El dolor de la ausencia

El dolor de la ausencia
Omar Ramos
Baldíos en la Lengua, 2019
Novela, 136 pp.

por Rubén Sacchi

Cuando creemos que la historia de la última dictadura ya fue contada de todas las maneras posibles, descubrimos una otra mirada que ubica el punto de vista en un lugar diferente. Es que resultan tantas las perspectivas para hablarla, como tantos somos los que la hemos padecido.
El dolor de la ausencia hace un recorrido, que no deja de ser parte del itinerario de otros relatos, con un escenario común en ellos, pero recala en el papel de la justicia.
En todo gobierno de facto, la República sufre la eliminación del Poder Legislativo y la apropiación del Poder Ejecutivo pero ¿qué pasa con ese tercer poder que en apariencia sigue funcionando para garantizar justicia y equidad? La novela echa algo de luz sobre ese interrogante.
Con expresiones que pintan la situación con claridad, como “En la esquina vivía un suboficial que se jactaba de haber matado a varios terroristas” o “cuando llegan las sotana se acaban las libertades”, recorre el Vía Crucis que atravesaron los familiares de los detenidos-desaparecidos frente a una justicia tan apropiada como los cientos de bebés de aquellos.
Ramos aborda la doble moral de un poder que hace rato perdió la venda que debería tapar su vista, para formar parte de ese otro poder, el político-económico, algo tan evidente en los tiempos que corren.

INZOMBIO y relatos fantasmas

INZOMBIO y relatos fantasmas
Sandra Gasparini y Hernán Bergara
Baldíos en la Lengua, 2018
Relato, 126 pp.

por Rubén Sacchi

El primer relato, El lobo (precuela y secuela), podría ser una recreación de los dichos que La Biblia adjudica a Jesús: “quien a hierro mata, a hierro muere” o, para llevarlo a lenguaje criollo y cotidiano, “a cada chancho le llega su San Martín” que, dicho sea de paso, también tiene su origen religioso. Desde allí, el lector puede intuir de qué va el resto del volumen.
Mucho humor y sobre todo ironía ocupan estas páginas que, sin embargo, tienen un tinte militante en lo referente a diversidad de género. Lo que proponen, son otras miradas que nos acercan a la inclusión, en tiempos en que el individualismo y la intolerancia reinan y atraviesan el tejido social.
Gasparini y Bergara (colectivo V&Z, iniciales que aluden a vampiros y zombis) se proponen como una especie de dupla, al mejor estilo Lennon-Mc Cartney y abordan la temática desde un lugar cercano al anonimato. Para mayor enmascaramiento de roles Cadorna, un supuesto editor, recorre las hojas en disparatadas notas al pie.
Entre los textos, se deslizan frases interesantes, como “las manos, que son la ideología de los dedos”, “todo lo que acompaña a la belleza (...) parece alguna versión de la estupidez”, “la mediocridad, aunque suene contradictorio, siempre va por más”;  o dramáticas: “el futuro es un subgénero de la muerte”, “el pasaje del es al era es la única propiedad de todas las lenguas de todos los mundos” o “Cuando se acabe la sangre, recién entonces se acabará la tinta de la Historia”.
El volumen despliega un amplio abanico de preferencias sexuales, aborda fetiches y rompe tabúes, ironizándolos en ­historias de aliens que interactúan con humanos muy particulares. También rezuma feminismo, y lo expresa sentenciando: “ningún tipo se banca una mujer que sabe lo que quiere, porque sin dudas prefiere persistir en recriminarle que no sabe lo que quiere”.

Entrañables

Entrañables
de Gabriel Devoto
Teatro La Tertulia. Gallo 826, C.A.B.A.
Sábados 21 hs.

por Rubén Sacchi

El saber popular alecciona acerca de que "la justicia, aunque tarde, siempre llega". Cuando a principios de los años 70 se apagaba el recuerdo de la genial pareja cómica, conocida como Laurel and Hardy, el escritor Osvaldo Soriano publicó Triste, solitario y final, novela que recordaba al dúo en toda su maravilla, aunque mostraba una faceta menos difundida: la de perdedores, imagen que los personajes llevaron al cine con toda su candidez, tanto en el plano amoroso, como en el laboral y el social. Casi medio siglo después de aquel homenaje, Entrañables pone nuevamente en cartel a la vieja dupla restañando una vieja deuda.


