Escuela de marionetas

Escuela de marionetas
Luis Cano
Libro Disociado Editores, 2012
Teatro, 496 pp.

por Rubén Sacchi

En los últimos años tuve la suerte de presenciar diversos trabajos del dramaturgo Luis Cano. Todos maravillosos, ninguno de esa clara sencillez a la que nos acostumbra el teatro tradicional. Su obra trae a mi mente viejos ensayos de Antonin Artaud y su frase: “Parece que en ella se hubiese concentrado un drama de alta importancia intelectual, como una repentina concentración de nubes que el viento, o una fatalidad mucho más directa, ha reunido para que midan sus truenos”.
Supongo que no es una asociación demasiado subjetiva, ya que el autor confiesa sentirse identificado con la figura y la obra del irlandés Samuel Beckett y, tanto éste como aquel, trabajaron sobre el teatro como algo vivo, experimentando nuevas formas y estéticas.
Y las piezas de Cano respiran un aire propio, lo demuestran los escritos compilados en este volumen, que incluye varias obras y algunos textos poéticos de profunda intensidad.
Sus trabajos interpelan la existencia y su propuesta es ambiciosa: “Escribo para insistir, para seguir preguntando. También puedo decir que escribo para no olvidar algo. Tomo notas, escribo para recordar”

Pies de lana II y III

Pies de lana II y III
Norma Francomano
Ediciones Uñum Hue, 2012
Novela, 150 pp.

por Rubén Sacchi

Oscar Wilde escribió que: "Los seres humanos no solamente destruyen lo que aman, sino que sobre todo aman lo que los destruye", y esa es una posible explicación para comprender el comportamiento de la especie que, en Pies de lana, lo lleva casi a su desaparición, provocándole una serie de cambios biológicos y organizativos para lograr su supervivencia.
Convirtiendo la historia en una saga, este segundo libro de la serie parece concluirla incluyendo su segunda y tercera entregas y viene a cerrar el final abierto en la primera.
El mundo, poco a poco, regresa a su cauce y el futuro permite vislumbrar, entre las ruinas de la debacle, un lugar propicio para vivir. Claro que el dinero y las armas, emblemas mismos del desastre, aún proyectan su sombra sobre la nueva raza.
Bien escrita y de trama atrapante, Francomano vislumbra, a través de la utopía un ideal de vida, quizás un tanto naif, ya que imagina una única ideología que surgiría de la confluencia de las tendencias de derecha e izquierda, algo así como los planteos, ya rebatidos en la práctica, del posmoderno Francis
Fukuyama.

La mancha de los adioses

La mancha de los adioses
Isabel Steinberg
Paradiso Ediciones, 2012
Novela, 80 pp.

por Rubén Sacchi

La historia comienza en 1975, año emblemático para los luchadores populares; punto de inflexión entre los
sueños de una Patria Socialista y la dictadura asesina. Bisagra que pivotea en las acciones represivas de la Triple A y otros grupos parapoliciales que, desde las sombras del gobierno, ejercían la represión.
El cementerio judío de La Tablada es el telón de fondo donde David, un militante del PRT-ERP, es inhumado y el hecho, un disparador en la mente de Elvira, su compañera embarazada que carga la convicción de “que ella ya estaría siempre un poco muerta con él. O sea sin él”.
En adelante, un deambular genealógico por la memoria. La dureza con la que su familia, judía sefaradí, debió sortear la inmigración y los años de vida en un conventillo porteño, para volver a 1905 y el fracaso revolucionario de lo que Vladimir Lenin consideró el “ensayo general” de la Revolución Rusa.
El libro, que toma como eje un hecho real de nuestra historia reciente, intenta un acto de justicia, que recuerda la canción de León Gieco: “si un traidor puede más que unos cuántos/ que esos cuantos no lo olviden fácilmente”.

Poesía bajo la autopista

Poesía bajo la autopista
Antología poética
Clara Beter Ediciones, 2012
Poesía, 144 pp.

por Rubén Sacchi

Podrá discutirse la importancia o utilidad de las autopistas, pero las de la Ciudad de Buenos Aires nos recuerdan las páginas más negras de nuestra historia reciente. Construídas en medio de un gran negociado, fueron útiles para que los grupos de tareas recorrieran velozmente la geografía ciudadana. Incluso, a su vera, funcionó el Centro Clandestino de Detención Club Atlético. Por eso, la importancia simbólica que cobra la presencia de la poesía en su ámbito, bajo ese bloque impersonal de cemento.
La antología que nos ocupa, idea de Gito Minore, reúne 23 poetas de los que, jueves a jueves, a lo largo del año, se dieron cita en el Centro Cultural La Imaginería, que el poeta dirige y formaron parte del tercer ciclo de poesía que él orienta, luego de Poesía en el Umbral y En La Libre, Poesía.
Centro Cultural versus Centro Clandestino: contrapunto y debate imprescindibles donde tercia esta antología y en el que los artistas deben intervenir de manera decidida.
Poesía bajo la autopista, en definitiva, resulta mucho más que un libro, es un acto militante de la cultura y de la memoria.

Sonomama

Sonomama
Néstor Cheb Terrab
Viajera Editorial, 2012
Poesía, 200 pp.

por Rubén Sacchi

Sonomama: no hacer ni pensar, ser. Ese es el significado que en sánscrito o en japonés se obtiene de la palabra. Sin embargo, el libro muestra una exploración constante del idioma, un jugar con las palabras, estirarlas, truncarlas, invertirlas, inventarlas.
Su poética, colmada de imágenes y referencias, más que al hermetismo, nos remite a un estado onírico o bien bajo el dominio del subconciente que recuerda el proceso de escritura surrealista, casi confeso en “descalzo de fronteras/ (...)/ atravieso la puerta de sigmund”.
Hay en la obra del poeta una clara búsqueda de su yo: “sueños/ que se
repiten/ hombres rebuscan el odot”
. La alusión constante al Sion, antigua fortaleza conquistada por el rey David, representa además la utopía de la paz y la libertad, pero también una clara referencia a su origen, que explicita en: “mis sueños/ en el paso adecuado/ despiertan conmigo/ persuadido por la tijera/ que cortó el prepucio”.
Los poemas sostienen la memoria en un estado de alerta constante, cotidiano: “observar protege/ un olvido que espera”, y llevan a pensar que Sonomama es a Cheb Terrab como Rosebud a Citizen Kane.

El partener

El partener
De Mauricio Kartun
Teatro Del Pueblo: Av. Roque Sáenz Peña 943, CABA
Funciones: viernes a las 21 y sábados a las 22.30
Duración: 80'

por Rubén Sacchi

Un pueblito perdido en esa maraña de rutas y caminos que es el interior de la provincia de Buenos Aires, lugares que la mística construye como ansiados paraísos, pero la realidad de los lugareños como infiernos difíciles de abandonar. Allí no pasa nada, a excepción de la peña: evento social que se espera con ansiedad, aunque no modifique la chatura reinante.



A ese paraje, dejado de la mano de Dios, llega Pacheco, un recitador criollo que huye de demasiadas cosas: cuentas pendientes de todo tipo, su hijo y hasta de su propia historia. No obstante, su vástago es hueso difícil de roer y sabe dar con su osamenta que, en este caso, descansa en un cuartucho del bodegón donde cambia arte por hospedaje y sexo por comida.
Su arribo no es bien recibido, pero el muchacho, que se crió a su sombra, aprendió a ser su partener y no concibe su vida desde otro lugar. Difícil será volver a deshacerse de él. Mientras, la aparición de una tercera figura, la profesora de danzas Nydia, una joven frustrada que deja sus mejores años al lado de un padre hemipléjico, cruel y manejador, dará un giro insospechado al relato y significará el punto de ruptura que el joven necesita para crecer, mientras el padre permanece en una permanente inmadurez que se insinúa sin remedio posible.
La historia es una más de las tantas que se suceden a diario en pensiones y hoteluchos para viajantes, pero la magia de Mauricio Kartun la motoriza para exponer las difíciles relaciones familiares, sus afectos y omisiones. También pincela con maestría el clima reinante en esos poblados, tan cerrados en sí mismos y en sus tradiciones y, aunque ansiosos de algo nuevo, ariscos a los cambios; esos sitios donde el tiempo parece no transcurrir y el día y la noche conforman una línea contínua que se repite hasta el cansancio.
El género de comedia dramática permite reirnos de situaciones terribles, sin dejar de conmover con una gran dosis de ternura que, a su manera, transmite cada uno de los personajes maravillosamente interpretados.
La destacada dirección de Manuel Vicente y un equipo técnico al pie del cañón complementan un paquete digno de desatar y disfrutar.

