Relatos verdes
Diego Vásquez
Ilustró: Nave
Sátira Ediciones, 2016
Cuento, 202 pp.
por Rubén Sacchi
No es un libro de los comúnmente llamados “cuentos picantes”, su título no se refiere a historias subidas de tono. Su denominación alude al color de la planta de cannabis y los textos se enmarcan en esa cultura milenaria, a la que un buen sector social intenta hoy reivindicar en sus diferentes usos.
Los relatos flotan en esa atmósfera voluptuosa que provoca el humo de la marihuana y, como tal, tiene idéntica consistencia: etérea. Pueden hablar de situaciones sensuales, violentas o introspectivas, pero estarán marcadas por esa otra lógica que el cerebro aborda bajo los efectos del THC.
Vásquez desarrolla una narrativa descriptiva, propia de un estado de ensimismamiento, con figuras interesantes, como en el coito: “murmullas alientos sobrantes, los sueltas, se van en forma de quejidos”. Le da a la marihuana un carácter litúrgico, emparentado a lo religioso, donde fumar “es justo y necesario”, asumiendo la insignificancia del hombre: “la vida no es más grande que la cordillera, y el mundo es más pequeño que los ojos de un gato”.
La luz es un factor omnipresente a través de la narrativa, quizás en asociación con la iluminación que conlleva una apertura mental bajo la llave de la droga. Relatos verdes propone una mirada diferente de la vida, en la que no cambia el paradigma capitalista y patriarcal contra la existencia, sino que modifica la forma personal de afrontarlo.
Vamo y vamo
Vamo y vamo
de Juan Freund
Teatro El Desguace
México 3694, CABA
Sábados 20 hs.
por María Antonacci García
Un hombre de
mediana edad, ex ferroviario, ante una realidad económica que quiere
marginarlo, encuentra una oportunidad en el Programa de Prisiones Privadas. Ofrece
su casa, donde le instalan una jaula en la que ubican un preso, al que deberá
cuidar y hacerle cumplir un riguroso reglamento. El preso al que debe vigilar
debe purgar cinco años. Ramiro, el carcelero, quedó sin trabajo en aquellos
tiempos en que un presidente decía: “ramal
que para, ramal que cierra” y no pudo reubicarse en la economía formal, por
lo que este nuevo programa le ofrece una salida para zafar de la miseria. El
delito por el que detienen a Juan Pablo es absurdo, sin embargo, recrea lo
cotidiano cuando el detenido es pobre y la policía y el sistema judicial se
ensañan. A partir de la anécdota, se suceden conflictos humanos, que muestran a los protagonistas como seres
desamparados que tratan de sobrevivir como pueden. Se acumulan los recuerdos y
la nostalgia mientras los espectadores pueden reconocer una realidad nacional
de años atrás pero que hoy adquieren relevancia por repetirse para mal de
todos. Finalmente, los hombres descubren que la solidaridad es lo único que
podrá hacerlos superar tantos males. La pieza tiene mucho humor, por lo que se
hace más llevadera la denuncia de terribles realidades socioeconómicas.
Los actores
llevan adelante sus personajes con solvencia, compartiendo el dramatismo y la
picardía, logrando la emoción de la platea en la salida fraternal que los une.
Su autor, Juan
Freund, nació en Alemania y es sobreviviente de los campos nazis de exterminio.
Luego de huir junto a su madre recaló muy joven en Argentina y se dedicó al
teatro en el campo de la actuación, la dirección y la dramaturgia. Llevó a
escena más de 30 obras, muchas de ellas propias. La anécdota de vamo y vamo es actual, muy
recomendable.
Actúan: Rubén González, Pablo Trevisán
Autor: Juan Freund
Escenografía y vestuario: Vamo Y Vamo
Diseño de luces: Nadia Farías
Diseño De Sonido: Lautaro González Diseño gráfico y fotografía: Inés Viqueira
Director asistente: Macarena González
Dirección general: Sergio Simcovich
Almas roñosas
Almas roñosas
De Guillermo Farisco
Espacio Gadí
Av. San Juan 3852, CABA
Sábados, 20:00 hs
Duración: 70’
por María Antonacci García
En los años 90, con la aplicación de políticas neoliberales y sus nefastos resultados económicos para la mayoría del pueblo, un pequeño porcentaje de los argentinos que aún conservaba su trabajo viajaba de vacaciones al exterior, especialmente a Miami, en lo que más parecía un tour de compras. Allí se había hecho famosa la frase “deme dos”, utilizada por los viajeros que, aprovechando la ganga del dólar barato, el también famoso “uno a uno”, se aprovisionaban de electrodomésticos a precios irrisorios, mientras nuestra industria se iba a pique de forma vertiginosa. Mientras la corrupción
era moneda corriente, los funcionarios y sus amigos se convertían en “ganadores” ante la mirada sonriente y cómplice de esa clase media que traía televisores color del país del norte. En esos años continuó y se agrandó a límites insospechados, la cantidad de desocupados endémicos que había comenzado con la dictadura. Los gobernantes festejaban con pizza y champagne, a la vez que con sus medidas económicas dejaban fuera del sistema a millones de trabajadores. El estado ya no era solidario con los necesitados, sino que fomentaba la ruptura del tejido social y apostaba al individualismo feroz.
Esos años fueron la fuente de inspiración para Guillermo Farisco quien, con mucho humor, encaró la realidad de la época. Retrató a una pareja dispuesta a dejar de lado valores morales y afectos con tal de conservar un modesto hotelito en un pueblo de provincia, que apenas les da lo necesario para comer. Ante la aparición de un pasajero, al que deben tratar muy bien porque parece que es el único en mucho tiempo, las reacciones de los dueños se suceden, nerviosas y desopilantes, sobre todo las de la mujer, Amenita, quien recuerda un viejo hecho que la perturba y recurre a los más extraños ritos para exorcizarlo. Su marido, un pobre hombre carente de carácter y energía, intenta tranquilizarla, sin éxito. Los tres personajes, más uno que no aparece pero que está presente rigiendo todos sus actos, establecen un juego de enredos que divierte sostenidamente a la platea, a la espera ansiosa del desenlace.
Es de destacar el notable trabajo y la solvencia con que se resuelven las escenas. Lucrecia Rodríguez, en el rol de Amenita, transita por diversos estados de ánimo manteniéndose dinámica durante toda la obra. El esposo, Alejandro Gennuso, de hombros caídos y arrastrando los pies, demuestra cabalmente su rol de hombre sumiso y resignado. Juan Pablo Mathet es el altanero personaje de ciudad, sobrador, y mundano. La escenografía y las luces son sencillas y adecuadas al lucimiento de los actores.
Es un acierto de su director, Javier Ulises Maestro, elegir una vez más esta obra, que él mismo estrenó en 2004, tan actual como cuando fue concebida.
Elenco:
Alejandro Gennuso
Juan Pablo Mathet
Lucrecia Rodriguez
Equipo:
Dramaturgia: Guillermo Farisco
Maquillaje: Eliana Soto
Fotografía: Alejandro Vinué
Diseño gráfico: Papyros Digitales, Matias
Palacio
Dirección: Javier Ulises Maestro
Web: http://www.almasroñosas.com
De Guillermo Farisco
Espacio Gadí
Av. San Juan 3852, CABA
Sábados, 20:00 hs
Duración: 70’
por María Antonacci García
En los años 90, con la aplicación de políticas neoliberales y sus nefastos resultados económicos para la mayoría del pueblo, un pequeño porcentaje de los argentinos que aún conservaba su trabajo viajaba de vacaciones al exterior, especialmente a Miami, en lo que más parecía un tour de compras. Allí se había hecho famosa la frase “deme dos”, utilizada por los viajeros que, aprovechando la ganga del dólar barato, el también famoso “uno a uno”, se aprovisionaban de electrodomésticos a precios irrisorios, mientras nuestra industria se iba a pique de forma vertiginosa. Mientras la corrupción
era moneda corriente, los funcionarios y sus amigos se convertían en “ganadores” ante la mirada sonriente y cómplice de esa clase media que traía televisores color del país del norte. En esos años continuó y se agrandó a límites insospechados, la cantidad de desocupados endémicos que había comenzado con la dictadura. Los gobernantes festejaban con pizza y champagne, a la vez que con sus medidas económicas dejaban fuera del sistema a millones de trabajadores. El estado ya no era solidario con los necesitados, sino que fomentaba la ruptura del tejido social y apostaba al individualismo feroz.
Esos años fueron la fuente de inspiración para Guillermo Farisco quien, con mucho humor, encaró la realidad de la época. Retrató a una pareja dispuesta a dejar de lado valores morales y afectos con tal de conservar un modesto hotelito en un pueblo de provincia, que apenas les da lo necesario para comer. Ante la aparición de un pasajero, al que deben tratar muy bien porque parece que es el único en mucho tiempo, las reacciones de los dueños se suceden, nerviosas y desopilantes, sobre todo las de la mujer, Amenita, quien recuerda un viejo hecho que la perturba y recurre a los más extraños ritos para exorcizarlo. Su marido, un pobre hombre carente de carácter y energía, intenta tranquilizarla, sin éxito. Los tres personajes, más uno que no aparece pero que está presente rigiendo todos sus actos, establecen un juego de enredos que divierte sostenidamente a la platea, a la espera ansiosa del desenlace.
Es de destacar el notable trabajo y la solvencia con que se resuelven las escenas. Lucrecia Rodríguez, en el rol de Amenita, transita por diversos estados de ánimo manteniéndose dinámica durante toda la obra. El esposo, Alejandro Gennuso, de hombros caídos y arrastrando los pies, demuestra cabalmente su rol de hombre sumiso y resignado. Juan Pablo Mathet es el altanero personaje de ciudad, sobrador, y mundano. La escenografía y las luces son sencillas y adecuadas al lucimiento de los actores.
Es un acierto de su director, Javier Ulises Maestro, elegir una vez más esta obra, que él mismo estrenó en 2004, tan actual como cuando fue concebida.
Elenco:
Alejandro Gennuso
Juan Pablo Mathet
Lucrecia Rodriguez
Equipo:
Dramaturgia: Guillermo Farisco
Maquillaje: Eliana Soto
Fotografía: Alejandro Vinué
Diseño gráfico: Papyros Digitales, Matias
Palacio
Dirección: Javier Ulises Maestro
Web: http://www.almasroñosas.com
La noria
La noria
Jorge A. Colombo
Grupo Editor Latinoamericano, 2016
Poesía y cuento, 200 pp.
por Rubén Sacchi
Es lógico que quien se lamenta "¿por qué no acabó todo/ cuando aquel anfibio/ subió a la tierra/ por primera vez?" profiera la amenaza "juzgaremos a todos/ los que vendan su alma/ a un Dios". Es lógico porque tales dichos son versos de un hombre de ciencia, terreno este que, bien se sabe, disputa a lo divino un mismo espacio donde sólo hay sitio para una de ambas disciplinas.
También es lógico que, quien más elementos maneje de la sapiencia sobre el cerebro humano, se enfrente al desánimo y la incertidumbre ante tamaño desatino que es su accionar sobre el ámbito que le dio cobijo y alimento.
