y la maternidad. No estaría equivocado, pero seguramente simplificaría la complejidad de la poética de Nadina Tauhil.
Los versos “Porque las madres somos/ así protectoras”, serían una prueba de ello, pero la maternidad conlleva otras cuestiones. No está ausente el mensaje edípico: “Las ranamadres no sólo pierden a sus hijos, también pierden la piel: quedan en carne viva”, “los que alguna vez fueron mis hijos (...) volvieron a mi útero”; además del cambio de rol y el consecuente temor al crecimiento: “ya no queda nada de mí en la bolsa/ me asfixiaba/ me fui” y el rechazo al diván: “no quiero que miren mis cicatrices/ que miren para atrás y lean/ todo eso/ que yo no quiero decir”.
El cantautor Moris decía: “estoy muy encerrado en mi prisión de carne y hueso”, quizás sea el sentimiento de una madre mientras toda su atención se centra en ese cuerpo, que es muchos cuerpos, cuando la sexualidad pasa a un segundo plano: “quiero ser muñeca/ de ojos azules/ y levantarme el vestido/ y tener las piernas cosidas// nada entra y nada sale”, sólo queda ese “temor agazapado/ en lo más hondo de mí”.
Letra marginal
Letra marginal
Leonardo Gastón Herrmann
Editorial Dunken, 2011
Novela, 88 pp.
por Rubén Sacchi
El título de la novela de Herrmann es el apropiado para la historia que relata, lo que debe plantearse es ¿de qué lado se ubica la marginalidad en sus actores?
Retomando la línea de la novela pionera en la materia, Villa Miseria también es América, de Bernardo Verbitsky desarrolla, al igual que aquella, la historia de un grupo de gente que sobrevive en condiciones por demás precarias, pero la novedad consiste en que la coyuntura que acompaña la problemática es sensiblemente diferente a la anterior.
La primera reflexión que provoca la novela no puede ser otra que: pasan los gobiernos y los problemas quedan. Y es así, se repiten hasta el cansancio y se les suman otros que hacen más difícil su resolución.
Los personajes fueron trabajados desde cierto estereotipo, recurso válido que utiliza el autor para evidenciar las gruesas diferencias del accionar de unos y otros; para dejar bien claro quiénes están de cada lado. Están el puntero traidor y el viejo militante de la izquierda revolucionaria, pero también una enormidad de seres comunes, con la sola experiencia de su vida, capaces de darla para defender su familia y su derecho a una vida digna.
En Letra marginal hay héroes y villanos, pero si bien este último es corporativo también aquel se muestra agrupado, cobrando valor el héroe colectivo sobre el individual.
La historia no puede llamarse original. Lamentablemente, estamos habituados a verla a diario en los noticieros televisivos, lo novedoso consiste en el punto de vista: el lector deja de ser el espectador cómodo en su sillón frente a la inocua pantalla. Aquí, el conflicto lo verá desde adentro.
Leonardo Gastón Herrmann
Editorial Dunken, 2011
Novela, 88 pp.
por Rubén Sacchi
El título de la novela de Herrmann es el apropiado para la historia que relata, lo que debe plantearse es ¿de qué lado se ubica la marginalidad en sus actores?
Retomando la línea de la novela pionera en la materia, Villa Miseria también es América, de Bernardo Verbitsky desarrolla, al igual que aquella, la historia de un grupo de gente que sobrevive en condiciones por demás precarias, pero la novedad consiste en que la coyuntura que acompaña la problemática es sensiblemente diferente a la anterior.
La primera reflexión que provoca la novela no puede ser otra que: pasan los gobiernos y los problemas quedan. Y es así, se repiten hasta el cansancio y se les suman otros que hacen más difícil su resolución.
Los personajes fueron trabajados desde cierto estereotipo, recurso válido que utiliza el autor para evidenciar las gruesas diferencias del accionar de unos y otros; para dejar bien claro quiénes están de cada lado. Están el puntero traidor y el viejo militante de la izquierda revolucionaria, pero también una enormidad de seres comunes, con la sola experiencia de su vida, capaces de darla para defender su familia y su derecho a una vida digna.
En Letra marginal hay héroes y villanos, pero si bien este último es corporativo también aquel se muestra agrupado, cobrando valor el héroe colectivo sobre el individual.
La historia no puede llamarse original. Lamentablemente, estamos habituados a verla a diario en los noticieros televisivos, lo novedoso consiste en el punto de vista: el lector deja de ser el espectador cómodo en su sillón frente a la inocua pantalla. Aquí, el conflicto lo verá desde adentro.
Habitar el estado
Habitar el estadoSebastián Abad y Mariana Cantarelli
Ediciones Hydra, 2010
Ensayo, 124 pp.
por Rubén Sacchi
El Estado es el paradigma moderno de la organización política y social. Su dimensión e injerencia expresa ideología. No hace demasiado, el Estado Argentino fue un gigante represor que, paradójicamente, difundía el slogan: “Hay que achicar el Estado para agrandar la Nación”.
Presente o ausente, la institución camina de la mano de la política, de modo que la degradación de una provocará necesariamente la del otro.
En los 90, la política que se delineó para el mundo occidental, conocida como neoliberalismo, trató de eliminar o disminuir al máximo la figura del Estado, prevaleciendo los intereses individuales de una minoría y adquiriendo caracter mercantilista. En ese proceso, tuvo un papel preponderante la propaganda que se multiplicó a través de los medios de comunicación afines a aquellas políticas o beneficiarios directos de ellas. Como consecuencia, la población tomó una posición ajena a los intereses colectivos, situación que, en la práctica, sólo puede conducir al abismo.
Este posicionamiento se denomina a-estatal y en el ensayo que nos ocupa, Abad y Cantarelli lo analizan en profundidad y pretenden “hacer visible cierta posibilidad de articular una ética en el seno de la construcción política estatal moderna”.
Haciendo un recorrido por nuestra historia reciente, atravesando la última dictadura, la crisis del 89 y el estallido de 2001, ahonda en los motivos que llevaron a que “el entusiasmo político acumulado” comenzara “a diluirse al ritmo de un cúmulo de acusaciones contra la ‘clase política’”, pero también de su reflejo “en la sociedad civil: falta de participación, demandas irrestrictas, silencios inadmisibles, (...), ausencia de organización”.
Un buen aporte para abordar estos tiempos, donde la humanidad debe comprender que su salvación es únicamente colectiva.
Hundan el Belgrano
Hundan el Belgrano
de Steven Berkoff
Portón de Sánchez
Sánchez de Bustamante 1034, CABA
Sábados, 23 hs.
Por Esteban Lozano
Hundan el Belgrano” dirigida por Claudia Marocchi, es una obra teatral que no deja títere con cabeza, ni de uno ni de otro bando, comenzando por Margaret Thatcher, a quien se le adjudica el nombre de Amargas Cachas. Los apelativos de los personajes son sólo parte de la pirotecnia que la obra lanza sobre el espectador, como si de un verdadero ataque misilístico se tratase, aunque lo que causa las explosiones aquí no es pólvora sino materia gris.
Steven Berkoff, autor del texto, es un actor y dramaturgo inglés de prolífica carrera cinematográfica y televisiva (entre otros lujos, trabajó a las órdenes de Stanley Kubrick en Naranja mecánica y Barry Lyndon) que aborda el, para muchos -sean del Atlántico Norte o del Atlántico Sur- espinoso “asunto Malvinas” con tal desenfado que uno, como espectador, se siente avasallado por la energía y la desmesura que emanan de su farsa, grotesco, parodia, caricatura: éstas y otras etiquetas caben a la hora de calificar ese despliegue verbal-gestual que tiene lugar en el escenario y al que también le cabría la definición de “maniobras histriónicas”, subgénero de un hipotético “arte dramático castrense”, si tal cosa existiese (en todo caso, Berkoff lo inventa con esta obra que en su país le valió, a apenas cuatro años de la guerra de Malvinas, amenazas y disgustos). Los parlamentos rimados aportan un plus al clima demencial de esta cantata profana, y sin conocer el texto original uno puede imaginarse el arduo trabajo que a Rafael Spregelburd —uno de nuestros más importantes actores-dramaturgos-directores— le insumió la traducción.
En un elenco homogéneo destaca, con ígneos estallidos, Monina Bonelli, que se “come la obra” en el papel de Amargas Cachas: una verdadera dínamo, comparable a aquel inolvidable James Cagney de Uno, dos, tres, la comedia de Billy Wilder. La nave de guerra que torpedea al Belgrano se compone de una soldadesca que por momentos parece emular al grupo Village People o, más cerca de nuestros días, a los marines de Su Majestad que realizaron el muy difundido videoclip con la canción de Mariah Carey All I want for christmas is you mientras volvían a casa a bordo de una de las naves de la flota británica.
A Berkoff no se le escapó nada a la hora de sentarse a escribir Hundan el Belgrano (Sink the Belgrano en el original inglés) e incluye, como una puntada más en el colorido y políticamente incorrecto tapiz de su obra, el comentario de que los soldados británicos van a la guerra como voluntarios (agreguemos “y bien pagos”, nada de lo cual puede decirse de nuestros soldados). Hundan el Belgrano cuenta, apelando al humor negro, a la poesía y a la música, la historia de dos naciones que buscan en el conflicto armado la resolución de sus respectivos problemas internos. Ojalá la historia no se repita, ni siquiera si el conflicto armado es reemplazado por las guerras verbales de la diplomacia y las amables invitaciones de “sentarse a dialogar”, tecito con scons y matecito con bizcochos de grasa mediante. Mientras tanto, los soldados británicos de Berkoff, lejos de los Juegos Olímpicos de Londres, entrenan en suelo argentino: más precisamente en El Portón de Sánchez
Elenco:
Monina Bonelli (Amargas Cachas)
Gastón Rodriguez (Alcahuete/Almirante)
Estanislao Milicich (Piojo/Comandante/Buchón)
Lucas Lagré (Coro)
Alejandro Cop (Presidente de la argentina /Patas)
Gonzalo Pastrana (Granjero 2/Marinero)
Gustavo De Filpo(Granjero 1/Marinero)
Carlos Cano (Marinero)
Luciano Ricio (Marinero/Razón)
de Steven Berkoff
Portón de Sánchez
Sánchez de Bustamante 1034, CABA
Sábados, 23 hs.
Por Esteban Lozano
Hundan el Belgrano” dirigida por Claudia Marocchi, es una obra teatral que no deja títere con cabeza, ni de uno ni de otro bando, comenzando por Margaret Thatcher, a quien se le adjudica el nombre de Amargas Cachas. Los apelativos de los personajes son sólo parte de la pirotecnia que la obra lanza sobre el espectador, como si de un verdadero ataque misilístico se tratase, aunque lo que causa las explosiones aquí no es pólvora sino materia gris.
Steven Berkoff, autor del texto, es un actor y dramaturgo inglés de prolífica carrera cinematográfica y televisiva (entre otros lujos, trabajó a las órdenes de Stanley Kubrick en Naranja mecánica y Barry Lyndon) que aborda el, para muchos -sean del Atlántico Norte o del Atlántico Sur- espinoso “asunto Malvinas” con tal desenfado que uno, como espectador, se siente avasallado por la energía y la desmesura que emanan de su farsa, grotesco, parodia, caricatura: éstas y otras etiquetas caben a la hora de calificar ese despliegue verbal-gestual que tiene lugar en el escenario y al que también le cabría la definición de “maniobras histriónicas”, subgénero de un hipotético “arte dramático castrense”, si tal cosa existiese (en todo caso, Berkoff lo inventa con esta obra que en su país le valió, a apenas cuatro años de la guerra de Malvinas, amenazas y disgustos). Los parlamentos rimados aportan un plus al clima demencial de esta cantata profana, y sin conocer el texto original uno puede imaginarse el arduo trabajo que a Rafael Spregelburd —uno de nuestros más importantes actores-dramaturgos-directores— le insumió la traducción.
En un elenco homogéneo destaca, con ígneos estallidos, Monina Bonelli, que se “come la obra” en el papel de Amargas Cachas: una verdadera dínamo, comparable a aquel inolvidable James Cagney de Uno, dos, tres, la comedia de Billy Wilder. La nave de guerra que torpedea al Belgrano se compone de una soldadesca que por momentos parece emular al grupo Village People o, más cerca de nuestros días, a los marines de Su Majestad que realizaron el muy difundido videoclip con la canción de Mariah Carey All I want for christmas is you mientras volvían a casa a bordo de una de las naves de la flota británica.
A Berkoff no se le escapó nada a la hora de sentarse a escribir Hundan el Belgrano (Sink the Belgrano en el original inglés) e incluye, como una puntada más en el colorido y políticamente incorrecto tapiz de su obra, el comentario de que los soldados británicos van a la guerra como voluntarios (agreguemos “y bien pagos”, nada de lo cual puede decirse de nuestros soldados). Hundan el Belgrano cuenta, apelando al humor negro, a la poesía y a la música, la historia de dos naciones que buscan en el conflicto armado la resolución de sus respectivos problemas internos. Ojalá la historia no se repita, ni siquiera si el conflicto armado es reemplazado por las guerras verbales de la diplomacia y las amables invitaciones de “sentarse a dialogar”, tecito con scons y matecito con bizcochos de grasa mediante. Mientras tanto, los soldados británicos de Berkoff, lejos de los Juegos Olímpicos de Londres, entrenan en suelo argentino: más precisamente en El Portón de Sánchez
Elenco:
Monina Bonelli (Amargas Cachas)Gastón Rodriguez (Alcahuete/Almirante)
Estanislao Milicich (Piojo/Comandante/Buchón)
Lucas Lagré (Coro)
Alejandro Cop (Presidente de la argentina /Patas)
Gonzalo Pastrana (Granjero 2/Marinero)
Gustavo De Filpo(Granjero 1/Marinero)
Carlos Cano (Marinero)
Luciano Ricio (Marinero/Razón)
Equipo:
Autor: Steven Berkoff
Traducción: Rafael Spregelburd
Musica original y en vivo: Pablo Vázquez
Coreografía: Eugenia Di Marco
Escenografía: A77. Gustavo Dieguez y Lucas Gilardi.
Vestuario: Pablo Graziano
Iluminación: Alejandro Le Roux
Peinados y pelucas: Alejandro Granado
Relato sonoro: Tián Brass
Puesta de sonido: Daniel Uhalde
Fotografía: Maruja Bustamante
Diseño gráfico y web: Walter Montes de Oca
Prensa y Comunicación: Octavia Comunicación
Dirección: Claudia Marocchi
más información: www.stevenberkoff.com
Autor: Steven Berkoff
Traducción: Rafael Spregelburd
Musica original y en vivo: Pablo Vázquez
Coreografía: Eugenia Di Marco
Escenografía: A77. Gustavo Dieguez y Lucas Gilardi.
Vestuario: Pablo Graziano
Iluminación: Alejandro Le Roux
Peinados y pelucas: Alejandro Granado
Relato sonoro: Tián Brass
Puesta de sonido: Daniel Uhalde
Fotografía: Maruja Bustamante
Diseño gráfico y web: Walter Montes de Oca
Prensa y Comunicación: Octavia Comunicación
Dirección: Claudia Marocchi
más información: www.stevenberkoff.com
¿Qué, cómo?
¿Qué, cómo?
de Martín Seijo
Teatro Regina/TSU
Avda. Santa Fe 1235, CABA
Lunes, 20:30 hs
por Rubén Sacchi
Un fantasma recorre Buenos Aires, es el fantasma de Errico Malatesta. Aunque lejos ya de la atmósfera decimonónica en que creara la Sociedad Cosmopolita de Resistencia y Colocación de Obreros Panaderos, su prédica en el gremio mantiene algunos acólitos que se divierten bautizando las facturas con alusiones políticas. Hoy ya no son los revolucionarios vigilantes, bombas, cañoncitos o bolas de fraile, la nueva creación incluye letras K, triangulitos PRO y bigotitos.
Pero no sólo son PRO los triangulitos. La mujer del panadero forma un isósceles perfecto, donde los lados más largos son ella y el ayudante, situación que pone en jaque las prácticas libertarias de los ácratas y, aunque el marido se reivindica nieto de Malatesta, lo asalta ese visceral sentido de la propiedad privada, cuando de nuestra mujer se trata. Como si eso no bastara, una inspección municipal acorrala la microempresa y pone en el tapete la ideología frente a la coima y los juegos de azar. También la fidelidad será puesta en duda.
¿Cómo se podrá resolver este intríngulis? De una manera moderna y frívola: a través del juego. Pero ¿será suficiente una compulsa azarosa para dirimir estas cuestiones? Quizás, aunque siempre hay otra vuelta de tuerca y se compruebe una vez más que el crimen no paga.
Una comedia fresca e incisiva, que trata con desprejuicio las posiciones ideológica se interpela al público en el sentido de cuán aferrados estamos a las ideas que enarbolamos. Con menciones de la historia reciente, los inteligentes comentarios provocan más de una carcajada, pero no vacía, sino cargada de reflexión hacia la política y hacia nosotros mismos.
Hermosas voces que incluyen una versión anarquista del Himno Nacional, acompañan esta pieza que, rompiendo esquemas acartonados, apela a una puesta multimediática que vale la pena ver.
Elenco:
Paula Banfi, Paolo Baseggio, Natalia Fernández Acquier, Ernesto Fontes, Daniel Miranda, Natalia Olabe y Guillermo Valdéz
Equipo:
Luces: Fernanda Balcells
Fotografía: Jorge Marino
Música: Alejandro Millán Pastori y Sebastián Pandolfelli
Prensa: Claudia Mac Auliffe
Dirección de video, realización y diseño: Paolo Baseggio
Actuación en video: María Abadi y Claudia Mac Auliffe
Producción: Natalia Fernández Acquier, Julieta Gibelli y Leandro Ibarra
Dramaturgia y dirección general: Martín Seijo
de Martín Seijo
Teatro Regina/TSU
Avda. Santa Fe 1235, CABA
Lunes, 20:30 hs
por Rubén Sacchi
Un fantasma recorre Buenos Aires, es el fantasma de Errico Malatesta. Aunque lejos ya de la atmósfera decimonónica en que creara la Sociedad Cosmopolita de Resistencia y Colocación de Obreros Panaderos, su prédica en el gremio mantiene algunos acólitos que se divierten bautizando las facturas con alusiones políticas. Hoy ya no son los revolucionarios vigilantes, bombas, cañoncitos o bolas de fraile, la nueva creación incluye letras K, triangulitos PRO y bigotitos.
Pero no sólo son PRO los triangulitos. La mujer del panadero forma un isósceles perfecto, donde los lados más largos son ella y el ayudante, situación que pone en jaque las prácticas libertarias de los ácratas y, aunque el marido se reivindica nieto de Malatesta, lo asalta ese visceral sentido de la propiedad privada, cuando de nuestra mujer se trata. Como si eso no bastara, una inspección municipal acorrala la microempresa y pone en el tapete la ideología frente a la coima y los juegos de azar. También la fidelidad será puesta en duda.
¿Cómo se podrá resolver este intríngulis? De una manera moderna y frívola: a través del juego. Pero ¿será suficiente una compulsa azarosa para dirimir estas cuestiones? Quizás, aunque siempre hay otra vuelta de tuerca y se compruebe una vez más que el crimen no paga.
Una comedia fresca e incisiva, que trata con desprejuicio las posiciones ideológica se interpela al público en el sentido de cuán aferrados estamos a las ideas que enarbolamos. Con menciones de la historia reciente, los inteligentes comentarios provocan más de una carcajada, pero no vacía, sino cargada de reflexión hacia la política y hacia nosotros mismos.
Hermosas voces que incluyen una versión anarquista del Himno Nacional, acompañan esta pieza que, rompiendo esquemas acartonados, apela a una puesta multimediática que vale la pena ver.
Elenco:
Paula Banfi, Paolo Baseggio, Natalia Fernández Acquier, Ernesto Fontes, Daniel Miranda, Natalia Olabe y Guillermo Valdéz
Equipo:
Luces: Fernanda Balcells
Fotografía: Jorge Marino
Música: Alejandro Millán Pastori y Sebastián Pandolfelli
Prensa: Claudia Mac Auliffe
Dirección de video, realización y diseño: Paolo Baseggio
Actuación en video: María Abadi y Claudia Mac Auliffe
Producción: Natalia Fernández Acquier, Julieta Gibelli y Leandro Ibarra
Dramaturgia y dirección general: Martín Seijo
Trece