Elenco:

Juan Palomino: Pacheco
Ana Yovino: Nydia
Rodrigo Alvarez: Nico

Equipo:

Coreografía: Mara Linari
Diseño de sonido: Araceli Matus
Diseño de luces: Gonzalo Córdova
Escenografía y vestuario: Mariana Tirantte
Operación técnica: Nayla Perisse
Asistente de dirección: Alan Darling
Fotos: Male & Dapa
Prensa: Duche&Zarate
Producción: Cristina Fridman
Dirección: Manuel Vicente

La noche del ángel

La noche del ángel 
de Furio Bordon 
Teatro Picadero
Pasaje Discépolo 1857, CABA
Domingos 18.30 hs.; lunes 21 hs.

por Rubén Sacchi 

El ego, esa fuerza que, según algunas teorías del psicoanálisis, dismunuye durante el proceso creativo, parece regresar con renovados bríos después de concluído éste y cuando la obra tomó estado público. De ese estigma adolece el padre (Federico Luppi) que vive atesorando glorias pasadas y a quien encuentra la hija en su departamento, practicando una obra. Una corona ciñe su cabeza, él la interroga acerca de qué rey representa. Luego de un intercambio, el padre se aleja murmurando que él hubiera preferido a Lear. La cita no es inocente ya que parece interpelar su propia relación filial.


A partir de allí, toda una catarata de emociones se exponen y reprimen. El incesto y el fantasma de Edipo sobrevuela la estancia y se pone en tela de juicio el rol de la sociedad respecto al cuidado de su niñez y adolescencia.
La noche del ángel, metaforiza lo que aún no se ha manchado, lo puro, eso que en este mundo hostil no tiene futuro alguno. Pese a su caída su ánima atina el retorno y, en un alegato ejemplar, intenta modificar algo, si no en los hombres, al menos en la vida de Ana y su padre.
La obra transcurre sin alteraciones de escenografía, pero el frecuente movimiento de Ana le da dinamismo al cuadro. La actriz, que supo deslumbrarnos con su dramaturgia en Granos de uva en el paladar, nos muestra aquí que también sabe del oficio sobre las tablas.
Un buen trabajo técnico acompaña al elenco y refuerza el dramatismo que contiene la historia. Interesante obra de Furio Bordón, a quien Luppi está traduciendo y adaptando en otras piezas, para montarlas en los meses venideros.
El dramaturgo, director y novelista italiano Furio Bordon comenzó su carrera como escritor a los 20 años en la RAI. Escribió para teatro, televisión y radio. Entre sus obras se destacan: Querido Elvis, querida Janis, con la cual ganó el premio a mejor pieza teatral del año otorgado por el Instituto de Teatro Italiano, la obra Las últimas lunas con la cual se despediría de los escenarios Marcello Mastroianni poco antes de fallecer en París, y La noche del ángel con la que conquistó los grandes escenarios europeos. Al respecto, Federico Luppi sostiene: “Hace muchos años que leí esta pieza y decidí que quería hacerla; el autor, Furio Bordon siempre me ha resultado de una sensibilidad y un coraje sincero en sus obras. Decidí que este texto y lo que trae a escena merecían la pena ser contados”.


Elenco:

Federico Luppi: El padre
Susana Hornos: Ana 
Nehuen Zapata: El adolescente

Equipo:

Dramaturgia: Furio Bordon
Traducción y adaptación: Federico Luppi
Escenografía y vestuario: Nicolás Nanni
Música: Iván Nilson
Iluminación: Adriana Antonutti
Títere: Gustavo Garabito
Fotografía: Akira Patiño
Peinado: Néstor Burgos
Maquillaje: Estela Cáceres
Diseño Gráfico: Sergio Calvo
Prensa: Marisol Cambre
Producción ejecutiva: Pablo Silva y Susana Hornos
Asistencia: Tony Chávez, Eliana Sánchez
Asistencia de Dirección: Milagros Plaza Díaz
Dirección: Federico Luppi

Pueblos fugaces

Pueblos fugaces
Carlos Aprea
Libros de la Talita Dorada, 2012
Poesía, 76 pp.

por Rubén Sacchi

Definir el libro de Carlos Aprea como una bitácora o un cuaderno de viaje sería incompleto. Tampoco decir que es una suma de postales del interior más profundo de nuestra tierra. Lo que el libro nos presenta es un tratado de magia, que sólo se interpreta si se lee con los otros ojos, esos que están detrás de los evidentes.
Cada poema es una geografía, pero de un mapa interior que, quizás en ocasiones, coincide con la hoja que prolijamente trazara un cartógrafo, aunque dotados de suficiente subjetividad como para hacer, de esos sitios, lugares inhallables para otros visitantes.
En la conciencia de ser viajero, el poeta posee los paisajes sin apropiarlos, los hace suyos con la fugacidad del instante que define el título y que reproduce en palabras de Thomas Radcliffe: “Toda maravilla es, por definición, apenas perceptible y pasajera”.
Luego de compartir paisajes y vivencias con habitantes de los más diversos sitios, de aprehender otras cosmovisiones, Pueblos fugaces nos lleva nuevamente a casa, pero con la impresión de que, como cantaba Daniel Viglietti: “Siempre el mundo será ancho, pero ya no será ajeno”.

Habla Clara

Habla Clara
María Pía López
Paradiso Ediciones, 2012
Novela, 112 pp.

por Rubén Sacchi

Un muerto. ¿Suicidio, asesinato, accidente? La instrucción, a manos de la justicia, deberá develarlo. Para ello, cuenta sólo con el testimonio de los vecinos.
Todo ocurre en todas partes y la historia rompe, una y otra vez, el mito de que en algunos barrios nunca pasa nada. Sin embargo, sus moradores mantienen esa actitud de sorpresa, típica del “yo no fui”.
Lo particular de la historia no consiste en ella misma, sino en la manera de narrarse y que alude al título con un juego de palabras: Clara habla, pero su habla no es clara, como tampoco lo es la del resto de los personajes.
Hay un manejo por demás interesante de las formas de expresión. Si bien los personajes habitan un mismo sitio y pertenecen, obviamente con matices, a una misma clase social, sus palabras suenan muy diferentes entre sí, ya sea por cuestiones generacionales o culturales, lo que no puede ser casual en la pluma de una socióloga.
Ahí reside el fundamento del libro, en ese trabajo sobre los actores que vuelven la trama como algo secundario, que plantea problemáticas actuales y puede, sin mella, quedar irresuelta.

Greek

Greek
de Steven Berkoff
Centro Cultural de la Cooperación
Sala González Tuñón
Av. Corrientes 1543, C.A.B.A.
Viernes y sábados, 22:45 hs

por Rubén Sacchi

No son los parajes de la antigua Tebas, tampoco corren los tiempos en que los seres humanos recurren a oráculos,  sacerdotes o pitonisas para vislumbrar su futuro. Greek, contrariamente a su nombre, es la historia de un Edipo londinense, aggiornado hacia fines del siglo XX, cuando la segunda Gran Guerra había terminado y una Europa semidestruída y miserable intentaba levantar cabeza de la mano del capitalismo.


La tragedia de Sófocles gira, en la puesta de Analía Fedra García, alrededor de una mesa y cuatro sillas, prescindiendo de otros elementos que el espectador debe imaginar en complicidad y permitiendo a los actores poner el cuerpo y jugarlo. La economía excede el mobiliario y ocupa a los actores en más de un personaje. Esa aparente escasez, amén de los protagónicos, se sostiene por una interesante utilización de las luces, que refuerza o parcializa sin invadir.
La particular versión de Edipo Rey, apunta a mostrar los valores de una sociedad decadente, donde  racismo y egoísmo son moneda corriente y los hooligans instalan acciones y lenguaje impregnados de violencia. La natural alteración del tiempo y espacio hace que la utilización de flashbacks se asimile con total naturalidad.
Lo particular de la adaptación es la vuelta de rosca acerca de los patrones morales en las distintas generaciones, que atraviesan lo privado y la reivindicación del placer y los sentimientos como derechos inalienables del hombre. Plantea cuestionamientos que proponen un debate amplio en un mundo que, cada vez más, aspira a la universalización de las libertades civiles, como el peso de lo cultural en las relaciones sexuales y la contundencia e importancia de la palabra y su función como arma.
Con maravillosas actuaciones, vale la pena ver esta escatológica y desenfadada propuesta de la vieja tragedia griega.