Lo que no es tan frecuente es que un neurocientífico vuelque toda su sensibilidad en la literatura y la transforme en un vehículo que transporte aquellas emociones que escapan a las ciencias exactas. Es que Jorge Colombo se expresa en el papel como un acabado humanista que (y se) interroga de manera permanente acerca de la especie a la que pertenece, volcando en esa masa de contradicciones todo el amor y el odio que los seres le inspiran.
En sus textos arremete contra la crueldad humana, la injusticia, la impiedad. Inventa una metáfora de todo el sufrimiento humano a lo largo de “la breve historia de la cruel y despiadada civilización humana” y la ubica en la atmósfera, apuntando a nuestras cabezas provocando una lluvia de sangre. La denomina “energía doliente” e intenta, en esa figura, dar cuenta de los innumerables crímenes que el hombre comete contra sus semejantes.
El volumen reúne buena parte de la lírica y la prosa breve del autor. Un interesante trabajo que busca proveer de “un remanso de fuerza, de vigor, de belleza o dulce alimento a nuestras marchas tenues y transitorias, aunque nos parezcan heroicas y definitivas desde la ridículamente pequeña burbuja de nuestro tiempo individual”.
Jorge A. Colombo
Grupo Editor Latinoamericano, 2016
Poesía y cuento, 200 pp.
por Rubén Sacchi
Es lógico que quien se lamenta "¿por qué no acabó todo/ cuando aquel anfibio/ subió a la tierra/ por primera vez?" profiera la amenaza "juzgaremos a todos/ los que vendan su alma/ a un Dios". Es lógico porque tales dichos son versos de un hombre de ciencia, terreno este que, bien se sabe, disputa a lo divino un mismo espacio donde sólo hay sitio para una de ambas disciplinas.
También es lógico que, quien más elementos maneje de la sapiencia sobre el cerebro humano, se enfrente al desánimo y la incertidumbre ante tamaño desatino que es su accionar sobre el ámbito que le dio cobijo y alimento.
Lo que no es tan frecuente es que un neurocientífico vuelque toda su sensibilidad en la literatura y la transforme en un vehículo que transporte aquellas emociones que escapan a las ciencias exactas. Es que Jorge Colombo se expresa en el papel como un acabado humanista que (y se) interroga de manera permanente acerca de la especie a la que pertenece, volcando en esa masa de contradicciones todo el amor y el odio que los seres le inspiran.
En sus textos arremete contra la crueldad humana, la injusticia, la impiedad. Inventa una metáfora de todo el sufrimiento humano a lo largo de “la breve historia de la cruel y despiadada civilización humana” y la ubica en la atmósfera, apuntando a nuestras cabezas provocando una lluvia de sangre. La denomina “energía doliente” e intenta, en esa figura, dar cuenta de los innumerables crímenes que el hombre comete contra sus semejantes.
El volumen reúne buena parte de la lírica y la prosa breve del autor. Un interesante trabajo que busca proveer de “un remanso de fuerza, de vigor, de belleza o dulce alimento a nuestras marchas tenues y transitorias, aunque nos parezcan heroicas y definitivas desde la ridículamente pequeña burbuja de nuestro tiempo individual”.
Una nueva aventura de Irene Adler
Una nueva aventura de Irene Adler
Osvaldo Lamborghini y Dodi Scheuer
La Bestia Equilátera, 2017
Novela, 152 pp.
por Rubén Sacchi
Luis Chitaroni, a cargo del prólogo, escribe que Osvaldo Lamborghini es "el mejor narrador lirico", lo que resulta una acertada aproximación a su escritura.
El texto, concebido como un guión cinematográfico en 1974, cayó en la vorágine del olvido y fue rescatado por Dodi Scheuer, quien fuera su coautor, a instancias del editor, realizando un maravilloso trabajo de compaginación y cuidado en tiempo récord.
La filosofía impregna el texto que aparentemente estructura una historia de espionaje e intrigas palaciegas, que incluye todos los elementos del género y ubica en el protagónico a Irene Adler, personaje de Escándalo en Bohemia, primera historia de la saga de Sherlock Holmes, obra de Arthur Conan Doyle. Entre otros párrafos de notable actualidad leemos: "El futuro es siempre inverosímil.
Ese es su secreto", para agregar: "Ellos no procuraban como nosotros construir el olvido del carácter catastrófico de la vida", llevando el mero policial a planteos mucho más metafísicos.
También arremete contra la prensa amarilla: "Cuando no saben qué imprimir, siempre producen un nuevo testigo o alguna hipótesis más o menos ingeniosa o intencionada".
El final es una gran metáfora, como toda la obra de este gran escritor, ¿la vida es un circo? ¿somos todos figurantes en un inmenso teatro? Seguramente que, para elaborar estas líneas, el autor tuvo en mente aquella desesperanzadora figura discepoliana: la Biblia junto al calefón.
Osvaldo Lamborghini y Dodi Scheuer
La Bestia Equilátera, 2017
Novela, 152 pp.
por Rubén Sacchi
Luis Chitaroni, a cargo del prólogo, escribe que Osvaldo Lamborghini es "el mejor narrador lirico", lo que resulta una acertada aproximación a su escritura.
El texto, concebido como un guión cinematográfico en 1974, cayó en la vorágine del olvido y fue rescatado por Dodi Scheuer, quien fuera su coautor, a instancias del editor, realizando un maravilloso trabajo de compaginación y cuidado en tiempo récord.
La filosofía impregna el texto que aparentemente estructura una historia de espionaje e intrigas palaciegas, que incluye todos los elementos del género y ubica en el protagónico a Irene Adler, personaje de Escándalo en Bohemia, primera historia de la saga de Sherlock Holmes, obra de Arthur Conan Doyle. Entre otros párrafos de notable actualidad leemos: "El futuro es siempre inverosímil.
Ese es su secreto", para agregar: "Ellos no procuraban como nosotros construir el olvido del carácter catastrófico de la vida", llevando el mero policial a planteos mucho más metafísicos.
También arremete contra la prensa amarilla: "Cuando no saben qué imprimir, siempre producen un nuevo testigo o alguna hipótesis más o menos ingeniosa o intencionada".
El final es una gran metáfora, como toda la obra de este gran escritor, ¿la vida es un circo? ¿somos todos figurantes en un inmenso teatro? Seguramente que, para elaborar estas líneas, el autor tuvo en mente aquella desesperanzadora figura discepoliana: la Biblia junto al calefón.
Hombres, imágenes y muñecos
Hombres, imágenes y muñecos
de Eduardo Pavlovsky
Centro Cultural de la Cooperación
Sala Raúl G. Tuñón
Av. Corrientes 1543, CABA
Del 25 de marzo al 13 de mayo
Sábados a las 22:15 hs.
Duración: 60'.
por Rubén Sacchi
No creo en las casualidades. Diversas causas, sí, pueden generar coincidencias producto de esa ley tan estudiada por los matemáticos, la Ley de Probabilidades, que el común de los mortales llamamos azar y al que nos entregamos resignados. Hablaba de coincidencias y no es menor el observar que, a horas de recordado el 41º aniversario de la última dictadura argentina, se estrene Hombres, imágenes y muñecos, obra del dramaturgo Tato Pavlovsky, en la que los poderes militar, eclesiástico y civil, pilares de aquel genocidio, son los protagonistas.
Un prestidigitador ¿ruso? que pide apagar los teléfonos celulares es el personaje ideal para que, "nada por aquí, nada por allá" mediante, todo pueda suceder. Y es así, porque la pieza en cuestión se inscribe en el género teatral del absurdo, pero dentro de la corriente vanguardista que sobrevoló la escena en los años 60.
Con sólo un mes en cartel, luego de su estreno en 1963, fue dejada en el olvido hasta que el investigador Jorge Dubatti la rescatara, junto a Camello sin anteojos, Circus-loquio, obras del mismo período, y la novela Dirección contraria de 1997, en el tomo VII de Teatro Completo (Atuel, 2010). Más de medio siglo no pudo envejecer el mensaje que atraviesa la obra, algo que no habla bien de nosotros como sociedad, en tanto las relaciones se basan en dominación y sometimiento.
Hombres como autómatas; muñecos como hombres y, por sobre todo ello, imágenes que crean el verdadero imaginario colectivo. La obra difumina las existencias y los protagonistas pasan a confundirse con títeres sin que pueda precisarse la identidad de quien manipula las marionetas. La práctica de la deconstrucción del lenguaje evidencia cómo dos procesos antagónicos pueden regirse con idéntico discurso, tal un cuadro que incluye en paralelo la toma de una fotografía y un fusilamiento. Pese a ser definida por el autor como "la más fragmentada" de sus obras, un hilo conductor evita que las diferentes situaciones aparezcan como inconexas o aisladas.
El trabajo técnico resulta impecable, con luces y sonido precisos y un vestuario por demás adecuado que refuerza la imagen que se intenta representar. La escenografía exhibe el minimalismo propio de un retablo en el que, más que el entorno, se hace hincapié en los muñecos y lo que estos generan en el espectador. Sin embargo, la frutilla del postre es el excelente trabajo actoral. No es fácil mostrar la torpeza y limitación de un fantoche con la destreza de movimientos necesaria para simularlas, mientras los rostros mantienen esa expresión de inocencia y perversión que dan una sensación ambigua a la platea y hablan de un gran trabajo de ensayo y marcación, delicia para quienes vemos la transpiración previa a cada función.
Hombres, imágenes y muñecos, como todo el teatro de este genial y comprometido dramaturgo, no es una obra fácil. Es teatro de vanguardia que aún hoy rezuma una fresca actualidad. Recomendable para tiempos en que toda la producción mediática ofrece productos ya masticados y digeridos, que pueden resultar ideales para bebés pero no para adultos que conocemos bien los estómagos de los que provienen.

Elenco
Juan Barreiro
María Fernández Vocos
Ramiro Gatti
Silvana Seewald
Cristian Thorsen
Equipo
Dirección: Daniel Dibiase - Sebastián Berenguer
Vestuario: Vera Rinaldi
Diseño de Luces: Matías Noval
Diseño Sonoro: Sebastián Berenguer
Utilería y arte cinético: Omar Mac Dougall
Prensa y comunicación: Ana Quiroga
Sobre el autor
Eduardo Tato Pavlovsky (Buenos Aires, 1933 - 2015)
Eduardo “Tato” Pavlovsky es uno de los máximos referentes del teatro político del siglo XX en Latinoamérica y uno de los grandes inspiradores teatrales. Su mirada de la realidad, la sensibilidad y el compromiso político-social de sus obras, y la imponente presencia escénica en sus actuaciones hacen de este director, actor y psicodramatista argentino un personaje emblemático de nuestra historia.
Tato Pavlovsky comienza su carrera como teatrista en los 50, y hacia el final de la década inicia su formación teatral en el instituto Nuevo Teatro, donde conoce a sus tres grandes profesores: Boero, Asquini y Conrado Ramonet.