Reconociendo el antecedente de Quimera de un artista, obra de Devoto en homenaje a Charles Chaplin, esta nueva propuesta mantiene el formato de aquella. Un manejo multimedial de lujo, a cargo de María Eugenia González Choque, funde teatro y biógrafo y logra una síntesis de formato interesante, que da dinámica a la obra, mientras que retrotrae a las viejas épocas del blanco y negro, con toda su estética.

Se hace en la pieza un fuerte hincapié en la amistad, algo que los artistas practicaban más allá de los papeles ficcionales. Es ese valor lo que los lleva a enfrentar situaciones de lo más disparatadas y absurdas, echando mano a las herramientas utilizadas en las tiras originales: exageración de la violencia física y secuencia de gags que no dan respiro al espectador, así como la reiterada repetición de una situación simple, que por esa sencilla iteración se transforma en hilarante, quizás inspirados en el ensayo que su contemporáneo, el filósofo francés Henri Bergson, tituló La risa, donde manifestaba que: "Es cómico todo incidente que atrae nuestra atención sobre la parte física de una persona cuando nos ocupábamos de su aspecto moral".

La escenografía es breve y dúctil, trabajada con inteligencia y economía de recursos, y la propia naturaleza de la obra permite manipularla en público, sin restar interés en el espectador. Luces y sonido hacen lo correcto, para una puesta que no requiere estridencias. Vestuario y maquillaje acompañan sin errores un trabajo de observación que va a reforzar las magistrales actuaciones del duo, seguramente fruto de horas visionando material de archivo fílmico y mucho entrenamiento físico. El resto del elenco acompaña y resuelve muy bien las diferentes situaciones.


La carrera de aquel equipo de dos atravesó una época difícil para el público que los admiraba. La Gran Depresión económica de 1929 y la Segunda Guerra Mundial no fueron momentos fáciles para los norteamericanos. ¿Por qué, entonces, tenía tanto éxito la pareja de humoristas? ¿había algo de que reírse en esos días? La respuesta debemos buscarla en la cualidad sanadora de la risa. Ante la adversidad y el dolor, la risa funciona como un bálsamo mágico que, por un momento, cura nuestras heridas. Así como ayudó a aquella sociedad para superar esa etapa, hoy Entrañables es una pieza fundamental para sobrellevar la crisis que el neoliberalismo y su correlato de miseria y frustración traen a nuestra gente. Volviendo a Bergson: "Para comprender la risa (…) hay que determinar ante todo su función útil, que es una función social".





Elenco:

Gabriel Devoto: Stan
Daniel Di Rubba: Oly
Basia Fiedorowicz: Presentadora/Señorita/Vecina/Anciana
Leila Loforte: Presentadora/Señorita/Esposa
Oscar Trussi: Heladero/Administrador/Gorila/Vecino/Militar

Equipo:

Asistencia de dirección: Alicia Barreiro
Diseño de luces: Florencia Carboni
Edición multimedia: María Eugenia González Choque
Sonido: Federico Martínez
Vestuario: Nélida Bellomo
Utilería: Silvina Apfelmann
Iluminación: Ariel Campos
Fotografía: Manuel Ruiz
Trailers: Gabriel Devoto
Entrenamiento corporal: Lucas Maiz
Producción: DARABAKE
Idea, Dirección y Puesta en escena: Gabriel Devoto

Remos de cartón

Remos de cartón
Roberto Goijman
Ediciones Camelot América, 2018
Poesía, 102 pp.