Elenco:

Ingrid Pelicori: La madre apropiadora, La Esfinge
Horacio Roca: El padre apropiador; El padre biológico.
Martín Urbaneja: Eddy
Roxana Berco: La hermana; La esposa y madre biológica.

Equipo:

Diseño y realización de escenografía y vestuario: Pía Drugueri
Diseño de luces: Marco Pastorino
Asistente de vestuario: Cinthia Benítez
Entrenamiento corporal: Florencia Rapan
Diseño coral de voces: Miguel Angel Pesce
Fotografía: Néstor Barbitta
Comunicación visual: Claudio Medin - Estudio M
Prensa: Duche&Zárate
Traducción: Rafael Spregelburd
Dramaturgia:  Ingrid Pelicori - Analía Fedra García
Asistente de dirección: Marcio Barceló
Dirección: Analía Fedra García

restos de restos

restos de restos
Nicolás Prividera
Libros de la Talita Dorada, 2012
Poesía, 116 pp.

por Rubén Sacchi

Como si hablara por boca de otro, Nicolás Prividera apela a las palabras de Sylvia Plath para abrir su libro: “jamás conseguiré recomponerme del todo,/ unir, pegar tus pedazos, juntarlos como es debido”.
Restos de restos es, primero, el libro de un hijo de desaparecidos, alguien que busca restos, dato no menor al momento de tener en cuenta que, en algún momento su vida sufrió un quiebre, una fragmentación; pero también es el libro de un cineasta, alguien que puede, mediante el montaje, hacer una obra con el descarte de un rodaje.
Su poesía -sería difícil de otra manera- está marcada por los acontecimientos que rodearon su nacimiento y prefiguraron el escenario que dominaría la historia inmediata, aunque sea “el mismo mecanismo de la memoria el que irremediablemente falla”.
Contiene en parábolas la historia del peronismo, desde el 17 de octubre del 45 hasta la Triple A., planteando: “Hay que morir joven y dejar un himno”.
Hay desazón en estos versos, “la historia es una fosa común”, afirma, para concluir: “Dios no ha muerto, agoniza/ en la eternidad y sólo// nos queda/ velarlo”.

Mapas

Mapas
Gabriel Bellomo
Paradiso Ediciones, 2012
Novela, 224 pp.

por Rubén Sacchi

Pocas veces una prosa reviste un carácter tal que se mimetiza con el título que la nombra. Es el caso de Mapas, de Gabriel Bellomo, una historia descripta con la minuciosidad de un cartógrafo. Cada límite e hito en su lugar, los detalles mínimos componiendo la orografía de la historia, como para poder hallar un norte.
Una antropóloga y su padre, fotógrafo, van a recorrer una geografía frágil: la de sus vidas y las relaciones que los unen y separan.
Hay un indagar en el vacío en la obra de Bellomo. En su anterior trabajo, El médano, el personaje sufría una amnesia y transitaba parajes desolados. Aquí, la ceguera progresiva del padre y el entorno hostil del paisaje “¿Qué otra evidencia hay del hombre en esta tierra que la de su muerte?” ubican la historia en un clima semejante.
El libro habla de las cuestiones que se tornan obsesivas, vitales, todas diferentes entre sí, y de los ocultos sentimientos que se enmascaran tras nuetras actitudes aparentes.
Un trabajo notable, que reafirma al autor dentro de una narrativa contemporánea, intimista, que interpela lo más profundo del alma humana.

La tendencia materialista

La tendencia materialista
Comp. V. Kesselman, A. Mazzoni y D. Selci
Paradiso Ediciones, 2012
Poesía, 336 pp.

por Rubén Sacchi

“El que avisa no traiciona”, reza un viejo dicho popular, y eso es lo primero a tener en cuenta al disponerse a leer esta antología. El título es llano, franco. Sin medias tintas.
Hecha la advertencia, no entiendo a quienes se horrorizan ante la evidente ideología de los autores antologados.
¿Están ante una rareza? Más pienso en un desacostumbramiento, pues sucede que, quienes apuestan al fin de la histora, pensaron que los González Tuñón, Tejada Gómez, Neruda o Lima Quintana jamás volverían a enrojecer las páginas de la tierna poesía y, mucho menos, a ser reivindicados en una antología tan meritoria como ­necesaria.
Los compiladores no pretendieron establecer un canon de la década, creo que simplemente, intentaron un muestreo serio -lógicamente arbitrario, como cualquiera- de una franja de la lírica obviada por casi todos los círculos académicos.
Pasajes como: “Edad de piedra. Edad de agua./ El relámpago define la edad/ del futuro. La edad del futuro es/ un esqueleto hecho de relámpagos” ó “Los vecinos no saben tomar té/ leponen leche y azúcar para apagarle/ el gusto asiático. A malaria”, pertenecientes al libro Seudo (Vox, 2000) de Martín Gambarotta, pueden resultar molestos a quienes añoren el viejo colonialismo o ansíen uno nuevo, flamante, libre de ese polvillo sigloveintesco de fines de la primera Gran Guerra.
Los poetas escogidos para este libro son Fabián Casas, Washington Cucurto, Juan Desiderio, Fernanda Laguna, Alejandro Rubio, Martín Gambarotta y Sergio Raimondi. En la introducción podemos leer que los distingue: “La conciencia de que la poesía no tiene que aislarse del mundo práctico y de la época presente”, y creo que siempre es así, salvo que algunos hablan del propio presente y el mundillo que creen personal y exclusivo y otros, más sensibles al entorno, aplican una mirada más amplia.
Una reseña histórica, muy bien documentada, precede esta selección, allí podemos encontrar información acerca de las bases históricas que sustentan a esta generación y el contexto que los enmarca. Así también, de las publicaciones contemporáneas de la corriente y más de una referencia a publicaciones que, quien procure una mayor aproximación, debe necesariamente consultar.

Lado géminis

Lado géminis
Virginia Janza
Viajera Editorial, 2012
Poesía, 152 pp.

por Rubén Sacchi

Géminis, signo zodiacal que representa la dualidad. ¿Cuál es el Lado géminis? La idea propone una suerte de continuidad. Dos mitades componen Géminis pero, si todo éste es un lado, el hecho supone la existencia de otro u otros, que funcionen como opuestos o complementarios.
La poesía de Virginia Janza es arriesgada. Bajo el mito geminiano, expone la diversidad humana y el disenso como alternativa motriz: “el antagonismo nos pareció lo más apropiado/ para ser siempre opuestos/ y de esa forma no/ pertenecernos nunca”.
El libro se divide en cuatro partes, pero unas y otras recurren indefectiblemente a la exploración del yo, “esa ligera sensación de que sabemos algo sobre/ nosotros” o “-tal vez el cuerpo constituya/ algún límite posible-”.
Los dos últimos capítulos indagan en la niñez o en esa dualidad mujer-niña que acompaña al crecimiento, pidiendo “quisiera dormir con la luz prendida” y pensando “que la libertad es cosa de mayores/ y yo sigo siendo tan chiquita”.
Lado Géminis fue engendrado libre, como el desear “parir de uniforme/ manchar la pollera gris (...)/ con todos los líquidos que anuncian la vida”.

Brazos de ningún vacío

Brazos de ningún vacío
María Chemes
Paradiso Ediciones, 2012
Poesía, 64 pp.

por Rubén Sacchi

El libro de María Chemes intenta contener, en el hueco que forman los brazos en el gesto de abarcar, la totalidad de un recuerdo, esa presencia subjetiva que da sentido al título, negando rotundamente la hoquedad. Sin embargo, la falta del ser amado se percibe a través de los poemas. Una ausencia que llena y se reafirma como imperante.
“Sin el cuerpo, todo parece eternidad”, sentencia la autora, y agrega: “canto que canta el silencio/ cuando todo amor es memoria”.
Hay dos mundos que coexisten en esta historia, separados prolijamente por las sábanas, como si el dormir fuese un bálsamo para olvidar el dolor y la ausencia.
En esa realidad, Chemes escribe: “me abandono a la palabra/ como al consuelo de la voz”, y en la dura batalla que entabla se propone “quiero morir al miedo”, reemplazando al verbo matar, quizás consciente de que en ello le puede ir la vida y apuesta “o llaga/ o cuna”, como alternativas de dolor o refugio.
Busca la respuesta en la niñez, en una canción de cuna, pero asume la inexorable madurez: “crecerá vestida/ hasta que el traje se rompa/ y desnuda/ tenga que salir a vestirse”.