En 1957 ve Esperando a Godot, de Samuel Beckett, en versión de Jorge Petraglia. Al descubrir la vanguardia, Pavlovsky, junto con otros compañeros, forman el Grupo Yenesí, en el que trabajarán autores como Arrabal, Ionesco, Beckett, Gámbaro.
Sus primeras obras son La espera trágica, escrita en 1961 y Somos, estrenada en 1962, a partir de las cuales se comienza a hablar de su teatro como “Teatro Total” o “Teatro del absurdo”: Por tal, Pavlovsky entendía un teatro de búsqueda, de intensidades, “que intente representarnos más auténticamente en nuestra realidad cotidiana, tan ajena de mensajes y discursos grandilocuentes”.
Sobre los directores
Daniel Dibiase (Buenos Aires, 1958)
Es actor y director de teatro. Comenzó sus estudios teatrales a principios de los 80 con Lito Cruz y Augusto Fernandes.
Como actor, participó en obras teatrales como “Marat Sade”, “Caligula”, “Galileo Galilei”, “Los indios estaban cabreros”, “La venganza de Don Mendo”, “El jardín de los cerezos”, “Escrito en el barro (Otelo)” —por la que fue nominado al premio Trinidad Guevara en 2007—, “Hamlet, el señor de los cielos”, “Alguien velará por mí”, “Te llevo en la sangre”, “Judith”, “El ángel del subsuelo”, “Amarillo”, “Tosco, la obra teatral”, “Todas las rayuelas”, bajo la dirección de Maestros como Rubén Szuchmacher, Villanueva Cosse, Rubén Pires, Andrés Bazzalo, Judith Enrique Dacal.
En cine actuó en “Moebius”, “Pizza, birra y faso”, “Garaje Olimpo”, “Crónica de una fuga”, “El manto de hiel”, entre otras, y en televisión participó en “De corazón”, “La nocturna”, “Vulnerables”, “El sodero de mi vida”, “Soy gitano”, “Chiquititas”, “Rebelde way”, “Dulce amor”, “Patito feo”, “Camino al amor”, “Entre caníbales”.
Ha dirigido obras como “Medea material”, “El jardín de los cerezos” y, en 2016, en el CCC, “Hombres, imágenes y muñecos”.
Del 2008 al 2014 fue coordinador Pedagógico de la Escuela de Formación Actoral del Municipio de Morón, y del 2014 al 2015 fue Director del Teatro Municipal de Morón “Gregorio de Laferrere”.
Sebastián Berenguer (Bahía Blanca, 1981)
Es director teatral, actor, músico y profesor de Artes en Teatro (Escuela de Teatro, Bahía Blanca). Se formó en dirección teatral con el maestro Augusto Fernandes, y en actuación con Eduardo Tato Pavlovsky, Beatriz Spelzini, Carolina González Antón, Cristian Drut, entre otros. Ha realizado cursos y seminarios de filosofía e historia teatral con Jorge Dubatti, y estudió Commedia dell Arte con Javier Tenías (Madrid, España).
Es fundador y coordinador del Espacio Cultural Independiente EPA (Bahía Blanca).
Ha dirigido numerosas obras teatrales: “Tosco, la obra teatral”, “El Títere”, “El Sr. Galíndez”, “El Abrazo”, “Historia del Zoo”, “El Acompañamiento”, “Claustro”, “Las personalidades de Samuel Yunque”, “Feliz navidad”, entre otras. En 2010 participó del homenaje a Tato Pavlovsky con la obra “Las personalidades de Samuel Yunque”, y en 2016, en el CCC, con “Hombres, imágenes y muñecos”.
Ha obtenido el premio al mejor espectáculo teatral con las obras “El Abrazo” (Guaminí, 2013) y “La historia del Zoo” (Bahía Blanca, 2015).
de Eduardo Pavlovsky
Centro Cultural de la Cooperación
Sala Raúl G. Tuñón
Av. Corrientes 1543, CABA
Del 25 de marzo al 13 de mayo
Sábados a las 22:15 hs.
Duración: 60'.
por Rubén Sacchi
No creo en las casualidades. Diversas causas, sí, pueden generar coincidencias producto de esa ley tan estudiada por los matemáticos, la Ley de Probabilidades, que el común de los mortales llamamos azar y al que nos entregamos resignados. Hablaba de coincidencias y no es menor el observar que, a horas de recordado el 41º aniversario de la última dictadura argentina, se estrene Hombres, imágenes y muñecos, obra del dramaturgo Tato Pavlovsky, en la que los poderes militar, eclesiástico y civil, pilares de aquel genocidio, son los protagonistas.
Un prestidigitador ¿ruso? que pide apagar los teléfonos celulares es el personaje ideal para que, "nada por aquí, nada por allá" mediante, todo pueda suceder. Y es así, porque la pieza en cuestión se inscribe en el género teatral del absurdo, pero dentro de la corriente vanguardista que sobrevoló la escena en los años 60.
Con sólo un mes en cartel, luego de su estreno en 1963, fue dejada en el olvido hasta que el investigador Jorge Dubatti la rescatara, junto a Camello sin anteojos, Circus-loquio, obras del mismo período, y la novela Dirección contraria de 1997, en el tomo VII de Teatro Completo (Atuel, 2010). Más de medio siglo no pudo envejecer el mensaje que atraviesa la obra, algo que no habla bien de nosotros como sociedad, en tanto las relaciones se basan en dominación y sometimiento.
Hombres como autómatas; muñecos como hombres y, por sobre todo ello, imágenes que crean el verdadero imaginario colectivo. La obra difumina las existencias y los protagonistas pasan a confundirse con títeres sin que pueda precisarse la identidad de quien manipula las marionetas. La práctica de la deconstrucción del lenguaje evidencia cómo dos procesos antagónicos pueden regirse con idéntico discurso, tal un cuadro que incluye en paralelo la toma de una fotografía y un fusilamiento. Pese a ser definida por el autor como "la más fragmentada" de sus obras, un hilo conductor evita que las diferentes situaciones aparezcan como inconexas o aisladas.
El trabajo técnico resulta impecable, con luces y sonido precisos y un vestuario por demás adecuado que refuerza la imagen que se intenta representar. La escenografía exhibe el minimalismo propio de un retablo en el que, más que el entorno, se hace hincapié en los muñecos y lo que estos generan en el espectador. Sin embargo, la frutilla del postre es el excelente trabajo actoral. No es fácil mostrar la torpeza y limitación de un fantoche con la destreza de movimientos necesaria para simularlas, mientras los rostros mantienen esa expresión de inocencia y perversión que dan una sensación ambigua a la platea y hablan de un gran trabajo de ensayo y marcación, delicia para quienes vemos la transpiración previa a cada función.
Hombres, imágenes y muñecos, como todo el teatro de este genial y comprometido dramaturgo, no es una obra fácil. Es teatro de vanguardia que aún hoy rezuma una fresca actualidad. Recomendable para tiempos en que toda la producción mediática ofrece productos ya masticados y digeridos, que pueden resultar ideales para bebés pero no para adultos que conocemos bien los estómagos de los que provienen.

Elenco
Juan Barreiro
María Fernández Vocos
Ramiro Gatti
Silvana Seewald
Cristian Thorsen
Equipo
Dirección: Daniel Dibiase - Sebastián Berenguer
Vestuario: Vera Rinaldi
Diseño de Luces: Matías Noval
Diseño Sonoro: Sebastián Berenguer
Utilería y arte cinético: Omar Mac Dougall
Prensa y comunicación: Ana Quiroga
Sobre el autor
Eduardo Tato Pavlovsky (Buenos Aires, 1933 - 2015)
Eduardo “Tato” Pavlovsky es uno de los máximos referentes del teatro político del siglo XX en Latinoamérica y uno de los grandes inspiradores teatrales. Su mirada de la realidad, la sensibilidad y el compromiso político-social de sus obras, y la imponente presencia escénica en sus actuaciones hacen de este director, actor y psicodramatista argentino un personaje emblemático de nuestra historia.
Tato Pavlovsky comienza su carrera como teatrista en los 50, y hacia el final de la década inicia su formación teatral en el instituto Nuevo Teatro, donde conoce a sus tres grandes profesores: Boero, Asquini y Conrado Ramonet.
En 1957 ve Esperando a Godot, de Samuel Beckett, en versión de Jorge Petraglia. Al descubrir la vanguardia, Pavlovsky, junto con otros compañeros, forman el Grupo Yenesí, en el que trabajarán autores como Arrabal, Ionesco, Beckett, Gámbaro.
Sus primeras obras son La espera trágica, escrita en 1961 y Somos, estrenada en 1962, a partir de las cuales se comienza a hablar de su teatro como “Teatro Total” o “Teatro del absurdo”: Por tal, Pavlovsky entendía un teatro de búsqueda, de intensidades, “que intente representarnos más auténticamente en nuestra realidad cotidiana, tan ajena de mensajes y discursos grandilocuentes”.
Sobre los directores
Daniel Dibiase (Buenos Aires, 1958)
Es actor y director de teatro. Comenzó sus estudios teatrales a principios de los 80 con Lito Cruz y Augusto Fernandes.
Como actor, participó en obras teatrales como “Marat Sade”, “Caligula”, “Galileo Galilei”, “Los indios estaban cabreros”, “La venganza de Don Mendo”, “El jardín de los cerezos”, “Escrito en el barro (Otelo)” —por la que fue nominado al premio Trinidad Guevara en 2007—, “Hamlet, el señor de los cielos”, “Alguien velará por mí”, “Te llevo en la sangre”, “Judith”, “El ángel del subsuelo”, “Amarillo”, “Tosco, la obra teatral”, “Todas las rayuelas”, bajo la dirección de Maestros como Rubén Szuchmacher, Villanueva Cosse, Rubén Pires, Andrés Bazzalo, Judith Enrique Dacal.
En cine actuó en “Moebius”, “Pizza, birra y faso”, “Garaje Olimpo”, “Crónica de una fuga”, “El manto de hiel”, entre otras, y en televisión participó en “De corazón”, “La nocturna”, “Vulnerables”, “El sodero de mi vida”, “Soy gitano”, “Chiquititas”, “Rebelde way”, “Dulce amor”, “Patito feo”, “Camino al amor”, “Entre caníbales”.
Ha dirigido obras como “Medea material”, “El jardín de los cerezos” y, en 2016, en el CCC, “Hombres, imágenes y muñecos”.
Del 2008 al 2014 fue coordinador Pedagógico de la Escuela de Formación Actoral del Municipio de Morón, y del 2014 al 2015 fue Director del Teatro Municipal de Morón “Gregorio de Laferrere”.
Sebastián Berenguer (Bahía Blanca, 1981)
Es director teatral, actor, músico y profesor de Artes en Teatro (Escuela de Teatro, Bahía Blanca). Se formó en dirección teatral con el maestro Augusto Fernandes, y en actuación con Eduardo Tato Pavlovsky, Beatriz Spelzini, Carolina González Antón, Cristian Drut, entre otros. Ha realizado cursos y seminarios de filosofía e historia teatral con Jorge Dubatti, y estudió Commedia dell Arte con Javier Tenías (Madrid, España).