Trece
Premio Alejandría 2011 de Cuento Breve
Autores varios
Grupo Alejandría, 2012
Cuento, 152 pp.
por Rubén Sacchi
Lejos de aquellas noches en Bartolomeo, asistimos a la consolidación del Grupo Alejandría con esta tercera antología, una iniciativa que aglutina a escritores y difusores culturales que, luego de varios años, forma con un equipo de cuatro: Clara Anich, Nicolás Hochman, Yair Magrino y Edgardo Scott.
En esta oportunidad, las trece piezas integrantes tienen una calidad notable. Difícil debió ser el trabajo del jurado -de lujo- integrado por Elsa Drucaroff, Luis Chitarroni y Gustavo Ferreyra.
Los textos poseen ritmo y clima; las historias son, en general, lo bastante originales como para hacer que un viejo lector de narrativa se acople a su lectura y arremeta de un tirón hasta llegar al índice.
Los relatos poseen un común denominador: la actualidad. Abordan temas contemporáneos o de la historia reciente, que aún tiene heridas sin restañar, y lo hacen de manera fresca, desprejuiciada y original, encarando tópicos como el incesto o la homosexualidad, pasando por la guerra de Malvinas y la última dictadura, sin caer en la mera denuncia, el panfleto fácil o el efectismo forzado. Los hechos pasan de la mano del tiempo, tan lento o tan veloz como la vida misma y los creadores así lo expresan, con la misma cadencia de los días.
La señorita Julia
La señorita Julia
de August Strindberg
Teatro La Tertulia
Gallo 826, C.A.B.A.
Domingos 21 hs.
por Rubén Sacchi
"... en la noche de San Juan,/ cómo comparten su pan,/ su mujer y su gabán,/ gentes de cien mil raleas.// Apurad/ que allí os espero si queréis venir/ pues cae la noche y ya se van/ nuestras miserias a dormir..." nos dice la canción Fiesta, de Joan Manuel Serrat, y pinta maravillosamente el marco donde se desarrollará la historia de La señorita Julia. Claro, la obra original no fue concebida en España, pero la celebración y temáticas resultan tan universales que la pieza no dejó de representarse desde su estreno en 1888.
El armazón de la historia es simple: una joven de la nobleza, bella y aburrida, que por las noches sueña con bajar hasta el fondo más abyecto de la condición social. Acostumbrada a realizar sus caprichos, aprovecha los festejos para mezclarse entre la plebe y seducir a un sirviente. Y he allí el primer escollo, que el hombre en cuestión experimenta sueños opuestos, el de elevarse en la escala y salir de ese agujero. Para ello, y pese a las apariencias, no tendrá escrúpulo alguno.