Sombras nada más

Sombras nada más
Luis Benítez
Ediciones Doble Hache, 2012
Novela, 160 pp.

por Rubén Sacchi

¿Qué tienen en común Jorge Luis Borges, Julio Cortázar y Osvaldo Soriano? Salvo que los tres hayan nacido bajo el mismo cielo y se hayan dedicado a la literatura, es difícil hallar otras similitudes. Claro que esa dificultad persiste si los cotejamos en las letras, pero un análisis que trascienda su expresión artística los ubicará, políticamente, en la vereda opuesta al peronismo. Los tres, desde diferentes ópticas, fueron críticos de ese movimiento que, con infinidad de vaivenes, aún atraviesa la escena ciudadana.
¿Por qué hago referencia a estos autores? Porque su fantasma, sin dudas, recorre estas páginas con más de un guiño del autor, y la mezcla sutil de sus climas es posible gracias a la maestría narrativa de Luis Benítez, poeta de la generación del 80 que, de tanto en tanto, derrocha las palabras ahorradas en la lírica para regalarnos una prosa ágil y adictiva, no exenta de un humor ácido que oxigena las situaciones más cargadas de dramatismo.
El maestro Borges aparecerá para abrir y cerrar la historia, una crónica de sangre con un cruce de cuchilleros que incluye ¿casualmente? a un tal Funes. “Aldao cayó de rodillas, sosteniendo todavía eso inútil en la derecha (...) Asombrado se quedó quieto y asombrado se murió”, es un párrafo digno de las cuerdas del Tata Cedrón.
La segunda parte de la historia es todo el andamiaje que sostiene la parábola con que comienza y acaba la novela; allí el existencialismo cortazariano da vida a personajes que danzan al compás de una necrológica: la muerte de Eva Perón, y un país que, a partir de su deceso, será otro, mientras los sueños de millones de argentinos se irán pudriendo, sin la posibilidad de ser embalsamados como el cadáver.
El resto, necesario nexo entre estas dos partes, será una road movie, con protagonistas de la picaresca vernácula, propios de las disparatadas historias que relatara el Gordo Soriano, por esos pueblitos inverosímiles del interior de la provincia de Buenos Aires.
Benítez define la novela como “del peronismo mágico”, concepto que suena a sarcasmo, si pensamos que el protagonista y narrador profesa ideas yrigoyenistas. Como sea, en la trama que urde las historias se entretejen veladas opiniones ­políticas, que el escritor desarrolla sutilmente y permiten una segunda lectura, más profunda e ideológica.

Bicho de luz

Bicho de luz
Jorge Dana
Paradiso Ediciones, 2012
Novela, 272 pp.

 por Rubén Sacchi

El novel autor de este volumen es cineasta. Su debut en el papel, sin embargo, debe sustentarse en una larga historia de guiones que le han
dado a su pluma la suficiente ductilidad para plasmar esta historia.
El trabajo, no deja de nutrirse de aquella disciplina. No ya en las fotografías que, como storyboard, acompañan estas páginas, sino que se evidencia en la minuciosidad de las descripciones, algo que convierte este libro en una obra cuasi visual.
Jorge Dana escribe su biografía. Lo hace como un racconto de su vida. Por allí desfilan personajes que lo marcaron y situaciones entrañables. Para quienes cargamos unos cuantos años, es inevitable conmovernos con esa pelota de goma, marca Pulpo, que solía colgar en bolsas de redecillas en los escaparates de quioscos y librerías y que comprábamos en grupo, rascando monedas del fondo de nuestros magros bolsillos.
Una ópera prima de buen nivel, de gran atractivo para los amantes del cine y el fútbol, máxime si de hinchas de San Lorenzo se habla, pero también ofrece una prosa cuidada, fresca y precisa, quizás debido a las sutilezas que los cineastas logran hacer con el montaje.

Los arrecifes de coral

Los arrecifes de coral
Horacio Quiroga
Editorial Punto de encuentro, 2012
Poesía, 136 pp.

por Rubén Sacchi

Horacio Quiroga es uno de esos autores reeditados hasta el cansancio. Sus obras se incluyen en variadas colecciones de literatura, ya sean argentinas, uruguayas o latinoamericanas. También fue traducido a diferentes idiomas y llevado al cine. Este caso es diferente. La edición que nos ocupa rescata una faceta poco conocida del gran escritor: la de poeta.
La obra solo vio la luz en dos momentos: en 1901, año de su primera edición dedicada a Leopoldo Lugones y en 1943, única reedición realizada en Uruguay. Con pésima recepción de la crítica, salvo honrosas excepciones, el libro quedó en el olvido.
Por fortuna, con estudios de Gito Minore y Stella Calloni, hoy accedemos a esta reimpresión, que viene a cubrir un bache inexplicable en el quehacer editorial.
El escritor Pedro Orgambide, su biógrafo, escribó que “la poesía fue para Quiroga un refugio, no una morada; un refugio demasiado frágil para albergar su vida”. Esas palabras encierran solo parte de la verdad, porque en realidad en la literatura no encontró su morada, como tampoco la halló en la locura o el ostracismo, por eso buscó más allá.

Cálculo y presentimiento

Cálculo y presentimiento
Silvia López
Paradiso Ediciones, 2012
Novela, 192 pp.

por Rubén Sacchi

Una vieja casona de estilo Tudor sobre la calle Bonorino, en el barrio de Flores es el marco que Silvia López elige para desarrollar su novela, un thriller que se mezcla con el grotesco de manera equilibrada, desdramatizando situaciones que de otra manera resultarían terribles.
Relata la historia de una pareja de diferente extracción social que, sin puntos en común, deciden el matrimonio. Ella, de la rancia oligarquía de Martínez y él, miembro de una familia de la burguesía acomodada añorante, quizás, de mejores épocas, que se dedica al arte de fabricar y restaurar muñecas.
Las costumbres vulgares del marido -y de su círculo de amigos- incluyen extrañas salidas nocturnas, con sus manos enfundadas en guantes grises. Lo que podría parecer una aventura, se va mostrando de una manera macabra en su realidad.
Con un estilo trabajado, va tejiendo diferentes líneas narrativas con la incorporación de nuevos personajes, que no hacen más que atizar la hoguera que enciende la curiosidad del lector.
Interesante trama, donde nada es como se muestra y una sucesión de engaños, nos conduce hasta el final.

Virgencita de los muertos

Virgencita de los muertos
Nicolás Correa
Libros de la Talita Dorada, 2012
Poesía, 44 pp.

por Rubén Sacchi

Nicolás Correa es un joven narrador que viene haciendo surco desde hace unos años. De ese trabajo febril, tres brotes fructificaron en sendos libros de cuentos. Este, su primera entrega en el género, lejos de apartarlo de ese camino, no hace más que ir consolidándolo como un escritor versátil, que pone el cuerpo donde hay que ponerlo y, para ello, busca la manera expresiva que considera más apropiada.
Los poemas muestran a un observador que, desde el purgatorio de la infancia, ve transcurrir un tiempo suave, al que inevitablemente sucederá “...la vida/ ese dolor” y ese planteo se corresponde con la dedicatoria: “A Candela”, la niña de Hurlingham salvajemente asesinada un año atrás sin que haya un sólo culpable preso y un estado que, a veces, en su solemnidad, excluye: “entre tanto ruido de himno/ te caíste de la bandera”.
Virgencita de los muertos exorciza la vida humilde de tanto dolor “hoy vamos a enterrar a nuestros muertos/ que dejen de estar/ el sueño de muertos que le han confinado” porque “el olor a polvo de la tierra calle/ lo único que lo calla es la lluvia” y “la insoportable magia de los hombres/ cae con el manto negro de plástico”.

Gira la noche

Gira la noche
Lucía Mazzinghi
Paradiso Ediciones, 2012
Novela, 200 pp.

por Rubén Sacchi

Pocos títulos explicitan el contenido de una obra como el que nos ocupa. En estas páginas, la vuelta completa de una semana incluye otras rotaciones: ¿gira la noche o el día? ¿o lo que gira es la tierra y todas nuestras vidas dan vueltas asumiéndose como metáfora de ese movimiento cósmico?
Lucía Mazzinghi juega con el lenguaje, gira con las palabras: “Amén. Amen. Amense los unos a los otros...”, despliega un arte de asociaciones expresivas que llevan a una situación lúdica donde el drama está latente.
En la historia, gira la vida de Carmelo, un músico bohemio que se mantiene fiel a sus postulados de vida y, a su alrededor, giran un sinfín de personajes y situaciones en el pago chico de San Telmo y aledaños.
Todo se sucede en la semana de carnaval y la atmósfera está preñada de la magia propia de la celebración. El tiempo del relato se altera, imbuído en “ese terreno salvaje que es la memoria”.
Compuesta mayormente de imágenes, permanentes postales que grafican la escena donde se desarrolla, la acción nos inunda de magia, dejando claro que “los fantasmas no siempre se desvanecen con la luz del sol”.