Es fundador y coordinador del Espacio Cultural Independiente EPA (Bahía Blanca).
Ha dirigido numerosas obras teatrales: “Tosco, la obra teatral”, “El Títere”, “El Sr. Galíndez”, “El Abrazo”, “Historia del Zoo”, “El Acompañamiento”, “Claustro”, “Las personalidades de Samuel Yunque”, “Feliz navidad”, entre otras. En 2010 participó del homenaje a Tato Pavlovsky con la obra “Las personalidades de Samuel Yunque”, y en 2016, en el CCC, con “Hombres, imágenes y muñecos”.
Ha obtenido el premio al mejor espectáculo teatral con las obras “El Abrazo” (Guaminí, 2013) y “La historia del Zoo” (Bahía Blanca, 2015).
Sucesos Literarios Argentinos
Sucesos Literarios Argentinos
de Ana María Bovo
Centro Cultural de la Cooperación
Floreal Gorini
Sala Solidaridad
Av. Corrientes 1543, CABA
Domingos 20 hs.
por Rubén Sacchi
Una "librería de viejo" de la "calle que no duerme" es el espacio donde transcurre una historia que alberga otros seis vástagos. Esos establecimientos que los brasileños denominan más acertadamente "librería de sebo", haciendo referencia a la grasitud que, dedo tras dedo, quedó en sus páginas testimoniando la comunión de ese objeto con el hombre, eso que dio sentido a su existencia.
Allí, en el sótano, una empleada remeda la resistencia que Ray Bradbury pensó para los personajes de Fahrenheit 451 memorizando textos en vías de extinción que, ya sea por aplicación del canon de moda o vaya a saber por qué capricho editorial, no volverán a reeditarse. El fuego y el agua son dos elementos letales para esos volúmenes pero, como cualquier suceso que acontezca, están a merced de una plaga superior: el olvido.
Es una interesante propuesta que escapa al esquema tradicional de la narración oral, incursionando en el teatro en una suerte de caja china. Un decorado frugal, pero acorde permite jugar con paneles móviles y un manojo de objetos que ambientan perfectamente la escena, dejando a la narradora reposar sus pies en dos tomos de la mítica enciclopedia Monitor, que Salvat entregara en fascículos allá lejos, en los años 60.
La iluminación y el sonido acompañan muy bien la historia, reforzando un clima de profundo y placentero trabajo intelectual, en el que fluyen textos de Angel Vargas, Esther Cross, Daniel Moyano, Juan José Saer, Javier Villafañe e Isidoro Blaisten, que dan lugar al drama y a la risa sin solución de continuidad. Bovo, además, deja espacio para algunas menciones "al paso" y una recomendación especial: un escondido local, antes de Zivals, con una escalera de mármol, donde se consigue el long play de José María Vilches, recitando a Antonio Machado.
Los amantes de la literatura y la narración, seguramente se sentirán a sus anchas asistiendo a las funciones, pero también las disfrutarán quienes deseen experimentar una nueva oferta narrativo-teatral que les acerque otras voces y les siembre, indefectiblemente, la curiosidad por ahondar en las obras de los escritores referidos, lo que se traduce como el verdadero triunfo del narrador oral.
Ficha técnico artística:
Autoría: Ana María Bovo
Actúa: Ana María Bovo
Diseño y realización de escenografía: Lina Boselli
Diseño de luces: Pigu Gomez, Carolina Rolandi
Fotografía: Pigu Gomez
Comunicación visual - CCC: Claudio Medin
Asistencia técnica: Josefina Darriba
Asistencia de dirección: Paula Broner, Bernardo Sabbioni
Producción ejecutiva: Paula Broner, Bernardo Sabbioni
Dirección general: Ana María Bovo
Prensa: Marcos Mutuverría - DucheZarate
ANA MARIA BOVO
30 años de profesión
En 2017 Ana María Bovo celebra 30 años de su labor profesional como narradora de historias.
Desde sus primeras funciones en el subsuelo de la mítica librería Gandhi, aprendió que la paciencia es atributo fundamental para esta tarea, sobre todo, siendo una de las pioneras del género en la Argentina. Se dedicó entonces a esperar el "boca a boca" que replicara en la calle lo que ella hacía en el subsuelo, y así , poco a poco, fueron llegando sus primeros espectadores y tres años después , las primeros críticos.
Allí en Gandhi impartió también sus primeros Talleres de Narración Oral , y trabajó en la adaptación y reescritura de textos literarios para trasponerlos a la oralidad.
Desde entonces y tras recorrer muchos otros escenarios como por ejemplo el del CCC y el del Maipo, ha profundizado sus búsquedas.
Debutó como directora teatral con Emma Bovary, protagonizada por Julieta Díaz,.
Como dramaturga : incursionó en una dramaturgia propia para sus espectáculos Hasta que me llames, Así da gusto, Maní con chocolate y Humor Bovo.
Como autora: editó su primera Novela Rosas colombianas con EMECE y sus dos audio- libros Cuentos de humor y amor.
Como docente: fue fundadora y directora de La Escuela del Relato y actualmente, investiga y enseña su métodología de trabajo orientada a un Teatro del Relato.
En 2017, repondrá su obra Sucesos literarios argentinos.
Publicará su segunda novela : La mujer del tiempo, en Emecé.
Realizará una retrospectiva de su obra.
Estrenará un espectáculo acerca de lo que los cineastas llaman "El toque Lubitch".
Abrirá sus talleres de narración oral con innovaciones pedagógicas.
Entre sus premios figuran:
Premio Konex de Platino por trayectoria en unipersonal (2001- 2011)
Premio ACE por unipersonal en Maní con chocolate.
Premio Pregonero por su trayectoria como narradora oral.
Premio del Espectador al Artista del Año.
Todos sus espectáculos fueron nominados, sucesivamente, a los premios ACE, Clarín y Teatro del Mundo.
de Ana María Bovo
Centro Cultural de la Cooperación
Floreal Gorini
Sala Solidaridad
Av. Corrientes 1543, CABA
Domingos 20 hs.
por Rubén Sacchi
Una "librería de viejo" de la "calle que no duerme" es el espacio donde transcurre una historia que alberga otros seis vástagos. Esos establecimientos que los brasileños denominan más acertadamente "librería de sebo", haciendo referencia a la grasitud que, dedo tras dedo, quedó en sus páginas testimoniando la comunión de ese objeto con el hombre, eso que dio sentido a su existencia.
Allí, en el sótano, una empleada remeda la resistencia que Ray Bradbury pensó para los personajes de Fahrenheit 451 memorizando textos en vías de extinción que, ya sea por aplicación del canon de moda o vaya a saber por qué capricho editorial, no volverán a reeditarse. El fuego y el agua son dos elementos letales para esos volúmenes pero, como cualquier suceso que acontezca, están a merced de una plaga superior: el olvido.
Es una interesante propuesta que escapa al esquema tradicional de la narración oral, incursionando en el teatro en una suerte de caja china. Un decorado frugal, pero acorde permite jugar con paneles móviles y un manojo de objetos que ambientan perfectamente la escena, dejando a la narradora reposar sus pies en dos tomos de la mítica enciclopedia Monitor, que Salvat entregara en fascículos allá lejos, en los años 60.
La iluminación y el sonido acompañan muy bien la historia, reforzando un clima de profundo y placentero trabajo intelectual, en el que fluyen textos de Angel Vargas, Esther Cross, Daniel Moyano, Juan José Saer, Javier Villafañe e Isidoro Blaisten, que dan lugar al drama y a la risa sin solución de continuidad. Bovo, además, deja espacio para algunas menciones "al paso" y una recomendación especial: un escondido local, antes de Zivals, con una escalera de mármol, donde se consigue el long play de José María Vilches, recitando a Antonio Machado.
Los amantes de la literatura y la narración, seguramente se sentirán a sus anchas asistiendo a las funciones, pero también las disfrutarán quienes deseen experimentar una nueva oferta narrativo-teatral que les acerque otras voces y les siembre, indefectiblemente, la curiosidad por ahondar en las obras de los escritores referidos, lo que se traduce como el verdadero triunfo del narrador oral.
Ficha técnico artística:
Autoría: Ana María Bovo
Actúa: Ana María Bovo
Diseño y realización de escenografía: Lina Boselli
Diseño de luces: Pigu Gomez, Carolina Rolandi
Fotografía: Pigu Gomez
Comunicación visual - CCC: Claudio Medin
Asistencia técnica: Josefina Darriba
Asistencia de dirección: Paula Broner, Bernardo Sabbioni
Producción ejecutiva: Paula Broner, Bernardo Sabbioni
Dirección general: Ana María Bovo
Prensa: Marcos Mutuverría - DucheZarate
ANA MARIA BOVO
30 años de profesión
En 2017 Ana María Bovo celebra 30 años de su labor profesional como narradora de historias.
Desde sus primeras funciones en el subsuelo de la mítica librería Gandhi, aprendió que la paciencia es atributo fundamental para esta tarea, sobre todo, siendo una de las pioneras del género en la Argentina. Se dedicó entonces a esperar el "boca a boca" que replicara en la calle lo que ella hacía en el subsuelo, y así , poco a poco, fueron llegando sus primeros espectadores y tres años después , las primeros críticos.
Allí en Gandhi impartió también sus primeros Talleres de Narración Oral , y trabajó en la adaptación y reescritura de textos literarios para trasponerlos a la oralidad.
Desde entonces y tras recorrer muchos otros escenarios como por ejemplo el del CCC y el del Maipo, ha profundizado sus búsquedas.
Debutó como directora teatral con Emma Bovary, protagonizada por Julieta Díaz,.
Como dramaturga : incursionó en una dramaturgia propia para sus espectáculos Hasta que me llames, Así da gusto, Maní con chocolate y Humor Bovo.
Como autora: editó su primera Novela Rosas colombianas con EMECE y sus dos audio- libros Cuentos de humor y amor.
Como docente: fue fundadora y directora de La Escuela del Relato y actualmente, investiga y enseña su métodología de trabajo orientada a un Teatro del Relato.
En 2017, repondrá su obra Sucesos literarios argentinos.
Publicará su segunda novela : La mujer del tiempo, en Emecé.
Realizará una retrospectiva de su obra.
Estrenará un espectáculo acerca de lo que los cineastas llaman "El toque Lubitch".
Abrirá sus talleres de narración oral con innovaciones pedagógicas.
Entre sus premios figuran:
Premio Konex de Platino por trayectoria en unipersonal (2001- 2011)
Premio ACE por unipersonal en Maní con chocolate.
Premio Pregonero por su trayectoria como narradora oral.
Premio del Espectador al Artista del Año.
Todos sus espectáculos fueron nominados, sucesivamente, a los premios ACE, Clarín y Teatro del Mundo.
Las ciudades de la furia
Luis Benítez
Moglia Ediciones,
2016
Cuento, 120 pp.
por Rubén Sacchi
Cuando hablamos de
Las ciudades de la furia, inmediatamente pensamos en las gigantes e
impersonales urbes que se erigen idénticas más allá de la
geografía que las contenga y que atraviesan paisajes y humanidades
con igual desprecio, pero no es este el caso. El libro habla de otras
construcciones, más privadas e interiores, ajenas a lo edilicio que
las contenga, sea ya la gran ciudad, el suburbio o un pueblito de
referencia olvidada en los datos de catastro.