Un fresco interesante de la diferencia de clases, la hipocresía y la condición humana, que pone de manifiesto las miserias que uno y otro -seguramente desde intereses diametralmente opuestos, como lo son el divertimento y el instinto de supervivencia- oculta en su yo profundo y salen a la luz cuando el momento lo propicia, dejando entrever los traumas que carga la vida y cada quien acarrea como mejor puede. Es un relato, también, de lo aparente, donde nada es tal cual uno lo concibe y a esta muchacha, cual la Viridiana de Buñuel, no le irá demasiado bien saltando la tapia.
Buenas actuaciones del terceto, con un Augusto Britez sólido que maneja la voz y el espacio con solvencia y se pone a la altura que el personaje requiere. La escenografía y el vestuario fueron escogidos cuidadosamente y son acordes a la época. Luces y sonido tan sencillos como efectivos, acompañan sin estridencias la actuación, agregando los acentos justos y un punto que nos recuerda el final de la canción: "Se acabó,/ que el sol nos dice que llegó el final./ Por una noche se olvidó/ que cada uno es cada cual.// Vamos bajando la cuesta/ que arriba en mi calle/ se acabó la fiesta".
Elenco:
Juan: Augusto Britez
Señorita Julia: Laura Sardin
Cristina: Graciela Bonomi
Equipo:
Vestuario: Cristina Tabano
Estenografía y diseño de iluminación: Jorge Leiba
Maquillaje y peinado: Silvia Savaglia
Diseño gráfico: Dante Rodríguez
Fotografía: Ana Devanna y Mariana Varela
Prensa: Laura Castillo.
Música original: Marcelo Ferreyra
Asistente de dirección: Cristian M. Alvornos
Versión y Dirección General: Gabriel Molinelli
de August Strindberg
Teatro La Tertulia
Gallo 826, C.A.B.A.
Domingos 21 hs.
por Rubén Sacchi
"... en la noche de San Juan,/ cómo comparten su pan,/ su mujer y su gabán,/ gentes de cien mil raleas.// Apurad/ que allí os espero si queréis venir/ pues cae la noche y ya se van/ nuestras miserias a dormir..." nos dice la canción Fiesta, de Joan Manuel Serrat, y pinta maravillosamente el marco donde se desarrollará la historia de La señorita Julia. Claro, la obra original no fue concebida en España, pero la celebración y temáticas resultan tan universales que la pieza no dejó de representarse desde su estreno en 1888.
El armazón de la historia es simple: una joven de la nobleza, bella y aburrida, que por las noches sueña con bajar hasta el fondo más abyecto de la condición social. Acostumbrada a realizar sus caprichos, aprovecha los festejos para mezclarse entre la plebe y seducir a un sirviente. Y he allí el primer escollo, que el hombre en cuestión experimenta sueños opuestos, el de elevarse en la escala y salir de ese agujero. Para ello, y pese a las apariencias, no tendrá escrúpulo alguno.