En este nombre y en este cuerpo

En este nombre y en este cuerpo
Eugenia Cabral
Babel Editorial, 2012
Poesía, 60 pp.

por Rubén Sacchi

Através de los poemas, Eugenia Cabral exhibe un tratado erótico basado en supuestos libros ancestrales
que versan sobre el arte de amar y ser amado.
A través de los versos, pone el cuerpo en una erótica que raya lo mitológico. Una especie de Kamasutra poético que propone, en un cuidado lenguaje de época, los placeres más delicados del sexo.
Como una experimentada Afrodita, delinea las sutilezas de la carne, pero lo hace desde lo más profundo del alma, que es la lírica. Desde esa mirada se hace cargo personal de la vivencia y la ubica de manera personalísima.
Estos escritos, que intentan una antigüedad tal que los plantea como códices, comienzan con el concepto de ars erótica, tan estudiado por Michael Foucault, para culminar en el poema Domus aurea, que recuerda el recinto exótico erigido por Nerón, aquel considerado por la historia como el emperador de los excesos.
Dice Víctor Redondo: “la autora atestigua, interroga, examina y deja entre poema y poema el lapso oportuno para reflexionar sobre lo leído”, imprescindible actitud para la libre elaboración de nuestras subjetividades.

Se fue con su padre

Se fue con su padre
de Luis Cano
Teatro San Martín
Sala Cunill Cabanellas
Avda. Corrientes 1530, C.A.B.A.
Miércoles a sábados, 21:00 Domingos, 20:00
Duración: 75'

por Rubén Sacchi

Un paraje alejado en algún lugar de la costa. Un pueblo chico que inevitablemente encierra un infierno grande. Secretos y mentiras que se guardan a medias en un lugar donde, por el hecho de repetirse, todo se torna evidente. En el tema La lección del viajero, que cantaba Litto Nebbia, Mirtha Defilpo escribía: "El viajero me dijo que la boca se rompe si uno come palabras. Todo nuevo refugio es una antigua trampa”, y así, a fuerza de callar, la historia se construye en una jaula, como la que encierra a las cotorras, la silla colgante que usa la Hija, que pareciera tener barrotes y otros elementos de la escenografía que, más allá del clima opresivo general, transmiten la idea de encierro.
Se fue con su padre trata de la identidad pero fundamentalmente de la apropiación y, aunque ambientada en 1920, es inevitable establecer un vínculo con nuestro pasado reciente. En un juego esquizofrénico, el apropiador proteje la posesión hasta el crimen aunque, en contrapartida, castiga lo apropiado como reflejo de una absoluta ignominia.


La historia transcurre en un establo pero, a diferencia del mítico pesebre, nada hay de celestial en el comportamiento de seres embrutecidos por la miseria, lejos de cualquier redención que no sea la locura o la muerte.
La obra no tiene desperdicio. Cuatro actrices impecables atraviesan el drama de la vida evidenciando gran maestría, con una María Eugenia López excelente en sus alteraciones de ánimo e impostación de voz. El trabajo de marcación y el despliegue en escena logran un aprovechamiento del espacio que mantiene la atención en cada punto, absorben al espectador.
Las luces y el sonido no van en zaga y trabajan reforzando la carga argumental. La escenografía se muestra muy lograda en ambientación e incluye una tormenta real que le da un toque distintivo impactando en la participación del espectador. En síntesis: un hermoso libro y una puesta bien lograda.

















Elenco:
Hija: María Eugenia López 
Tía: Elida Schinocca
Madre: Mercedes Fraile
Madia hermana: Lola Banfi

Equipo:
Coordinación de producción: Macarena Mauriño
Asistencia de dirección: María Leiva y Juan Quiroga Lavié
Asistencia de escenografía y Vestuario: Agustina Filipini
Asistencia artística: Mailen Niño
Supervisión de voces: Tian Brass
Supervisión de movimiento: Luciana Acuña
Diseño sonoro y música original: Pablo Bronzini
Diseño de iluminación: Ricardo Sica
Vestuario y Escenografía: Cecilia Zuvialde
Dramaturgia: Luis Cano
Dirección: Lorena Ballestrero


12 rounds

12 rounds
Autores varios
Comp. Juan Almada y Belén Kozodij
Ediciones Lea, 2012
Cuento, 160 pp.


por Rubén Sacchi

El libro reúne una docena de relatos con un conductor común: el boxeo. 12 rounds con historias inquietantes, que ponen al lector contra las cuerdas pero, a diferencia del legendario deporte, ninguno estará esperando ser salvado por la campana.
Son muchos los escritores que se ocuparon del tema, en la lista vernácula baste recordar Cuarteles de invierno, de Osvaldo Soriano o Kid Ñandubay, de Bernardo Kordon. Algunos subieron la apuesta y se calzaron literalmente los guantes, ya no literariamente, entre ellos, Abelardo Castillo y Ernest Hemingway. Sin embargo, estos cuentos no miran desde el ring side, sino desde otros lugares que también habita el púgil, pero son menos frecuentados por la literatura del cuadrilátero.
Sería una metáfora fácil decir que 12 rounds es un uppercut a la mandíbula del lector; en contraposición diré que cada cuento es la esponja que refresca, luego de cada gong, con una pluma bien entrenada. Mérito que comparten con agradable homogeneidad los autores compilados, sin menoscabo del prólogo que, a manos del ex boxeador Sergio Víctor Palma, pone broche de oro al volumen.

Biografía futura de Latinoamérica

Biografía futura de Latinoamérica
Carlos Loprete
Latemendia Casa Editora, 2012
Ensayo, 128 pp.

por Rubén Sacchi

Contraponiendo las ideas del alemán Oswald Spengler, del letón conde de Keyserling, del uruguayo José Rodó, del boliviano Alcides Arguedas y los argentinos Carlos O. Bunge y Ezequiel Martínez Estrada, el autor da el puntapié inicial para desentrañar la identidad latinoamericana, tan rica como compleja, resistiéndose a la simplificación de las dicotomías.
Observando la tapa del volumen, el lector puede abonar una idea errónea de su contenido, toda vez que Loprete cultiva una opinión diversa en cuanto a las raíces de nuestros pueblos, viendo con sumo interés los aportes de otras culturas, sobre todo la del conquistador español.
Resulta interesante leer autores que, pese a los tiempos que corren, adopten la posición liberal del negacionismo: “Es un abuso semántico calificar a la gesta española de ‘genocidio’, como se ha hecho en alguna ocasión”.
El autor apuesta al progreso de manera peligrosa “El pasado indígena es en gran parte anacrónico” pero acepta que el “ultraje racial se ha mantenido a lo sumo como injusticia social o voracidad económica”. Y sintetiza: “Una nación grande es lo que queda de ella después de haberle quitado sus pequeñeces”.

Aviones enterrados en la playa

Aviones enterrados en la playa
de Luis Cano
Espacio NoAvestruz
Humboldt 1857
Domingos 21 hs.
Duración aproximada: 50 minutos.

por Rubén Sacchi

 Una playa en algún lugar lejano del sur. Un lugar que, por habitado, guarda historias que contar, comunes e individuales. Historias que la arena entierra, como un avión de telgopor que un niño olvidara en el pasado, pero que el viento de los recuerdos descubre alguna vez.
La palabra como eje central de la historia, la palabra como bien de uso y de cambio, la que se da y la que se espera.
Hay un niño entre dos tiempos: el presente y el pasado y un clima de desolación, ya que la palabra parece no ser escuchada o entendida. Cada quien narra su relato, pero el discurso no se socializa, nada vuelve, ni siquiera como acto de compasión. En la playa, quienes deambulan son una suerte de fantasmas buscando asirse a una realidad.