por Rubén Sacchi

Con el libro en mis manos, no pude menos que recordar esa vieja canción de Javier Martínez, interpretada por el grupo Manal, que decía: “Si no hablo de mí/ ¿de quién voy a hablar?/ Yo ya soy otro hombre,/ diferente a otro igual”. Es que, más allá de que todos siempre hablen de sí mismos, este libro representa un momento muy personal, muy íntimo en la vida de Goijman, que refiere a la pérdida de su audición.
El título del libro es una metáfora perfecta del drama que lo sobrevuela. Una oreja que no escucha puede ser estéticamente útil, pero no representa la esencia vital. Un remo de cartón es un remo, pero en el agua se disolvería y sería algo inútil, sin función.
El libro se divide en siete partes que abarcan el último año de su sordera y comienzan con un amor en Chile, al que sigue el proceso de adaptación en que la vista reemplaza al oído y hasta el tacto vibra como un tímpano en el momento del amor. Nos dice: “todo comienzo genera un límite/ y lo rompe”.
Hay momentos de reflexión política en ese exilio sonoro; lo erótico es plasmado de la manera más sublime. Directo y metafórico, salvaje y culto; contradictorio, como lo es el hombre.
Luego de lamentar: “No más música, ni grandes charlas/ ni voces o gemidos”, la esperanza lo cubre todo, y se hace realidad.

De amor y de hambre

De amor y de hambre
Julian Maclaren Ross
La Bestia Equilátera, 2018
Novela, 320 pp.

por Rubén Sacchi

Pasé mi adolescencia y juventud entre las convulsionadas décadas de los 60 y 70 signadas, entre otros hechos, por la guerra de Vietnam. Entonces, era famoso un cartel del viejo Tío Sam con cara de pirata, que señalaba a cámara y rezaba: “I want you for U.S. Army”. Como mucho en su apócrifa imaginación, no era una invención yankee, su inspiración la aportó el ilustrador Alfred Leete medio siglo atrás, cuando, con la leyenda “Your country needs you” retrató al Secretario de Estado de la Guerra británico, reclutando en septiembre del 14 para la Primera Gran Guerra en idéntica actitud. Desastre y propaganda se repetirían 25 años más tarde con otra confrontación internacional.
Este dato nos pone en contexto. Los años de la depresión, la desocupación creciente y los primeros cimbronazos de un capitalismo que, muy joven, ya mostraba su seria ineficacia para sostener sin balas un estado de cosas.
Maclaren Ross sabe de lo que habla. El protagonista es un vendedor de aspiradoras, endeudado y de vida azarosa, características que acompañaron en vida al autor. Reparte su tiempo entre demostraciones domiciliarias y la compañía de la esposa de un amigo, empleado a bordo de un mercante, que lo ausenta por un buen tiempo.
En medio de la aventura cotidiana, esgrime posiciones filosóficas acerca de la vida y va desgranando una crítica a la sociedad de su época, no muy diferente de la actual. Con definiciones como “la escuela privada enseña a no pensar”, muestra la yuxtaposición de dos mundos que conviven en permanente tensión, esos que habitan las diferentes clases sociales.

Tabaco

Tabaco
Jeanette Lococo
Hojas del sur, 2018
Novela, 224 pp.

por Rubén Sacchi

Al comienzo de la novela el personaje, un piloto aeronáutico expulsado de la línea donde navegaba, se pregunta “si uno vive toda una vida nada más que para justificar unos pocos momentos en los que pasa todo lo que la define”. Eso a lo que alude es el amor, pero no el amor en su expresión vulgar, sino ese otro, prohibido, contradictorio, inabarcable, al que muy pocos se animan.
El fondo en el que los protagonistas se mueven es el del contrabando. Un mundo con sus propios códigos y sus vicisitudes que obedece a múltiples variables que pasan por los vaivenes económicos, políticos y morales, temáticas que Lococo trabaja con soltura, aportando una profusa información de lugares y situaciones tan diversos que sugieren un tremendo trabajo de campo y gran conocimiento de la materia, hecho que confiere solidez a la obra. La ruta del tabaco es una parábola con su auge y decadencia, análoga a la relación que obsesiona al protagonista.
Estructurada como un raconto, el piloto va plasmando recuerdos con cierta morosidad de la memoria, en la que no confía: “Ahora, al recordarlo, tal vez le estoy prestando palabras que acaso no fueron las que ella dijo”. Hay algo de psicoterapia en el relato, con un personaje que ocupa, a la vez, el lugar del profesional y del paciente.
Mientras reflexiona que “el dolor emocional puede tener el tremendo filo del dolor físico”, pone en palabras la clave de esta tan atrapante como íntima historia: “En la vida hay algunas encrucijadas que definen el rumbo que va a tomar nuestro destino”, eso lo empuja a considerar la enorme distancia entre las posibilidades de tener que, deber y querer hacer. En eso, se juega la felicidad.