Un fresco interesante de la diferencia de clases, la hipocresía y la condición humana, que pone de manifiesto las miserias que uno y otro -seguramente desde intereses diametralmente opuestos, como lo son el divertimento y el instinto de supervivencia- oculta en su yo profundo y salen a la luz cuando el momento lo propicia, dejando entrever los traumas que carga la vida y cada quien acarrea como mejor puede. Es un relato, también, de lo aparente, donde nada es tal cual uno lo concibe y a esta muchacha, cual la Viridiana de Buñuel, no le irá demasiado bien saltando la tapia.
Buenas actuaciones del terceto, con un Augusto Britez sólido que maneja la voz y el espacio con solvencia y se pone a la altura que el personaje requiere. La escenografía y el vestuario fueron escogidos cuidadosamente y son acordes a la época. Luces y sonido tan sencillos como efectivos, acompañan sin estridencias la actuación, agregando los acentos justos y un punto que nos recuerda el final de la canción: "Se acabó,/ que el sol nos dice que llegó el final./ Por una noche se olvidó/ que cada uno es cada cual.// Vamos bajando la cuesta/ que arriba en mi calle/ se acabó la fiesta".
Elenco:
Juan: Augusto Britez
Señorita Julia: Laura Sardin
Cristina: Graciela Bonomi
Equipo:
Vestuario: Cristina Tabano
Estenografía y diseño de iluminación: Jorge Leiba
Maquillaje y peinado: Silvia Savaglia
Diseño gráfico: Dante Rodríguez
Fotografía: Ana Devanna y Mariana Varela
Prensa: Laura Castillo.
Música original: Marcelo Ferreyra
Asistente de dirección: Cristian M. Alvornos
Versión y Dirección General: Gabriel Molinelli
cuerpoadentro

cuerpoadentro
Belara Michán
Viajera Editorial, 2011
Poesía, 112 pp.
por Rubén Sacchi
El libro es pura experimentación. Hay una exploración de la palabra como poderosa herramienta, donde su fluir roza, por momentos, los confines de la escritura automática. También procura un reconocimiento del ser, pero no circunscripto a sus contornos, sino que husmea en su interior. Cuerpoadentro, entonces, es un acercamiento a lo que somos: cuerpo y palabra (tan asimilada a eso que llaman alma) que bucea en sus más recónditos rincones: “meterme adentro hasta la médula”.
Hay un momento en que la vida se nos plantea en toda su dimensión y renegamos de “tanta ceguera de tanto haber vivido sin mirar”, es entonces cuando el cuerpo es uno y, a la vez, otro, cuando miramos hacia atrás con nostalgia, extrañando la irresponsabilidad de “bailar sin palabras/ hablar sin coreografía”, pero debemos “cruzar el umbral hasta lo más profundo del concepto” y nos acosa el miedo “de enrollarme en otro/ que no sea yo”.
Esa búsqueda arriba a la adultez, a “tener que ir preguntando mi nombre/ a cada herida y olvidarlo”, “desabrocharse hasta el infinito” y saber que “entonces/ el deseo ya no es deseo/ sino dejar de morirse/ por un rato en el cuerpo”.
Cómo nadar estilo mariposa

Cómo nadar estilo mariposa
Mariel Manrique
Paradiso Ediciones, 2011
Poesía, 80 pp.
por Rubén Sacchi
El estilo de natación llamado “mariposa” consiste en brazadas simétricas, donde el cuerpo se sumerge para luego, propulsado por los brazos que van hacia atrás y aprovechan la resistencia del agua, emerger por breves segundos, dando tiempo de respirar antes de volver a hundirse. Basada en esta técnica, Mariel Manrique propone una poética que, a intervalos, ahoga y oxigena. Es el método que encuentra para avanzar en este mar adverso que se llama vida y donde se encuentra “secuestrada/ por el reflejo invertido de una ciudad/ enferma”. Tomás Rodríguez Arias escribió “Debería haber muerto el día que comencé a quedar/ pegado en los hilos de la mente”, similar reflexión sobreviene a la autora, que confiesa “la cultura ya tiene mis libras de carne./ mi déficit de dicha. mi tributo a la comunidad”. En esa carga del conocimiento, enfrenta la autoridad como en un juego de ajedrez en el que el poder supremo todo lo controla: “el Rey no tiene párpados”, y el tiempo implacable se evidencia en “el mecanismo violento de los cronómetros”.
Como una droga apela al olvido, también al origen del ser primitivo, animal, instintivo. El poder se muestra como una bestia, el hombre se convierte en lobo del hombre y sólo la firme determinación de la propia soberanía, como “una bala de plata” llevada al cuello, puede ponernos a salvo, por ello, parafraseando al Principito, no pide el dibujo de un cordero, sino letras afiladas como cuchillos: “cada palabra definida es un puñal/ que con su abrazo aniquila las dudas”.
Ya la nadadora está a medio camino, ese sitio donde retroceder se torna inútil, y avanza (”los trenes obedecen el pulso de las arterias”) entre recuerdos de tiempos mejores, “el recuerdo de un cuerpo/ donde esa cicatriz no estaba/ (...)/ esa incisión implacable de los relojes”. El entorno es cada vez más hostil: “no hago pie en el mundo/ (...)/ las familias(...)/ tiran a la ruta los peros que sobran”. Sumergida en una sociedad egoísta asume que “no puedo sola” y en línea al mayo francés propone un cambio necesario: “lo viable nos ha consumido./ que lo incomprensible haga su tarea”, “viví para experimentar,/ (...)/ no atarás mis tobillos a la pena”.
Toda mudanza supone una ruptura. No hay mundos simultáneos, sino que uno nuevo se erige necesariamente sobra las ruinas del anterior, lo que implica enfrentar el dolor: “no llores porque se parte el alma”.
Nadar estilo mariposa representa la metáfora de la búsqueda: “la mariposa adora lo imprevisto.”, esa candidez la lleva hacia la luz y hacia la muerte. Sin embargo, se trata de sobrevivir, por eso “somos legiones../ (...)/ nuestros cuerpos escitos y marcados/ hacen (...)/ el mismo formidable movimiento/ para sacar la cabeza del agua”.
Crónicas de muertes dudosas

Crónicas de muertes dudosas
Bruno Di Benedetto
Ediciones En Danza, 2011
Poesía, 110 pp.
por Rubén Sacchi
Crónicas de muertes dudosas es una sucesión de relatos de vida en forma de poema. Sin embargo, la obra excede el género y la lírica es sólo una de las tantas estructuras posibles que el autor eligió para plasmarlas. Como sea, el hecho estético se logra maravillosamente.
¿Qué tienen en común las historias que acerca Bruno Di Benedetto? Ellas hablan de personajes que hacen a la Historia, pero la escriben de manera casi anónima, desde sus suburbios, con ese trazo demorado, perezoso de los días de la existencia. También desde la transgresión ya que, en algún momento, hay una pared que se salta. Otra cualidad común es la de estar atravesadas por la desgracia y la muerte.
Los escenarios en que se desarrollan van, desde la ribera bonaerense hasta las costas de la meseta patagónica y el Océano Atlántico es mudo testigo de ellas. El agua siempre presente, como un universo infinito.
¿Por qué las muertes de estos infelices son dudosas? Quizás porque dudosas son sus vidas y solo pueden derivar en esa suerte (pocos o nulos datos encontramos de su paso por este mundo). Tal vez porque sus historias son comunes a otras que se seguirán sucediendo hasta el fin de los días.
También podríamos encontrar una respuesta en las palabras de uno de los personajes del libro, Sir Thomas Doughty, quien dice: “No es cierto entonces/ que el alma es desalojada del cuerpo/ en el momento de morir./ No, el alma es pájaro asustadizo/ y lo abandona un tanto antes./ El cuerpo queda sólo con la apariencia de la vida,/ animado por sus humores y electricidades/ y, temo tener que decirlo,/ por miedo a la inmovilidad,/ su enemiga natural”.
Quince personajes desfilan por este trabajo delicadamente concebido, desde un relojero suizo que, enloquecido, vino con sus engranajes a Carmen de Patagones; un portugués asesino y avaro; una familia de Gales signada por la desgracia, hasta un hachero que escucha las campanas de la muerte. También los hay universales, que en la narración abarcan la suerte que sufrió todo un pueblo, como los esclavos africanos, nuestros originarios o los combatientes revolucionarios; ellos más un hipotético heredero de Jorge Luis Borges, único relato fechado en el futuro (agosto de 2036). Son ellos quince y una pluma que, con maestría, viene a contarnos cómo fue que vinieron por aquí a dejar sus huesos.
Granos de Uva en el Paladar
Granos de Uva en el Paladar
de Susana Hornos y Zaida Rico
Centro Cultural de la Cooperación, Sala González Tuñón
Av. Corrientes 1543, CABA
Jueves de febrero y marzo a las 21 hs.
por Rubén Sacchi
Granos de uva en el paladar es la representación de ochenta años en la historia contemporánea de España, atravesando el drama de la Guerra Civil y la dictadura franquista, pero con un aire de esperanza para las nuevas generaciones, en tiempos en que aún las instituciones están contaminadas de conservadurismo y los últimos días hemos asistido, con asombro, al desafuero del juez Baltasar Garzón, quien impulsaba las investigaciones de los crímenes de la Falange.
Una puesta absolutamente moderna y despojada asombra por su efectividad. En el escenario, sólo media docena de jóvenes actrices y sendos mantones serán lo absolutamente necesario para representar las diferentes historias y componer el vestuario apropiado para recrearlas. Seguramente, el espectador compartirá que eso es más que suficiente si de buen manejo del oficio se trata.