Luis Cano dijo: "Escribo teatro, pero pienso poesía" y eso es lo que hace en cada una de sus piezas, poemas un tanto herméticos pero con suficientes indicios, como puertas por las que se puede penetrar y lograr la comprensión a través de la identificación.
Una escenografía despojada (como salvo raras excepciones acostumbra el autor) presenta una suerte de muelle y tres cajas de madera ¿de pescados? que, usados como asientos o como instrumentos de percusión, están repletas de hormas de zapatos, que los actores desparraman como piedras en la orilla. ¿Qué significado tienen esas piezas de madera esparcidas en la playa? quizás el de la infinidad de pasos que dejaron su huella en esa vieja arena, que seguirá allí cuando los protagonistas no estén y otros vengan a ocupar su espacio.
Un paisaje rústico y duro une esas historias de pérdidas. La iluminación dirige la mirada del espectador a cada una de ellas y una extraña música acompaña los relatos. La tensión acumulada hacia el final se rompe maravillosamente, convirtiendo el dolor en una murga. ¿Por qué los personajes eligen ese horizonte? La respuesta quizás esté impresa en el programa, que dice: "No tenemos nada que ver aquí, pero nos colocamos en este lugar donde vaciarnos".

Elenco:
Federico González Bethencourt: El muchacho
Francisco Grassi: El hombre en piyama
Leonardo Murúa: El lobo marino
Román Lamas: El padre
Mauricio Minetti: El pescador


Equipo:
Diseño de iluminación: Ricardo Sica
Dirección de voces: Tian Brass
Música: Federico Marrale
Escenografía y vestuario: Mercedes Arturo
Fotos: Paola Toriano
Piezas gráficas: Laura Rovito
Producción ejecutiva: Alejo Sambán
Producción artística: Constanza Balsátegui
Coordinación de producción: Gabriel Cabrera
Asistencia de escenario: Diego Becker
Asistencia de dirección: Micaela Picarelli
Dramaturgia y dirección: Luis Cano



La razón blindada

La razón blindada
de Arístides Vargas
Teatro Andamio'90
Paraná 660, CABA
Sábados 22:30 hs.

por Rubén Sacchi

La escena puede ubicarse en un manicomio o una prisión. No importa el lugar, lo importante es la condición de encierro, esa que le quita al hombre su bien más preciado después de la vida: la libertad.
Un prisionero común puede aceptar esa realidad, pero para un alma inquieta la fuga es un objetivo primario, es lo que le permitirá reintegrarse a la lucha. Para ello, De la Mancha y Panza (personajes dentro de los personajes) trazan un plan: proyectan un túnel que construirán domingo a domingo. Claro que, ante la imposibilidad de uno concreto, harán uno intangible, palada a palada de la imaginación.


¿En qué consiste el túnel? En la recreación de un mundo imaginario donde sumergirse y así superar la dura realidad que les toca vivir. Para ello, eligen la historia del Quijote de la Mancha y se valen de una utilería tan pobre, que solo la voluntad de superar su tragedia los lleva a obviarla.
Bajo estricta vigilancia, los transgresores llevan adelante su plan poniendo en tela de juicio más de una verdad revelada. El tiempo y el espacio son dos variables modificables a su antojo y el lúdico manejo de la irrealidad los protege: "lo que no sucedió no puede morir, lo que no existe no puede morir… ¿Será por eso que Dios aguanta tanto?".
Con poca escenografía y una iluminación sin estridencias, los actores filosofan lo profundo de la vida. Se preguntan, a la vez que interpelan a la sociedad: "¿Qué mal hemos hecho aparte de ser buenas personas?" ó"¿Quién está dentro y quién está fuera? (...) si las rejas se abren quién sale y quién entra, si estás fuera estás preso de la ignorancia, si estás dentro estás preso de la injusticia".


Confieso que vi la obra ignorando la temática y dedicatoria final, pero el haber regresado el viernes último de la ciudad de Trelew, donde se recordaron los 40 años del fusilamiento de presos políticos en la base Almirante Zar fue un factor determinante para comprender que, detrás del arte, también hay un tremendo compromiso del autor. Esa circunstancia hace que frases como "¿Cuánta llanura cabe en la palabra llanura?" dejen de ser mera especulación filosófica y se asimile automáticamente a la meseta patagónica que los evadidos de la cárcel de Rawson debieron recorrer hasta el aeropuerto que los llevaría ¿fuera?.
La excelente puesta y la calidad actoral de Begino y Monzo engalana tamaña pieza teatral y la empatía que transmiten logra la complicidad del público, que participa solidariamente de esa fuga y, así, se torna masiva. Porque la solidaridad es la base ideológica de esos condenados: "aquí no nos podemos sentir solos, aquí, si usted existe, yo existo, si usted desaparece, yo desaparezco… Si alguien no me dice: oiga, usted, no sea tan llorón, ¿cómo voy a saber que ese escándalo gutural que sale de mi garganta se llama llanto?".
En definitiva, la historia trata de los revolucionarios,que no son otros que aquellos que dan todo por los demás, sin precio ni tasaciones. Como adultos que mantienen la pureza del niño, porque "solo una inocencia radical puede hacernos creer que este mundo merece ser…".


Arístides Vargas ha dirigido importantes grupos y compañías latinoamericanas de teatro. Es fundador de uno de los grupos más prestigiosos de América Latina: Grupo Malayerba de Ecuador, que dirige en la actualidad. Entre otras, es autor de las siguientes obras: Jardín de Pulpos, Pluma, La edad de la ciruela, Donde el viento hace buñuelos y Nuestra señora de las nubes. La temática de su dramaturgia gira en torno a la memoria, el desarraigo y la marginalidad. La suya es una escritura poética no carente de humor pero también de cierta amargura y, pese a esta última, de la inocencia suficiente para creer que el mundo puede ser cambiado. Asimismo, su escritura tiene la crueldad de negarse esa esperanza y caer, por momentos, en la desesperación total.


Elenco:
Daniel Begino: De la Mancha
Roberto Monzo: Panza

Equipo:
Dirección: Florencia Suárez Bignoli
Asistente de Dirección: Gonzalo Ramos
Diseño de Iluminación: Esteban G. Lahuerta
Ilustración: Dalmiro Zantleifer Ojeda (www.dalmiro.com)
Arte: Cecilia Catalina Quesada
Música y videos: Grupo Malayerba
Diseño General de Puesta: Arístides Vargas - Grupo Malayerba
Producción: Tamara Arce y Martina Cuadrado
Produce: GMG Producciones
Prensa y comunicación: Marisol Cambre



Gotas de crítica común

Gotas de crítica común
Emiliano Bustos
Libros de la Talita Dorada, 2011
Poesía, 104 pp.


por Rubén Sacchi

Julián Axat escribe: “La lectura de estos poemas confirma un recorrido intrincado con la idea de legado, vislumbra la puerta de acceso a un nosotros imantada a un sujeto político”, y no es para menos, si tenemos en cuenta que el autor es hijo del poeta Miguel Angel Bustos, escritor y militante desaparecido por la última dictadura militar.
El libro está atravesado por permanentes alusiones a situaciones o figuras de los años 60 y 70 contrastadas con el presente: “Grité, ahora hablo; calé hondo, ahora educo/ (...)/ Estoy viejo. (...)/ ...en la estampida un tropezón es caída” o, en referencia al Torino, industria nacional: “...ayer fiera,/ hoy fierita”.
Hay postales perfectas, está Ezeiza: “y nosotros, que olfateamos/ a los imberbes dentro y fuera del bosque,/ podemos, sin la derecha subiendo de los pelos/ a la izquierda, aterrizar” o la acogida de criminales nazis: “...desenrollamos/ ciertas alfombras cuando el Reich cayó/ (...)/ Llegan los apóstoles y besan el suelo;/ como en un juego diabólico,/ nadie mira/ Los equipajes pasan”.
Y en la ausencia del padre: “no somos un equipo./ Vos no estás”, tiene fe en concluir su lucha: “Algo trunco inconcluso./ Una mochila un puño cerrado bastarán”.

Pasala Leonel, pasala

Pasala Leonel, pasala
Gito Minore / Isidoro Reta
Fabricacuentos, 2012
Cuento, 16 pp.


Por Rubén Sacchi


Esta segunda entrega de Fabricacuentos, de la dupla Minore-Reta nos trae, como la anterior, una historia sencilla, totalmente cotidiana, pero que juega como herramienta para la transmisión de un mensaje intrínseco.
La historia trata de un equipo de fútbol de barrio, conformado por niños que juegan en una de esas rara avis que en otras épocas abundaban y se conocían  como terrenos baldíos. El potrero en cuestión, uno de esos predios que se salvaron del boom inmobiliario por hallarse debajo de una autopista, está administrado por un tal Aldo que, además de permitirles jugar a los niños, oficia de árbitro.
En este escenario, la figura de Leonel, un crack tan habilidoso como individualista, malogra las espectativas de todo el conjunto frente al equipo rival, lo que da pie a plantearse que el verdadero trabajo es el que se realiza en equipo.
Pasala, Leonel, pasala reafirma la idea de que “nadie se salva solo” y que la pertenencia a un grupo necesariamente nos hace proveedores y subsidiarios del mismo.
Como siempre, hermosamente ilustrado por el plástico Isidoro Reta.