Tercer Festival de Poesía Política

Tercer Festival de Poesía Política
Centro Cultural Pepa Noia
Brasil 444, CABA

por Rubén Sacchi

El viernes 5 de abril se llevó a cabo, en el Centro Cultural Pepa Noia, el Tercer Festival de Poesía Política, que en sus dos capítulos anteriores tuvo como escenario el célebre Palacio El Victorial, hoy devenido Centro Cultural Padre Mugica.

"Porque sin poesía no hay batalla cultural y desde la diversidad y la pluralidad ideológica y política, las poetas y los poetas decimos presente, para crear conciencia y alegría, y enfrentar, desde ese lugar de la palabra y la cultura, a los monstruos del neoliberalismo que hoy asolan nuestra patria". Con estas palabras se definió el caracter del evento, que nucleó a los reconocidos poetas Hilda Guerra, Patricia Berho, Gloria Arcuschin, María Rosa Montes, Stella Matute, Paula Giménez España, Luis Tedesco, Luis Bacigalupo, Rubén Sacchi, Carmen Iriondo, Alejandro Méndez, Javier Galarza y Claudia Schvartz. La performer Marcela Brito y el músico Andrés Chañar, matizaron la velada.

El poeta Eduardo Silveyra ofició de presentador y realizó la apertura con un emotivo trabajo, en memoria de Maximiliano Taddeo, trabajador estatal suicidado en el Ministerio de Agroindustria, luego de ser incluido en una lista masiva de despidos. Desde el blog, queremos sumarnos al homenaje reproduciendo esos versos:

EL MUERTO DICE:

El hilo se corta por lo más delgado,
si a la vida la acucian con deudas impagas,
trabajos cesados
y las cruciales desesperaciones
que alimentan la voracidad del insomnio.
El muerto desvela con la soga al cuello:
Las amenazas latentes del jefe corrupto
y a las horas marchitas
vividas bajo el inmenso cielo desolado,
vacías y apretadas como la casilla de un archivo Excel.
La vida, entonces, amigo, amiga,
se columpia colgada de una rama.
Y el viento arrastra bajo los pies tiesos,
de Maximiliano Taddeo,
a la humedad del rocío,
a las voces azoradas,
a los llantos intrusos,
a la mudez del ministro,
a la complicidad del funcionario,
al discurso asesino de reducción del gasto público
y a las cifras económicas del futuro escuálido,
fabricado con pobres y miseria.
Todo eso se arrastra y vibra,
bajo los pies del muerto,
y en la sombra derramada sobre la hierba,
como la violenta levedad de una semilla.
Y así, se vive o se muere,
bajo la luz del día o sobre la noche negra,
en este tiempo atroz,
gobernado por monstruos de inusitada elegancia,
donde la vida vale todo o vale nada.
Como en la cara o cruz de una moneda.

Eduardo Silveyra: Poeta y escritor. Nacido en Uruguay en 1955; reside en Buenos Aires desde 1973. Publicó: Ave fénix, en 1986; Poema del pez amarillo, en 2004 y las novelas Esta puta memoria, en 2009; El baile de la yegua, en 2017 y El agua ardiente, en 2018. Colabora como periodista en distintos medios y es integrante de la Usina del Pensamiento Nacional y Popular.

Muerte accidental de un anarquista

Muerte accidental de un anarquista
de Dario Fo (Versión: Alfredo Zemma)
Teatro El Tinglado
Mario Bravo 948, CABA
viernes a las 22:15 hs.

por Rubén Sacchi

Si hay frases célebres que se arraigan en la cultura popular, una de ellas es, sin dudas, “que parezca un accidente”. Ha sido objeto de bromas de todo calibre, tituló un film del español Gerardo Herrero y hasta nombró un micro de Roberto Pettinato que emitía la señal TN a medianoche. Pero su historia, sin un origen cierto, la adjudica a la mafia, a esas organizaciones que actúan fuera de la ley y que persiguen que sus delitos no sean evidentes.