"Cuando yo me muera, tengo ya dispuesto en el testamento que me han de enterrar en una bodega, al pie de una cuba y con un grano de uva en el paladar” cantan los jóvenes al comienzo y la felicidad es una sola cosa gigante que ocupa corazón y mente de esos jóvenes que van abriendo sus ojos al amor. Claro que nada es tan idílico y la diferencia de clases se evidencia: "al labrador usted sabe que no le gustamos los señores, que como somos dueños de todo, somos distintos".
La historia, guionada por dos mujeres, tiene un inevitable punto de vista femenino y hace hincapié en su papel dentro de la República, ya que quizás fue la protagonista más evidente de los cambios que se producían en el seno de la sociedad y encontraba toda una vida fuera de los límites del hogar y la familia, ya sea estudiando, trabajando o incorporándose a las filas revolucionarias, claro que eso no era bien visto por las capas más altas ni por la Iglesia.
La pieza es conmovedora y quien haya apreciado lo desgarrador de la suprema obra de Pablo Picasso, el Guernica, podrá verlo representado en una escena de gran simbolismo y carga pictórica, para lo que también se echa mano a una iluminación sencilla pero tremendamente efectiva. La música original, a cargo de Gonzalo Morales, sustenta una pieza coreográfica notable.
La obra es la fusión de tres cuentos de Susana Hornos: Chusa, Adelina y La uva en el paladar y refleja hechos históricos de gran similitud con nuestro pasado reciente que conmueve y subleva. El elenco está integrado por actrices que, pese a su edad, reúnen un currículum nutrido y gran experiencia en las tablas.
Elenco:
Arantza Alonso: Miguel.
Lucía Andreotta: Chusa; Presa 1; Monja 1; Carmen.
Marta Cuenca: Paco; Pastora.
Clara Díaz: Paisana; Adelina; Milagros.
Sauce Ena: Doña Esperanza; Presa 2; Monja 2; Luis.
Ruth Palleja: Rosa; Presa 3; Monja 3; Felisa.
Equipo:
Dramaturgia y dirección: Susana Hornos y Zaida Rico
Iluminación: Mariano Arrigoni
Escenografía: Alejanro Mateo
Realización escenográfica: Cinthia Chomsky
Caracterización y vestuario: Néstor Burgos
Banda Sonora: Gonzalo Morales
Diseño de caracterización y vestuario: Néstor Burgos
Coreografía "Paco y Rosa": Antonio Luppi
Producción ejecutiva: Cooperativa "Granos de uva en el paladar"
Productor ejecutivo: Pablo Silva
Fotografía: Akira Patiño
Diseño gráfico: Sergio Calvo
Acerca de las directoras:
Susana Hornos
(La Rioja, España.1972)
Actriz, escritora y directora
Actriz licenciada en la Escuela de Arte Dramático de Zaragoza, complementa su formación con John Strasberg, Bernard Hiller, Assumpta Serna, Mariano Barroso, Helena Pimenta, Augusto Fernándes entre otros.
En España, comenzó en la compañía estable Teatro de La Estación, durante tres años trabajo en numerosos montajes de teatro clásico y contemporáneo. En Madrid trabaja bajo la dirección de R. Ballesteros y Cristina Marsillach y recorre el territorio español. En cine trabajó a las ordenes de Federico Luppi en la película Pasos, con guión de la propia actriz (revelación en el Festival de Toulouse ).
En Argentina en cine actuó en Verano Amargo, de J. C. Desanzo, La patria equivocada de C. Galletini, y La pasión de Verónica Videla de C.D.Pellegrini. En teatro en Buenos Aires estrenó en el 2010 La casa de Bernarda Alba, con dirección de Gonzalo de Otaola, y Don Juan, dirigido por Yoska Lázaro.
Dirigió a Mireia Gubianas y Zaida Rico en “Cómo si fuera esta noche” y recientemente “Ana y el Once de Marzo”, ambos dentro del ciclo Scriptum Est. Actualmente ensaya “La noche del Ángel” dirigida por Federico Luppi.
Zaida Rico
(Madrid, España.1983)
Actriz, dramaturga y directora.
Actriz licenciada en Arte Dramático por la Escuela Superior de Arte Dramático de Valencia. Complementa su formación actoral con Emiliano Bronzino del Piccolo Teatro di Milan; Arístides Vargas; Raúl Serrano; Assumpta Serna; Juri Krasovskij de la Academia de Arte Teatral de San Petersburgo; Jorge Sánchez y Ricardo Bartís.
Recibe la Beca de Casa de América de estudios de dramaturgia y dirección con Rodrigo García, Sergi Belbel, Fernando Rubio, Santiago García y Benjamin Galemiri. Además complementa su formación en dramaturgia con José Sanchis Sinisterra.
Diplomada en Ballet Clásico perfecciona diversas técnicas de danza contemporánea con Marta Carrasco, Butoh con Hisako Horikawa y entrenamiento corporal con Viviana Iasparra.
En España trabaja como actriz bajo la dirección de Cruz Hernández en “La traición en la amistad” y “La sangre de Antígona”; con Ximo Flores en “Parpadeos”; con Yoana López en “Container 26”; con Jorge Sánchez en “Mierdra! Ubu Rey”.
En Argentina trabaja como actriz en “De mí” dirigida por Juan Coulasso y Daniela Cuculiansky. Desde 201o forma parte de AEBA - Actores Españoles en Buenos Aires- y, además de ser parte del equipo de gestión y dirección, realiza diferentes trabajos como actriz: “La casa de Bernarda Alba” por Gonzalo de Otaola; “Don Juan Tenorio” por José Gamo; “Como si fuera esta noche” y “Ana el once de marzo” con Susana Hornos. Su último trabajo como actriz corre a cargo de Dora Milea en “Mujeres de ambas clases”.
Su primera obra como co-dramaturga y co-directora, junto a Susana Hornos, es “Granos de uva en el paladar”.
de Susana Hornos y Zaida Rico
Centro Cultural de la Cooperación, Sala González Tuñón
Av. Corrientes 1543, CABA
Jueves de febrero y marzo a las 21 hs.
por Rubén Sacchi
Granos de uva en el paladar es la representación de ochenta años en la historia contemporánea de España, atravesando el drama de la Guerra Civil y la dictadura franquista, pero con un aire de esperanza para las nuevas generaciones, en tiempos en que aún las instituciones están contaminadas de conservadurismo y los últimos días hemos asistido, con asombro, al desafuero del juez Baltasar Garzón, quien impulsaba las investigaciones de los crímenes de la Falange.
Una puesta absolutamente moderna y despojada asombra por su efectividad. En el escenario, sólo media docena de jóvenes actrices y sendos mantones serán lo absolutamente necesario para representar las diferentes historias y componer el vestuario apropiado para recrearlas. Seguramente, el espectador compartirá que eso es más que suficiente si de buen manejo del oficio se trata.

"Cuando yo me muera, tengo ya dispuesto en el testamento que me han de enterrar en una bodega, al pie de una cuba y con un grano de uva en el paladar” cantan los jóvenes al comienzo y la felicidad es una sola cosa gigante que ocupa corazón y mente de esos jóvenes que van abriendo sus ojos al amor. Claro que nada es tan idílico y la diferencia de clases se evidencia: "al labrador usted sabe que no le gustamos los señores, que como somos dueños de todo, somos distintos".
La historia, guionada por dos mujeres, tiene un inevitable punto de vista femenino y hace hincapié en su papel dentro de la República, ya que quizás fue la protagonista más evidente de los cambios que se producían en el seno de la sociedad y encontraba toda una vida fuera de los límites del hogar y la familia, ya sea estudiando, trabajando o incorporándose a las filas revolucionarias, claro que eso no era bien visto por las capas más altas ni por la Iglesia.
La pieza es conmovedora y quien haya apreciado lo desgarrador de la suprema obra de Pablo Picasso, el Guernica, podrá verlo representado en una escena de gran simbolismo y carga pictórica, para lo que también se echa mano a una iluminación sencilla pero tremendamente efectiva. La música original, a cargo de Gonzalo Morales, sustenta una pieza coreográfica notable.
La obra es la fusión de tres cuentos de Susana Hornos: Chusa, Adelina y La uva en el paladar y refleja hechos históricos de gran similitud con nuestro pasado reciente que conmueve y subleva. El elenco está integrado por actrices que, pese a su edad, reúnen un currículum nutrido y gran experiencia en las tablas.
Elenco:
Arantza Alonso: Miguel.
Lucía Andreotta: Chusa; Presa 1; Monja 1; Carmen.
Marta Cuenca: Paco; Pastora.
Clara Díaz: Paisana; Adelina; Milagros.