Una perra

Una perra
Liria Evangelista
Paradiso Ediciones, 2012
Poesía, 48 pp.

por Rubén Sacchi

Liria Evangelista plantea un relato retrospectivo de su infancia en Parque Chas a través del sexo. Del sexo como la escritura. La compulsión de escribir como una puta busca sexo: “amo amo/ dame le dije/ putita empapelada y entintada/ te lo voy a contar todo”.
Muestra una infancia edípica: “y aunque tu verga poderosa quiera hacerse falo/ minga” y la masturbación como in crescendo: “me contemplo: quién era, quién soy, quién voy a ser/ desespero/ a la entrepierna llego acariciando/ reinado de mis polvos de mis estruendos mudos”. Tampoco es ajena al paso de los años: “un pelo blanco/ juera bicho quiero gritar y el espejo me devuelve/ mi sino de viejita”. Asume la instancia como un otoño, con guiños a Jorge Manrique y Rubén Darío.
Un repaso por los hombres que poseyó: “...tantos nombres olvidados/ hombres que me fuiste ¿un rostro? ¿más que muchos? fueron voces ecos apagados en la mueca del orgasmo” produce un balance negativo: “de algunos ni las sombras/ de otros nada/ ni el acaso” y en ese transitar la experiencia sexual: “lamí tragué escupí asqueada” los hombres “perforaron hendieron mutilaron” y dejaron una imagen de derrota: “...volví desnuda de percal/ yo también un tango trágico yo sonatina/ y becqueriana/ (...)/ monstruoso el gozo única la pena/ extraordinaria”.
La soledad se muestra en un juego de palabras: “soy sombra enfalecida/ (...)/ ahora soy mujer que vive de su espera/ enfaltecida” y el falo vuelve con su carga edípica: “él tiene eso: oscuridad canosa de entrepierna/ (...)/ este es el cuerpo del que nunca lameré los bordes/ (...)/ ni su flora ni su fauna nada de él/ pura vergüenza...”, en el duro momento de la pérdida del padre.
¿Por qué el sexo tan lejos del placer? quizás la experiencia que vio en la madre “me dice el tano bruto/ ¿de qué te quejás?/ las de mi pueblo parían en el campo/ (...)/ ese dolor es el que vale/ (...)/ ¿capisce?/ pobre de mi/ (...)/ sometida a los acentos de su voz/ a la repetición de sus orgasmos”, una experiencia de sumisión de una madre envejecida: “la vejez es su falta de luz”; “le imagino los pulmones el riñón/ lo que no se ve y el tiempo fue pudriendo”. Una anciana que se vuelve niña al momento de la muerte: “le entrego a la muerte este fetito/ duermasé le canto mi chiquita/ mamita duermasé”. Y la proyección del propio final: “cuando yo esté volviendo a la sombra perfecta que me hizo”; “quiero mi lengua natal la verdadera”.

Todo es vida

Todo es vida
Salomón Touson
Ventana Editorial, 2012
Ensayo, 200 pp.


por Rubén Sacchi

Haciendo honor al título, Salomón Touson plasma en estas páginas diversas historias que, puede adivinarse, lo contaron como protagonista. Habla de las vivencias desde sus primeros años en relatos que describen de manera sencilla diferentes momentos, sin aparente moraleja, pero deslizando una posición personal respecto a hechos de la cotidianidad.
Por momentos parece una suerte de diario, donde su autor refiere los acontecimientos que considera personalmente relevantes o le dejaron alguna impronta. En uno de ellos, El aspecto valioso, repite un párrafo de Milan Kundera: “Uno puede reprocharse tal acto, tal palabra pronunciada, pero no puede reprocharse un sentimiento, simplemente porque no tiene poder alguno sobre él”, a lo que agrega: “Nada ni nadie carece de un aspecto valioso”. Tal aseveración pareciera ser la línea directriz de la obra.
También hay un capítulo dedicado a otros autores, donde selecciona algunos párrafos de escritos que van de Jorge Luis Borges a Omar Kayam.
En síntesis, definido como Antología, reúne sus condiciones: un libro ecléctico, con pasajes interesantes.

Isidro Velázquez. Retrato de un rebelde

Isidro Velázquez
Retrato de un rebelde

Pedro Jorge Solans
M&D Editores, 2010
Ensayo, 160 pp.

por Rubén Sacchi

Siempre presentes en la memoria popular, se hicieron masivamente notorios en 2001, a través de la obra musical del cantautor León Gieco, Bandidos rurales.
Los hubo muy conocidos, como Juan Bautista Vairoletto; Segundo Peralta, conocido como “Mate Cosido” y Antonio Gil, el famoso “Gauchito”, pero hay otros personajes que, sin ser tan difundidos, dejaron huella en el territorio donde ejercieron influencia. Tal es el caso de Isidro Velázquez.
Sin una ideología definida como algunos de sus pares, pero con evidente inclinación de clase, despojaba a quienes más tenían y era generoso con los necesitados.
Tan autoritario como valiente, ­manifestaba prepotencia y arbitrariedad a la vez que se mostraba sensible, tal era la contradictoria personalidad de Velázquez.
Como en todos los de su estirpe, su vida acaba en tragedia y su memoria se continúa en leyendas que no hacen más que alimentar el mito de su santidad, trascendiendo, a veces, lo regional.
Una obra de interesante investigación histórica, que se abona con profuso material fotográfico y testimonial.

Las filosofías de la revolución

Las filosofías de la revolución
Silvana Carozzi
Prometeo Libros, 2011
Ensayo, 386 pp.

por Rubén Sacchi

Hablar de la Revolución de Mayo, a poco tiempo de haber celebrado su bicentenario, es un lugar felizmente recurrente. La bibliografía reciente se ocupó del tema en abundancia, así como la cinematografía. Se recrearon las vidas de algunos de aquellos próceres a quienes debemos la Patria y se ha generado más de un debate desde las diferentes tendencias de interpretación de la historia: liberal, revisionista o materialista.
Pero más allá de las palabras entendidas, el aficionado a la historia que busca a su través comprender, o acercarse al menos, la entelequia que nos llevó a la situación actual, necesita bucear en las fuentes originales, y nada mejor para ello que las páginas de las publicaciones pioneras de aquella gesta, como La gaceta, El correo de comercio, Mártir o libre, El grito del sud y La gaceta ministerial, donde se puede analizar, en las propias palabras de sus actores, las ideas reinantes por entonces, sus orígenes y los movimientos internacionales que influyeron en aquellos sucesos.
Silvana Carozzi acerca las figuras de Belgrano, Moreno o Monteagudo despojadas del bronce y en todas sus jovenes contradicciones.

Infidelidad

Infidelidad
Susana Aguad
Paradiso Ediciones, 2012
Relato, 136 pp.


por Rubén Sacchi

Cuando la palabra infidelidad resuena en nuestros oídos, llega a nuestro cerebro en su acepción más universalizada: la que ocupa las relaciones de pareja.
Sin embargo, esa imagen casi excluyente del imaginario popular, deja fuera otras tantas variables posibles, algunas de ellas quizás mucho más crueles que la anterior.
Es que las relaciones que incluyen a los humanos nunca son lineales. Suelen tener muchos recodos en su recorrido, detrás de los cuales puede encontrarse la traición en sus múltiples formas: a la pareja, al amigo, al compañero o a uno mismo.
De algunas de ellas se ocupa Susana Aguad en esta serie de relatos, algunos con final abierto a múltiples resoluciones, en un estilo narrativo que en nada se aproxima a su última novela Lejana y oscura.
Diversos también son los sitios que sirven de escenario a la autora, quizás una manera de hipotetizar que la infidelidad no respeta confín alguno. Tal vez pueda asimilarse a la frase de Ricardo en el relato Retrato de muchacha: “La cuestión reside en el cómo, cómo lograr hacerlo lo mejor posible”.

