La alegría siempre flota

La alegría siempre flota
Fatumi
Ediciones Caseritas, 2017
Cuento, 18 pp.

por Rubén Sacchi

Fatumi es el nombre que la niña de nueve años Zoe Victoria Hermann Mignaqui eligió para declamar su autoría. No se trata de un pseudónimo ni un apodo. Sucede que esa palabra designa su segundo nombre en árabe. La pista quizás se encuentre en la dedicatoria, en la que incluye a su abuela chiita.
La producción se define por el nombre de la editorial: totalmente artesanal y de buen gusto. La tapa y el interior incluyen textos e ilustraciones de la jovencísima autora en proporciones equilibradas.
El contenido reúne siete cuentos que muestran un espíritu sensible. Desde la fantasía hasta la más dura realidad recorren estas páginas, pero el lector siempre encontrará un mensaje esperanzador y un punto de vista positivo.
Es evidente que, tras el libro, hay un equipo de afectos que estimula y apoya las inquietudes de la talentosa pequeña. En horabuena, cuando el mensaje que nuestros vástagos reciben a diario es el de la lucha por el éxito individual y el lucro como objetivo final de la existencia.
Desconozco si este es su primer trabajo o si existen precedentes, aunque su edad permite intuir que no posee una frondosa obra; sin embargo creo que, de trabajar sus evidentes capacidades, Fatumi puede encontrar un lugar en el futuro de las letras. Si así no lo fuera, espero que la vida le permita sostener esa frescura y calidez que encierran sus historias en cualquier orden de su existencia.

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