Sauce Ena: Doña Esperanza; Presa 2; Monja 2; Luis.
Ruth Palleja: Rosa; Presa 3; Monja 3; Felisa.
Equipo:
Dramaturgia y dirección: Susana Hornos y Zaida Rico
Iluminación: Mariano Arrigoni
Escenografía: Alejanro Mateo
Realización escenográfica: Cinthia Chomsky
Caracterización y vestuario: Néstor Burgos
Banda Sonora: Gonzalo Morales
Diseño de caracterización y vestuario: Néstor Burgos
Coreografía "Paco y Rosa": Antonio Luppi
Producción ejecutiva: Cooperativa "Granos de uva en el paladar"
Productor ejecutivo: Pablo Silva
Fotografía: Akira Patiño
Diseño gráfico: Sergio Calvo
Acerca de las directoras:
(La Rioja, España.1972)
Actriz, escritora y directora
Actriz licenciada en la Escuela de Arte Dramático de Zaragoza, complementa su formación con John Strasberg, Bernard Hiller, Assumpta Serna, Mariano Barroso, Helena Pimenta, Augusto Fernándes entre otros.
En España, comenzó en la compañía estable Teatro de La Estación, durante tres años trabajo en numerosos montajes de teatro clásico y contemporáneo. En Madrid trabaja bajo la dirección de R. Ballesteros y Cristina Marsillach y recorre el territorio español. En cine trabajó a las ordenes de Federico Luppi en la película Pasos, con guión de la propia actriz (revelación en el Festival de Toulouse ).
En Argentina en cine actuó en Verano Amargo, de J. C. Desanzo, La patria equivocada de C. Galletini, y La pasión de Verónica Videla de C.D.Pellegrini. En teatro en Buenos Aires estrenó en el 2010 La casa de Bernarda Alba, con dirección de Gonzalo de Otaola, y Don Juan, dirigido por Yoska Lázaro.
Dirigió a Mireia Gubianas y Zaida Rico en “Cómo si fuera esta noche” y recientemente “Ana y el Once de Marzo”, ambos dentro del ciclo Scriptum Est. Actualmente ensaya “La noche del Ángel” dirigida por Federico Luppi.
Zaida Rico
(Madrid, España.1983)
Actriz, dramaturga y directora.
Actriz licenciada en Arte Dramático por la Escuela Superior de Arte Dramático de Valencia. Complementa su formación actoral con Emiliano Bronzino del Piccolo Teatro di Milan; Arístides Vargas; Raúl Serrano; Assumpta Serna; Juri Krasovskij de la Academia de Arte Teatral de San Petersburgo; Jorge Sánchez y Ricardo Bartís.
Recibe la Beca de Casa de América de estudios de dramaturgia y dirección con Rodrigo García, Sergi Belbel, Fernando Rubio, Santiago García y Benjamin Galemiri. Además complementa su formación en dramaturgia con José Sanchis Sinisterra.
Diplomada en Ballet Clásico perfecciona diversas técnicas de danza contemporánea con Marta Carrasco, Butoh con Hisako Horikawa y entrenamiento corporal con Viviana Iasparra.
En España trabaja como actriz bajo la dirección de Cruz Hernández en “La traición en la amistad” y “La sangre de Antígona”; con Ximo Flores en “Parpadeos”; con Yoana López en “Container 26”; con Jorge Sánchez en “Mierdra! Ubu Rey”.
En Argentina trabaja como actriz en “De mí” dirigida por Juan Coulasso y Daniela Cuculiansky. Desde 201o forma parte de AEBA - Actores Españoles en Buenos Aires- y, además de ser parte del equipo de gestión y dirección, realiza diferentes trabajos como actriz: “La casa de Bernarda Alba” por Gonzalo de Otaola; “Don Juan Tenorio” por José Gamo; “Como si fuera esta noche” y “Ana el once de marzo” con Susana Hornos. Su último trabajo como actriz corre a cargo de Dora Milea en “Mujeres de ambas clases”.
Su primera obra como co-dramaturga y co-directora, junto a Susana Hornos, es “Granos de uva en el paladar”.
Fuera!
Fuera!
de Leticia Vetrano
Teatro Timbre 4
México 3554, CABA
Jueves 21:30 hs (hasta el 8 de marzo)
por Rubén Sacchi
Es de agradecer que el temporal que se abatió sobre la ciudad de Buenos Aires ayer por la noche, no quitara mi deseo de asistir a la función de Fuera!, tampoco perdió su entusiasmo un numeroso público que llenó la sala de Timbre 4. Y si digo esto, es porque la obra compensa con creces cualquier mojadura.
El unipersonal de Leticia Vetrano reúne su condición de clown con cierta melancolía, propia de aquellas viejas películas mudas, esas que provocaban más de una carcajada pese al drama que atravesaba el personaje. Es inevitable que desfilen por nuestra memoria las desventuras chaplinescas o las desventuras de Keaton.

La historia que da marco a la actuación no es muy novedosa: una joven que perdió a sus padres pero respeta sus mandatos, como si la presencia de sendos retratos de los progenitores mantuviera la autoridad suficiente para hacer de la pulcritud una obligación y de la virginidad, ley. Hasta su cama conserva el tamaño de una cuna, donde la muchacha debe dormir en posición fetal. Pero si el tema es común a muchas obras, el desarrollo del conflicto es por demás original y permite que la actriz despliegue sus dotes actorales y un manejo corporal sorprendente. Y es que ese día es el de su cumpleaños y María Peligro se regala un aro de ula ula y un muñeco de goma, hornea una torta y se propone romper con su chata realidad.
Fuera! propone una mirada sobre la soledad y los mandatos ancestrales, intenta algunas alternativas al respecto y divierte con su resolución. Con una puesta sencilla, juega con un sonido simple, aunque efectivo. Luces sin estridencias, nada demasiado distractivo para permitir que la protagonista, residente en Bélgica, luzca lo que sabe hacer.
Ficha artística-técnica
Leticia Vetrano (como María Peligro)
Dirección: Micheline Vanderpoel
Coaching: Kevin Brooking
Diseño de luces: Thyl Benies
Vestuario: Natalia Fandiño
Escenografía: Cía. María Peligro Project y Micheline Vanderpoel
Producción: Cía. María Peligro Project
Co-producción: Espace Catastrophe (Bélgica)
Con el apoyo del Ministerio de la Comunidad Wallona Bruselas/Servicio de artes circense y artes de la calle.
Producción en Buenos Aires: Lila Monti
Fotografía: Caroline Frank - Clownin 2010 y Amondine Dooms
Prensa: Marisol Cambre
de Leticia Vetrano
Teatro Timbre 4
México 3554, CABA
Jueves 21:30 hs (hasta el 8 de marzo)
por Rubén Sacchi
Es de agradecer que el temporal que se abatió sobre la ciudad de Buenos Aires ayer por la noche, no quitara mi deseo de asistir a la función de Fuera!, tampoco perdió su entusiasmo un numeroso público que llenó la sala de Timbre 4. Y si digo esto, es porque la obra compensa con creces cualquier mojadura.
El unipersonal de Leticia Vetrano reúne su condición de clown con cierta melancolía, propia de aquellas viejas películas mudas, esas que provocaban más de una carcajada pese al drama que atravesaba el personaje. Es inevitable que desfilen por nuestra memoria las desventuras chaplinescas o las desventuras de Keaton.