Claro que cualquier organización que monopolice la violencia encontrará en “un accidente” la coartada perfecta para su accionar; también las fuerzas represivas estatales. De esa manera, Santiago Maldonado murió ahogado en el río Chubut, el joven de casi dos metros Matías Pena, se ahorcó con su propia remera de un ventiluz colocado a 50 cm en una comisaría de Lanús y el ferroviario anarquista Giuseppe Pinelli cayó por una ventana del cuarto piso de la Jefatura de Policía de Milán.

En este último “accidente”, se basó Darío Fo para denunciar el salvaje accionar policial y los escenarios que pueden llegar a ser montados en aras de mantener el status quo de una sociedad signada por la desigualdad. La utilización de infiltrados paraestatales es la herramienta habitual con la que los gobiernos generan el caos y el necesario consenso social que justifique cualquier medida para volver al anterior equilibrio aparente. En ese proceso, los elementos revolucionarios y progresistas son perseguidos y combatidos, muchas veces hasta el exterminio.

La versión pone blanco sobre negro en cuanto al accionar policial y retrata con mucho humor qué puede pasar cuando un elemento transversal pone en riesgo un andamiaje tan rígido. El control absoluto que da la impunidad avalada por la Justicia, tan común en nuestros días, se ve jaqueado por la presencia inesperada de un supuesto loco que, como justiciero solitario, desmorona la estructura de ignominia que protege el crimen.

Fo fue básicamente un comediante, esa característica le permite abordar los temas más dramáticos con la necesaria cuota de humor que modere la angustia que generan. Provocador en extremo, arremetió contra los pilares del estado burgués, sufriendo graves represalias, lo que no le impidió mantener una línea de conducta coherente y ser coronado con el premio Nobel.

El trabajo de Leonardo Prestia es para destacar. Una puesta precisa que mantiene la tensión y la hilaridad en equilibrio permanente. La buena resolución escenográfica y de vestuario dan solidez a la obra que se desarrolla con natural fluidez. El elenco es impecable. No se observan baches de actuación y la suma de las partes compone un todo armónico y magistral. Es de resaltar el dominio del parlamento y la dinámica de cuadro de los actores, lo que habla de largas horas de ensayo y buen trabajo de equipo. En definitiva, una pieza muy recomendable en la que el espectador disfruta de cada uno de sus 75 minutos de duración.


Elenco:

Gaston Padovan: el loco
Carlos Scrilatti: comisario Bertozzo
Gustavo Ingilde: agente de policía
Adrian Molteni: comisario Spadafora
Gerardo Baamonde: jefe de policía
Valeria de Luque: periodista

Equipo:

Escenografía: Ivan Salvioli
Realización de escenografía: Sergio Bottarro
Vestuario: Cecilia Carini
Diseño de luces: Mariano Alejo Bruno
Fotografía: Claudio Margolín
Diseño gráfico: Nahuel Lamoglia
Prensa & comunicación: Alfredo Monserrat
Comunity manager: Gastón Rivarola
Asistente de producción: Natalia Gauna
Producción ejecutiva: Valeria de Luque
Producción general: Gastón Padovan
Dirección musical: Martin Bianchedi
Asistente de dirección: Oscar Laricchia
Dirección general: Leonardo Prestia

Prohibido morir aquí

Prohibido morir aquí
Elízabeth Taylor
La Bestia Equilátera, 2018
Novela, 256 pp.