Benítez, con fino
trazo, describe esos escenarios habitados de personajes que conviven
con sus propios fantasmas y deseos. Instala atmósferas espesas,
opacas, como la de Hola, Darcy; atraviesa la candidez de quien
cree que, en un sistema más salvaje que la jungla, carente de reglas
perdurables, el trabajo puede asegurar el futuro, en el cuento Los
buenos, y llega hasta la cristalina y tierna página de El
geko, un fresco de la niñez que aplaca, con su fantasía, la
sordidez y crueldad de otros relatos, como La radio roja,
tremendo manifiesto de denuncia social.
Hay un evidente
rechazo a lo políticamente correcto. Lejos de idealizar la condición
de discapacidad, la coloca en un plano de igualdad junto a la
plenitud y desnuda los actos de perversión que tanto un enano como
un ciego pueden pergeñar, sin envidia de aquellos cuyas aptitudes
son tomadas por normales por las consideraciones sociales reinantes.
Las historias
deslizan textos profundamente reflexivos, así el detective privado
razona “la demencia era aquello: seguir una pista falsa que
lleva lejos de uno mismo hasta que desaparece a nuestras espaldas el
camino de regreso”; o el sobrino del tío Edmond, sentencia:
“La vejez nos hace recordar a los tantos hombres que no fuimos
–los que postergamos para ser aquél que todos conocieron-…”,
para agregar más tarde “La historia, todas las historias de los
hombres, son sólo la cáscara de motivos secretos”, inserta en
un párrafo sin desperdicio, impecable y propio de un digesto
filosófico que pone en evidencia al poeta humanista, al observador
crítico de la especie que hay detrás de las ficciones.
El libro debe leerse con la naturalidad que propicia el protagonista de El coleccionista,
olvidando que algún día habrá de morir “para dejar fluir el
poderoso mar de las ideas, otra de las formas de la eternidad”.
Eva Perón resucitada
Eva Perón resucitada
de Vicente Zito Lema
Museo IMPA
Querandíes 4290, CABA
por María Antonacci García
“¿Desde dónde hablar de Eva?”, se pregunta el relator-poeta-Vicente, “¿desde la frágil muchacha del cabello suelto que embiste hasta que un buitre le clava su pico entre los ojos? ¿desde la mansa plaza de su pueblo?” Porque eso fue ella: una frágil muchacha de pueblo con el cabello suelto como sus sueños. “¿Desde dónde hablar de Eva? ¿desde el amor del que tanto hablaba? ¿de qué amor? ¿el amor de los cuerpos de la pobreza? ¿de los cuerpos humillados, prostituidos… porque todo en la vida es así…? ¿el amor que se frustra y engendra rencor? ¿ese pájaro perverso que se cuela en el alma y no se va? ” Porque ella sabía de amor y de rencor como hija bastarda en una sociedad que, en lugar de juzgar al hombre hipócrita que lleva doble vida juzga a los inocentes y les hace pagar culpas ajenas “¿Desde el poder que tuvo y dejó escapar? ¿desde la revolución que igual soñó y también se fue?” Porque ella fue todo eso, una muchacha frágil que encontró su destino en Buenos Aires, que creció hasta hacerse gigante y convertirse en abanderada de los humillados, de los que eran menos que nada para los poderosos, para reivindicarlos y reivindicarse. Esta Eva que trae Vicente Zito Lema es la que resucita en cada injusticia, en cada dolor que soportan los de abajo, los descamisados, sus grasitas.
Entrando a Impa el impacto es fuerte, cada recoveco de la fábrica, en el camino a la sala donde se lleva a cabo la obra, tiene fotos de Eva, en el suelo, apoyadas en las columnas, con velas encendidas a su alrededor, más que para recordarla como santa (como algunos la nombran) para mantener viva la llama de su espíritu sediento de justicia.
No es casual que Eva Perón Resucitada se presente en una fábrica recuperada y en estos tiempos. Entre maquinaria en desuso, ella dice, grita, jura “con los dedos en cruz sobre mis labios igual que de niña: hasta el fin de la pobreza seguiré alerta con mi espada… ¡que el cielo me asista!” Por eso, la poesía de Zito Lema se hace presente justamente allí, para impedir el olvido, como dicen los trabajadores de la empresa, “frente a estos tiempos duros para los pueblos del mundo y el nuestro en particular, donde solo se podrá salir si entre todos asumimos el compromiso y la entrega que Evita tuvo con su pueblo”.
Excelente es la actuación de Nara Carreira, que emociona profundamente en el difícil papel de recordar a la abanderada de los humildes, en el que no cabe buscar la imitación sino una gran elaboración interior. El coro de mujeres, como en una tragedia griega, se destaca tanto en la textura dramática como en las maravillosas voces de sus integrantes, al igual que la música en vivo de Thono Báez, en brillante acompañamiento a la obra.
Ficha técnica
Libro y dirección: Vicente Zito Lema
Actuación: Nara Carreira y Vicente Zito Lema
Dirección de coro: Josefina Lamarre
Asistente de dirección: Alan Robinson
Músico en vivo: Thono Báez
Sonido y proyecciones: Daniel Malnati
Iluminación: Sergio Iriarte, Gianni Foschiatti
Vestuario: Gina Peiretti
Filmación: Ricardo V. Muhlenbrock
Producción: Regine Bergmeijer, Daniela Sánchez
Prensa: Federico Frau Barros, Facundo Moro, Juan Mineldin
Facebook: evaperonresucitada
de Vicente Zito Lema
Museo IMPA
Querandíes 4290, CABA
por María Antonacci García
“¿Desde dónde hablar de Eva?”, se pregunta el relator-poeta-Vicente, “¿desde la frágil muchacha del cabello suelto que embiste hasta que un buitre le clava su pico entre los ojos? ¿desde la mansa plaza de su pueblo?” Porque eso fue ella: una frágil muchacha de pueblo con el cabello suelto como sus sueños. “¿Desde dónde hablar de Eva? ¿desde el amor del que tanto hablaba? ¿de qué amor? ¿el amor de los cuerpos de la pobreza? ¿de los cuerpos humillados, prostituidos… porque todo en la vida es así…? ¿el amor que se frustra y engendra rencor? ¿ese pájaro perverso que se cuela en el alma y no se va? ” Porque ella sabía de amor y de rencor como hija bastarda en una sociedad que, en lugar de juzgar al hombre hipócrita que lleva doble vida juzga a los inocentes y les hace pagar culpas ajenas “¿Desde el poder que tuvo y dejó escapar? ¿desde la revolución que igual soñó y también se fue?” Porque ella fue todo eso, una muchacha frágil que encontró su destino en Buenos Aires, que creció hasta hacerse gigante y convertirse en abanderada de los humillados, de los que eran menos que nada para los poderosos, para reivindicarlos y reivindicarse. Esta Eva que trae Vicente Zito Lema es la que resucita en cada injusticia, en cada dolor que soportan los de abajo, los descamisados, sus grasitas.
Entrando a Impa el impacto es fuerte, cada recoveco de la fábrica, en el camino a la sala donde se lleva a cabo la obra, tiene fotos de Eva, en el suelo, apoyadas en las columnas, con velas encendidas a su alrededor, más que para recordarla como santa (como algunos la nombran) para mantener viva la llama de su espíritu sediento de justicia.
No es casual que Eva Perón Resucitada se presente en una fábrica recuperada y en estos tiempos. Entre maquinaria en desuso, ella dice, grita, jura “con los dedos en cruz sobre mis labios igual que de niña: hasta el fin de la pobreza seguiré alerta con mi espada… ¡que el cielo me asista!” Por eso, la poesía de Zito Lema se hace presente justamente allí, para impedir el olvido, como dicen los trabajadores de la empresa, “frente a estos tiempos duros para los pueblos del mundo y el nuestro en particular, donde solo se podrá salir si entre todos asumimos el compromiso y la entrega que Evita tuvo con su pueblo”.
Excelente es la actuación de Nara Carreira, que emociona profundamente en el difícil papel de recordar a la abanderada de los humildes, en el que no cabe buscar la imitación sino una gran elaboración interior. El coro de mujeres, como en una tragedia griega, se destaca tanto en la textura dramática como en las maravillosas voces de sus integrantes, al igual que la música en vivo de Thono Báez, en brillante acompañamiento a la obra.
Ficha técnica
Libro y dirección: Vicente Zito Lema
Actuación: Nara Carreira y Vicente Zito Lema
Dirección de coro: Josefina Lamarre
Asistente de dirección: Alan Robinson
Músico en vivo: Thono Báez
Sonido y proyecciones: Daniel Malnati
Iluminación: Sergio Iriarte, Gianni Foschiatti
Vestuario: Gina Peiretti
Filmación: Ricardo V. Muhlenbrock
Producción: Regine Bergmeijer, Daniela Sánchez
Prensa: Federico Frau Barros, Facundo Moro, Juan Mineldin
Facebook: evaperonresucitada
Las dos en punto
Las dos en punto
de Walther Sánchez Rodríguez
Auditorio Kraft
Florida 681, CABA
por María Antonacci García
Para los argentinos que descendemos de inmigrantes europeos, la historia de sus tierras nos llega muy de cerca, y sus luchas y sufrimientos nos duelen en carne propia. Cuántos de nuestros abuelos llegaron después de un penoso viaje escapando del hambre y la miseria, o tal vez perseguidos por ideales diferentes a los de aquellos que detentaban el poder en su país. Algunos pudieron huir y venir a ganarse el pan, no sin enormes sacrificios, a América. Otros, en cambio, víctimas de la violencia política, sufrieron la persecución, el tormento físico, el hambre y el desprecio en su suelo natal. Tal el caso de la familia española, oriunda de Galicia, Fandiño Ricart, cuyos hijos mayores eran militantes anarquistas y, luego de la toma del poder por Francisco Franco, fueron encarcelados y torturados. Pero no menos terrible fue lo que les sucedió a las hermanas, Maruxa y Coralia, que vivían en el hogar paterno y sufrieron su violencia simplemente por el lazo familiar que las unía a ellos pero también por ser mujeres, en una época en que la iglesia enseñoreaba sus valores machistas y dejaba para el género femenino las tareas domésticas y el culto religioso, castigando duramente a las que osaran transgredir las normas. La irrupción en la casa a cualquier hora de la noche por parte de las huestes falangistas, los golpes y las violaciones fueron moneda corriente para las dos. El miedo logró que los vecinos dejaran de relacionarse con ellas, quienes envejecieron solas y en la miseria. Pero, como la vida continuaba, encontraron en la locura la forma de defenderse y rebelarse. En la oscuridad de la España franquista, ellas se vestían de vivos colores y salían a las dos en punto a la plaza del pueblo para piropear a los estudiantes universitarios.