La historia que da marco a la actuación no es muy novedosa: una joven que perdió a sus padres pero respeta sus mandatos, como si la presencia de sendos retratos de los progenitores mantuviera la autoridad suficiente para hacer de la pulcritud una obligación y de la virginidad, ley. Hasta su cama conserva el tamaño de una cuna, donde la muchacha debe dormir en posición fetal. Pero si el tema es común a muchas obras, el desarrollo del conflicto es por demás original y permite que la actriz despliegue sus dotes actorales y un manejo corporal sorprendente. Y es que ese día es el de su cumpleaños y María Peligro se regala un aro de ula ula y un muñeco de goma, hornea una torta y se propone romper con su chata realidad.
Fuera! propone una mirada sobre la soledad y los mandatos ancestrales, intenta algunas alternativas al respecto y divierte con su resolución. Con una puesta sencilla, juega con un sonido simple, aunque efectivo. Luces sin estridencias, nada demasiado distractivo para permitir que la protagonista, residente en Bélgica, luzca lo que sabe hacer.
Ficha artística-técnica
Leticia Vetrano (como María Peligro)
Dirección: Micheline Vanderpoel
Coaching: Kevin Brooking
Diseño de luces: Thyl Benies
Vestuario: Natalia Fandiño
Escenografía: Cía. María Peligro Project y Micheline Vanderpoel
Producción: Cía. María Peligro Project
Co-producción: Espace Catastrophe (Bélgica)
Con el apoyo del Ministerio de la Comunidad Wallona Bruselas/Servicio de artes circense y artes de la calle.
Producción en Buenos Aires: Lila Monti
Fotografía: Caroline Frank - Clownin 2010 y Amondine Dooms
Prensa: Marisol Cambre
Bengala Hotel

Bengala Hotel
Eugenia Coiro
Viajera Editorial, 2011
Poesía, 72 pp.
por Rubén Sacchi
Clavo, Bengala, Hotel. Tres palabras que surgen en la autora como posibles directrices de la obra. Un clavo en la pared del Hotel Bengala es la imagen que las agrupa, la excusa explícita, aunque se sitio no exista y sea un no lugar para poder hablar de su yo, de su construcción y sus fronteras.
Eugenia Coiro describe una bola como la metáfora que más se adapta a lo que todo lo abarca y lo engulle. Quizás, el tedio de los días y la ausencia de un amor amarillo (¿otoñal?). De cualquier manera, las explicaciones deben ser escritas “por pensadores, no por poetas”. Frente al naufragio amoroso, implora la salvación de un arca o la alegría de un baile. Atraviesa el canto engañoso de las sirenas y el de las palabras, que se camuflan y engañan, dejándola viva y presa.
Liliana Heer en Hamlet & Hamlet, esribe: “Tenue, muy tenue la frontera que separa el arte del delirio./ Almohada de carne fresca,/ nacimiento perpetuo”. Siguiendo esa imagen kafkiana, se adentra en “un laberinto/ (...)/ donde nos miramos/ pero no nos vemos”.
Bengala hotel es una clara mirada a “esa delgada capa translúcida que opaca y derrite los detalles”.
El saco de Douglas

El saco de Douglas
Denise León
Paradiso Ediciones, 2011
Poesía, 64 pp.
por Rubén Sacchi
El saco de Douglas no aparece en las páginas del libro, sin embargo está allí, encabezando la historia. Tiene una presencia tan sólida como la ausencia; entonces ¿desde qué lugar puede contarse la contingencia de la inmigración? Una manera de hacerlo es hablando del padre ausente. Los poemas siguen un itinerario de dasarraigo y carencias y se dividen en tres momentos representados por sendos protagonistas. El primero corresponde a Luisa y transcurre en 1914. Los indicios hablan de un sitio en Europa, quizás Grecia, atravesado por la Gran Guerra y la opresión del ejército turco sobre la comunidad judía sefaradí, los turcos como sujeto avasallante y temible, con su consecuente secuela de dolor y miseria: “Cada una de las partes iguales en las que se divide el día se me aprieta el corazón...”. El padre huyó abandonando los zapatos, quizás para no ser oído, aunque para el pueblo judío, y en el imaginario popular, esa prenda cobre un valor simbólico mayúsculo a partir de las imágenes que trascendieron de los campos de concentración.
Es en este espacio donde Denise León escribe en dos lenguas, particularidad que no se repite en el resto del libro. Tal vez, una buena manera de referir una cultura que se va perdiendo, tradiciones que, a jirones, quedan en cada sitio por donde el emigrante transita: “escucha, Israel. Yo hablo una lengua muerta”.
Una segunda parte, Klara, se fecha en el 39, año en el que nuevamente resuena en el Viejo Mundo, el metálico ruido de la maquinaria bélica. Es el momento de seguir las huellas del padre y América es un destino posible. Salvar la vida no significa hacerla florecer: “Mi madre tenía sólo veinticinco años cuando escribió por desgracia vivimos todavía”, para agregar “del mismo modo que una herida arroja su propia luz fluyen las imágenes”.
La etapa final se titula Alegre y se ubica en 1971. Aquí, el protagonista es Chocho, el bebé que continúa la línea de sangre. La alegría de un niño, por momentos, modifica la atmósfera densa de los poemas pero, sutilmente y contra todo posible olvido, nos recuerda que “Las cicatrices pican”.
Al fin, la vida gira en un carrousell que la va secando, que le quita su capacidad de emocionarse y hasta pone en tela de juicio la existencia de Dios, o quizás no, pero le resta toda importancia y “el mundo no pesa más que la mano de un chico sobre los hombros”. Puede que la historia se explique en las palabras de George Perec: “ser emigrante era tal vez precisamente eso: ver una espada allí donde el escultor creyó, con total buena fe, poner una antorcha y no haberse equivocado por completo”.
Rostro ajeno

Rostro ajeno
Gustavo Tisocco
Editorial Vinciguerra, 2011
Poesía, 32 pp.
por Rubén Sacchi
¿Qué es un rostro ajeno? ¿El de otra persona? o quizás sea nuestra faz, la que fue en otro tiempo, esa, tan familiar como lejana, que vive en la nostalgia y a la que nos referimos en tercera persona.
El rostro propio, aunque ajeno, nos habita en el recuerdo y uno de sus nombres más comunes es infancia: “la casa sigue ahí/ los fantasmas somos nosotros”. Pueden detenerse al unísimo todos los relojes, pero el tiempo no podrá ser abolido : “Inclementes,/ ríen los almanaques”.
Es que con el tiempo se van los seres queridos, los que acuerdan las reglas de la vida y los que rompen fatalmente toda norma biológica, como la muerte de un niño: “El niño (...)/ se transforma en pez/ y baila en el fondo/ azul y mineral de su dicha”.
Lejos van quedando las reuniones familiares, los juegos y la inocencia, porque “La vida es una fiesta de navidad/ que dura tan poco,/ demasiado poco.” que al siguiente amanecer, de lo que era pura alborada quedan sólo olores, sonidos, sensaciones como única herencia posible. Sólo eso y una sensación de muerte (“Ahora soy tumba”) llevaremos al final.
Léame

Léame
Nicolás Di Candia
Viajera Editorial, 2011
Relato, 138 pp.
por Rubén Sacchi
Léame. Título perentorio, urgente,imperativo. ¿Qué encuentra el lector dentro del libro que justifique la decisión? En primer lugar, un ejercicio de relajación no demasiado recomendable; en segundo, una serie de relatos cuyo primer título, mientras nos adula, acerca una reflexión acerca del lector y la lectura.
El resto de los escritos forman un conjunto desolpilante de historias que pueden arrancar más de una sonrisa, pese a la torridez del verano, en algunos casos rayanas al surrealismo.
En sus páginas encontramos originales versiones de Alicia en el país de las maravillas, El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde y Frankenstein, donde lo absurdo y grotesco se dan cita para satirizar la flema inglesa o la figura insigne de Domingo F. Sarmiento, que regresa de la muerte para volver a morir. Fuera de eso, la vida transcurre entre señores con álamos en su cabeza y ríos de Coca Cola brotando de las canillas.
Léame es el primer título de narrativa con que Viajera Editorial incursiona en el género y lo hace de manera divertida y fresca, ideal para lograr la relajación que el inicio del libro propone sin demasiado éxito.
País de la sal / Libro de los últimos días

País de la sal / Libro de los últimos días
Ramón Minieri
Ed. de autor, 2010
Poesía, 54/82 pp.
por Rubén Sacchi
El volumen se compone de dos obras del poeta patagónico. La primera, País de la sal, se integra de poesía seca, donde “la sed/ es un árbol sin párpados”; que no es la terrible suerte de no poder cerrar los ojos frente a la aridez del mundo, sino algo peor: la ceguera de “las hojas/ tendiendo/ al aire/ las mejillas”.
El paisaje estéril, como línea directriz, acompaña al niño otoñal que “atesora/ muerte más muerte roja/ en la vereda” y deja en claro que el nuevo día “tiene/ toda la edad del sol sobre la/ tierra”, porque “si algo/ amanece/ (...)/ es tu deseo”. Por eso, ante la yerma imagen, la esperanza es voluntad y “se empieza a construir/ (...)/ con la nostalgia de la casa/ que no existe”.
El Libro de los últimos días obedece a una estructura divina: Fin de los tiempos, muertes, juicios, infiernos, glorias. Sin embargo, aborda tópicos más terrenales: la pérdida del tren y sus connotaciones ideológicas “se desarma/ el encordado/ aquel/ de plata// de una/ patria// consonante”; el consumismo “si es posible viajar/ con el bagaje de la golondrina/ (...)/ alguien/ viene equivocándose” y el imperativo de un amor inevitable “las líneas de los mapas/ todas/ se curvan hacia vos”.
Luna Western