por Rubén Sacchi

Que todos nacemos y morimos solos no es algo nuevo, pero ¿qué pasa en medio de esos dos extremos? Prohibido morir aquí no lo responde, pero acerca una idea de eso que llamamos vida cuando se aproxima a su final.
Desde las primeras páginas nos adentramos a un tratado ­acerca de la soledad y de cómo combatirla o engañarla, si eso fuese posible. También del desamor y lo relativo de los vínculos familiares.
La economía de ambientes en que transcurre la historia es la perfecta metáfora de la vida en la ancianidad y la reducción que sufre la propia movilidad. El Claremont, hotel donde se desarrolla la crónica, hace las veces de antesala del tan temido geriátrico en donde, quienes atraviesan ese tramo de la vida, exprimen sus últimas horas de cuasi libertad que en aquel establecimiento perderían.
Cada uno con sus miserias y sus virtudes cargadas a cuestas en la mochila de la existencia, construyen una trama de pequeños conflictos, que subyacen las cuestiones en apariencia banales, abonadas por conversaciones frívolas con las que transcurrir el tiempo que, aunque veloz hacia el seguro abismo, se insinúa relativamente inmóvil.
Taylor trabaja con exquisitez el perfil de los personajes, que se van delineando a través de las capítulos. El ansioso, el desinhibido, el alcohólico o el xenófobo se darán cita en las instalaciones del hospedaje. La protagonista, intenta superar esas mezquindades y la relación con un joven escritor es su válvula de escape.
Temáticas interesantes, tales como la obsolescencia de la monarquía; los derechos de los inmigrantes; la tecnología y los medios audiovisuales, así como también la economía y el patriarcado, son tratados con sutileza y acompañan un relato entrañable, donde la dignidad prevalece frente a toda adversidad, llevando a reflexionar sobre ese trayecto que todos alguna vez transitaremos, mal que nos pese.

Quiero tener todas las noches esos sueños

Quiero tener todas las noches esos sueños
Mirta Ovsejevich
Ediciones Deldragón, 2018
Novela, 84 pp.

por Rubén Sacchi

Aparecida en simultáneo con su otro trabajo, Gstaad, 1996, esta nouvelle de Ovsejevich es mucho más intimista, como contada en voz baja.
Se estructura inteligentemente como un diario íntimo víctima de un fuerte viento que hubiera revuelto sus hojas y que, al compaginarlas, el escriba hubiese mezclado algunas de ellas.
Cada entrada, la protagonista denuncia tener cierta edad, pero esa suerte de entrecruzamiento la lleva y trae, ora hacia el pasado, ora hacia el futuro, y es el lector quien va componiendo el itinerario correcto.
Los saltos suelen darse dentro de una misma franja generacional, recurso que nos lleva a ir insertando vivencias hasta afirmar una etapa.
En la historia se intuye un gran componente autobiográfico y otra buena dosis de fantasía, aunque describe una vida posible, quizás una proyección de la propia hacia una longevidad apacible. Deseo de la gran mayoría de los mortales.
Hacia la llamada tercera edad, los saltos son hacia adelante, a veces bruscos, como si los años viniesen en alud. No hay retroceso que los frene en su carrera. Entonces, la autora apela a ese comodín que sabemos que está en el mazo y puede salvarnos la partida. Esa carta mágica son los recuerdos, para Mirta vienen en forma de sueños.

La mediocridad y su dones

La mediocridad y sus dones
Mariano Díaz Barbosa
Ediciones Lacre, 2018
Novela, 246 pp.

por Rubén Sacchi

Como es común a toda su obra, Díaz Barbosa ahonda en las profundidades del alma humana y vuelve a teorizar sobre el hecho artístico. Tal como escribiera en su libro Diáspora, sólo “excavando entre el asco y la nada”, el artista logra hallar la iluminación, aunque ésta lo lleve al abismo.
La novela cuenta la historia de un pintor marginal, entrado en años, que asume su “locura por exceso de racionalidad”, su vínculo con la que devendría su musa inspiradora; el hallazgo de su verdad artística y su desbarranco.
En el medio, una cantidad de relaciones que van desde las humanas a las de mercado, referidas con un lenguaje particular que aborda lo descriptivo desde cierta transgresión del standard narrativo, por momentos recordando la prosa de Néstor Sánchez.
Hay un fino trabajo en el detallar qué ocurre en un lugar y en un instante determinados, con precisión de cirujano. Cada elemento y hasta las luces y las sombras cobran protagonismo. La historia es muy visual y sus descripciones cromáticas, propias de un artista plástico. Cada objeto conlleva una analogía figurativa, donde el marco de una puerta tiene “grietas como várices” y transcurren “los minutos cayendo como costras”, llevando a que la metáfora otorgue una carga extra de dramatismo.
La historia es una tragedia de amor, de muerte y de locura. Una dolencia que no termina de definirse, pero puede interpretarse como la enfermedad de la vida, que sólo admite una terapia de curación. El protagonista asume que la verdad del alma es la más grande de todas las mentiras y que “el infinito no puede ser completo. La perfección no puede detenerse. Si lo hace, está perdida”.