Al comenzar la obra, Zapatones, el mítico peregrino gallego, introduce la historia y, de manera poética, la pone en contexto; reaparece otras veces acompañando la transformación de las hermanas, desde su juventud, cuando trabajaban en la costura, hasta su fuga hacia la locura y la libertad.
Pese a la dramaticidad de la historia, la obra es fresca porque no asesta golpes bajos y muestra a las protagonistas con una mezcla de ternura e inocencia, aunque el final nos arranque lágrimas. La dramaturgia no esconde el oscurantismo del momento en la península ibérica, revelándolo sutilmente en el cambio operado en las Fandiño. Las actuaciones demuestran una gran ductilidad, con un vasto trabajo interior de las actrices, sacando a la luz la decisión y el coraje para resistir la dureza de sus vidas, sin caer en estereotipos. Muy buena y sencilla la puesta que dice lo necesario dejando el lucimiento a los actores. El vestuario, acertado, recuerda la estatua erigida en su recuerdo en la plaza de su pueblo natal. Un espectáculo necesario para mantener viva la memoria colectiva.
Elenco:
Maruxa Fandiño Ricart: Marcela Fernández Señor
Coralia Fandiño Ricart: Liliana Olmo
Peregrino: Walther Sánchez Rodríguez
Equipo:
Dramaturgia: Walther Sánchez Rodríguez
Colaboración Artística: Marisa Villar
Vestuario y Escenografía: Lucía Trebisacce
Diseño de Iluminación: Débora Ruiz y Lucía Trebisacce
Asesoría en Maquillaje: Mercedes Lagunas
Música: Xeito Novo
Fotografía: Joaquín Amoia
Video: Pamela Fadiga
Diseño gráfico: Florencia Pignataro
Producción: Verónica Torres Bugallo
Dirección: Débora Ruiz
de Walther Sánchez Rodríguez
Auditorio Kraft
Florida 681, CABA
por María Antonacci García
Para los argentinos que descendemos de inmigrantes europeos, la historia de sus tierras nos llega muy de cerca, y sus luchas y sufrimientos nos duelen en carne propia. Cuántos de nuestros abuelos llegaron después de un penoso viaje escapando del hambre y la miseria, o tal vez perseguidos por ideales diferentes a los de aquellos que detentaban el poder en su país. Algunos pudieron huir y venir a ganarse el pan, no sin enormes sacrificios, a América. Otros, en cambio, víctimas de la violencia política, sufrieron la persecución, el tormento físico, el hambre y el desprecio en su suelo natal. Tal el caso de la familia española, oriunda de Galicia, Fandiño Ricart, cuyos hijos mayores eran militantes anarquistas y, luego de la toma del poder por Francisco Franco, fueron encarcelados y torturados. Pero no menos terrible fue lo que les sucedió a las hermanas, Maruxa y Coralia, que vivían en el hogar paterno y sufrieron su violencia simplemente por el lazo familiar que las unía a ellos pero también por ser mujeres, en una época en que la iglesia enseñoreaba sus valores machistas y dejaba para el género femenino las tareas domésticas y el culto religioso, castigando duramente a las que osaran transgredir las normas. La irrupción en la casa a cualquier hora de la noche por parte de las huestes falangistas, los golpes y las violaciones fueron moneda corriente para las dos. El miedo logró que los vecinos dejaran de relacionarse con ellas, quienes envejecieron solas y en la miseria. Pero, como la vida continuaba, encontraron en la locura la forma de defenderse y rebelarse. En la oscuridad de la España franquista, ellas se vestían de vivos colores y salían a las dos en punto a la plaza del pueblo para piropear a los estudiantes universitarios.
Al comenzar la obra, Zapatones, el mítico peregrino gallego, introduce la historia y, de manera poética, la pone en contexto; reaparece otras veces acompañando la transformación de las hermanas, desde su juventud, cuando trabajaban en la costura, hasta su fuga hacia la locura y la libertad.
Pese a la dramaticidad de la historia, la obra es fresca porque no asesta golpes bajos y muestra a las protagonistas con una mezcla de ternura e inocencia, aunque el final nos arranque lágrimas. La dramaturgia no esconde el oscurantismo del momento en la península ibérica, revelándolo sutilmente en el cambio operado en las Fandiño. Las actuaciones demuestran una gran ductilidad, con un vasto trabajo interior de las actrices, sacando a la luz la decisión y el coraje para resistir la dureza de sus vidas, sin caer en estereotipos. Muy buena y sencilla la puesta que dice lo necesario dejando el lucimiento a los actores. El vestuario, acertado, recuerda la estatua erigida en su recuerdo en la plaza de su pueblo natal. Un espectáculo necesario para mantener viva la memoria colectiva.
Elenco:
Maruxa Fandiño Ricart: Marcela Fernández Señor
Coralia Fandiño Ricart: Liliana Olmo
Peregrino: Walther Sánchez Rodríguez
Equipo:
Dramaturgia: Walther Sánchez Rodríguez
Colaboración Artística: Marisa Villar
Vestuario y Escenografía: Lucía Trebisacce
Diseño de Iluminación: Débora Ruiz y Lucía Trebisacce
Asesoría en Maquillaje: Mercedes Lagunas
Música: Xeito Novo
Fotografía: Joaquín Amoia
Video: Pamela Fadiga
Diseño gráfico: Florencia Pignataro
Producción: Verónica Torres Bugallo
Dirección: Débora Ruiz
Antes del encuentro feroz
Antes del encuentro feroz
Agustina María Bazterrica
Alción Editora, 2016
Cuento, 188 pp.
por Rubén Sacchi
Es sábado. Pasada la medianoche me sumerjo en el libro de Bazterrica. A mi lado mi mujer, que bajo una lluvia torrencial participó en un homenaje a su compañera detenida-desaparecida Marie Anne Erize, revisa su postergado facebook. La oigo putear. La interrogo.En sus palabras se entremezclan el maltrato a un pobre potrillo -explotado y sin leyes laborales a las que apelar- con la reciente ley prohibitiva de las carreras de galgos. Yo estoy leyendo el cuento Sonido y una frase, por repetida, retumba en mi cabeza en toda su universalidad: “La maldad del ser humano no tiene límites”; y veo como ese pensamiento puede abarcar desde el accionar de un genocida hasta el maltrato animal. La historia, un pequeño compendio se subjetividad y paranoia, podría no ser más que eso, sin embargo, unas líneas hacia atrás, bajo el título Lobo, deja claro que “cada uno de nosotros es un lobo que, con una eternidad exquisita, devora al otro”. Toda una posición tomada.
Al igual que en su novela Matar a la niña, la autora apela a la fantasía como herramienta metafórica de la realidad, lo que resulta ser un buen artilugio para suavizar todo lo que de cruel la impregna.
El cuento corto, estilo del volumen, posee la particularidad de que, en ese breve espacio, se desarrolle todo el proceso narrativo y en esa misma característica radica su desafío, máxime si los textos están cargados de una buena dosis de dramatismo. Antes del encuentro feroz reúne cuentos voraces, no hay finales felices ni situaciones placenteras porque, si existen, proceden de hechos truculentos, tortuosos pero que cierta esperanza, o quizás morbosidad, invitan a leer hasta el final.
Agustina María Bazterrica
Alción Editora, 2016
Cuento, 188 pp.
por Rubén Sacchi
Es sábado. Pasada la medianoche me sumerjo en el libro de Bazterrica. A mi lado mi mujer, que bajo una lluvia torrencial participó en un homenaje a su compañera detenida-desaparecida Marie Anne Erize, revisa su postergado facebook. La oigo putear. La interrogo.En sus palabras se entremezclan el maltrato a un pobre potrillo -explotado y sin leyes laborales a las que apelar- con la reciente ley prohibitiva de las carreras de galgos. Yo estoy leyendo el cuento Sonido y una frase, por repetida, retumba en mi cabeza en toda su universalidad: “La maldad del ser humano no tiene límites”; y veo como ese pensamiento puede abarcar desde el accionar de un genocida hasta el maltrato animal. La historia, un pequeño compendio se subjetividad y paranoia, podría no ser más que eso, sin embargo, unas líneas hacia atrás, bajo el título Lobo, deja claro que “cada uno de nosotros es un lobo que, con una eternidad exquisita, devora al otro”. Toda una posición tomada.
Al igual que en su novela Matar a la niña, la autora apela a la fantasía como herramienta metafórica de la realidad, lo que resulta ser un buen artilugio para suavizar todo lo que de cruel la impregna.
El cuento corto, estilo del volumen, posee la particularidad de que, en ese breve espacio, se desarrolle todo el proceso narrativo y en esa misma característica radica su desafío, máxime si los textos están cargados de una buena dosis de dramatismo. Antes del encuentro feroz reúne cuentos voraces, no hay finales felices ni situaciones placenteras porque, si existen, proceden de hechos truculentos, tortuosos pero que cierta esperanza, o quizás morbosidad, invitan a leer hasta el final.
Muerte en las calles de Buenos Ayres
Muerte en las calles de Buenos Ayres
Jorge A. Colombo
Grupo Editor Latinoamericano, 2015
Novela, 208 pp.
por Rubén Sacchi
En una nota previa, el autor confiesa su deseo para con esta historia. Propone al lector “salir por un instante de las urgencias de una urbanidad actual a menudo agobiante y con una memoria urbana mutilada”. Y para ello él se propone trasladarnos a esa otra Buenos Aires, la colonial, con un ritmo más lento pero con otro tipo de ebulliciones.
El encargado de guiarnos en esas peripecias vuelve a ser Jorge Ferrari, quizás un alter ego del autor, devenido viajero del tiempo. Aventuras de un porteño en tiempos de la colonia, El oráculo de la recova o La logia de los anillos de amatista, son algunos de los títulos que años atrás nos introdujeron en las aventuras de este intrépido personaje que se traslada a través de los pozos de descartes -vaciaderos de desechos de antaño- que fueron recuperados en la actualidad, en algunos solares, por arqueólogos urbanos.
Con un pantallazo de la primera invasión inglesa y la rendición de nuestra soberanía de manos de las autoridades virreinales, hace pie en la visita a la ciudadela del anatomista alemán Franz Gall, creador de la frenología, una de las tantas teorías que intentaban relacionar la morfología humana con la predisposición al delito, una especie de antecedente del positivismo criminológico, creado por Césare Lombroso y sostenido por Ferri y Garófalo, todos profesionales italianos.
A esta altura, la serie propuesta por Colombo constituye una suerte de saga que puede apuntar no sólo al público adulto, sino que se evidencia apropiada para la franja etaria juvenil, pues las historias, además de resultar entretenidas, acercan al lector a un escenario propio y a personajes que construyeron la Patria que habitamos, sin necesidad de acudir a héroes de otras latitudes.
Jorge A. Colombo
Grupo Editor Latinoamericano, 2015
Novela, 208 pp.
por Rubén Sacchi
En una nota previa, el autor confiesa su deseo para con esta historia. Propone al lector “salir por un instante de las urgencias de una urbanidad actual a menudo agobiante y con una memoria urbana mutilada”. Y para ello él se propone trasladarnos a esa otra Buenos Aires, la colonial, con un ritmo más lento pero con otro tipo de ebulliciones.