Los invertidos y otras obras

Los invertidos y otras obras
José González Castillo
Ediciónes Razón y Revolución, 2011
Teatro, 284 pp.

por Rubén Sacchi

Recorriendo el barrio de Boedo uno puede tropezarse con decenas de íconos que nos recuerdan a personajes fundamentales de nuestra cultura. La más conocida es la esquina de San Juan y Boedo, donde se emplaza un bar fundado en 1927, hoy bautizado Homero Manzi. En diagonal a esa esquina, el paseante encontrará a otro homenajeado: José González Castillo y quizás se interrogue acerca de esta figura.
Quienes gustamos del teatro y admiramos las obras comprometidas con su tiempo, conocemos muy bien a este anarquista rosarino que, en su corta vida (1885-1937), produjo una buena cantidad de obras teatrales y guiones de cine.
Si bien lograron, en su tiempo, una importante audiencia, quizás la que más trascendió hasta nuestros días fue Los invertidos. En ella, González Castillo aborda un tema difícil, aún en nuestros días: la homosexualidad, pero la enfoca desde la hipocresía y el prejuicio social. La obra, representada en el Teatro Nacional, fue prohibida por el Intendente Anchorena y tildada de inmoral. El autor, defendiendo el derecho de exhibición -al mejor estilo que Raúl Barón Biza lo hizo con su libro El derecho de matar- argumenta por el absurdo, teniendo en cuenta su ideología libertaria. Aludiendo al número creciente de homosexuales censados diría: “...entraña una amenaza gravísima y un peligro constante para la salud moral y física de nuestra sociedad”, para agregar: “Evitar el peligro, combatiendo el nefasto y repugnante vicio (...) es hacer obra buena y moralizadora (...) Eso es lo que se ha pretendido hacer (...) en los límites reducidos de la obra...”.
Acompañan el volumen, El mayor prejuicio, El hijo de Agar y La mujer de Ulises, tres piezas que, aunque menos difundidas, se ocupan de temas que hacen también a las actitudes de una sociedad de falsas apariencias, que tanto puede mantener una vida disipada que no se sostiene en llo económico o arrojar a la ignominia a un pobre niño, nacido de una relación extra matrimonial.
Los personajes son recurrentes: hay militares, doctores, curas y abogados, todos representando un poder y una moral: los de la burguesía. Las historias pueden, mediante pequeñas adaptaciones, leerse con sorprendente actualidad y, si bien han cambiado algunas cosas, en lo fundamental las relaciones de dominación se mantienen intactas.

Historias sin tiempo

Historias sin tiempo
Martha Oya
Editorial Dunken, 2011
Cuento, 112 pp.


por Rubén Sacchi

Quien busque un libro de cuentos con historias sencillas, algo que no es sinónimo de vulgaridad, seguramente encontrará una buena opción en el volumen de Martha Oya, La historia ­perdida, que reúne catorce cuentos frescos y agradables, agrupados bajo una hermosa portada de la artista plástica Virginia Palomeque.
Y eso no es todo. Hay un plus nada despreciable hoy en día: los relatos están bien escritos, cuidados y se aprecia buen manejo del lenguaje.
No hay una línea conductora en estas páginas. Las temáticas son diversas, casi cotidianas y desarrollan situaciones del día a día. Algunas, con resoluciones que sorprenden dando una vuelta de rosca interesante a un final que parecía previsible y no lo era tanto; otras, quizás de finales anticipables, donde el esfuerzo de la escritora recayó en el desarrollo del texto.
Escribe César Melis en el prólogo: “Las palabras se entretejen y despliegan a nuestros pies una alfombra viviente, una vegetación que nos cubre del desamparo, que nos desnuda en un abrazo o en una caricia para testimoniar la condición humana”. Habrá que animarse y comenzar a transitarla.

ranamadre

ranamadre
Nadina Tauhil
Viajera Editorial, 2011
Poesía, 112 pp.


por Rubén Sacchi

Sería sencillo decir que ranamadre es un libro acerca de la madre y la maternidad. No estaría equivocado, pero seguramente simplificaría la complejidad de la poética de Nadina Tauhil.
Los versos “Porque las madres somos/ así protectoras”, serían una prueba de ello, pero la maternidad conlleva otras cuestiones. No está ausente el mensaje edípico: “Las ranamadres no sólo pierden a sus hijos, también pierden la piel: quedan en carne viva”, “los que alguna vez fueron mis hijos (...) volvieron a mi útero”; además del cambio de rol y el consecuente temor al crecimiento: “ya no queda nada de mí en la bolsa/ me asfixiaba/ me fui” y el rechazo al diván: “no quiero que miren mis cicatrices/ que miren para atrás y lean/ todo eso/ que yo no quiero decir”.
El cantautor Moris decía: “estoy muy encerrado en mi prisión de carne y hueso”, quizás sea el sentimiento de una madre mientras toda su atención se centra en ese cuerpo, que es muchos cuerpos, cuando la sexualidad pasa a un segundo plano: “quiero ser muñeca/ de ojos azules/ y levantarme el vestido/ y tener las piernas cosidas// nada entra y nada sale”, sólo queda ese “temor agazapado/ en lo más hondo de mí”.

Letra marginal

Letra marginal
Leonardo Gastón Herrmann
Editorial Dunken, 2011
Novela, 88 pp.

por Rubén Sacchi

El título de la novela de Herrmann es el apropiado para la historia que relata, lo que debe plantearse es ¿de qué lado se ubica la marginalidad en sus actores?
Retomando la línea de la novela pionera en la materia, Villa Miseria también es América, de Bernardo Verbitsky desarrolla, al igual que aquella, la historia de un grupo de gente que sobrevive en condiciones por demás precarias, pero la novedad consiste en que la coyuntura que acompaña la problemática es sensiblemente diferente a la anterior.
La primera reflexión que provoca la novela no puede ser otra que: pasan los gobiernos y los problemas quedan. Y es así, se repiten hasta el cansancio y se les suman otros que hacen más difícil su resolución.
Los personajes fueron trabajados desde cierto este­reo­tipo, recurso válido que utiliza el autor para evidenciar las gruesas diferencias del accionar de unos y otros; para dejar bien claro quiénes están de cada lado. Están el puntero traidor y el viejo militante de la izquierda revolucionaria, pero también una enormidad de seres comunes,  con la sola experiencia de su vida, capaces de darla para defender su familia y su derecho a una vida digna.
En Letra marginal hay héroes y villanos, pero si bien este último es corporativo también aquel se muestra agrupado, cobrando valor el héroe colectivo sobre el individual.
La historia no puede llamarse original. Lamen­tablemente, estamos habituados a verla a diario en los noticieros televisivos, lo novedoso consiste en el punto de vista: el lector deja de ser el espectador cómodo en su sillón frente a la inocua pantalla. Aquí, el conflicto lo verá desde adentro.

Habitar el estado

Habitar el estado
Sebastián Abad y Mariana Cantarelli
Ediciones Hydra, 2010
Ensayo, 124 pp.

por Rubén Sacchi

El Estado es el paradigma moderno de la organización política y social. Su dimensión e injerencia expresa ideología. No hace demasiado, el Estado Argentino fue un gigante represor que, paradójicamente, difundía el slogan: “Hay que achicar el Estado para agrandar la Nación”.
Presente o ausente, la institución camina de la mano de la política, de modo que la degradación de una provocará necesariamente la del otro.
En los 90, la política que se delineó para el mundo occidental, conocida como neoliberalismo, trató de eliminar o disminuir al máximo la figura del Estado, prevaleciendo los intereses individuales de una minoría y adquiriendo caracter mercantilista. En ese proceso, tuvo un papel preponderante la propaganda que se multiplicó a través de los medios de comunicación afines a aquellas políticas o beneficiarios directos de ellas. Como consecuencia, la población tomó una posición ajena a los intereses colectivos, situación que, en la práctica, sólo puede conducir al abismo.
Este posicionamiento se denomina a-estatal y en el ensayo que nos ocupa, Abad y Cantarelli lo analizan en profundidad y pretenden “hacer visible cierta posibilidad de articular una ética en el seno de la construcción política estatal moderna”.
Haciendo un recorrido por nuestra historia reciente, atravesando la última dictadura, la crisis del 89 y el estallido de 2001, ahonda en los motivos que llevaron a que “el entusiasmo político acumulado” comenzara “a diluirse al ritmo de un cúmulo de acusaciones contra la ‘clase política’”, pero también de su reflejo “en la sociedad civil: falta de participación, demandas irrestrictas, silencios inadmisibles, (...), ausencia de organización”.
Un buen aporte para abordar estos  tiempos, donde la humanidad debe comprender que su salvación es únicamente colectiva.