Rojos globos rojos



Rojos globos rojos
de Eduardo Pavlovsky
Centro Cultural de la Cooperación
Floreal Gorini
Av. Corrientes 1543, CABA
Sábados 20:30 hs

por Rubén Sacchi

La luz cae sobre dos mujeres, las Popis; su aspecto anacrónico nos remonta al viejo varieté. Entre ellas, emerge la figura de El Cardenal, ataviado como un maestro de ceremonias circense. Ellos vienen a contar la difícil situación que atraviesa la pequeña sala teatral Globos Rojos por culpa de la crisis económica y social imperante. El teatro tiene sus cuentas en rojo y, de no mediar una pronta solución, deberá cerrar sus puertas.


El texto deviene en lo personal. La alocución adopta un carácter íntimo y los personajes van a ir relatando sus vivencias, miedos, proyectos y frustraciones, con evidentes guiños a otros trabajos del notable dramaturgo (La muerte de Margarite Duras; Cerca; Paso de dos y Cámara lenta), recurso más que válido si consideramos la obra de Pavlovsky como un todo que se interreferencia de manera permanente.

Buena parte de los escritos del autor ejercitaron una feroz crítica al posmodernismo. Rojos globos rojos se ubica en el centro de la serie, como bastión simbólico contra la banalización de la cultura y la vida misma. El autor escribió: una cierta ideología que se relaciona con la micropolítica de El Cardenal (…) con una manera de percibir el mundo hoy, pero con una estética diferente”.

El conflicto evidente de los actores encierra otros subyacentes, que hacen a su propia vida y se exhiben como universales: la sinrazón de la vida, la soledad y el vacío en un mundo donde, paradójicamente, lo único real es la ficción. Una frase de El Cardenal lo resume todo: “No actuar significa morir de vacío”.

La puesta de Forteza especula con un esquema semi estático, de escasos movimientos de cuadro, que pone toda la dinámica en un parlamento shockeante y un juego de luces excelente y muy preciso. La crudeza del texto se apoya en crear líneas de fuga, escapando siempre de los territorios duros”, al decir del filósofo y psicoanalista francés Félix Guattari; todo acompañado por una música sobria y un vestuario adecuado.

Pavlovsky decía: "Vivimos en una cultura donde las caras, las imágenes, nos atrapan independientemente de lo que digan”. Por eso, secundando la palabra, el lenguaje gestual cobra una dimensión fundamental que los actores utilizan con destreza. Los sutiles gestos y miradas permanentes refuerzan o contradicen los dichos de El Cardenal y llevan al espectador atento a poner la dosis de dramatismo en cada frase.

Cada minuto que pasa el proceso revolucionario se detiene y nosotros acá, jugando y pasando el tiempo, se lamenta Pipi. Es que Rojos globos rojos, parece querer remarcar desde su título ese color con el que se tiñen la pasión, la sangre y la revolución, tan alejado de los globos amarillos que representan la decadencia y puerilidad de la política actual, tan parecida al país que descibe Pipi, donde "la mayoría de la gente inteligente dependía de un grupo de idiotas". Pavlovsky pintó a El Cardenal como el “héroe de la micropolítica de la resistencia”, una definición que Gilles Deleuze equipara en importancia a la mismísima revolución: “hay que producir microacontecimientos todos los días. Porque los fenómenos de producción de nuevas subjetividades son los que producen el devenir revolucionario”. Ese personaje, enfrentando el final, exclama: Todo no Cholo, todo no se puede entregar, hermano. ¡Todo no se puede entregar! ¡Todo nooooooo! Estrenamos aquí con las Popis, Cholo, hacer teatro aquí es mi manera de resistir, mi única manera de resistir...”.



Elenco:
Jorge Lorenzo: El Cardenal
Lorena Penón y Gabriela Perera: Las Popis

Equipo:
Vestuario: Mario Pera
Música original: Elena Avena
Fotografía: Sebastián Ochoa
Diseño de luces: Horacio Novelle
Prensa: Alfredo Monserrat
Adaptación, dirección y puesta en escena: Christian Forteza.