El encargado de guiarnos en esas peripecias vuelve a ser Jorge Ferrari, quizás un alter ego del autor, devenido viajero del tiempo. Aventuras de un porteño en tiempos de la colonia, El oráculo de la recova o La logia de los anillos de amatista, son algunos de los títulos que años atrás nos introdujeron en las aventuras de este intrépido personaje que se traslada a través de los pozos de descartes -vaciaderos de desechos de antaño- que fueron recuperados en la actualidad, en algunos solares, por arqueólogos urbanos.
Con un pantallazo de la primera invasión inglesa y la rendición de nuestra soberanía de manos de las autoridades virreinales, hace pie en la visita a la ciudadela del anatomista alemán Franz Gall, creador de la frenología, una de las tantas teorías que intentaban relacionar la morfología humana con la predisposición al delito, una especie de antecedente del positivismo criminológico, creado por Césare Lombroso y sostenido por Ferri y Garófalo, todos profesionales italianos.
A esta altura, la serie propuesta por Colombo constituye una suerte de saga que puede apuntar no sólo al público adulto, sino que se evidencia apropiada para la franja etaria juvenil, pues las historias, además de resultar entretenidas, acercan al lector a un escenario propio y a personajes que construyeron la Patria que habitamos, sin necesidad de acudir a héroes de otras latitudes.
Zona caliente
Zona caliente
Charles Williams
La Bestia Equilátera, 2016
Novela, 272 pp.
por Rubén Sacchi
En 1991, el director de animación Bill Plympton creó, para su película The Tune, una secuencia en la que un aspirante a compositor termina en un bar de mala muerte lamentando sus pérdidas. Allí, un negro, bajo el interrogante “¿querés saber lo qué es perder?” le canta No nose blues, afligido por la pérdida de su nariz. Esa frase bien podría ser de Harry Madox, protagonista de Zona Caliente quien, queriendo abrazar el Paraíso, se va hundiendo cada vez más en el Infierno.
La novela expone la mejor tradición del policial negro, donde el crimen en sí mismo es sólo el escenario en el que los personajes se mueven y lo que realmente interesa, y relata la historia, es lo que acontece en sus vidas y los motivos que motorizan sus acciones, como en todo ser humano: no siempre evidentes, no siempre puros ni transparentes.
Hay un manejo interesante de varias líneas de conflicto, que se desarrollan de manera alterna y crean una tensión permanente desde el inicio del relato. Nunca un momento de relativa calma transcurre sin esbozar un clima de zozobra, aunque puede no ser explícito, ya que muchas veces es trabajado con anterioridad y persiste en la mente del lector.
Nada falta en esta receta magistral. Mujeres enamoradas, chantajes, robos y asesinatos.Engaños y policías duros. Tampoco un hombre que, con un pasado a cuestas, piensa que no tiene más nada que perder y no se contenta con la apacible atmósfera de un oscuro pueblo sureño.
Charles Williams
La Bestia Equilátera, 2016
Novela, 272 pp.
por Rubén Sacchi
En 1991, el director de animación Bill Plympton creó, para su película The Tune, una secuencia en la que un aspirante a compositor termina en un bar de mala muerte lamentando sus pérdidas. Allí, un negro, bajo el interrogante “¿querés saber lo qué es perder?” le canta No nose blues, afligido por la pérdida de su nariz. Esa frase bien podría ser de Harry Madox, protagonista de Zona Caliente quien, queriendo abrazar el Paraíso, se va hundiendo cada vez más en el Infierno.
La novela expone la mejor tradición del policial negro, donde el crimen en sí mismo es sólo el escenario en el que los personajes se mueven y lo que realmente interesa, y relata la historia, es lo que acontece en sus vidas y los motivos que motorizan sus acciones, como en todo ser humano: no siempre evidentes, no siempre puros ni transparentes.
Hay un manejo interesante de varias líneas de conflicto, que se desarrollan de manera alterna y crean una tensión permanente desde el inicio del relato. Nunca un momento de relativa calma transcurre sin esbozar un clima de zozobra, aunque puede no ser explícito, ya que muchas veces es trabajado con anterioridad y persiste en la mente del lector.
Nada falta en esta receta magistral. Mujeres enamoradas, chantajes, robos y asesinatos.Engaños y policías duros. Tampoco un hombre que, con un pasado a cuestas, piensa que no tiene más nada que perder y no se contenta con la apacible atmósfera de un oscuro pueblo sureño.
Todos contra todos y cada uno contra sí mismo
Todos contra todos y cada uno contra sí mismo
Bob Chow
La Bestia Equilátera, 2016
Novela, 208 pp.
por Rubén Sacchi
Quizás decir que esta novela habla de la humanidad, de lo que fue y en lo que se convirtió, sea insuficiente porque, además, abre un inmenso interrogante hacia el porvenir de la misma, si es que lo hubiese. Una tensión permanente entre lo arcaico y un futuro automatizado sobrevuela la vida del ingeniero informático Martín Orlog, sobre la suya y la de un puñado de personajes de lo más singulares, en un escenario poco trabajado por los narradores: el Estado Plurinacional de Bolivia.
La historia transcurre en un futuro inmediato, lo que le aporta ribetes de una realidad siempre sujeta a las hipótesis. El enfrentamiento del hombre y la máquina y la noción de inmortalidad acompaña un relato que lleva la acción a sus extremos. ¿Qué son el amor, la vida y la muerte, sino exageraciones para la percepción de un simple mortal? Tanto como la selva, los montes o, más aún, el Universo y las profundidades de la Tierra. Tampoco descarta pequeños mensajes subyacentes, como la crítica a la sociedad de consumo que expone “afiches de productos para nuevas necesidades”.
Hay una distancia morosa en la mirada del protagonista. Analiza con resignación la realidad, como si esta pasara por su lado sin rozarlo pues, sostiene: “La angustia solo parasita el alma de los que albergan una mísera esperanza”. Pero no resuelve el viejo dilema de la existencia humana, mientras que profetiza que “esos pensamientos de sangre que caen igual que piedras de una montaña no serán eternos”, asume que “ninguna otra especie derrama lágrimas emotivas”, mientras se interpela “¿por qué perpetuar una especie que no sabe para qué existe?”.
Afirmando cierto hermetismo del texto, cita a Rainer M. Rilke: “prefiero estar con los que conocen cosas secretas; si no prefiero estar solo”, y marca el derrotero planteado, como la canción que suena en la radio: “encontré lo que quería,/ pero lo volví a esconder”. Hay muchas puntas que asoman y se esconden, un gran manejo de la información, un exhibir escamoteado que obliga al lector a participar decididamente con su imaginación.
Bob Chow
La Bestia Equilátera, 2016
Novela, 208 pp.
por Rubén Sacchi
Quizás decir que esta novela habla de la humanidad, de lo que fue y en lo que se convirtió, sea insuficiente porque, además, abre un inmenso interrogante hacia el porvenir de la misma, si es que lo hubiese. Una tensión permanente entre lo arcaico y un futuro automatizado sobrevuela la vida del ingeniero informático Martín Orlog, sobre la suya y la de un puñado de personajes de lo más singulares, en un escenario poco trabajado por los narradores: el Estado Plurinacional de Bolivia.
La historia transcurre en un futuro inmediato, lo que le aporta ribetes de una realidad siempre sujeta a las hipótesis. El enfrentamiento del hombre y la máquina y la noción de inmortalidad acompaña un relato que lleva la acción a sus extremos. ¿Qué son el amor, la vida y la muerte, sino exageraciones para la percepción de un simple mortal? Tanto como la selva, los montes o, más aún, el Universo y las profundidades de la Tierra. Tampoco descarta pequeños mensajes subyacentes, como la crítica a la sociedad de consumo que expone “afiches de productos para nuevas necesidades”.
Hay una distancia morosa en la mirada del protagonista. Analiza con resignación la realidad, como si esta pasara por su lado sin rozarlo pues, sostiene: “La angustia solo parasita el alma de los que albergan una mísera esperanza”. Pero no resuelve el viejo dilema de la existencia humana, mientras que profetiza que “esos pensamientos de sangre que caen igual que piedras de una montaña no serán eternos”, asume que “ninguna otra especie derrama lágrimas emotivas”, mientras se interpela “¿por qué perpetuar una especie que no sabe para qué existe?”.
Afirmando cierto hermetismo del texto, cita a Rainer M. Rilke: “prefiero estar con los que conocen cosas secretas; si no prefiero estar solo”, y marca el derrotero planteado, como la canción que suena en la radio: “encontré lo que quería,/ pero lo volví a esconder”. Hay muchas puntas que asoman y se esconden, un gran manejo de la información, un exhibir escamoteado que obliga al lector a participar decididamente con su imaginación.
El ciudadano
El ciudadanoFlorencia L. Ghio
Ediciones Deldragón, 2016
Novela, 240 pp.
por Rubén Sacchi
Franz Kafka dedicó buena parte de su talento a la crítica de las instituciones. Superando la catarsis, desarrolló verdaderos ensayos en los que evidenciaba los laberintos irresolubles de la justicia y mostraba a la ciudad como una maquinaria devoradora. De eso trata El ciudadano, una novela de la Patria Grande, que a veces no es más que una hermosa aspiración.
El libro cuenta las vicisitudes de un joven peruano, aspirante a poeta, que intenta escapar de su pequeño infierno hacia el espejismo de la metrópolis. Huye de una madre que “no le había dado la vida, lo había traído a ella para dejarlo librado a su propia suerte”, de la falta de horizonte, del flagelo de la droga. Buenos Aires exhibe, sin solución de continuidad, sus dos caras: la solidaria y la represiva.
El azar lo cruza con una defensora oficial que hará todo lo posible para sacarlo de la gran trampa burocrática donde las personas son fojas de un expediente y su salvación o su condena no pasan de ser un trámite más.
De una prosa cuidada, Ghio va armando la trama que termina por convertirse en la tela de araña donde, al decir del Martín Fierro, sólo se enredan los pobres.
Con una buena cuota de agnosticismo, propia de quien padece la injusticia cuestiona, en más de una oportunidad, la existencia divina. Ante la ignominia, interpela: “¿Era necesario? ¿Esa era Tu voluntad?” para, más adelante, concluir: “Evidentemente no estaba en los planes del Creador -si es que existía- que él fuera feliz”.
Por veraz, la historia deja un sabor amargo, desnudando un sistema inhumano que es menester cambiar.
Acá se juzga genocidas
Acá se juzga genocidas
Graciela Daleo y otros
Editorial de la Fac. de Filosofía y Letras, 2012
Ensayo DD.HH., 180 pp.
por Rubén Sacchi
En los tiempos que corren, plenos de liberalismo y banalidad, rescatar esta publicación impone la cuestión de la memoria sobre tanto mensaje lavado y engañoso.
La problemática de la violencia estatal cobra hoy nueva significación a la luz de las luchas sociales y sindicales, que se multiplican a lo largo y ancho del país, producto de las salvajes políticas de ajuste y la consabida represión por parte del aparato del estado.