Luna Western
Christophe Macquet
Paradiso Ediciones, 2011
Poesía, 224 pp.
por Rubén Sacchi
En el prólogo a El cuaderno rojo, de Paul Auster, Justo Navarro afirma: “...cuando el traductor escribe su libro, lo escribe con las palabras de otro hombre que no está en la habitación. Aunque sólo haya un hombre en la habitación, hay dos hombres que hablan en la habitación: cada uno habla en una lengua para querer nombrar las mismas cosas. El traductor se convierte en una sombra, fantasma del hombre que inventó las palabras que ahora inventa el traductor. La traducción es un caso de suplantación de identidad”.
Tal el caso de esta edición de Luna Western, más que traducido, reinterpretado por Lisandro Llano en un particular caso de “doble escritura”. Si bien el cuerpo central de la obra conserva alguna correspondencia con el texto francés, la epigrafía y el epílogo pueden leerse como obras completamente diferentes.
Luna Western puede definirse como un largo poema donde autor y traductor tensionan en un contrapunto expresivo, mientras la fonética (l’Anneau/Lanús) tiene el peso de un diccionario y el axioma italiano “traduttore, traditore” llega al climax en “c’est une traduction” leida como “es una traducción (¿de qué?)”.
La invención de lo real

La invención de lo real
Walter Iannelli
Ediciones Simurg, 2011
Novela, 168 pp.
por Rubén Sacchi
Un hipotético futuro, no demasiado lejano, nos enfrenta con nuestros vecinos chilenos en una especie de guerra fría: espionaje y contraespionaje dan a la novela un tono detectivesco.
Hay guaridas secretas en los Andes, extraños y mutilados personajes y hasta un plan de Oriente en el que María Kodama y Yoko Ono parecen parte de una misma conspiración. También hay amor y literatura.
En ese marco, con mucho de humor y algo de intriga, Iannelli cuestiona la realidad y su construcción, dando sustento a las palabras del poeta belga Henri Michaux: “Se tiene el deseo de escribir una novela y se escribe filosofía”.
Es cierto que hay tantas realidades como pares de ojos que la observen, por y para ello el autor plantea una regla práctica de orientación: “Se vive en el mundo que se puede comprender (...) El otro mundo, el que escapa a la percepción, no es verdad ni mentira. Simplemente no existe”. Y en esa lógica, revoca cualquier conjetura determinista: “Las cosas más terribles o más hermosas no significan nada de nada. No tienen mensaje alguno. Simplemente suceden”.
Economía social y solidaria

Economía social y solidaria
Joaquín Escobar
Ediciones Amaru, 2010
Ensayo, 80 pp.
por Rubén Sacchi
El estudio del lenguaje nos muestra que dos palabras, cualesquiera, pueden combinarse para conformar una oración. No obstante, la práctica muchas veces nos enseña la dificultad o imposibilidad de hacerlo.
Desde hace varias décadas, hay palabras que se divorciaron y las frases que las agrupan pasaron a ser un oxímoron. Así, la palabra economía jamás podría adjetivarse de social y, mucho menos, solidaria.
Pero como se sabe, el lenguaje es algo dinámico, que se adapta a los tiempos y realidades de los grupos que lo hablan. Por ello, en homenaje a la utopía y la movilidad de la historia, Joaquín Escobar retoma esa función primera de la economía en este ensayo que analiza la transformación que se viene dando en los procesos de producción, sobre todo a través de la recuperación de empresas por parte de los trabajadores y el rol del Estado en este nuevo tipo de relación laboral.
De este trabajo escribió el Embajador Eduardo Sigal: “Todo el texto transmite pasión militante, compromiso social y un gran esfuerzo teórico de análisis que lo convierte en una gran herramienta política”.
Tomás y el espejo

Tomás y el espejo
Diana Sánchez
Edición de autor, 2010
Cuento, 16 pp.
por Rubén Sacchi
Un niño, en el duro proceso de aprendizaje, muchas veces genera una relación particular con el espejo, lo que en psicología se llama “el mudo”.
En la historia de Tomás, el espejo es un elemento recurrente y cómplice, que lo ayuda a crecer e identificarse hasta lograr afirmarse a sí mismo y sentirse, en alguna medida, independiente.
El cuento, compuesto de media docena de pequeños relatos, refiere la vida de un pequeño desde sus primeros meses hasta pasado el primer año, y atraviesa los hitos que lo van marcando: las reuniones familiares, las ceremonias religiosas, las vacaciones y sus primeros pasos.
Apela al recurso del lenguaje interior del pequeño, como si la barrera que separa la idea de la palabra fuese solo una cuestión de práctica y su manejo le viniera dado desde el alumbramiento.
De esa manera, nos cuenta en primera persona lo que va sintiendo y qué cosas llaman realmente su atención. La mayoría de las veces, sus proyectos se truncan o fracasan por completo, pero una atmósfera de buen humor nos ubica en la supuesta mentalidad de quien tiene para lograr su cometido toda una vida por delante.
Poetas depuestos

Poetas depuestos
Autores varios
Editorial Punto de Encuentro, 2011
Poesía, 268 pp.
por Rubén Sacchi
¿Qué tienen en común Leopoldo Marechal, María Granata, José María Castiñeira de Dios, Nicolás Olivari, Arturo Jauretche, Fermín Chávez y Alfredo Carlino? ¿y éstos, a la vez, en qué se relacionan a casi otro centenar de poetas? La respuesta es sencilla: todos son peronistas y alguna vez dedicaron sus versos a ese líder, su mujer o al movimiento que éstos representaban. Algo más importante que una iconografía visto que la historia argentina, del 45 a la fecha, se ve atravesada por eso que muchos consideran “un sentimiento” más que una ideología.
Esta antología que, a modo de subtítulo apunta “de poetas peronistas de la primera hora”, conlleva un valor superior: un trabajo de investigación exhaustivo que el poeta Gito Minore llevó a cabo en bibliotecas y archivos pesquisando los autores que la conforman.
Seguramente no se encontrará un nivel literario parejo. Muchos de los poetas fueron simples aficionados motivados por una pasión, sin embargo, cada uno de ellos conformó una manera de pensar y sentir que hoy, gracias a este esfuerzo editorial, sacude el polvo con que el olvido, muchas veces de tufillo gorila, los había ocultado.
El precio

El precio
Andrés Rivera
Ediciones Razón y Revolución, 2011
Novela, 216 pp.
por Rubén Sacchi
Si hay algo cierto en estos tiempos, es que la política ha vuelto a ser tema de debate entre la gente y, lo que resulta más auspicioso, entre los jóvenes; pero es igual de verdadero que el nuevo discurso parece ir en una sola dirección como si el paradigma hubiera mudado y, a la vez, resultara incuestionable.
Es mejor el exceso de aire que su ausencia, pero si ésta asfixia la otra, en una misma dirección, también ahoga y el resultado final sigue siendo el mismo: la muerte. Y cuando lo que se intenta oxigenar son las ideas, lo que muere es el pensamiento como factor cuestionador y constructor de la Historia.
En ese sentido hay que celebrar la aparición de la Biblioteca Militante, que la editorial Razón y Revolución lanza a las librerías en ediciones cuidadas y económicas que pondrán al alcance del lector crítico, 250 títulos divididos en cinco colecciones: Historia Argentina; Arte y Filosofía; Básicos del Socialismo; Problemas Contemporáneos y Literatura en Acción.
Esta última incluye obras casi inhallables, como la que nos ocupa, primera novela de Andrés Rivera de la que el autor casi reniega, pero que aporta una visión acabada del sindicalismo y las relaciones laborales del período pre y post 1945, año en que las masas movilizadas llevan al poder al, entonces, Coronel Juan D. Perón, todo expuesto en un marco social no excento de pasiones humanas, donde lo mejor y lo peor de ellas se evidencia. El trabajo sobre el diálogo interior de los personajes acerca una interesante visión de la psicología de los diferentes actores y la derivación en sus actos.
Hay párrafos memorables que grafican maravillosamente la alienación del obrero en un sistema de producción capitalista: “Son las ocho de la mañana. Dentro de seis horas termino el turno. Seis horas más tendrán estas paredes, seis horas más de electricidad en el reloj, treinta metros más de tela; (...) seis horas se habrán desvanecido en el tiempo, en mis venas, (...) en las venas del mundo”. Y ¿qué sociedad puede construirse bajo ese sistema que genera desasosiego y angustia en sus habitantes?: una violenta e insolidaria, y Rivera la pincela así: “Un hombre iba a morir en Buenos Aires. Un hombre. Apenas eso: un hombre. ¿Cuántos mueren, desaparecen, son devorados por la ciudad, en silencio, sin ruido, sin protesta?”.
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