La frase con que inicia el volumen: “Van a sepultar a tus verdugos en el tacho de basura de la historia”, del desaparecido periodista y escritor Rodolfo Walsh, es poco menos que una declaración de principios para un pueblo que ha decidido protagonizar su futuro.
El trabajo reúne páginas con un valiosísimo material, tanto escrito como fotográfico. Con testimonios de los diferentes actores que participaron de las luchas por los DD. HH., extractos de las audiencias en los juicios a los genocidas, apuntes de la Cátedra Libre de DD. HH., entre otros; aporta un material invalorable para que los colectivos se interesen en profundizar acerca de la historia reciente.
Una galería fotográfica de represores, exhibe los rostros de la peor tragedia que, quienes debieran propender al bien común, le infligieron a la sociedad toda. Pero también hay una enorme cantidad de imágenes que nos muestran la alegría en la lucha, a veces con risas, otras con llanto, pero siempre en la certeza de que no hay otro camino posible que el de juicio y castigo para hacer realidad el Nunca Más.
Graciela Daleo y otros
Editorial de la Fac. de Filosofía y Letras, 2012
Ensayo DD.HH., 180 pp.
por Rubén Sacchi
En los tiempos que corren, plenos de liberalismo y banalidad, rescatar esta publicación impone la cuestión de la memoria sobre tanto mensaje lavado y engañoso.
La problemática de la violencia estatal cobra hoy nueva significación a la luz de las luchas sociales y sindicales, que se multiplican a lo largo y ancho del país, producto de las salvajes políticas de ajuste y la consabida represión por parte del aparato del estado.
La frase con que inicia el volumen: “Van a sepultar a tus verdugos en el tacho de basura de la historia”, del desaparecido periodista y escritor Rodolfo Walsh, es poco menos que una declaración de principios para un pueblo que ha decidido protagonizar su futuro.
El trabajo reúne páginas con un valiosísimo material, tanto escrito como fotográfico. Con testimonios de los diferentes actores que participaron de las luchas por los DD. HH., extractos de las audiencias en los juicios a los genocidas, apuntes de la Cátedra Libre de DD. HH., entre otros; aporta un material invalorable para que los colectivos se interesen en profundizar acerca de la historia reciente.
Una galería fotográfica de represores, exhibe los rostros de la peor tragedia que, quienes debieran propender al bien común, le infligieron a la sociedad toda. Pero también hay una enorme cantidad de imágenes que nos muestran la alegría en la lucha, a veces con risas, otras con llanto, pero siempre en la certeza de que no hay otro camino posible que el de juicio y castigo para hacer realidad el Nunca Más.
El cazador
El cazadorTheodosio A. Barrios
th Barrios Rocha Ediciones, 2004
Cuento, 228 pp.
por Rubén Sacchi
Hay libros que escapan al histrionismo, que guardan con humildad su contenido que, puestos en los anaqueles, pasan desapercibidos a la vista y, sin embargo, atesoran jugosas historias y tradiciones. Es el caso de El cazador, de Theodosio Barrios, editor y escritor misionero, que compendia más de una veintena de cuentos en formato de 7 x 10 cm. lo que, sin dudas, es más pequeño que un libro de bolsillo, práctico y afirmativo de aquello de que “el saber no ocupa lugar”.
El autor desgrana relatos, ora universales ora folklóricos, en los que la mitología de la tierra colorada se expone en toda su riqueza, dando vida a seres fabulosos, que habitan las tradiciones de los pueblos del litoral y que en más de una ocasión se originan en ancestrales culturas originarias. Para el lector que desconoce algunos términos específicos, un glosario acompaña los textos y lo acerca a la diversidad lingüística propia de esas latitudes.
Las páginas encierran un gran poder descriptivo, de la mano de metáforas de gran riqueza plástica, como en el cuento que da nombre al libro: “un metro ochenta y cinco de músculos malolientes a tabaco y caña”.
Sabemos que las políticas culturales distan de ser democráticas. Difícil es hacerse de estos libros en los sitios habituales, pero bien vale la pena rastrear en las Ferias del Libro, estas perlitas de producción regional
El preludio de los truenos
El preludio de los truenosCarlos Splausky
Ediciones El Escriba, 2016
Poesía, 204 pp.
por Rubén Sacchi
Como ya nos tiene acostumbrados, este prolífico hombre de letras nos entrega un nuevo volumen de su producción, sin desperdicio. Esta vez con una selección de su poesía, datada en 2016.
En sus versos sobrevuelan los espíritus de Armando Tejada Gómez, Hamlet Lima Quintana ó Damián Sánchez, reencarnados en la personalísima voz del poeta, donde un paisaje vegetal y de incendios abraza el amor y la vida toda.
Metáforas deliciosas describen con maestría los paisajes más sencillos. Así, el amanecer es “la cresta fugaz del horizonte”, en Los tientos de la bruma o el ocaso contiene “los tizones del día que se apaga”. Entre esas bellas figuras transcurre la poesía de Carlos Splausky.
El autor es conciente de la función constructora de la lírica, de su necesaria existencia, de su sino refundante y combativo. No se entrega a una realidad adversa y declama: “Buscamos desde las sombras.../ los estandartes de luz - derrumbados en la tormenta”, porque “Venimos olfateando la vida/ (...)/ ...Empujados por el hierro y la malicia”.
El trueno ocurre desde su denominación y transita los poemas del libro, es su leit motiv. El trueno, como el sonido final del escarmiento a los traidores del género humano, vistiendo “Los atuendos vistosos de la rebeldía” porque, como escribieron esos viejos pensadores, con tan intencionada mala prensa, que fueron Carlos Marx y Federico Engels: “Si el carácter del hombre se forma por la circunstancia, hay que hacer, por consiguiente, que las circunstancias sean humanas”.
Agujero negro
Agujero negro
Andrei Bourbaki
Editorial Dunken, 2016
Ensayo, 192 pp.
por Rubén Sacchi
Publicitado como un ensayo humorístico acerca de la burocracia, Agujero negro más parece en medio para tomar posición frente a diferentes tópicos sensibles a la sociedad.
¿Quién de nosotros no sufrió los avatares que cualquier mortal soporta frente a la necesidad de realizar un trámite? La práctica parecería indicar que si algo es sencillo, siempre se lo puede dificultar, pero asimilar esto al Estado es de una mirada parcial ya que, desde las tan aplaudidas privatizaciones de los 90 vemos que el libre mercado, lejos de solucionar la cuestión de fondo, la complica, mientras nuestros dinerillos van a parar a lejanas latitudes.
Es muy cierto que todo podría funcionar más amigablemente, sobre todo si en vez de máquinas o call centers la gestión fuese cara a cara y con ánimo expeditivo, pero hay cuestiones que ameritan su tiempo, sobre todo cuando hablamos del garantismo en la justicia o el régimen de “tolerancia cero”. Esos casos, donde se juegan los dos bienes fundamentales del hombre como lo son la vida y la libertad, son materia de los Derechos Humanos, por ende, inalienables.
Andrei Bourbaki
Editorial Dunken, 2016
Ensayo, 192 pp.
por Rubén Sacchi
Publicitado como un ensayo humorístico acerca de la burocracia, Agujero negro más parece en medio para tomar posición frente a diferentes tópicos sensibles a la sociedad.
¿Quién de nosotros no sufrió los avatares que cualquier mortal soporta frente a la necesidad de realizar un trámite? La práctica parecería indicar que si algo es sencillo, siempre se lo puede dificultar, pero asimilar esto al Estado es de una mirada parcial ya que, desde las tan aplaudidas privatizaciones de los 90 vemos que el libre mercado, lejos de solucionar la cuestión de fondo, la complica, mientras nuestros dinerillos van a parar a lejanas latitudes.
Es muy cierto que todo podría funcionar más amigablemente, sobre todo si en vez de máquinas o call centers la gestión fuese cara a cara y con ánimo expeditivo, pero hay cuestiones que ameritan su tiempo, sobre todo cuando hablamos del garantismo en la justicia o el régimen de “tolerancia cero”. Esos casos, donde se juegan los dos bienes fundamentales del hombre como lo son la vida y la libertad, son materia de los Derechos Humanos, por ende, inalienables.
Siete cuentos ilustrados
Siete cuentos ilustrados
Raúl Prchal
Ediciones Huayra Huasi, 2015
Cuento, 40 pp.
por Rubén Sacchi
“Lo importante es moverse, en cuanto uno se queda quieto se muere”, escribe el autor en el cuento Todo tiempo pasado fue mejor y refleja no sólo un axioma de la medicina sino también una síntesis de su propia vida que, desde los primeros años de su juventud, echó a rodar por el mundo con la decisión, un tiempo después, de anclar en Humahuaca, donde creó la comunidad Huayra Huasi (Casa del Viento en quechua).
Siete cuentos ilustrados es su séptima publicación y, más allá de especulaciones cabalísticas, místicas o míticas, tiene el poder de reunir sendos relatos de diversa fecha de factura. Los hay de larga data atrás y otros más recientes, pero todos superan la década largamente.
La presente recopilación se acompaña de siete ilustraciones, que otros tantos artistas plásticos realizaron de manera original para el libro. De ellos, los cuentos y el autor, no hace falta realizar mayores referencias, pues quien se tope con un ejemplar, encontrará información detallada y profusa de ellos, a modo de apéndice. También la obtendrá de los ilustradores que participaron de la obra.
Este libro, como todo lo que surge de las manos de Prchal es un producto autogestionado, realizado con materiales reciclados que, aunque incursionando un tanto en la informática, tiene todos los componentes y el atractivo de una pieza artesanal. Armado y cosido a mano: Arte por amor al arte.
Raúl Prchal
Ediciones Huayra Huasi, 2015
Cuento, 40 pp.
por Rubén Sacchi
“Lo importante es moverse, en cuanto uno se queda quieto se muere”, escribe el autor en el cuento Todo tiempo pasado fue mejor y refleja no sólo un axioma de la medicina sino también una síntesis de su propia vida que, desde los primeros años de su juventud, echó a rodar por el mundo con la decisión, un tiempo después, de anclar en Humahuaca, donde creó la comunidad Huayra Huasi (Casa del Viento en quechua).
Siete cuentos ilustrados es su séptima publicación y, más allá de especulaciones cabalísticas, místicas o míticas, tiene el poder de reunir sendos relatos de diversa fecha de factura. Los hay de larga data atrás y otros más recientes, pero todos superan la década largamente.
La presente recopilación se acompaña de siete ilustraciones, que otros tantos artistas plásticos realizaron de manera original para el libro. De ellos, los cuentos y el autor, no hace falta realizar mayores referencias, pues quien se tope con un ejemplar, encontrará información detallada y profusa de ellos, a modo de apéndice. También la obtendrá de los ilustradores que participaron de la obra.
Este libro, como todo lo que surge de las manos de Prchal es un producto autogestionado, realizado con materiales reciclados que, aunque incursionando un tanto en la informática, tiene todos los componentes y el atractivo de una pieza artesanal. Armado y cosido a mano: Arte por amor al arte.
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